Nuevamente (ya reseñé aquí otro libro suyo), Knopp recurre a un equipo de colaboradores para un volumen misceláneo en el que Knopp interviene en la redacción de todos los capítulos que firma con los diversos autores. El resultado es, como auella vez, satisfactorio. Lo que no viene muy a cuento es lo de llamar secretos a los diversos asuntos, aunque aklgunos sigan siendo misteriosos. Esta vez se ocupa de las razones del vuelo de Rudolf Hess (siempre nombrado a la incómoda manera alemana: Heß) y de las circunstancias de su muerte. Muy recomendable, aunque no responde a ninguno de los interrogantes del libro de Martin Allen en el que me basé para otra entrada en este blog (Véase aquí: El misterio del vuelo de Hess). Le sigue un refrito curioso y variopinto sobre las acciones de comando en la Segunda Guerra Mundial: la liberación de Mussolini (en la que quedó eclipsada la participación de italianos para dar protagonismo a Otto Skorzeny), el merecidísimo asesinato de Reinhardt Heydrich y el tristísimo del primer alcalde de la liberada Aquisgrán en los últimos compases del conflicto, además del casi anecdótico secuestro de un general alemán en la Creta ocupada. Le sigue un capítulo sobre el historial médico de Hitler (no, no tenía un único testículo, sí recibió dosis de cocaína y speed dentro de sus tratamientos, sí es posible que llevara oro en su dentadura proveniente de otras arrancadas a víctimas del Holocausto, sí es posible que exagerara la gravedad de su intoxicación por gas en la Primera Guerra Mundial), el irrelevante destino de un submarino nazi hundido frente a la costa brasileña (sin duda, el capítulo más endeble del libro) y el mito de la Fortaleza Alpina que debería haber sido el último reducto de resistencia nazi. En suma, un volumen muy interesante escrito con buen pulso y con excelente capacidad de síntesis y que puede conseguirse opcionalmente con el número de la revista Historia y Vida de enero de 2018.
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miércoles, 3 de enero de 2018
lunes, 29 de agosto de 2016
Lecturas: Secretos del Tercer Reich (Guido Knopp)
El título no puede ser peor. Y no se trata de un capricho del traductor. Pero el contenido es apasionante. Se trata de seis capítulos extensos que tratan de aspectos muy diversos del régimen nazi: la familia de Hitler, Rommel y su leyenda, el dinero de Hitler, la figura de Himmler, las mujeres de Hitler y las mentiras de Speer. Cada capítulo se lee con interés creciente, y el uso de recuadros en el texto con citas de testigos, personajes e historiadores, sirven para orientarnos y sorprendernos. La letra pequeña del libro nos avisa que Knopp (jefe de la sección de Historia Contemporánea de la televisión estatal ZDF) escribió el libro con la colaboración de otros seis historiadores, de forma que es co-autor de cada capítulo. En todo caso, más allá del reparto de los méritos y autorías, es magnífico el resultado. Arrojando tantas luces como sombras mantiene.
Unity Mitford compartiendo tribuna
con el villanísimo Julius Streicher
Así, descubriremos al por menor cómo Hitler pudo haberse llamado para la posteridad Adolf Schicklgruber, cómo son especulaciones jugosas pero injustificadas que tuviera sangre judía, cómo fue un tarambana ávido de fama su sobrino William Patrick Hitler (que terminó enrolándose en el ejército norteamericano). Nos quedaremos con ganas de saber si Rommel estuvo involucrado en la conspiración de Stauffenberg contra Hitler y que al Zorro del Desierto le costaría la vida. Aunque una cierta sospecha sí queda. Sabremos cómo de rico fue Hitler gracias a los dividendos de su Mein Kampf y de la ayuditas de patrocinadores entusiastas de la matanza. De Himmler sabremos lo que ya sabemos, además de un intento loquísimo de reivindicar a las brujas alemanas de los siglos XVI y XVII como mártires de una causa encomiable. Sabremos lo de casi siempre sobre Hitler y su sobrina Geli Raubal, el encoñamiento que tuvo la bellísima idiota Unity Mitford y el amor tierno y perruno de puro manso de Eva Braun. Hubiera venido bien alguna especulación adicional sobre la más nazis de las nazis, Magda Giebbels. Por último, el combativo capítulo sobre Speer carga las tintas en su colección, pequeña, de obras de arte que intentó ocultar y vender, no aportándose pruebas más contundentes sobre su implicación en el mayor de los crímenes posibles. Eso sí, incentivó a sabiendas el desalojo y deportación de varios miles de judíos berlineses.
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