martes, 30 de diciembre de 2025

Lecturas: Eso no estaba en mi libro de la Guerra Civil (Pedro Corral)

Rara vez estos títulos defraudan, a diferencia de la ya cansina serie sin gracia de los "contado para escépticos" de Juan Eslava Galán, con sus chistes fáciles y su machismo rancio. Esta vez es Pedro Corral quien busca sorprender aunque el lector esté curtido en la materia. Corral desentierra historias más o menos asombrosas y lo hace sin alaracas, sin dictar condenas gratuitas. Así, se cuenta historia del primo de Franco fusilado por los nacionales en los primeros compases de la guerra mientras el icónico militar que agitaba la bandera tricolor en la famosa foto del 14 de abril de 1931 en la Puerta del Sol sería ajusticiado por los que deberían haber sido los suyos si no hubiera cambiado su lealtad por los contrarios, o la sorprendente deserción de un oficial franquista en los últimos días del asedio a Madrid cambiándose de bando a sabiendas de la fatalidad de ese error. Y así una miríada de historias de diverso interés coincidentes en una exposición de dilemas morales fascinantes que sirven para enfriar el ardor guerrero, redivivo, de los españolitos que puedan añorar esa catástrofe como una oportunidad para imponer su estupidez militante de derechas o de izquierdas. He dicho.



lunes, 29 de diciembre de 2025

Lecturas: Cómo nació el cristianismo (Antonio Piñero y Javier Alonso)

Soy cristiano. Católico, apostólico y romano. Practicante. Con un interés por el cristianismo primitivo, por el momento en que la acción de nuestro redentor nos llevó del judaísmo a lo que hoy conocemos como cristianismo. Del mismo modo en que yo he evolucionado espiritualmente tras décadas compartiendo los valores hebreos hasta llegar a esta plenitud serena. Como cantaría Hank Willisams, I saw the light:




Sencillamente. 


Disculpen esta confesión confesional. Y dada la fecha, vayamos al turrón.

Aquí, Piñero y Alonso parten de la imagen tradicional de un cristianismo que brota ya formada de la predicación de Jesús y desemboca sin sobresaltos en la Iglesia tal como la conocemos. Frente a ese relato simplificado, proponen una reconstrucción panorámica  que recorre desde las primeras comunidades hasta la institucionalización de una ortodoxia dominante. Una iglesia que, sostienen con razón, se debe más a San Pablo que a San Pedro.

Uno de los grandes aciertos del libro es dejar claro que, tras la muerte de Jesús, no apareció de inmediato “el cristianismo”, sino una constelación de comunidades con teologías, prácticas y agendas muy distintas entre sí. Helenistas, judeocristianos, gnósticos, los marcionistas y otros grupos conforman un paisaje plural en el que resulta más adecuado hablar de “cristianismos”, en plural, que de una única corriente homogénea. Los autores muestran cómo ese pluriverso de creencias se va decantando lentamente a través de conflictos doctrinales, decisiones institucionales y equilibrios de poder, hasta que una de esas corrientes acaba imponiéndose y canonizando su propia versión como la única legítima. La de Pablo. El cristianismo, tal como hoy se entiende, es el resultado de esa larga historia de debates, más que la simple prolongación de la predicación de Jesús.

Piñero y Alonso ponen al servicio del lector décadas de investigación sobre el Nuevo Testamento y el judaísmo del Segundo Templo sin caer en tecnicismos innecesarios. El aparato crítico está destilado en explicaciones claras que permiten seguir cuestiones como la relación entre judaísmo y comunidades paulinas, o el papel de figuras clave como Pablo de Tarso, Pedro, Esteban o Santiago “el hermano del Señor”. Este equilibrio entre profundidad y accesibilidad convierte el libro en una puerta de entrada privilegiada para quien se acerca por primera vez al tema, pero también en una lectura estimulante para lectores como yo. 

“Cómo nació el cristianismo” destaca así como una obra imprescindible de divulgación histórica: una síntesis cuidada, crítica y respetuosa que invita a pensar, a leer las fuentes ya situar la figura de Jesús y de sus primeros seguidores en su contexto judío e imperial, sin anacronismos ni simplificaciones. Es un libro muy recomendable para cualquier persona interesada en historia de las religiones, en cultura clásica o, sencillamente, en entender mejor el sustrato histórico de buena parte de nuestro imaginario contemporáneo.

domingo, 28 de diciembre de 2025

Lecturas: Me piden que regrese (Andrés Trapiello)

Derivada de su libro de no ficción Madrid 1945. La noche de los Cuatro Caminos, que aguarda su turno en mi biblioteca, esta novela supone un esforzado, pero baldío, intento por parte de Andrés Trapiello de ahondar en la memoria desde unos postulados dignos de cualquier apologeta de la corrección maniquea que impera en esta España nuestra. Es decir: una ficción en la que todo franquista, excepto Sol Neville, es malo y donde todo izquierdista es angelical. El resultado deja un sabor a repetición y cansancio. El libro, en el que se ha querido encontrar un patrón barojiano cuando acecha un espíritu azoriniano con su inclusión de términos en desuso, como muleto y otros tantos, carece de nervio y hasta de interés. El pretendido fresco de Madrid en las últimas semanas de la Segunda Guerra Mundial, con sus agentes secretos y su diplomacia, sus meretrices y su Pasapoga, sus diplomáticos y hasta el propio Caudillo, se desinfla y termina siendo algo decorativo, algo que desaprovecha una trama prometedora como la de la falsificación de las Capitulaciones de Santa Fe, y en la que aburre con su detenida descripción de las torturas en la Dirección General de Seguridad.

La prosa, siempre reconocible por su tono entre melancólico y lúcido, se desdibuja aquí en un exceso de complacencia. Narrativamente, el libro apenas avanza. Los recuerdos se suceden sin un hilo que los estructura, y esa falta de tensión convierte la lectura en un ejercicio de paciencia. El lector que busca emoción o descubrimiento se encuentra con un discurso más preocupado por reafirmar la figura del autor que por comunicar algo nuevo o necesario.



En Me piden que regrese, Andrés Trapiello no regresa: se repite. Lo que en otros tiempos fue introspección elegante aquí se transforma en un bucle de vanidad y melancolía impostada. El tono, que antaño destilaba autenticidad, ahora parece impostado, como si el autor escribiera para convencerse de su propia importancia al calor de opiniones, incluidas como pórtico de la edición de bolsillo, de quienes se exceden en el elogio incurriendo en la mentira

Lo más llamativo, sin embargo, no es el texto, sino el coro de voces que lo acompaña. Pasen y vean: Si existe un canon de la novela, ahora en el siglo XXI y con permiso de Harold Bloom, ésta es la novela perfecta" (Fernando Rodríguez Lafuente), Una gran novela para la posteridad (Alberto Olmos), Una obra maestra en el género más popular. […] Será sin duda éste el mejor libro del año. De muchos años (Fernando Savater), Se trata de una novela definitivamente maravillosa (Juan Marqués). Todos estos elogios son muestra de amistad, sin duda, pero también de deshonestidad intelectual. Un engaño al lector exigente que busca la excelencia de la que Trapiello es capaz. Al protagonista le piden que regrese.Al lector exigente, le pido que huya.