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miércoles, 1 de diciembre de 2021

Lecturas: Siempre hemos vivido en el castillo (Shirley Jackson)

 Una novela deslumbrante, una autora de la que leeré más con la ilusión de que siga sorprendiéndome. Emocionándome. Con ustedes la malograda Shirley Jackson (1916-1965) sin la que no hubiera sido posible Stephen King, que suele nombrarla en sus obras como ejemplo de la mejor literatura de terror. ¿Es, fue, Shirley Jackson un genio? Lo es. Al menos por esta su última novela.



Comienza con un autorretrato de su narradora, Merricat, Mary Katherine Blackwood. Es uno de esos comienzos de antología: Me llamo Mary Katherine Blackwood. Tengo dieciocho años y vivo con mi hermana Constance. A menudo pienso que con un poco de suerte podría haber sido una mujer lobo, porque mis dedos medio y anular son igual de largos, pero he tenido que contentarme con lo que soy. No me gusta lavarme, ni los perros, ni el ruido. Me gusta mi hermana Constance, y Ricardo Plantagenet, y la Amanita phalloides, la oronja mortal. El resto de mi familia ha muerto.



Adelantemos que Merricat no es una mujer lobo, ni hay elementos fantásticos. Al menos no explícitamente. Ella, su hermana Constance, su tío Julian (en silla de ruedas, afanado en escribir sus memorias, con una salud languideciente) y el gato Jonas son los únicos miembros de su familia que seis años atrás sobrevivieron a un envenenamiento. Encerrados en su mansión (el castillo al que se alude en el título), de las que apenas salen las hermanas para hacer compras, entre el cuchicheo de los vecinos, sin más trato con los demás que esporádicas visitas de vecinas, viven en un oasis doméstico y autosuficiente. Hasta que un día el caserón arde y las hermanas (y el gato) viven, cerradas a todo contacto y ocultas, entre las ruinas de la casa. Y pasa el tiempo.

Esto es lo que, a grandes líneas, sucede. Son 203 páginas llenas de encanto y escritas con sinuosa simplicidad. Y que te deja pensando en el título, ese “siempre hemos vivido en el castillo”. Haciendo que sea inquietante el siempre y angustioso ese simple vivido. Nos hallamos ante una novela escrita en estado de gracia, de la que dijo Neil Gaiman: Una escritora asombrosa… Si no habéis leído “Siempre hemos vivido en el castillo” o alguno de sus cuentos, os habéis perdido algo maravilloso. O Jonathan Lethem, quien la llamó Una de las escritoras norteamericanas nás luminosas y extrañas del siglo XX. O, concluyendo, la gran Dorothy Parker, Shirley Jackson no tiene rival.





sábado, 30 de octubre de 2021

Lecturas: Danza Macabra (Stephen King)

 Son 616 páginas en tapa dura en el único libro de King editado por Valdemar. Y que ocupa el úndecimo puesto (es de 1981) cronológico, entre los escritos por el autor de Maine. Habrá que esperar a 2000 para que vuelva a dedicarse al ensayo con Mientras escribo. Esta vez, más que ocuparse de su propia obra, lo hace del cánon del cine y la literatura de terror en los treinta años anteriores. Es decir, no sirve para conocer mejor la literatura de King, por más que esté escrito con un estilo desenfadado y chispeante, irreverente por momentos. Sino sus gustos, su panteón personal, las películas y autores de los que se nutre. Que le guían e inspiran. Por lo tanto, este libro sí nos da las claves personales de King. 

Tras un repaso por las diversas amenazas que conforman y nutren el género, el peculiar tarot con sus monstruos e intrusos, sus rupturas de la lógica y y las pulsiones a las que apela. Todo ello partiendo de un grupo de novelas fundantes de esa tradición: Frankenstein de Mary Shelley, El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde de Robert Louis Stevenson y Drácula de Bram Stoker.  Sigue con un repaso a lo mejor del género en el cine, sin rehuir la serie B, al género en la radio y a sus deficiencias en la televisión, considerado el soporte más decepcionante. Finalmente, un recorrido exhaustiovo por obras de autores de su especial preferencia (Ray Bradbury, Shirley Jackson, Peter Straub, Harlan Ellison, Ira Levin, Richard Matheson, Ramsey Campbell, James Herbert...) Todo ello desde su experiencia de lector y haciendo que el lector se sienta tentado de compartir esas lecturas.

En definitiva, y sólo para quienes quieran ahondar, casi cavar en el género, una más que recomendable guía para quitarnos la culpabilidad de estos placeres. En definitiva, como King afirma en las páginas finales, El trabajo del escritor fantástico, o del escritor de horror, es hacer un agujero temporal en esa visión de túnel; proporcionar un único espectáculo poderoso para ese tercer ojo. El trabajo del escritor de fantasía o de horror es hacer de usted, durante un rato, otra vez un niño.



domingo, 16 de febrero de 2014

Lecturas: Monster Show. Una historia cultural del horror (David J. Skal)

Un libro extraordinario. Que, dejando aparte la seductora introducción en la que espiamos a Diane Arbus comienza por la imagen desosegadora siendo seducida por un pase nocturno de "La parada de los monstruos", comienza por la imagen bizarra de un joven Tod Browning enterrado en vida como atracción circense mientras come bombones y planifica su futuro plagado de monstruos y horrores. Esa imagen del tramposo visionario, jugando con las muerte y con la credulidad ajena, compendia todo el contenido del libro de Skal que, con un recorrido cronológico, comienza su disección del género con "El gabinete del doctor Caligari" y concluye con la penúltima hornada en la que se mezclan "El proyecto de la bruja de Blair", "El sexto sentido" y "Dioses y monstruos". Sin nombrar el ejercicio meta-terrorífico que es "En la boca del miedo" de John Carpenter. Más allá de algunas omisiones (es fácil imaginar a Skal desechando resmas y resmas de apuntes y datos), nos encontramos ante un magnífico estudio general del miedo fílmico, pero también literario (Stephen King y Anne Rice no faltan, aunque sí Poppy Z. Brite). 

Maila Nurmi, a.k.a. Vampira,
a lo suyo

Plagado de anécdotas como la de Browning prematuramente enterrado, el tonteo romántico entre Bela Lugosi y Clara Bow o entre James Dean y Vampira, el volumen de 575 páginas se deja leer con placer, mostrando cómo el cine acoge los miedos de la Depresión del 29, de la Guerra Fría o de la edad del SIDA. Todo comentario más extenso de este libro puede llevar a que el hipotético lector de este blog se diga "vale, ya sé de qué va" y prescinda de la lectura del libro que se recomienda vivamente. Por ello, mejor es dejarlo aquí y descubra el placer intenso de la lucidísima disertación de Skal.