Mostrando entradas con la etiqueta Terrorismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Terrorismo. Mostrar todas las entradas

jueves, 12 de febrero de 2026

Lecturas: Pistoleros y terrorismo en la España de Alfonso XIII. Especímenes del hampa española (1914-1936) (Gerardo Muñoz Lorente)

Un libro que ofrece lo que promete. Nada menos. Pistoleros y terrorismo en la España de Alfonso XIII. Especímenes del hampa española (1914-1936). Nada menos. Conjugando las virtudes de un ensayo histórico con un buen pulso narrativo y con una buena documentación. Son sobre todo los años del pistolerismo en Barcelona, enfrentándose a tiros anarcosindicalistas y patronal a través de sindicatos libres apoyados por el Somatén y la policía.




Muñoz Lorente abre una ventana a un país que se suele mencionar de pasada, como antesala de la Guerra Civil, pero que aquí adquiere consistencia haciéndonos seguir a pistoleros como Tomás Cerdán, alias Pellicoco, el especialista en infiltraciones Honorio Feced, el comisario Bravo Portillo abocado a la tragedia, el falso barón Köening, la brutalidad del gobernador Martínez Anido, o en el campo de las víctimas el mítico Salvador Seguí, Noi del Sucre, o el abogado tullido Francesc Layret. Tal fue la furia de aquellos años que la Ciudad Condal llegó a ser escenario de dos o tres atentados diarios.






Muñoz Lorente no se limita a enumerar hechos: reconstruye atmósferas y traza el carácter de sus personajes a los que no juzga.  Como sugiere el propio libro, España fue durante esos años un escenario donde se cruzaban idealismo, crimen y supervivencia en proporciones imprevisibles.

Hay algo profundamente inquietante en estas páginas: la sensación de que la Historia, con mayúscula, se construye muchas veces desde los márgenes, desde los callejones oscuros y las conspiraciones discretas. Muñoz Lorente logra que el lector perciba ese latido subterráneo. Nos recuerda que antes de 1936 ya existía un país fracturado, crispado, armado. Y lo hace sin estridencias.


Lo admirable es el equilibrio. El libro no cae en el sensacionalismo pese a la materia prima explosiva que maneja. Hay violencia, sí, pero también contexto; hay sangre, pero también análisis. El resultado es un retrato complejo y humano de una época que suele simplificarse en exceso. Aquella España terrible alcanzaría su paroxismo en la Guerra Civil.



viernes, 28 de abril de 2023

Lecturas: Conocer a Perón (Juan Manuel Abal Medina)

Quien fuera hermano de uno de los fundadores de Montoneros, abatido por la policía tras haber participado en el secuestro y asesinato del ex-presidente Aramburu, y que tal vez por ser hermano de asesino fue designado por Perón secretario general del Movimiento Peronista, hace aquí un ensayo de memoria de su actividad peronista. Que sirve para lo que él mismo experimentó: conocer a Perón.



Que es un personaje que detesto, aunque tengo amigos argentinos más inteligente que yo y que son fervientes peronistas. No pretendo, ni en esto ni en nada, tener la razón, sino opinar basado en el conocimiento, lo que no es poco en este nuestro presente de opiniones osadas (hoy, mientras desayunaba junto al trabajo, oí decir a un vociferante barrendero: "Porque Francisco Pizarro se cargó a todos los mayas". Tal cual). Pero entremos en el jardín peronista. De quien mi familia argentina fue silenciosa víctima como tantos argentinos que no quisieron rendirse al populismo y su sopa boba. El caso es que Abal sorprende, primero, cuando su hermano, tras iniciar aquella guerra civil que trajo al poder a Perón y también a Videla, entre el asesinato de Aramburu y su cumplimiento de aquello del que a hierro mata, le confiesa "Matar es terrible... es tremendo". Lo que hace pensar que aquella muchachada enajenada tenía un poquito de conciencia para darse cuenta de lo que estaban, y seguirán, haciendo. También sorprende escuchar de Perón que aquel crimen era "una acción deseada por todos los peronistas" y, más aún, "un acto de profunda justicia". Y que ya regresado, Perón use a Abal para que le exija pedir perdón a Ricardo Balbín, el presidente de la Unión Cívica Radical. Ahí, en todo esto, se retrata Perón como un rencoroso pese a su capacidad para decir a unos y otros lo que querían oír y quedar siempre él como la solución. Este libro, desde el afecto sincero, muestra a ese general desnudo. Y por mucho que se intente ser objetivo y mostrar la posible bondad del caudillo de los descamisados, quien sea mínimamente antiperonista (reafirmo mi desprecio, y fascinación por Juan Domingo, mi fascinación conmovida por Eva Duarte), no habrá cambiado un ápice su opinión.

viernes, 20 de enero de 2023

Lecturas: La cuarta espada. La historia de Abimael Guzmán y Sendero Luminoso (Santiago Roncagliolo)

 Es un buen libro. Es un mal autor. 

