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sábado, 25 de mayo de 2024

Lecturas: Perón. Una biografía argentina (Fernando Alonso Barahona)

 Llevo años comprando libros sobre Perón y su doctrina. En España y en Argentina. Sin ser un experto pero sí pudiendo decir que algo sé sobre el personaje. En mi biblioteca incluso tengo un ejemplar, de La hora de los pueblos (ed. Norte, 1968) de Perón con una dedicatoria autógrafa. Y todo esto que digo, sin jactancia, es para poder afirmar que el libro que nos ocupa ahora es malo. No de solemnidad, pero casi. Porque hay que ser muy torpe para que una biografía de Perón salga mal. Y Barahona es torpe. Aburrido, parcial. Voy a la página de la editorial y ahí leo que en el Quiénes Somos (con un catálogo sesgado hacia la derecha neofranquista, y con el lema de Verdad, Justicia y Libertad), se presentan así: 

Creemos en los buenos libros y para ello requerimos de personas muy especializadas en las diferentes áreas de trabajo, somos muchos los que nos esforzamos, cada uno desde nuestro puesto, por llevar a cabo una labor bien hecha de cara a los lectores y a los autores que nos confían su bien más preciado; su obra. Correctores meticulosos, maquetadores precisos, diseñadores gráficos inspirados, lectores profesionales rigurosos, impresores celosos de su labor… todos ellos al servicio del trabajo bien hecho, todos incansables.

Correctores meticulosos, dicen. Vale, me lo creo. Pero el autor, que de Historia Argentina está justito, en un momento llama Tomás a Marcelo Torcuato de Alvear, yerra reiteradamente al llamar Dujovny a Alicia Dujovne (llegando a simultanear ambas versiones del apellido en un mismo párrafo), y lo mismo hace llamando Los Olivos a la localidad que aloja a la quinta homónima presidencial. Lo que denota el diletantismo del autor, que calla mucho sobre el biografiado, y tal vez por lisonjear al prologuista lo menciona varias veces cuando lo que aporta son menudencias genealógicas que nada aportan al mejor conocimiento del personaje. Esta biografía es un desastre sin paliativos, un intento de mostrarnos un Perón de derechas y moderado y bondadoso, no un personaje que jugó con dos barajas y llevó a su país al desastre y casi a la guerra civil. Todo lo que en las biografías de Joseph A. Page (Perón. Javier Vergara, 1984) y Félix Luna (Perón y su tiempo. Sudamericana, 1984) es detalle y pulso, retrato de un país a la vez que de la voluntad de poder y de un hombre, aquí no tenemos nada de eso. Todo es atropellado, parcial. Partidista. Bobo.

No sé por qué pierdo el tiempo comentando este horror. Sólo diré que es la primera vez que elimino de mi biblioteca un libro de esta sección. Y que el contenedor azul será su destino. Huyan, huyan del polígrafo desprolijo biógrafo. Y de paso de SND Editores. Que es bastante NS, no diré más.


miércoles, 13 de septiembre de 2023

Lecturas: El avión. 1972, El regreso Juan Domingo Perón (Pablo Mendelevich)

El regreso definitivo de Juan Domingo Perón a Argentina tuvo lugar el 15 de junio de 1973 tras el golpe de estado militar que lo expulsó en septiembre de 1955. Antes, y por el plazo de un mes, el 17 de noviembre de 1972, regresó por primera vez. Este libro es una meritoria crónica de ese retorno inicial. Basado en entrevistas con algunos de los participantes y sus descendientes, recoge las contradicciones despertadas alrededor del astuto militar que se apoyó en el fervor revolucionario de formaciones terroristas de extrema izquierda (la juventud maravillosa según sus propias palabras) y el de la extrema derecha de lo que estaba a punto de convertirse en la también terrorista Alianza Anticomunista Argentina, la célebre Triple A de José López Rega. En este vuelo de Alitalia, entre Roma y Buenos Aires, elegido por motivos económicos en vez del trayecto más lógico desde Madrid, se reunieron dirigentes y simpatizantes de las dos tendencias, con asesinados por ambos bandos.


Tras un tenso enfrentamiento con el presidente de facto Alejandro Agustín Lanusse y Perón, con acusaciones del tipo
a Perón no le da el cuero para volver, este regreso tuvo el precedente del retorno frustrado en 1964 cuando el presidente depuesto fue interceptado en Río de Janeiro a petición del presidente argentino, éste democrático, Arturo Illia, y devuelto a Madrid. En ese primer intento, 6 personas formaban el grupo de Perón. En 1972, eran 147. La razón de esta acumulación de acompañantes se fundaba no sólo en la trascendencia del hecho histórico sino en la voluntad de erigirse la comitiva en un escudo humano, una garantía de vida, en el caso de que exaltados de uno u otro signo, o el propio ejército argentino, intentaran derribar el avión.

Rico en pormenores, es un libro que sirve de preámbulo para Conocer a Perón de Juan Manuel Abal Medina, ya reseñado aquí.

miércoles, 26 de julio de 2023

Lecturas: Argentina bizarra (Matías Bauso)

 Lo bizarro, antaño valeroso y gallardo, es hoy extrañeza, gabinete de curiosidades, mundo insólito, sensacionalismo. Singularidad simplemente. En todo caso, con una Historia como la de mi amada y tan perfectible segunda patria, es fácil buscar los personajes y circunstancias que delatan algunos, muchos, de los males del país. El modo de agrupar los episodios de este libro, asignándoles una categoría, es sintomático: Historia nacional de la infamia trata de Los poderosos que a veces no son tan poderosos y que raramente actúan con lógica; Boquitas pintadas se centra en Escritores, actores y deportistas envueltos en situaciones surrealistas... pero habituales; bajo el epígrafe de Filosofía barata y zapatos de goma se nos describen Eventos que sucedieron de modo brumoso, sobre los que no hay demasiadas certezas, en los que reina el misterio, y en Cronopios, famas, dieguitos y mafaldas salimos al encuentro de Pícaros, asesinos, vencidos, delincuentes, algún genio, otros que estaban en el lugar equivocado. La real fauna autóctona.


En un país en el que casi todo sale mal con minuciosa monotonía, este recuento de desaguisados, contados con elegante ironía, es algo que consigue una plasmación brillante. Por no fatigar al lector, expondremos de qué tratan los cinco primeros capítulos: de las angustias despertadas por el paso del cometa Halley en vísperas de los fastos celebratorios, en 1910, del primer centenario del inicio de la Independencia argentina, de la participación del brillante estafador Edfuardo Valfierno en el robo de la Gioconda en el Louvre, de la doble superviviente de naufragios que primero zafó a la Parca en el Titanic, del presunto monstruo de una laguna patagónica y de las expediciones de caza que se organizaron, y el combate de boxeo, clamorosamente perdido, entre Jack Dempsey y Luis Ángel Firpo. 

