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lunes, 17 de marzo de 2025

Lecturas: Un extranjero llamado Picasso (Annie Cohen-Solal)

Picasso es casi una disciplina artística. Tan inabarcable, tan singular, tan cambiante. Cohen-Solal traza un recorrido cronológico por la vida del artista malagueño desde que llega a Francia y se convierte en un extranjero allí, en un sospechoso, que pasa por diversas etapas. A saber: Picasso había superado este tiempo de precariedad que la Policía y las instituciones francesas habían impuesto al "anarquista vigilado" (1901), al "extranjero", al "ESPAÑOL" (1932), al «individuo muy sospechoso desde un punto de vista nacional» (1940) que entonces vieron en el artista. A partir de la década de 1960, con las nuevas disposiciones del Estado francés hacia él, también había experimentado una configuración rigurosamente opuesta, la de la «aceleración valorizadora». ¿Cómo ver con claridad cuando se asocian experiencias tan dispares en torno a la propia persona? ¿Cómo vivir la precariedad, en determinados momentos clave, aunque escasos, cuando reaparecen el miedo a la expulsión o el sentimiento de fragilidad frente a las instituciones? ¿Cómo navegar en las aguas hostiles de las guerras (víctima colateral de la germanofobia en 1914, revolucionario español y artista "degenerado" bajo Vichy en 1940), o en las marismas de entreguerras, según los vaivenes de la xenofobia ordinaria?

 


Haciendo hincapié en los momentos en que Picasso buscó la nacionalidad francesa como una manera de refugiarse ante la inminente amenaza de la Ocupación nazi, que fue resuelta tras no pocos trámites, con cierta brutalidad (En conclusión, este extranjero no amerita nada para obtener la naturalización; por otra parte debe ser considerado altamente sospechoso desde el punto de vista nacional). Cómo debió luchar contra las dificultades es el tema de este libro singular y apasionado y que aporta nueva luz sobre el orgulloso e irreductible español. Muy interesante y conveniente lectura. Se ame (como es mi caso) o no al artista.

lunes, 27 de abril de 2020

Lecturas: Totalidad sexual del cosmos (Juan Bonilla)

Hace unos años, pocos, cenando con Juan Bonilla en Málaga junto a otros amigos escritores, éstos le preguntaron qué estaba escribiendo. En una novela, adelantó. Al preguntarle por el título, dijo, sonriendo, que Totalidad sexual del cosmos. Hubo risas e incredulidad, Va, Juan, dinos el título de verdad, que ese no puede ser. Pero al final fue. Con ese título raro que suena a discurso alucinado, y que es título de un poemario de la protagonista del libro, nos cuenta, en dos historias independientes y concatenadas, quién fue la pintora y poetisa mexicana Carmen Mondragón, conocida como Nahui Olin, y su redescubrimiento. 


Mondragón/Olin fue una audaz artista, a la que se la encasilla entre los naif a falta de otra etiqueta. Más bien fue una artista libre, libérrima, en su obra y en su vida. Dotada de unos ojos verdes y una belleza electrizantes, sacó partida de su físico seductor posando para fotografías eróticas, a la vez que casada con un homosexual encontró en el Dr. Atl, un nombre capital de la pintura mexicana, 18 años mayor que ella, a un maestro en el arte y en la vida. La primera parte del libro, Carmen, recoge su vida entre México, San Sebastián y París, como joven rebelde dominada por la figura paterna y su matrimonio amañado. Es entonces una joven madre que ve morir a sus hijos en lo que pudo ser un accidente y entra en terrenos resbaladizos. En la segunda, Nahui, asistimos a su transformación en artista y en mito. Bonilla sabe adentrarse en la psicología compleja de su protagonista, basándose en una documentación sólida dando voz a Nahui en sus cartas a Atl o en los poemas que pretenden tener una ambición cosmogónica que no alcanza. Mondragón, o Hahui Olin, no fue una gran artista. Tampoco lo pretendió. Pero fue un personaje de primera magnitud para el que Bonilla sigue un procedimiento similar al de su novela sobre Maiakovsky, Prohibido entrar sin pantalones.