Con esas seis palabras debiera bastar. Pero el lector querrá saber más. La contraportada se atreve a comparar insensatamente este libro con A sangre fría de Truman Capote. Total, porque Roncagliolo mete aquí y allá sus vivencias entre las páginas. Entre ellas el dato, decisivo, y ya se verá por dónde sale el tiro, de que todo parte de un ofrecimiento al diario El País de escribir una serie de reportajes sobre Sendero Luminoso. De ellos sólo se llegó a publicar uno, cuyo alcance Roncagliolo magnifica en estas páginas. Pues bien, cuenta que se marcha alguna que otra vez a Perú para documentarse, en lo que él mismo no oculta que son estancias rápidas, insuficientes. Pero sí que logra lo que promete el subtítulo del libro, refiriéndose el título a cómo los suyos llamaban a Guzmán, siendo las espadas previas Lenin, Stalin y Mao. Hace un recorrido objetivo y bien narrado por la vida y acción de Guzmán (obviando su etapa de formación en China, lo que es un punto negativo para una biografía que arranca con la niñez pero que obvia esta etapa). Hasta ahí, lo dicho: un buen libro.


Es un mal autor por saltarse parte de la investigación (¿ir a China, intentar acceso a archivos chinos, buscar testigos de esa etapa? Qué pereza) y por algo grave: por saltarse la ética a la hora de (aquí asoma El País) formular ciertas afirmaciones. Creyendo que los lectores peruanos lo van a aceptar tal cual, o que los lectores españoles no tenemos memoria y además somos tontos. Lo hace al afirmar Tres cuartos de siglo después de la guerra, cuando ya nadie podía ir preso, el juez Baltasar Garzón ordenó simplemente buscar los cadáveres de los desaparecidos. Aun así, el Poder Judicial expulsó al juez. Tal cual. Basta con ir a una fuente tan sucinta como la Wikipedia para recordar por qué el juez prevaricador Garzón fue expulsado de la carrera judicial: El 22 de febrero de 2012 fue expulsado de la carrera judicial9​ tras haber sido condenado por el Tribunal Supremo a once años de inhabilitación por un delito de prevaricación cometido durante la instrucción del caso Gürtel. Por eso, Roncagliolo se manifiesta como un sectario más. Además, si se tiene la paciencia de leer la útil cronología final del libro se comprobará que menciona con profusión los excesos y matanzas cometidas por las fuerzas de seguridad peruanas. Hasta el punto de que éstas son un 60% (o más) frente a un 40% (o menos) cometidas por Sendero Luminoso. Pero sigue siendo un buen libro. No su autor.


sábado, 2 de octubre de 2021

Lecturas: La torre elevada. Al-Qaeda y los orígenes del 11-S (Lawrence Wright)

 Dondequiera que os halléis, la muerte os alcanzará,

aunque estéis en torres elevadas.


En un mensaje de vídeo, Bin Laden repitió tres veces este pasaje de la cuarta azora del Corán. De esta cita, incluida en las páginas finales de este brioso libro, viene su título. Ganador del premio Pulitzer en 2007, es una meritoria investigación sobre los orígenes de al-Qaeda que arranca de la experiencia estadounidense de dos años de Sayyid Qutb, cuya llegada al Nuevo Mundo coincidió con la proclamación del Estado de Israel, y que abrirá con sus escritos la puerta al radicalismo musulmán en todas sus disímiles escuelas. De ahí pasa a un modélico médico egipcio, Ayman al-Zawahiri (es curioso, e ilustrativo, el dato de que el bulto en la frente de este icónico hijo de puta se deba a un callo creado por innúmeras horas de estar rezando postrado con la frente en el suelo) que con esas lecturas y los mimbres que tenía a su alcance consiguió que se le acercara el saudí Osama bin Laden. El Afganistán de la lucha contra los soviéticos y el de los talibanes triunfantes después (pero, ay, antes de ahora) será el caldo de cultivo de las fechorías de ambos criminales y su taciturna pandilla. Lo que aporta este libro y que era menos conocido es el papel de la CIA, que enfrentada al FBI no compartió con él la información que podría haber evitado los ataques del 11-S. 