Macedonio Fernández, presidentes de toda laya, estrellas de la televisión o del rock, políticos brutos, rebeliones estúpidas, bromas incomprendidas, censores, marcianos, estafas y evasiones se combinan para lograr un retrato de una nación con episodios circunscritos al siglo XX y al actual que en su idiotez se nos presenta como aquel de los espejos deformantes de Valle Inclán. Todo esto también es, y fue, Argentina. 


domingo, 23 de julio de 2023

Lecturas: El loco. La vida desconocida de Javier Milei y su irrupción en la política argentina (Juan Luis González)

Recientemente estuve en Argentina (mi segunda patria que en momentos de desánimo se convierte en la primera). Allí era asunto de conversación el miedo a un triunfo electoral de La Libertad Avanza, el movimiento libertario, anarco-capitalista, encabezado por Javier Milei. De un populismo bronco y antisistema, rico en exabruptos y tintas cargadas, Milei es comparado con facilidad con Hitler, en cuanto valiéndose de la democracia para llegar al poder es capaz de eliminarla o mutilarla. Y es común escuchar "como gane, me voy del país". Despierta más miedo que esperanza, y sus ideas, que van desde la eliminación del Banco Central, la libre portación de armas o la permisividad ante el tráfico de órganos, son como mínimo inquietantes. En las elecciones de fin de año las encuestas le dan la tercera posición, o tal vez la segunda, arrebatándole al peronismo gobernante la posibilidad de participar en una segunda vuelta. Las irregularidades de su partido, en el que todo indica que, y este libro lo argumenta, las candidaturas se venden al mejor postor, pueden llevarle a convertirse en un candidato anecdótico, pintoresco. Pero también puede remontar y convertirse en la gran tragedia, más que esperanza, argentina. 

González desmonta al personaje desde dentro, a partir del testimonio de quienes fueron sus valedores y finalmente enemigos. Como Yamil Santoro, cabeza del grupúsculo Republicanos Unidos:

—Hubo una tormenta perfecta entre lo bizarro, lo kitsch, el odio, y el desequilibrio. ¿Cuántos políticos tenés que pongan un sentimiento de verdad arriba de la mesa cuando hablan? Javier es psiquiátrico, está humanamente roto y por eso es tan potente. Si uno quiere impostar la mitad de las cosas que hace Javier llega un momento en que no sos creíble. Cuando Javier se pone loco se pone loco en serio, porque es Javier sublimando el odio a su padre en el Estado y en la política. Está roto y ese odio es de verdad, entonces empatiza con la gente que está enojada.

Hijo de un padre maltratador, con una relación demasiado cercana a su hermana, Karina, Milei ha caído en extravagancias como en considerar a su perro Conan, un bichón inglés, un hijo al que clonó para garantizar su supervivencia tras la muerte en 2017 con el resultado de otros cinco perros (uno de ellos murió siendo un cachorro) a los que llama sus nietos, y la extravagancia de hablar con el perro difunto a través de una médium. Hasta Dios, al que llama el Uno, habla a veces con Milei. Sea como sea, este retrato inmisericorde deja ver tras el personaje siniestro y rudo una persona vulnerable:

Me topé, sin buscarlo, con la historia de un chico torturado por sus padres, corrido a un lado por sus compañeros de escuela y rechazado sistemáticamente por sus eventuales parejas. Con el economista que se recibió a pesar de las zancadas que le hacía el papá. Con el hombre que llegó a la adultez con casi ningún amigo y con la desconfianza hacia las personas grabada en su ADN. Con el que nunca quiso ser padre y que terminó adoptando a un perro como su hijo, con el que pasó solo una decena de navidades y años nuevos. Con el que no pudo superar la muerte de aquel animal que tanto quiso y que, sumido en una profunda depresión, terminó cayendo en telépatas, médiums y clones. Con el que está convencido de que Dios lo eligió como un moderno profeta.

Me encontré con la historia de un hombre profundamente solo



Pero no nos engañemos. Con su verbo desinhibido, con la seducción sobre la juventud, su ingenio rápido, sus ideas sorprendentes e inconformistas, Milei es lo peor que podría pasarle a la desdichada y martirizada Argentina. Como se afirma en este retrato rápido del loco Milei, Cualquier nazi que haya en Argentina está en La Libertad Avanza. No llegará a más, será un incordio, una curiosidad histórica, un mal recuerdo. Pero quién sabe. Quién.


viernes, 28 de abril de 2023

Lecturas: Conocer a Perón (Juan Manuel Abal Medina)

Quien fuera hermano de uno de los fundadores de Montoneros, abatido por la policía tras haber participado en el secuestro y asesinato del ex-presidente Aramburu, y que tal vez por ser hermano de asesino fue designado por Perón secretario general del Movimiento Peronista, hace aquí un ensayo de memoria de su actividad peronista. Que sirve para lo que él mismo experimentó: conocer a Perón.



Que es un personaje que detesto, aunque tengo amigos argentinos más inteligente que yo y que son fervientes peronistas. No pretendo, ni en esto ni en nada, tener la razón, sino opinar basado en el conocimiento, lo que no es poco en este nuestro presente de opiniones osadas (hoy, mientras desayunaba junto al trabajo, oí decir a un vociferante barrendero: "Porque Francisco Pizarro se cargó a todos los mayas". Tal cual). Pero entremos en el jardín peronista. De quien mi familia argentina fue silenciosa víctima como tantos argentinos que no quisieron rendirse al populismo y su sopa boba. El caso es que Abal sorprende, primero, cuando su hermano, tras iniciar aquella guerra civil que trajo al poder a Perón y también a Videla, entre el asesinato de Aramburu y su cumplimiento de aquello del que a hierro mata, le confiesa "Matar es terrible... es tremendo". Lo que hace pensar que aquella muchachada enajenada tenía un poquito de conciencia para darse cuenta de lo que estaban, y seguirán, haciendo. También sorprende escuchar de Perón que aquel crimen era "una acción deseada por todos los peronistas" y, más aún, "un acto de profunda justicia". Y que ya regresado, Perón use a Abal para que le exija pedir perdón a Ricardo Balbín, el presidente de la Unión Cívica Radical. Ahí, en todo esto, se retrata Perón como un rencoroso pese a su capacidad para decir a unos y otros lo que querían oír y quedar siempre él como la solución. Este libro, desde el afecto sincero, muestra a ese general desnudo. Y por mucho que se intente ser objetivo y mostrar la posible bondad del caudillo de los descamisados, quien sea mínimamente antiperonista (reafirmo mi desprecio, y fascinación por Juan Domingo, mi fascinación conmovida por Eva Duarte), no habrá cambiado un ápice su opinión.

