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sábado, 26 de abril de 2014

Lecturas: El hombre en suspenso (Saul Bellow)

Viene a ser, si queremos quitarle méritos, el precursor de Philip Roth. Con "Las aventuras de Augie March", Saul Bellow introduzco el héroe (antihéroe) de Roth: judío, urbano, desengañado, existencialista. Tal vez porque Bellow se llevó el Premio Nobel de Literatura, en 1976, es posible que el veleidoso comité sueco nunca se lo dé a mi admirado Roth. De Bellow ya algo se ha comentado aquí, ponderándolo casi con entusiasmo. No será éste el caso. Primera novela suya, "El hombre en suspenso" tiene todos los vicios del Bellow posterior y apenas ninguna de sus virtudes.


Aquí, la tendencia a la introspección al filosofeo (filoso, feo) es exasperante. Seguimos el diario íntimo de un canadiense que reside en Estados Unidos en 1942 (la novela es de 1944) y que espera que la burocracia se desenrede y le permita incorporarse voluntario a filas. Acompañado por su esposa, y habiendo abandonado su trabajo, entretiene la espera rellenando el diario que leemos. Poco más, casi nada más, hay en esta novela lenta y enojosa. Abro el libro al azar. Copio las primeras líneas de la página: 

"-¿Y la respuesta?
-Recuerdo lo que escribió Spinoza, que ninguna virtud puede considerarse más grande que la de intentar preservarse uno mismo.
-¿A toda costa, uno mismo?
-No lo entiendes. Uno mismo. No dijo la vida de uno. Dijo uno mismo. ¿Ves la diferencia?

Así todo el libro. No digo nada más.

lunes, 31 de marzo de 2014

Lecturas: La verdadera (Saul Bellow)

La penúltima, y breve, novela de Saul Bellow. Antes de la última y también breve. Tal vez porque era un hombre cerca del adiós, y a los 82 de su edad era momento de no desperdiciar en melodías y adornos la voz que le quedaba. Tal vez por eso es breve esta novela. Tal vez por eso es certera, intensa, elegante, sentimental. Certera. Esencial. Algo así como una delicada pieza de cámara. 




La historia, sencilla, nos habla de Harry Trellman, que amó y perdió en su juventud a una mujer, Amy, que después tuvo dos bodas. Tras muchos años, se reencuentran al trabajar para un mismo y poderoso patrón. Y confluyen en el acto de exhumar el cuerpo del segundo marido de Amy, que fuera a su vez amigo de Harry, para trasladarlo a una segunda sepultura. Imaginamos la barrera de silencio, lo que quisieran decirse, lo que sintetizó inmejorablemente el argentino Enrique Molina en el arranque de su poema "Alta Marea": Cuando un hombre y una mujer que se han amado se separan, / se yergue como una cobra de oro el canto ardiente del orgullo, / la errónea maravilla de sus noches de amor”. Todo eso. Pero en sutil disección de las obsesiones y los secretos. Una delicia.