Se erige como protagonista, héroe y, a la postre, mártir John O'Neill, un esforzado agente especial del FBI secundado por su compañero musulmán Ali Soufan, de origen libanés. La serie homónima de este libro prodigioso, disponible en Amazon Prime, con un Jeff Daniels colosal, ilustra con precisión este libro lleno de pormenores que incluye un epílogo redactado en 2011, tras la ejecución de Bin Laden, que intenta ser optimista pero en el que prima la amargura por lo que puede, y ha estado sucediendo, venirnos encima en los próximos años. Que Dios (cualquiera, menos Alá) nos pille confesados.



sábado, 26 de junio de 2021

Lecturas: Los años setenta de la gente común (Sebastián Carassai)

 La ilustración que sigue es la que ilustra la cubierta de este libro argentino y que es sintomática del tiempo del que trata, con el subtítulo certero de La naturalización de la violencia:



Esta vez se trata de hablar de la Argentina de los setenta, la del regreso de Perón, la guerra civil entre las organizaciones terroristas peronistas de izquierdas Montoneros, ERP, FAL), y la organización terrorista peronista Triple A (Alianza Anticomunista Argentina). Sin ir más allá que la observación de aquellos años que comenzarón con convulsiones y terminaron con la calma chicha tras la bárbara represión militar desde los ojos de la clase media argentina a través de testimonios recogidos en Buenos Aires, Correa (provincia de Santa Fe) y San Miguel de Tucumán. Y que muestran cómo la clase media pasó de ver con distancia los hechos, a mantenerse casi invariablemente antiperonista, mostrar cierta indignación por la violencia desatada tanto sobre las fuerzas de seguridad como sobre la guerrilla de izquierdas para finalmente mostrarse conforme con el golpe de estado de febrero de 1976 y mirar para otro lado ante las desapariciones (total, esos muertos nuevos eran los que habían llevado al país al caos, aquello del "algo habrán hecho").


Carassai no deja palo sin tocar, desde la buena imagen de Eva (en comparación con el maquiavélico Perón), sublimada por la muerte joven y la entrega a cierta beneficencia (dudosa, en cuanto sólo favorecía a los suyos), el mundo universitario, la plasmación del conflicto (no es la palabra adecuada, guerra es más certera) a través del humor de Tato Bores, de la telenovela Rolando Rivas, taxista, la infiltración de la violencia cotidiana en la publicidad, con la aparición de armas y alusiones al hecho de matar con una trivialidad macabra, las interpretaciones sociológicas de aquellos hechos, y todo lo que se quiera. Viene a ser este libro algo así como la versión docta del Fuimos todos de Juan Bautista Yofre que revela cómo se vivió el videlato como un alivio antes de que con la llegada de la democracia y el informe Sabato quedaran al aire los crímenes del régimen militar. Muy recomendable lectura. Y un aviso.

martes, 13 de junio de 2017

Lecturas: Patria (Fernando Aramburu)

Excúseme la comparación inicial. Patria, de Fernando Aramburu, es de esos libros de los que todo el mundo habla, como pasó con el código Da Vinci y con las malhadadas Cincuenta sombras de Grey, que uno no pudo sustraerse a ese ruido general y sumergirse en la lectura. De todos ellos. De manera que reconociendo la basura de Dan Brown (que lo mismo sale a relucir en este comentario unas líneas más abajo), me quedó la adicción escapista, lo que otros llaman placer culpable, de leerme todos los libros del americano, entre oh, ah, anda ya, y jajajá. Del pijo de los latigazos me quedó un inmenso hastío y una culpa sin placer (tremenda mierda, al fin y al cabo). De Aramburu me ha quedado una impresión rara.




Esposa e hijos del general de la brigada de la Guardia Civil
 Juan Atarés Peña, asesinado por ETA en Pamplona el 23 de diciembre de 1985,
rezan ante su cadáver. Foto: José Luis Larrión.