sábado, 26 de junio de 2021

Lecturas: Los años setenta de la gente común (Sebastián Carassai)

 La ilustración que sigue es la que ilustra la cubierta de este libro argentino y que es sintomática del tiempo del que trata, con el subtítulo certero de La naturalización de la violencia:



Esta vez se trata de hablar de la Argentina de los setenta, la del regreso de Perón, la guerra civil entre las organizaciones terroristas peronistas de izquierdas Montoneros, ERP, FAL), y la organización terrorista peronista Triple A (Alianza Anticomunista Argentina). Sin ir más allá que la observación de aquellos años que comenzarón con convulsiones y terminaron con la calma chicha tras la bárbara represión militar desde los ojos de la clase media argentina a través de testimonios recogidos en Buenos Aires, Correa (provincia de Santa Fe) y San Miguel de Tucumán. Y que muestran cómo la clase media pasó de ver con distancia los hechos, a mantenerse casi invariablemente antiperonista, mostrar cierta indignación por la violencia desatada tanto sobre las fuerzas de seguridad como sobre la guerrilla de izquierdas para finalmente mostrarse conforme con el golpe de estado de febrero de 1976 y mirar para otro lado ante las desapariciones (total, esos muertos nuevos eran los que habían llevado al país al caos, aquello del "algo habrán hecho").


Carassai no deja palo sin tocar, desde la buena imagen de Eva (en comparación con el maquiavélico Perón), sublimada por la muerte joven y la entrega a cierta beneficencia (dudosa, en cuanto sólo favorecía a los suyos), el mundo universitario, la plasmación del conflicto (no es la palabra adecuada, guerra es más certera) a través del humor de Tato Bores, de la telenovela Rolando Rivas, taxista, la infiltración de la violencia cotidiana en la publicidad, con la aparición de armas y alusiones al hecho de matar con una trivialidad macabra, las interpretaciones sociológicas de aquellos hechos, y todo lo que se quiera. Viene a ser este libro algo así como la versión docta del Fuimos todos de Juan Bautista Yofre que revela cómo se vivió el videlato como un alivio antes de que con la llegada de la democracia y el informe Sabato quedaran al aire los crímenes del régimen militar. Muy recomendable lectura. Y un aviso.

miércoles, 27 de noviembre de 2019

Lecturas: Con mis propias palabras: Eva Perón (Introducción de Joseph A. Page)

Hay algo conmovedor y algo enojoso en este libro. Como sucede con la propia Eva, Santa Evita, la Yegua. Alguna vez he opinado aquí sobre ella. Sobre mi repulsa por el régimen que estableció su marido, esa negación de la democracia, ese despotismo ilustrado, ese manejo de las masas con la zanahoria y el palo, envuelto todo ello en una puesta en escena hipnótica. Parece que hablara del nazismo. No es casual. Recuerdo a mi tío-abuelo, exiliado en su Argentina local: "Vine huyendo de Franco y me encontré con Perón". Es ésta la parte enojosa, odiosa, de Perón, de su régimen, de su esposa y mártir. En este libro póstumo e incompleto (cuyo título real era "Mi mensaje"), dictado en su lecho de muerte por Eva Perón, es la habitual peroración, la soflama habitual de amor al pueblo y de Perón qué grande sos. Lo de siempre. Ese rencor de Eva, convertido en energía y en la auténtica "razón de su vida", hacia los oligarcas, hacia el capitalismo. La novedad aquí está en que añade a la Iglesia y al Ejército entre los destinatarios de su ira y su desprecio. Los mismos que terminarían derribando el régimen peronista en 1955 a través de la violencia (aunque los peronistas nunca reconocerán que aquel régimen mitificado también fue violento y tiránico).



Pero son palabras de Eva, a la que pese a todo respeto por su sacrificio, por su capacidad de entregarse a una causa que la utilizó para ganarse el corazón de los adeptos. Y el mío, tan antiperonista por herencia familiar y por convicción. De una Eva Perón que agoniza y dedica sus últimos meses a dictar estas páginas escasas y torpes. Pero, cuidado, son las palabras de una muchacha que se muere y que ansía pervivir en el fervor del pueblo peronista. Que nadie busque aquí sensatez o análisis fino. Eso es algo que queda fuera de la voluntad de Eva. El ángel y el demonio se encargaron en una misma persona, en un alma débil y atormentada, pero a la vez en una voluntad de hierro, en una médula que gloriosamente ardió, por usar el verso quevediano. Casi la mitad del libro se debe a Joseph A. Page, el autor de la considerada biografía canónica de Perón y un prodigio de ecuanimidad. El final de la introducción de Page, que respalda la debatida autenticidad de la autoría, coincide con mi opinión y la condensa:


Puede que el libro respalde incluso a aquellos de nosotros que vemos a Evita con ojos románticos, como una mujer pobre, inculta y voluble que se enzarzó en una valiente lucha contra las desigualdades de clase y sexo, que fue manipulada con mucha destreza por su marido, pero aun así representó un papel político que interpretó de forma memorable dentro de sus posibilidades y el espacio que le habían asignado.


viernes, 25 de mayo de 2018

Lecturas: Argentina. Un siglo de violencia política. 1890-1990. De Roca a Menem. La historia del país (Marcelo Larraquy)


La historia de las naciones suelen ser terribles. La de Argentina (siempre lo he afirmado: mi segunda patria) como nación independiente, lo es. Si vamos al siglo XIX (y enumero de memoria), encontramos la rivalidad entre Lavalle y Dorrego, la tiranía de Juan Manuel de Rosas y su banda armada La Mazorca, las guerras civiles por un quíteme usted esa federación o confederación, la Campaña del Desierto de Julio Argentino Roca (presidente más adelante) que exterminó a los aborígenes argentinos con saña (algunos sobrevivieron, pero el recuerdo de aquella guerra bárbara sirve como argumento en discusiones en torno a nuestra negra leyenda). Y al llegar 1890, una revolución en toda regla. Que es la que inicia este relato, turbulento como pocos, de Marcelo Larraquy (de quien disfruté hace unos años su extraordinario Galimberti: de Perón a Susana, de Montoneros a la CIA, escrito junto a Roberto Caballero).