Nahui Olin: Nahui y Agacino frente a Manhattan (1933)


Finalmente, el libro cambia de registro en su última parte, Sin principio ni fin, en la que el narrador pasa a ser Tomás Zurián, un restaurador y experto mexicano en arte, a quien está dedicado el libro, que cuenta cómo dio con la pista de Olin, cómo se obsesionó con ella y la sacó del olvido con una exposición. El equivalente a esa ambición de sacarla de la tiniebla de la indiferencia, es la que Bonilla asume y consigue con este libro. San Google será el encargado de concedernos el don de contemplar las fotos de Carmen Mondragó encuerada y sus cuadros de una honestidad absoluta.  


Nahui Olin: Carlos Bardi en San Sebastián (1933)


lunes, 16 de diciembre de 2019

EUGENIO CHICANO: EL PINCEL EN LA DIANA



En mayo de 2004 redacté uno de mis  Perfiles de artistas para el diario Sur el de Eugenio Chicano. Fallecido el 19 de noviembre de 2019, fue mi jefe durante nueve años e ilustró mi remotísimo primer libro de poemas. Sirvan estas líneas añejas como un tardío homenaje, acaso como una elegía.

Quien ha nacido en una casa que es un derroche, en pastiche, de mocárabes, una ensoñación arábiga que en la calle Sánchez Pastor pone un trozo de decorado de Lawrence de Arabia, no puede ser nunca un espíritu geométrico ni ascético. Por ello, cuando uno sabe que en esa casa nació en 1935 Eugenio Chicano y que en ella fue niño, no debe extrañarse que su pintura posea esos rasgos, que su conversación sea como es, que hasta su amistad sea, de tan directa,  abrumadora.

Más allá de la anécdota de este escenario, la obra de Chicano, seguramente la más popular entre sus paisanos, es resultado de una época y de una biografía y, por lo tanto, mutable, variable, sin que vaya imitándose a sí misma. Así, si nos remontamos a las obras del Chicano más joven, encontramos en primer lugar una estética de lo social, una especie de épica de los trabajadores, que venía a recoger el aliento de los muralistas mexicanos y el de Vela Zanetti. Todo esto si se le quieren buscar referencias.  Pero sería agotador pretender reseñar, aunque fuera como apuntes, las referencias e indicaciones de lectura de la obra de Chicano. Baste con señalar en los años 60 lo que él siempre llama “Arte crítica” en la que las figuras humanas son rostros aplastados y resecos, desinflados y víctimas de un pesar que los deshumaniza y que manifiesta la podredumbre de una época. Hasta este momento, Chicano ha formado parte del grupo de jóvenes artistas que ahora conocemos como de los cincuenta y que bajo la reclamación del creador del cubismo constituyeron la Peña Montmartre y el Grupo Picasso. Regía España un general con gesto de bronce.


Después, a inicios de los setenta, coincidiendo con sus primeros contactos, y finalmente residencia, con Italia, es la “Nueva Figuración” la que lo absorbe, metiendo a sus seres informes de los sesenta en una estética maquinista y vertiginosa en la que va incluyendo sinuosas bandas rojas que atraviesan sus óleos y que serán elementos característicos en las décadas siguientes, desde la serie de homenajes en los setenta a la serie que se denomina “Poética de un Fotograma” en los ochenta. Más tarde vendrá la serie de grandes cuadros para la Bienal del Deporte en 1992 o, en esa misma década final del siglo pasado, la “Suite Málaga” en la que, con estilos muy diversos, desde lo matizado y tenue hasta lo violento y pleno de aristas, es el paisaje de Málaga lo que da unidad a esta serie polimorfa. Más recientemente llegará la serie de pinturas dedicadas a la copla española en la que Chicano recapitula sus modos y maneras con el pretexto de  la cultura popular.