Que Belén Esteban haya, dicen, ponderado el libro me deja diciéndome “vale, es una garantía que el libro se deje leer; es más, es imprescindible”.  Así pues, me lo compré y me lo leí en tres, cuatro días. Con creciente placer y con 125 capítulos tan breves y llevaderos como los de, sí, Dan Brown. Al comienzo (no haré ningún spoiler para lectores nuevos), con el Txato muerto desde el primer capítulo, la figura de su viuda Bittori va haciéndose cada vez más grande, más importante, de forma que la novela entera trata de ella, siendo los demás, por mucha importancia que tengan Nerea o Arantxa, satélites que giran alrededor de la pena y la entereza, la perseverancia y la memoria, de Bittori. Aquí tenemos, casi en paralelo, la historia de dos familias, ambas sin apellidos, que una vez fueron amigas y después se separaron por quítame allá esas patrias. Una, volcada hacia el mundo abertzale, con sus lemas y sus pistolas y sus curas, y la otra volcada hacia la convivencia que te lleva a mirar para otro lado, hablar del tiempo o simplemente callar. Es decir: la familia del Txato asesinado, u mujer Bittori y sus hijos Nerea y Xabier y la familia de la fanatizada Miren y su marido calzonazos Joxian y sus hijos Gorka, Arantxa y el terrorista Joxe Mari. Los personajes se mezclan a través de un estilo sencillo y directo, con personajes trazados con desigual maestría (a todos se los come Bittori) y con un final correcto, un desenlace que desmerece la tensión con que se sigue el libro y que nos hubiera dejado con ganas de algo más potente y tajante.

Resultado de imagen de victimas eta
Con todo, Aramburu conserva su empatía con las víctimas en un libro en el que se menciona a Gregorio Ordóñez y a Miguel Ángel Blanco y hasta a Yoyes, pero no a Ortega Lara ni a Carrero Blanco. Tampoco hace falta. Un libro donde no se condena (no es necesario) a los asesinos y sus cómplices (como el  cura don Serapio): basta con dejarlos expresarse, con razonamientos y efusiones nacionalistas que vuelven a oírse hoy con acento catalán, para sentir asco. Un libro, en suma, que no es valiente porque es simplemente objetivo. Que está cargado de buena literatura pero que no es la gran novela sobre la sociedad vasca bajo el terrorismo que aún está por escribirse. Al menos, en mi opinión (aunque tal vez no en la de Belén Esteban).



miércoles, 7 de enero de 2015

Lecturas: Condenada (Chuck Palahniuk)

El mal, el mal. Que es el tema secundario de este libro. Y es lo que sucede hoy en París. La barbarie de siempre, la estupidez de tantos siglos. De los que repiten eso del Corán 08:39 “Combatid contra ellos hasta que toda la oposición termina y todos se someten a Allah” Pero quiero llegar a viejo, aunque eso me llegue en el hipotético y quimérico Gulag español. Es lo que nos amenaza el destino: que te corten la cabeza, o cortarme la coleta de la libertad por no adorar la de la opresión. No comulgar con lo que el gran orate dice hoy en Twitter: "El Pentágono y la OTAN bombardean y destruyen países enteros, asesinan a millones, cada día.D verdad esperamos q no hagan nada?" Pero no quiero perecer, aún no, por no creer en falsos dioses, por no adorar falsos ídolos, por no renunciar a mi libertad aunque ahora tenga que hacerlo y contenerme.


Pues nada, vayamos a Palahniuk que me ha vuelto a asombrar (bueno, a entretener) con una ficción de las suyas, de barracón de feria y mugre y desdicha y tontería. Esta vez es la confesión de una pre-adolescente que desde sus eternos trece años nos cuenta cómo es la vida en el Infierno tan temido, donde los demonios de toda cultura ejercen de lo suyo y basta mearse en una piscina más de tres veces o cualquier otra memez para merecer habitar en el averno. Como siempre, habrá un giro más o menos sorprendente y macabro, nuevamente hay placer, un placer ligero, en la lectura. Un final en exceso ambiguo y abierto e insatisfactorio. Y una constancia que es más bien intuición: Palahniuk es un moralista, y de lo que siempre escribe es del bien y el mal y sus consecuencias. Que Dios (o Satanás) lo bendiga (o lo maldiga).


