De Mishima ya he escrito alguna vez, afirmando aquello de Dante, un bel morir tutta una vita onora. Que el atormentado autor fracasase en su última misión, abucheado por la soldadesca mientras él hablaba de gloria (algo así como Jesucristo vejado por los soldados romanos en su carne inmortal), es una consumación de lo que también sucedió con sus novelas, al menos con las primeras (la que aquí gloso es la segunda): aporta un estilo elaborado, con frases campanudas (algo así como D'Annunzio), pero al servicio de una historia confusa que no llega a conectar con el lector. Con este lector. De poco sirva que quiera conmovernos si lo que nos muestra no conmueve. Ya saben, lo que le pasará con su última alocución. Pues en este libro es lo mismo, páginas y páginas de elegantes disquisiciones que pretenden diseccionar un alma, la de la viuda Etsuko, convertida en amante de su suegro y enamorada de un patán. Las tristezas pasadas de Etsuko no bastan para empatizar con ella, la relación con el suegro terrateniente tampoco es clara, y su encaprichamiento del desgraciado Saburo es cuanto menos inverosímil. Pero hay estilo. Y demasiada quietud. Como si lo hubiera escrito Balzac en esas páginas abundantemente innecesarias. Al final, en las últimas páginas, todo se acelera y algo pasa y hay sangre. Y hay un último párrafo perfecto que linda con lo sublime. Pero no sirve para justificar todo lo anterior. Al menos para mí.
jueves, 27 de febrero de 2025
miércoles, 20 de septiembre de 2023
Lecturas: Confesiones de una máscara (Yukio Mishima)
Comienzo
a reseñar obras de Yukio Mishima, autor favorecido por una muerte impactante
cuya vida ya glosé en la prensa (aquí)
al igual que el famoso incidente Mishima (aquí).
Su
primera novela, Confesiones de una
máscara, juega ya desde el título con la verdad y la identidad. Siendo la
cualidad principal de la máscara la ocultación, sus confesiones sólo pueden ser
mentiras. Así sucede con nuestro protagonista, Koo-chan, un estudiante que
intenta reprimir su atracción homoerótica por el carismático compañero de
estudios, Omi. Esta tentación intenta frenarla con el interés, a todas luces
tan destinado al fracaso como candoroso, por la joven Sonoko. La irrupción de
la Segunda Guerra Mundial, con vividas descripciones de cómo el conflicto
trastorna la vida cotidiana, tal vez aporte a esta breve novela sus mejores
páginas. En todo caso, sorprende cómo en un autor joven, de 33 años, se
plantean desde su primera obra lo que en sus años finales, de narcisismo, pose
y desesperación serán las señas definitorias.
sábado, 13 de mayo de 2017
Lecturas: 1Q84 (Haruki Murakami)
O intenta serlo, porque los dos protagonistas principales se perseguirán con finalidad exclusivamente amorosa, a través de los tres libros, los dos volúmenes, de la novela. Tras un momento fugaz en la infanciaen que se tomaron de la mano, se buscarán a través de Tokio y de los años. Por medio habrá muertes espantosas (tres, todas violentas pero una de ellas indolora), una historia de amor paterno-filial, sin que la palabra amor sea nítida, y algunas subtramas que apuntalan la historia pero que habrán de difuminarse. Porque en verdad no importa que La crisálida de aire no nos interese, de poco nos importará la naturaleza ni el alcance de la actividad de la secta. Ni por qué hay dos lunas. Nos importará la imagen de Tengo en la fría noche subido en un columpio mirando la luna y suspirando por Aomame. Nos importará la determinación de Aomame de, a toda costa, reencontrarse con Tengo. Que el final de la novela sea tontorrón tampoco importará. Lo que queda, mientras las lunas se apagan en nuestra memoria, es la grata experiencia lectora. Nada más. Pero tampoco nada menos.






