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sábado, 13 de mayo de 2017

Lecturas: 1Q84 (Haruki Murakami)

Un libro con el que te apasionas mientras lo lees (aquella cosa tantas veces dicha del placer) pero que después te deja un recuerdo un tanto vago. Tal vez sea cosa de mi memoria, que ya es la que era. En todo caso, es un libro brillante, en el que se van alternando los capítulos que recogen las andanzas de los dos protagonistas, el profesor de matemáticas y corrector literario Tengo y la instructora de gimnasio y asesina por encargo Aomame. Dos personajes que comienzan la historia cada uno por su lado y que irán previsiblemente confluyendo en sus tramas pero sin coincidir físicamente. En el tercer libro (y segundo volumen) de la novela aparece un tercer personaje, Ushikawa, un calamitoso pero concienzudo detective, que también entra en el reparto, ahora a tres, de los capítulos. 


Si bien al comienzo se van introduciendo elementos que dan sensación de irrealidad que va percibiendo Aomame (que por tanto no vive en 1984 sino en 1Q84), esa sensación de irrealidad se borrará pronto, desmintiendo toda afinidad con la pesadilla totalitaria de 1984 de George Orwell. En Murakami la irrealidad se limita a un cambio en el armamento de la policía japonesa y a los planes soviético-estadounidenses de construir una base lunar conjunta, a los que más adelante se unirá la presencia, en el firmamento, de dos lunas. Esa sensación de irrealidad se verá sustituida por una secta político-religiosa y la gravitación enorme de un raro libro titulado La crisálida de aire y cuya confluencia, la de la secta y el grupo, convertirá la novela en un hábil thriller con dos lunas. Pero sin nada más que podamos adscribir al género fantástico. Porque realmente ésta es una novela de amor.




O intenta serlo, porque los dos protagonistas principales se perseguirán con finalidad exclusivamente amorosa, a través de los tres libros, los dos volúmenes, de la novela. Tras un momento fugaz en la infanciaen que se tomaron de la mano,  se buscarán a través de Tokio y de los años. Por medio habrá muertes espantosas (tres, todas violentas pero una de ellas indolora), una historia de amor paterno-filial, sin que la palabra amor sea nítida, y algunas subtramas que apuntalan la historia pero que habrán de difuminarse. Porque en verdad no importa que La crisálida de aire no nos interese, de poco nos importará la naturaleza ni el alcance de la actividad de la secta. Ni por qué hay dos lunas. Nos importará la imagen de Tengo en la fría noche subido en un columpio mirando la luna y suspirando por Aomame. Nos importará la determinación de Aomame de, a toda costa, reencontrarse con Tengo. Que el final de la novela sea tontorrón tampoco importará. Lo que queda, mientras las lunas se apagan en nuestra memoria, es la grata experiencia lectora. Nada más. Pero tampoco nada menos.


El Irworobongdo coreano (con sol y luna a la vez)
que nada tiene que ver con Murakami
pero que me gusta 

domingo, 11 de diciembre de 2016

Lecturas: Sauce ciego, mujer dormida (Haruki Murakami)

El fervor del anterior libro (y el primero por mí leído) de Murakami se ponía a prueba con este volumen, también de relatos. Esta vez el resultado de la lectura es satisfactorio, pero inferior en la mayor parte de los cuentos. En un volumen de 386 páginas, el placer comenzó en la 205. Y se mantuvo hasta el final. Hasta ese instante, los relatos eran un tanto fríos, un tanto kafkianos (Kafka en la orilla es la novela de Murakami que diversas veces me han recomendado). Vidas cotidianas en las que irrumpe un hecho que rompe la monotonía y la lógica, esas cosas. A partir del cuento Tony Takitani irrumpe el factor subjetivo, y lo que eran escenas normales repentinamente enrarecidas pasan a ser parábolas sobre el amor, los sentimientos, la soledad, el azar, el destino. Expresadas con pudorosa contención. Pero con dosis altas de emoción. Además de la narración citada, El hombre de hielo, Hanalei Bay y La piedra con forma de riñón que se desplaza día tras día son tres casi obras maestras, piezas modélicas. Modelos a imitar. Hay mucha elegancia, mucha emoción contenida que busca para asomarse en las últimas líneas. Una grata confirmación tras afrontar 204 páginas de indiferencia y de promesas incumplidas o ni siquiera formuladas. Seguiré, obviamente, con Murakami.


lunes, 31 de octubre de 2016

Lecturas: Hombres sin mujeres (Haruki Murakami)

Tenía curiosidad por Murakami, ya que confieso que la literatura japonesa es una de mis grandes lagunas como lector (a lo sumo, una lectura juvenil de los "Ise Monogatari" de Ariwara no Narihira, y algunos escuetos volúmenes de Mishima, más algunas páginas de Kabawata). Murakami, con su prestigio, su nombre "nobelable", era un autor que estaba reclamando su poquito de atención. Y por esas cosas de elegir un título del catálogo del Círculo de Lectores (ahora caigo en la cuenta de lo antiguo que queda, lo poco exquisito que es reconocerse socio del Círculo), opté por este volumen de relatos. Que ha alejado de mí la sospecha de que eras un japonés lo suficientemente exótico (o meramente japonés) como para que, en su día, el inefable José Luis Rodríguez Zapatero lo reconociera como uno de sus autores favoritos. Fuera de mí ese prejuicio (a la vez que Zapatero se engrandece merced a la nefanda torpeza de Pedro Sánchez). Murakami, a la vista de este libro, es un inmenso escritor. Bravo por Murakami y hasta bravo por ZP.



Aunque las historias tienen todas finales abiertos, no sentimos que estén incompletas como sucedía, con cierta arbitrariedad que llegaba a ser sádica, con los relatos de Roberto Bolaño. Aquí tenemos, a través de siete relatos sobre hombres privados de mujeres (nos encontramos con una galería de viudos, de traicionados, de amantes frustrados) en el Japón actual. De los siete cuentos, sólo uno, "Samsa enamorado" que poco imaginativamente da la vuelta a "La metamorfosis" de Kafka con la estampa de un bicho que amanece siendo persona, desmerece el conjunto. Y el que cierra el libro y también le da título, es una obra maestra. Un emocionante y sereno, púdico y delicado, retrato de la ausencia. Una exquisitez como pocas veces he encontrado.