El libro tiene el propósito de analizar la violencia como motivación política en un siglo de historia argentina. Entender por qué se mataba. En nombre de qué o de quiénes. Con qué fundamento. Sobre qué bases. Con qué finalidad. De qué manera. Efectivamente, Larraquy lo consigue. Desde el levantamiento radical (léase de la Unión Cívica Radical, el partido que dio algunos de los mejor intencionados presidentes de la nación, siendo el más recordado en España Raúl Alfonsín, y en Argentina Arturo Illía) en el Parque de Artillería de Buenos Aires comandado por Leandro N. Alem hasta el estúpido intento de ocupar el cuartel de La Tablada, un siglo de sangre y drama es el que Larraquy con soltura recorre. Leer este libro es conocer la historia contemporánea de Argentina. Así, con el levantamiento de Alem de 1890 (acá aprovecho para citar unos versos de la Milonga del 900 de Homero Manzi con música de Sebastián Piana para posicionarme en términos argentinos: Soy del partido de todos /  Y con todos me la entiendo / Pero váyanlo sabiendo: / Soy hombre de Leandro Alem) se inicia un periodo de revueltas radicales (laicismo, reforma laboral, leyes obreras) que se irán entreverando con el terrorismo anarquista (/es una época en que Buenos Aires contaba con una población de medio millóhn de habitantes, de los que trescientos mil eran extranjeros) y la persecución de las ideas heterodoxas a partir del golpe de estado de 1930 contra el radical Bernardo Yrigoyen, primero de la larga serie que jalonará el siglo XX cambalache problemático y febril.


Aquel golpe de 1930 llevó al poder al general José Félix Uriburu. Que se adelantó en 46 años a la dinámica asesina de Videla y los suyos: La represión del gobierno de Uriburu no seguía un manual de procedimientos determinado. Las víctimas atravesaban distintas etapas: el secuestro, la desaparición, las torturas, el simulacro de fusilamiento, un estado nebuloso que podía conducirlos a la muerte o a la libertad. Responsable principal de aquel régimen terrorista fue Leopoldo Lugones, perfeccionador de la picana eléctrica, e hijo del poeta del mismo nombre (y uno de mis favoritos, añado) que también fue ideólogo del mismo con sus llamamientos al golpe porque era llegada la hora de la espada. Consecuencia de aquella ruptura será el régimen de Perón, llegado al poder por las urnas pero golpista él mismo en 1930 y en 1943 y que marcará toda la historia de Argentina prácticamente hasta la actualidad. De Perón afirma Larraquy que aunque Perón jamás rompió las reglas de juego político-institucional, las tensó de tal forma que la sociedad quedó dividida en torno a su liderazgo. Y, añado yo, sigue dividida desde entonces.



Abunda Larraquy: Perón concibió a la fuerza policial como un cuerpo político. En sus dos primeras presidencias, esa institución vigiló, encarceló y torturó a dirigentes políticos, gremiales y estudiantiles de la oposición; también fue un obstáculo para las conspiraciones internas de los militares contra el gobierno. El propio Perón tampoco escatimará amenazas de violencia. Aaí, el 2 de agosto de 1947 formulará ésta: Yo les aconsejo siempre a nuestros capitalistas que sepan dar el treinta por ciento s tiempo, porque si no van  a perder todo, hasta las orejas... Si no lo entienden, yo  les he dicho también que el día que las masas se lancen a colgar, yo no voy a estar de parte de los que deben ser  colgados; preferiré estar del lado de los que cuelgan. Puestos a ser precursores de terrores futuros, bajo el mandato de Perón abundaría la figura del desaparecido y se presentarían, aunque fuera en forma de acusación, los primeros “vuelos de la muerte”. Veamos: Los panfletos impresos por la militancia de la Acción Católica fueron uno de los resortes que tuvo la Iglesia para defender sus espacios y conspirar contra la estabilidad institucional. Eran repartidos en las instituciones católicas y estudiantiles, y entre las Fuerzas Armadas. La ofensiva pastoral denunciaba no solo las torturas del peronismo, sino también más de cuatro mil casos de desapariciones. Los panfletos presentaban casos improbables de esqueletos que habían sido descubiertos bajo tierra en los basurales de la ciudad, en el actual empalme de la avenida General Paz con la Ruta Panamericana, y también mencionaban cadáveres transportados por aviones y arrojados al Río de la Plata. También se referían a quemas clandestinas de opositores a Perón en la Chacarita, organizadas por la Policía Federal, con conocimiento de su jefe, el general Miguel Gamboa. Aunque las desapariciones no podían ser constatadas con nombres y apellidos, la información circulaba en la sociedad y comenzaba a roer el tejido político oficialista. Sea cierta o no la acusación, es bajo el peronismo cuando se da la primera desaparición política bien documentada, la del médico comunista Juan Ingalinella en junio de 1955: Se cree que el cuerpo de Ingalinella fue tirado al río Paraná o cremado. Fue el primer caso de desaparición forzada por razones políticas.



                Para acabar con Perón murieron algunos centenares de civiles (el bombardeo de la Casa Rosada y Plaza de Mayo el 16 de junio de 1955 fue relatado por mí en mi novelita Memorial de Santa Elena, publicada por Arguval en 2004). Después morirán otros cientos a causa de la represión de los regímenes militares que le siguieron. Pero también Perón alentó el asesinato de los opositores, que desde el peronismo son llamados gorilas. Leamos palabras del propio Perón una vez depuesto: El enemigo debe verse atacado por un enemigo invisible que lo golpea en todas partes, sin que él pueda encontrarlo en ninguna. Un "gorila" quedará tan muerto mediante un tiro en la cabeza, como aplastado "por casualidad" por un camión que se dio a la fuga. Los bienes y las viviendas de los asesinos deben ser objeto de toda clase de destrucciones mediante el incendio, la bomba, o el ataque directo. Esta lucha debe ser implacable, recordando que en cada "gorila" que matemos está la salvación de muchos inocentes ciudadanos que si no, serán muertos por ellos. Los gorilas deben llegar a la conclusión de que el pueblo los ha condenado a muerte por sus crímenes y que morirán tarde o temprano en manos del Pueblo. Los medios para eliminarlos importan poco, hemos dicho que a las víboras se las mata de cualquier manera.

                Una vez depuesto Perón e iniciada una despareja Resistencia Peronista que en los años 60 desembocaría, al calor del guevarismo y financiada desde la  Cuba castrista, en una guerrilla y terrorismo que llevará al país al filo de la revolución y la guerra civil para desembocar en el golpe de Videla de marzo de 1976, el ejército argentino, que irá derribando a presidentes civiles como Arturo Frondizi en 1962 o Arturo Illía en 1966, se dividirá en dos facciones enfrentadas, siendo la vencedora en ese pulsa la facción llamada azul y encabezada por el general golpista Juan carlos Onganía (1966-1970): Para los azules, "más allá de sus abusos de poder y su demagogia", el peronismo era una fuerza nacional y cristiana que había "salvado" a la clase obrera del comunismo. Si se lo proscribía, en cambio, se los forzaba a la insurrección o a las acciones gremiales conjuntas con la izquierda, como había sucedido en las huelgas petroleras y en el frigorífico Lisandro de la Torre.



