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domingo, 27 de noviembre de 2022

Lecturas: La Guerra de Vietnam. Una tragedia épica, 1945-1975 (Max Hastings)

 Ya por la dedicatoria, a Rick Atkins, a quien Hastings afirma querer emular, es un buen auspicio. Porque Atkins es, para mí, el mejor historiador militar de nuestro tiempo, por encima de Beevor (que considera este libro una obra maestra)y del propio Hastings. Medirse a Atkinson es una osadía. Pero hay que reconocer que Hastings (Sir Max Hastings) casi lo consigue. Hubiera necesitado, por ejemplo, relatar la caída de Saigón con más nervio, más detalle, más desde dentro. Pero consigue dar una visión correcta de esa guerra estúpida a lo largo de 910 páginas.




Entre los aciertos está en remontarse a la dominación francesa de Indochina, con un vibrante relato del asedio/batalla de Bien-Dien-Phu, más eficaz que libros dedicados a aquel combate desesperante como el de Erwan Bergot, que  se perdía en detalles, en árboles, que no permitían ver el bosque en llamas. Sin la etapa francesa, que dio lugar a la creación de dos repúblicas de Vietnam, la del Norte y la del Sur, como antes había sucedido, tras la desocupación japonesa de Corea, también con un norte comunista y un sur capitalista, no se puede entender el drama posterior, cuando el norte infiltró su guerrilla, el Vietcong, en el sur y éste se acogió a la protección de Estados Unidos (Francia se desentendió una vez abandonada la antigua colonia) como un frente periférico de la Guerra Fría. Tres presidentes que no supieron prever las consecuencias de sus actos (el breve Kennedy, el obcecado Johnson y el tornadizo Nixon), se volcaron en salvar de la barbarie comunista, aplicando la barbarie militar para mantener en pie un régimen corrupto e inoperante. La desidia de Vietnam del Sur, confiada en que Estados Unidos le sacaría las castañas del fuego, y la violencia inusitada del Vietcong no sólo contra los funcionarios del sur sino contra la población civil en general, no importando sexo ni edad, apostando por la pedagogía del terror, convirtió Vietnam en un infierno. Al que tampoco era ajeno la flagrante crueldad de algunos militares estadounidenses como el teniente William Calley culpable de la matanza de 504 civiles en la aldea de My Lai. 

Un reportaje en Life (1965) ilustra el drama.
El capitán del  Yankee Papa 1 se dirige feliz
a un día más de servicio en Vietnam.


Hastings es historiador, no un propagandista. Por ello, para recordárselo a los lectores con prejuicios, debe ir insistiendo en que no hay que romantizar al Vietcong. Ni a los muchachos de Arizona o Michigan trasladados a la remota jungla para morir. Al fin y al cabo, la verdadera víctima no fue Vietnam del Norte, sino el del Sur, que fueron invadidos por sus vecinos para impedirles seguir su modo de vida que era el que añoraba a París y no a Washington. Vietnam del Norte no era, tampoco, otra cosa que un títere de la URSS y de China. Con épica, pero también con compasión, Max Hastings ha conseguido esta vez un libro tan asombroso como losa de la Trilogía de la Liberación de Atkinson.

martes, 20 de marzo de 2018

Lecturas: El día de la batalla. La guerra en Sicilia y en Italia, 1943-1944 (Rick Atkinson)

Otra obra de monumental documentación, dedicada a una campaña a la que no se le da bastante importancia, obviando el drama de Monte Cassino. Atkinson sigue su pauta habitual de seguir a las tropas de cerca, entre el desembarco en Sicilia en julio de 1943 (la lucha en el norte de África, objeto de la anterior entrega de esta trilogía, buscaba un punto de partida para invadir Europa) y la caída  de Roma en junio de 1944 (al día siguiente se produciría el desembarco de Normandía). Una vez más, hay pulso narrativo (a la manera del más conocido Antony Beevor) y apabullante información, acompañando Atkinson tanto a los generales (Mark Clark destaca esta vez, mostrándose tan fatuo y pagado de sí mismo como Montgomery, que también comparece abundantemente en estas páginas) como a los soldados, destacando la figura del teniente John J. Toffey, un buen jefe de tropa muerto en los últimos compases de la campaña y autor de hermosas y humanísimas cartas.  Lo que se pretendía, una vez salidos de Sicilia, un paseo militar merced a los desembarcos en Salerno y Anzio, se convirtió en un lento, cruento, doloroso avance merced a la resistencia de las tropas alemanas (las italianas habían claudicado no mucho después del desembarco siciliano). La sangre, el sudor y las lágrimas (medidas en toneladas) que auguraba Churchill a través de un incomodísimo ladrillo de 1218 páginas, de las que 324 son de notas. Al igual que su predecesor dentro de esta trilogía, nos encontramos ante una obra maestra de la Historia Militar. 



martes, 31 de enero de 2017

Lecturas: Un ejército al amanecer. La guerra en el norte de África, 1942-1943 (Rick Atkinson)

Es el primer tomo de una trilogía, llamada de la Liberación. Por éste le concedieron a Atkinson el Premio Pulitzer de Historia 2003. Con toda justicia. Si bien el tema es a priori el menos interesante de los tres volúmenes (el segundo se ocupa de la guerra en Italia y el tercero de la lucha en Europa occidental entre el desembarco de Normandía y la caídac de Berlín), ya que es, en resumidas cuentas, todo lo que sucedió en el norte de África tras El Alamein: los desembarcos aliados en Argelia y Marruecos, con la consiguiente campaña popr Túnez, está narrado aunando ejemplarmente lo mínimo y anecdótico con la descripción de los movimientos tácticos acompañados de sus inevitables mapas de las operaciones. Así, se sabrá por qué repentinamente dejaron de encontrarse medias de mujer en los puertos de los que partían, con destino desconocido, los cuerpos expedicionarios aliados, o los hábitos y caprichos íntimos de los más destacados mandos militares. Siempre aliados, ya que desde el punto de vista de los vencedores, y de sus copiosos archivos y bibliografías, está escrito este volumen y sus compañeros. Pero ello no significa que se cumpla aquello de los vencedores y la escritura de la Historia, ya que aquí Atkinson es inmisericorde con la torpeza de los estadounidenses, británicos y franceses cuyo devenir guerrero sigue, a la vez que no silencia los abusos, que los hubo, sobre las poblaciones autóctonas de aquel agreste teatro de guerra. 



Destaca el incansable organizador Eisenhower, destaca el excesivo Patton, destaca el insufrible Montgomery, el petulante Giraud. Destacan generales que fueron inútiles o admirables, comandantes caídos en combate, soldados cuyas cartas se citan. Un esfuerzo sobresaliente por escribir Historia Militar con sus mayúsculas y su gloria y su mugre, su patria y su crimen. Arma virumque cano, comenzaba la Eneida. Canto a los hombres y las armas. Es lo que hace con excelencia Rick Atkinson. Con laureles.