miércoles, 19 de noviembre de 2014

El tiempo no perdona

Tal vez porque el perdón, en estos tiempos en que la civilización vive su lento, majestuoso por veces, atardecer antes de que la noche se nos venga encima, es un beneficio cedido por los corderos a los matarifes, una herramienta roma y blanda, un matasuegras agujereado. Ayer el Congreso de los Diputados aprobó, con torpe unanimidad, pedir al Gobierno español que reconozca a Palestina como estado. En una de esas oportunas sincronías de la historia, no desprovista de enseñanza moral, hizo que sólo unas horas separen esa apuesto por el confeti, digna del más torpe y sonriente presidente que mi desdichada nación haya tenido, con el ataque, a cuchillo, a pistola y con hacha, que en Jerusalén (Si me olvido de ti, oh Jerusalén, pierda mi diestra su destreza. Péguese mi lengua al paladar si no me acuerdo de ti, si no enaltezco a Jerusalén sobre mi supremo gozo) unos palestinos asesinaran a cuatro rabinos y un policía israelíes. Nada más suceder la atrocidad, la que fuera ministra de Exteriores del anterior gobierno socialista, intentaba resolver la paradoja con una frase para la Historia: "No podemos impedir que un grupo de desalmados impida los anhelos de paz de todo un pueblo". Vale. Aceptamos pulpo como animal de compañía, y el palestino como un pueblo amante de la paz. Lo que diga Jiménez, que debe conocer mucho más que yo, que nosotros, sobre todo eso, que todos nosotros, no sólo lo que dice sino que el palestino es un pueblo amante la paz. Sí señora. Lo que usted diga.

Herramientas para construir la paz, dicen

Llego a casa. Pongo las noticias. Lo de siempre. Y entre la crónica las imágenes tantas veces vistas, los carteles impresos con prisa glorificando a los asesinos, el ulular de las señoras gordas, las palmas desacompasadas, el reparto de dulces. Esos son mártires, ésos son héroes. Ése es el pueblo amante de la paz. Resulta que los desalmados son muchos más. Que el desalmado (pero nunca desarmado) es ese pueblo que festeja el crimen, que antes, y ahora, ampara el lanzamiento de sus cohetes lanzados ciegamente contra Israel. Asco. Por el fanatismo de los que celebran, por la mentira persistente y torpe de Jiménez y de su partido que cuando fue gobierno tanto pagó a terroristas islamistas a cambio de rehenes para que siguieran comprando armas (o fabricando cohetes) para demostrar su anhelo de paz. Cuando unos días antes los correligionarios de la pandilla de los dulces había degollado a Peter Kassig compartiendo en la filmación distribuida con el asesinato su suerte con una veintena de soldados sirios. En el mismo noticiario vi un fragmento de esa filmación. Mostraba a la fila de matarifes pasando ante cámara, sujetando por el cuello a cada víctima, para recoger con gesto decidido y sin variar el rictus el cuchillo con el que demostrar su anhelo de paz como pueblo cortando después la cabeza a los desalmados.




No soy islamófobo. Hace un mes tuve una relajada y larga conversación con una amiga musulmana y española sobre su fe y la mía, llena de respeto por parte ambos, con sintonía en aspectos fundamentales. Tengo amigos en Turquía a los que respeto y que me respetan, y Ankara es un lugar en el que me siento especialmente a gusto, y Estambul una ciudad a la que quisiera regresar. Pero me desagrada esa cerrazón, esa insistencia en el error y en el terror, esa brutalidad que consiste en admitir toda aberración cuando está dirigida contra los otros. "Anhelos de paz de todo un pueblo", lo llama Jiménez. En este mismo blog he condenado los abusos de Israel cuando los ha cometido (pinchar aquí) y también he explicado, quizás con demasiado afán didáctico, por qué ese pueblo no tiene nación (aquí la perorata)



Si alguien no desea darse otra ración de mi prosa deslavazada pinchando el segundo enlace, que sepa que el momento de los dos estados fue en 1948 y que ese pueblo amante de la paz perdió esa oportunidad, dejó pasar el momento ansiado, porque no quiso. Porque prefirió la senda de los cuchillos y de los dulces, de los cánticos y de los placeres de matar judíos. Porque esa es la manera de demostrar que se ansía la paz. Y nosotros olvidando ya no sólo Jerusalén, sino Atocha. Mientras nuestros representantes votan apoyar a Palestina, en este anochecer no sólo metafórico, los amantes de la paz recogen sus cuchillos. 

Fitna (Geert Wilders, 2008)
Por mucho que nos duela, hay mucha verdad
disuelta entre el veneno y la rabia.