                Los intentos de reconducir el peronismo a un papel moderador serán baldíos y trágicos. Alentador de la violencia con tal de volver al poder, desde su exilio madrileño Perón irá mimando a esa juventud maravillosa que moría y mataba al grito de Perón, Evita, la Patria Socialista. Al regresar al poder, romperá con todos ellos y apostará por los que claman por Perón, Evita, la Patria Peronista y consentirá la aparición de la triple A (Alianza Anticomunista Argentina) de José López Rega. Fue criminal la guerrilla de Montoneros, FAP, FAL y ERP. Fue criminal la Triple A. Fue criminal el régimen de Videla (Larraquy detalla toda esa violencia y su organización, que será especialmente minuciosa durante el videlato).Y fue estúpido, cerrando el ciclo, el intento en febrero de 1989 de asaltar el cuartel de La Tablada en Buenos Aires: 11 soldados y policías y 32 guerrilleros muertos en plena agonía de la presidencia de Alfonsín mientras Menem afilaba sus patillas. Son cosas de mi dulce y áspera Argentina. Hoy es además 25 de mayo, fiesta patria de aquella gran nación. Entre tanta sangre y amargura, entono su himno y repito Al gran pueblo argentino, salud.

martes, 15 de mayo de 2018

Lecturas: La profanación. El robo de las manos de Perón. El secreto mejor guardado de la Argentina (Claudio R. Negrete y Juan Carlos Iglesias)



Una vez más, un libro sobre Perón. Y el segundo que cae en, ejem, mis manos sobre el destino incierto de las de Perón. El anterior fue Nabot, Damian, y David Cox: Perón, la otra muerte. Buenos Aires: Ágora, 1997. En aquella ocasión, aunque algo ya sabía del caso, sucedido en 1987, el libro, del que ya poco recuerdo, me dejó un regusto sensacionalista, de testigos desaparecidos en circunstancias sospechosas. Pura mafia y novela negra. El que ahora nos ocupa tiene los mismos mimbres, y con una insistencia machacona en que al juez Far Suau lo asesinaron. Pero vayamos por partes. 



Muñeco de Perón hecho por el artista (peronista) Daniel Santoro


En julio de 1987 tres políticos peronistas recibieron una nota firmada por “Hermes IAI y los 13” acompañada por un trozo del poema que Isabel Perón había escrito en homenaje a su marido y dejado enmarcado en el interior de la cripta del panteón familiar en la cripta familiar del cementerio porteño de La Chacarita. Esa nota decía lo siguiente: 


Por la presente llevo a su conocimiento que con fecha 10 del corriente mes y año, el grupo al cual represento procedió a retirar o amputar las manos de los restos de quien en vida fuera el teniente general Juan Domingo Perón, en la bóveda ubicada en el cementerio de la Chacarita, sito en esta, por ahora, capital federal , hallándose manos, anillos y el sable del nombrado a buen recaudo y por ende en nuestro poder. Trataré de ser breve y explicar los motivos de dicha acción. En el año 1973, el general contrajo por servicios que le fueron prestados la deuda de ocho millones ($ 8.000.000 USA), la cual posteriormente nunca abonó al igual que sus posteriores sucesores políticos, por lo tanto ésa es la suma que exigimos por la restitución de sus manos. Somos conscientes de que nos enfrentamos a todo el país, a todas las fuerzas de seguridad, policiales y diversos organismos de inteligencia con los que cuenta el Estado, como también lo somos de que de no cumplirse con lo reclamado o ante cualquier eventualidad desfavorable a nuestros intereses dichos restos serán destruidos y pulverizados lo que dejará al ilustre prócer incompleto para toda la eternidad, al igual que el museo que piensan erigirle. Si tanto el movimiento como el gobierno quieren aprovechar dicha circunstancia para hacer política no nos incumbe, sólo hay una realidad, y es que si en el lapso de 15 días a partir del primero de julio del corriente año no fue finiquitada la presente operación, manos y sable correrán la suerte anteriormente mencionada, de usted depende el final de esta historia o mejor dicho la responsabilidad histórica de los acontecimientos. 


Como muestra de veracidad de lo expresado, se adjunta a la presente la mitad de la carta escrita por la viuda del general, señora María Estela de Perón, la cual se encontraba en un marco sobre el “ex nicho blindado” que guardaba los restos del extinto. Como primera medida, y para saber si nuestras exigencias fueron comprendidas o aceptadas, el día primero de julio (miércoles) colgar ante las ventanas del primer piso de esa sede partidaria dos banderas justicialistas. De no ocurrir así, interpretaremos que no existe interés por lo que no esperaremos los días mencionados y procederemos de resultancias. Se deja constancia que nuestra comunicación será por este medio. Lo saluda a usted muy atentamente. 

HERMES IAI y los 13 


Efectivamente, el panteón había sido asaltado, profanada la tumba, cortadas las manos y hechas desaparecer junto con la gorra y el sable del general. También el poema enmarcado, que acompañaba fragmentado ahora las tres copias de la carta como señal de autenticidad. Nada volvió a saberse de las manos ni del sable ni de la gorra, ninguna comunicación, ninguna respuesta oficial. La policía se puso en marcha con nulos resultados, aparecieron anónimos y delatores que sirvieron sólo para embarrar la investigación, murió el juez Jaime Far Suau, en accidente de tráfico que al menos Negrete y Suárez tildan de asesinato, murió tal vez por una paliza uno de los sepultureros que estaba de servicio la noche de autos, murió a consecuencia de un ataque Carmen Melo, una mujer que deambulaba por el cementerio a horas no habituales, y sobrevivió a un atentado el comisario Carlos Zunino, mano derecha de Far Suau. Todo muy chocante. Para los autores (Cox y Nabot apostaban por una implicación de la masonería de la logia Propaganda Due y su líder, Licio Gelli), recogiendo palabras de un testigo, lo sucedido pudo ser “una operación política realizada por resabios de los servicios de inteligencia de la dictadura o algún grupo interno del peronismo que bien podrían ser los Montoneros”. También llegan a la conclusión de que “De los distintos informes e interpretaciones surgidos en todos estos años aparece como denominador común la probable participación de ex miembros de las fuerzas de seguridad, uniformados y civiles, en la profanación”. Atrás quedan interpretaciones como una posible venganza masónica o las noveleras de que las manos eran necesarias para usar la huella dactilar para acceder a una cámara acorazada en Suiza (una tecnología que aún no se usaba) o la recuperación de un anillo con un código grabado que daría acceso a ese tesoro.

Han pasado treinta años. Nada más se supo. Nada más se sabe. 




viernes, 6 de abril de 2018

Lecturas: Las vueltas de Perón, crónica de los años que gestaron la Argentina de hoy (1976-2016) (Osvaldo Tcherkaski)


Hay una universidad joven en el conurbano bonaerense, la Universidad Nacional de Tres de Febrero. Radicada en Caseros, donde mis bisabuelos se afincaron en 1907 y donde nacieron algunos de mis tíos-abuelos y pasó su niñez mi propia abuela, es una institución a la que le tengo un gran cariño desde que colaboré con ellos, en los días del  bicentenario argentino, para mostrar allí una exposición de Picasso. En esa casa de estudios (joven, y dotada de un gran entusiasmo) es director de la maestría de Periodismo Documental Osvaldo Tcherkaski, autor de este relato, Las vueltas de Perón, crónica de los años que gestaron la Argentina de hoy (1976-2016), profusamente documentado y con patente voluntad de estilo, de los dos regresos de Perón al finalizar su exilio.


A la sazón redactor del diario La Opinión, dirigido por Jacobo Timmermann, Tcherkaski tuvo oportunidad de participar en reuniones con Perón en Madrid, e incluso de entrevistarle para su periódico. Así, nos cuenta el pulso entre el presidente militar Lanusse y Perón, un juego de poder en el que los dos generales jugaron a ver quién podía más, con victoria de Perón, por mucho que Lanusse asegurara que Perón no volvía “porque no le daba el cuero”, con la prehistoria de ese regreso inicial (17 de noviembre de 1972) con la cohorte de emisarios, militares y guerrilleros preparando, o buscando imposibilitar, en la sombra esa operación. A la vez, Lanusse buscaba un Gran Acuerdo Nacional que posibilitara el regreso del peronismo a la legalidad pero sin la presencia de Perón (y con Lanusse en el poder) y Aramburu, el militar que derrocó a Perón en 1955, y asesinado por Montoneros en su primera acción, buscaba un acuerdo entre peronistas y antiperonistas porque, reconocía a Tcherkaski, lo principal es nuestra coincidencia en impedir un triunfo del castro-comunismo en la Argentina




Sigue con los esfuerzos de Perón por acomodar una nueva mayoría, por hacerse pasar por un revolucionario cuando había sido, en los años 40, un admirador de Benito Mussolini, simpatizante del nacionalsocialismo hitleriano y que, en todo caso, en 1945 había conquistado a las masas populares para impedir con sus reformas que se volcaran a una revolución. Y continúa con sus malabarismos para acomodar su figura en el marco de la violencia política, azuzada por declaraciones como pienso que la violencia popular esá siendo provocada por la violencia gubernamental o La violencia del Gobierno trae aparejada la violencia del pueblo. Y más aún: Esta rebelión violenta, estas acciones de guerrilla, son una respuesta a la violencia de las autoridades.


Entre medias quedan las reticencias de Héctor Cámpora (Cámpora al gobierno, Perón al poder fue su consigna) a ceder el poder a Perón, o la matanza de Ezeiza el 20 de junio de 1973, día del segundo y definitivo regreso de Perón, con 13 muertos y alrededor de 365 heridos, un episodio que sigue sin aclarar del todo, y por fin la descomposición del peronismo en el poder a la muerte del líder ante la violencia desatada (la triple A de López Rega asesinaba peronistas de izquierda bajo la consigna de La patria peronista y Montoneros, ERP, FAR y FAP asesinaban a quienes podían bajo el lema de La patria socialista y, en todos los casos, invocando a Perón) y el golpe militar de 1976 que fue implacable con los grupos y grupúsculos de extrema izquierda e indulgente con el Partido Comunista de Argentina.




En suma, nos encontramos ante un excelente retrato de aqyella época turbulenta magníficamente documentado y escrito con buen estilo. Un libro imprescindible para comprender aquella Argentina. Y la de hoy.



martes, 3 de abril de 2018

Lecturas: Crímenes y mentiras: Las prácticas oscuras de Perón (Hugo Gambini y Ariel Kocik)



En días sucesivos comentaré dos libros sobre Perón, un personaje controvertido donde los haya. Que suscita adhesiones y rechazos. Y que tal vez haga necesario una breve aclaración personal. 

Perón y su época constituyen una sección destacada de mi biblioteca, con varias decenas de referencias. Fruto de mi interés desde mi primera estancia argentina en 1988, cuando en los alrededores de mi pueblo/barrio de Buenos Aires, Santos Lugares, aún se podían leer pintadas que decían “Isabel conduce” o que unían la V y la P, en referencia a la vuelta de Perón o su victoria. En charlas con mis tíos, alrededor de un mate con galletitas saladas acompañadas de dulce de leche, fui recabando testimonios y recuerdos de aquellos años, completándolos con las apasionadas tertulias en la cerrajería de los Ceraso, donde eran mayoría los antiperonistas (y también en casa de mis tíos) pero donde también cabía algún que otro nostálgico que defendía aquella figura. Ya entonces compré mis primeros libros sobre Perón, y he seguido haciéndolo a lo largo de los años. Mi opinión global sobre Perón es negativa. Sobre Eva Perón, algo menos negativa (pero negatiova al fin y al cabo). Pero entiendo que haya quien le defienda, aunque sea desde la vía sentimental como se vislumbra desde la pintura del extraordinario artista Daniel Santoro a quien ya he glosado aquí. Perón como justiciero, como el que reparte bicicletas, panes dulces, casas, zapatos. Perón libertador y justiciero. Todo eso. Pero también hay otro Perón, el que queda fuera de la propaganda y bajo la luz implacable de la historia. Este Perón.




Aquí, partiendo desde elementos tan sencillos como el año de nacimiento del personaje, que también está sometido a falsificaciones, se avanza por el tupido engranaje de adulteraciones a que fue sometida su persona y sus acciones. Resultando que el cultor de la justicia social fue un dictador más de los tantos que mi amada segunda patria ha padecido. Aunque fuera en este caso un dictador carismático y verboso. Esta vez, Gambini y Kocik se limitan al Perón los años 40 y 50, dejando fuera al del exilio y su tercera y agónica presidencia. Que es, si cabe, más oscuro, y del que tratará el siguiente libro que aquí comente.


En este, dedicado al primer Perón, el de la forja y el derrocamiento del Justicialismo, el discurso se articula en torno a una primera parte en torno a las mentiras de Perón y una segunda alrededor de los muertos de Perón. Hay mucha mentira y mucha muerte, mucho intento de ocultar las contradicciones de un régimen que quiso presentarse como justiciero y que llevó, por ejemplo, a la masacre de más de mil indígenas de la etnia pilagá en la provincia de Formosa en 1947. 

Como en la conclusión señalan los autores, y a forma de resumen del libro, "En nombre de los derechos sociales que consagró en su Constitución de 1949, el peronismoanuló la posibilidad de reclamar por ellos, que quedaron confiados a la visión de Perón. La protesta comenzó a verse como un acto contra la patria, y el derecho de huelga se volvió una concesión del gobierno. Cuando la crisis se llevó las mejoras iniciales, los reclamos de las clases obreras causaron una represión creciente. El control sobre los medios de comunicación permitió que las violaciones a los derechos humanos y el sometimiento de los disconformes del mundo gremial no se divulgaran, y la mística creada por el peronismo influyó lo suficiente como para no investigar mucho al respecto. Si el peronismo quiso poner a todo el país a tono con su doctrina, con su sistema de poder vertical, la ley como la verdad misma emanaban en última instancia de Perón, aunque abundara en contradicciones y falsedades, como su sofisticado sistema de propaganda.


Cuando Perón amagó una tregua en 1955, ya se habían cometido y respondido desbordes difíciles de olvidar con rapidez. La posibilidad de una cooperación con otro gobierno, elegido o no, quedaba clausurada si el peronismo acusaba de vendepatrias a sus adversarios. La imprevisible política exterior argentina se expresaba con un discurso encendido, pero también consagraba una gran dependencia por falta de medios, que arrojó al país a los brazos de sus enemigos discursivos del capital foráneo. En medio de esa encerrona del mensaje justicialista se produjo la caída de Perón, pues el discurso de la felicidad social y la prosperidad argentina chocaba con la realidad. 


Las represalias sufridas por los peronistas desde 1955, lejos de quitarle vigencia a esa corriente, se la devolvieron, a la vez que diluyeron sus anteriores pecados. Su relato, además, ponía la culpa de los males del país en manos oligarcas o extranjeras, lo que resultaba tranquilizador: era preferible afirmar el orgullo nacional que confrontar el mito peronista con la evidencia de las víctimas, los resultados sociales efectivos, bochornos como el falso anuncio de la energía atómica controlada (dañando el prestigio de nuestra ciencia) o la pretensión de erigirse en líder regional a costa de empobrecerse en el intento".

Todo lo que en este repaso por la historia argentina se cuenta se resume en las palabras de mi añorado tío Pepe en aquel invierno austral de 1988: "Yo vine huyendo de Franco, mi sobrino, para encontrarme acá con Perón".


domingo, 11 de diciembre de 2016

Lecturas: Nadie fue (Juan B. Yofre)

Le tenía ganas, atrasadas, a este libro. Desde los días del Bicentenario argentino, allá por 2010, cuando lo vi con profusión en los escaparates (debiera escribir vidrieras por recuperar el modo rioplatense) de Buenos Aires con una cubierta que mostraba a las claras la violencia de los últimos meses de la fallida democracia argentina antes de que llegaran Videla y los suyos y otros muchos se fueran o desaparecieran. Entonces, por cuidar del presupuesto, opté por otro título del mismo autor, El escarmiento. La ofensiva de Perón contra Cámpora y los Montoneros, 1973-1974. Que resultó ser excelente. Nadie fue tiene como subtítulo "Crónica, documentos y testimonios de los últimos meses, días y horas de Isabel Perón en el poder. El libro que ahora nos ocupa trata justamente del momento post-Perón y se detiene en los primeros días tras el golpe de Videla. Mientras El escarmiento estaba excelentemente construido y narrado, éste, que he leído ahora en formato electrónico, es torpe, fragmentario. Fallido. Sirve para contar el proceso que llevó al inevitable golpe de Videla (era o eso o la guerra civil abierta) y aportar algunos datos interesantes. Sin articular el discurso histórico como hizo en El escarmiento

Como notas para guardar, me quedo con una reacción de Perón ante la infiltración comunista en el peronismo y que son vigentes ante los tejemanejes y camuflajes de los comunistas españoles de houy. Ahí va: ¿Qué hacen en el justicialismo? Porque si yo fuera comunista, me voy al Partido Comunista y no me quedo ni en el Partido ni el Movimiento Justicialista. Y remachaba en pregunta retórica el viejo zorro argentino: Todos los que hablan de la tendencia revolucionaria ¿qué es lo que quieren hacer con la tendencia revolucionaria?

Otro dato sorprendente: la opinión de mi amado Ernesto Sabato tras el golpe: La inmensa mayoría de los argentinos rogaba por favor que las Fuerzas Armadas tomaran el poder. Todos nosotros deseábamos que se terminara ese vergonzoso gobierno de mafiosos. 

Y más sorpresas sobre Juan B. Yofre (copio tal cual de Wikipedia):

En 2008, Yofre fue procesado por la justicia argentina junto a otros ocho acusados por espionaje a los gobiernos de Néstor Kirchner y de Cristina Fernández de Kirchner en una causa que se encuadra en las figuras de asociación ilícita y encubrimiento agravado.

La Cámara Federal de Apelaciones de San Martín investigó y proceso al ex jefe de la SIDE, Juan Bautista Yofre; junto con el ex policía aeroportuario Pablo Alfredo Carpintero, al general del Ejército Daniel Manuel Reimundes; así como los periodistas Carlos Orlando Pagni (columnista de La Nación), Edgar Mainhard (Urgente 24), y Roberto García (columnista del diario PERFIL).

La Cámara sostuvo que se tiene por acreditado que, al menos desde agosto de 2006 hasta agosto de 2008, los integrantes de la asociación ilícita interceptaron mails "de distintos funcionarios del gobierno nacional".7 8 Según confirmó la cámara, Yofre utilizaba contactos en la SIDE para obtener mecanismos de inteligencia. Fue embargado por 400 mil pesos.


martes, 1 de abril de 2014

Lecturas: Peronismo. Filosofía política de una persistencia argentina (I) (José Pablo Feinmann)

Nunca me había interesado el peronismo hasta que en 1988 viví dos meses en Santos Lugares, Provincia de Buenos Aires. Las viejas pintadas de antes de la dictadura militar ("Isabel Conduce"), los anagramas misteriosos de la P sobre la V (¿Victoria Peronista?, ¿Perón vuelve?), escoltados por la PJ, la JP, del Partido Justicialista, la Juventud Peronista, todo eso, en fin, junto a las largas pláticas con mi tío por las tardes ("yo, sobrino, me vine huyendo de Franco y me encontré con Perón...") me hicieron volcarme con el enigma de aquel dictador argentino, añorado por muchos, y empezar a leer sobre él empezando con la biografía de Joseph Page y seguir con otros muchos títulos, incluyendo alguna primera edición del mismo Perón (entre ellas, un tesoro, "La hora de los pueblos" con dedicatoria autógrafa para alguien que entre los suyos incluye mi propio apellido). 


Poco a poco, fui construyéndome una imagen del general, del presidente, del político y del marido que me llevaba desde la fascinación hasta la repulsión. Dedicando a Eva Duarte un rincón lleno de respeto y compasión. Fue en Buenos Aires donde compré, en el ya lejanísimo 2010, en pleno bicentenario de la nación, el apetecido primer tomo del extenso serial que Feinmann fue publicando en el diario "Página 12" y que ya conocía, picoteándolos, por los PDF que alguien fue colgando en Internet. El resultado de mi interés por Perón (accedo al programa con el que he catalogado mi biblioteca; hago una búsqueda por materia. "Peronismo": 50 referencias), las ganas que le tenía a Feinmann y la lectura del primer tomo (salió otro posteriormente, que continúa el discurso cronológico de este volumen inicial, que se queda en el primer y fugaz regreso de Perón en 1972), resulta en una decepción.


El estilo literario de Feinmann es magnífico, sus razonamientos muchas veces son compartidos, excepto cuando se pone Kirchnerista (y algo peor: Cristinista), Hegeliano, antifoquista y mil zarandajas más que, para un cultureta español con sus pujos de casi argentino quedan muy lejanos, muy ajenos. Lo que fastidia (o directamente jode, usando el recio significado que damos en España y opuesto al que se le da en Argentina) es, por mucho que recalque que no apoya la violencia, que insista en comprender, en disculpar, a muchos de los que fueron asesinos políticos, esa "juventud maravillosa" que el viejo Perón también alentó y utilizó. Que esos asesinos fueran exterminados por otros asesinos no los convierte en víctimas, no les aporta honor. Por mucho que Feinmann intente concederles ternura. Por mucho que niegue que lo hace.


También se echa en falta que no sea verdaderamente una historia del peronismo, y que por tanto silencie nombres tan importantes como Cipriano Reyes (creo que lo nombra, de pasada, una sola vez) o Domingo Mercante, a quien omite directamente. A cambio, desmenuza apasionada y aburridamente el pensamiento de John William Cooke, los sucesos que Rodolfo Walsh narró en "Operación Masacre" o el asesinato, asqueroso e imperdonable (aunque no es tajante Feinmann en la condena), del ex presidente Pedro Eugenio Aramburu.


A cambio, el anális de cómo Perón era, en sus años finales, un logrero que supo instrumentalizar a la muchachada revolucionaria, es sobresaliente. Aunque también, al tratar del Perón de los años 40 y 50, Feinmann, sin más,  sin razonarlo, rechaza que fuera un populista fascista. Por el testimonio de mi propia familia, que vivió sobre el terreno aquel decenio fascinante de las dos primeras presidencias de Perón, tengo fundamentos para sostener que sí lo fue. Pero esa visión de la Argentina peronista como "patria de la felicidad" que retrata en sus maravillosas pinturas Daniel Santoro (a quien también admira Feinmann) sirve para encubrir la sordidez y la brutalidad de ese régimen seductor, cutre y efectista. Las ilustraciones que uso en este comentario sirven para pintar qué fue ese primer peronismo en el poder.


Feinmann yerra, y erra, como yerro y erro yo. Su discurso no es honesto. Tampoco el mío. Al menos, yo lo reconozco.




lunes, 19 de agosto de 2013

Lecturas: Eva Perón para principiantes (Nerio Tello y Daniel Santoro)

Con Daniel Santoro tengo una vieja duda: conocerle en persona. Un amigo común me ofreció presentármelo en Buenos Aires, y por eso del pudor y el calendario quedó pospuesto, tal vez para siempre, ese encuentro con un artista que admiro y con el que tengo en común la visión mítica del peronismo de los años 40 y 50. Una visión que aúna ingenuidad con el olvido de su pecado original, que nos es otro que constituir, pocas dudas hay, una dictadura. Una dictadura que, como casi todas, tiene en su base una buena intención, la de cuidar, desde el Estado, al individuo, salvarlo de sí mismo, de su puñetera ansia de libertad que termina estallando para echar abajo esa dictadura. En este caso, en esa historia, el hada buena, el poli bueno, fue Eva Duarte. Eva Perón para la Historia.


De ese personaje este libro, con texto de Nerio Tello y con ilustraciones del inmenso Santoro (he mirado en la red y he descubierto cosas como la cercanía del artista con la Cámpora y con la presidenta Fernández, amistades peligrosas que a mí, proveniente al fin y al cabo de una familia razonadamente antiperonista, me repugnan), este libro, decía, digo, da una imagen que entra de lleno en el mito, en la hagiografía, pero que a la vez admite la discrepancia, el pero a Perón, la lectura doble, como cuando en páginas sucesivas, y dobles, se presenta una hipotética conferencia-coloquio, en la que, con la quimérica presencia de Eva entre los ponentes (y deponentes) entre opiniones opuestas, se debate "Evita la Resentida" frente a "Evita la militante". Obviamente, los ditirambos peronistas, desprovistos del rencor en que tantos antiperonistas solemos incurrir, terminan por (con)vencer. Este libro, en manos de un artista épico como Santoro es, no es un documento imparcial, por mucho que Nerio Tello intente ocultarlo, sino un canto al sacrificio. Un homenaje a la que fue resentida, pero que también amó, hasta la insensatez, a su pueblo. 


Un texto de la propia Eva en la primera solapa de la sobrecubierta aporta pistas para comprender al personaje, para ubicarlo en sus contradicciones, en su época, en nuestras contradicciones, en nuestra época. Copio las primeras líneas, de un discurso de Eva: "En todo el mundo, la alegría de vivir había huido de los hogares de los trabajadores. Y esa tragedia es obra directa del liberalismo, ese capitalismo deshumanizado. El liberalismo disfraza de libertad lo que no es sino libertinaje". Hasta llegar a la última frase, parece una de las vaciedades de Hugo Chávez (o de cualquier representante español de Izquierda Unida). El cierre, la última frase, es plenamente franquista (es más fácil imaginarse la sentencia lapidaria en la voz aflautada del Caudillo español que en el grito herido y balconero de Evita. Ahí, en ese desprecio hacia el liberalismo (compartido, por poner un ejemplo de su época, por el fascismo mussoliniano en cuyo seno Juan Domingo Perón avizoró la posibilidad de una masa organizada y sumisa), se basan las dictaduras de derechas y de izquierda, ambas y todas enemigas de la libertad individual, del disenso. La última frase, la falaz identificación de libertad y libertinaje, termina de cerrar el círculo liberticida. 


Fue conmovedora Eva Duarte, supo arder en un momento fulgurante de amor y de ira. Pero lo que ayudó a poner en pie dio lugar a una mitología subjetiva y sentimental deslumbrantes (pienso en la obra de Santoro, en su maravillosa antológica "Realidad, sueño y elegía" comisariada por Raúl Santana, pero también en la película "Sur" de Fernando Solanas) y también constituye el pecado original de Argentina. Amo demasiado la libertad como para considerarme peronista. Pero el ejemplo, insensato y heroico de Eva Duarte, la Evita santa de los pobres, sigue estando tan vivo (desde donde escribo ahora mismo, un retrato oficial de Eva, enmarcado y de los años 50, me observa desde sus colores distorsionados y con un cresponcito negro en un ángulo) que es difícil repudiar por completo esa figura compleja y acaso tan simple.