Obsérvese lo meritorio de haber llegado hasta este punto, hablando de Chicano, sin haberlo llamado pintor pop, aunque lo sea, porque en él (con su manera de entender la pintura como goce puro para quien la crea y como medio para conseguir imágenes de plena efectividad, directas, que no necesiten teorizaciones y deconstrucciones para llegar al observador)  la pintura se convierte en icono directo que va más allá de lo correcto, de lo académico, de las categorías y de las conveniencias, tal como él mismo ha sido siempre, alguien que gusta del flamenco o de la copla pero conociendo bien la ópera, un artista que no vive con la mente puesta en el Parnaso pero que a la vez rigió, apasionadamente, la Fundación Picasso, que tal vez sea el mejor pintor-cartelista que este lugar ha dado, aparte de sus murales,  alguien que sabe poner, con los ojos cerrados, el pincel en el centro de la diana.

viernes, 29 de noviembre de 2019

Palabras para Oliver



Ayer, en la librería-galería Isla Negra, en Málaga, tuve el honor de leer unas palabras para inaugurar una exquisita y muy intensa exposición de un artista y amigo al que amo, Perry Macon Oliver. Ahora las comparto en el blog:

Hay en la Axarquía, allí en el interior (no es baladí esta indicación pues no sólo de geografía hablamos), donde ya todo camino es hacia arriba, un hidalgo caballero de enjutas carnes que con un castellano muchas veces digno de los tiempos de Alonso Quijano el Bueno te atiende y acoge, te guía por su taller y con una sonrisa intenta explicarse cuando no lo necesita. Porque Oliver, Perry para algunos amigos puristas, ha dado, cual si de un alquimista se tratara, con una fórmula que de pronto, hierofante, sirve para expresar el mundo y la vida. Porque en la severa geometría de sus esculturas, en las curvas de sus grabados, hay, convertidas en enigmas, todas las claves para aprehender la vida. Porque es pasión y es deseo lo que nos sugiere fingiendo que nos lo oculta. Y mientras lo hace, con una lucidez que él empecinadamente negará, todas las pulsiones caben y se asoman en sus misterios visuales: no habrá gigantes ni molinos que puedan vencer a quien con su bondad y cercanía insiste en no saberse poderoso y genial. 


jueves, 15 de junio de 2017

Gradus ad parnassum



Presentación al artista José Luis Puche con motivo de su charla en el Centre Pompidou Málaga, 15 de junio de 2017


Hay momentos en que, por mucho que uno lo intente, no consigue ser subjetivo. Y no crean que hablo sólo de mí, sino de José Luis Puche. Porque, como afirmaba Jean Cocteau, toda obra de arte es biográfica. Y tenemos al padre del artista interrogándonos, a través de una ventana indiscreta, escondido y escudado entre escalones, acompañado, como el matrimonio Arnolfini por su perrito, por un gato negro que se llamó “Buena suerte”. Aquí, Puche (padre e hijo) descorre el visillo, desliza las lamas y nos interroga. Aquí, yo descubro mis cartas y me reconozco amigo y admirador de José Luis Puche desde los tiempos heroicos en que era un artista que comenzaba y yo escribí y publiqué, convertido entonces en periodista cultural, los primeros textos sobre Puche. Desde entonces, a fuerza de tesón, de conocimiento, de destreza y talento puro (nos encontramos tal vez ante el mejor dibujante actual), se ha convertido en un artista que no es sólo conocido y respetado en el ámbito local, sino en el nacional y el internacional. Pero no quiero excederme en el elogio. No quiero, tampoco, empezar a redactar, ni a leer, este texto que quiere, que quería, ser sobrio y sencillo, y comenzar un discurso que hubiera querido titularse “Gradus ad parnassum” y que significando “Escalera hacia el Parnaso” se hubiera metido en honduras y metáforas barrocas cuando es el título, sin más, y desde el Renacimiento, de diversos libros de enseñanza de literatura, la música o las artes en general. Todo ello para decir que Puche sabe cómo realizar ese ascenso y que nos ofrecerá ahora las instrucciones para acompañarlo en esa subida.



martes, 30 de mayo de 2017

Lecturas: ¿Qué estás mirando? 150 años de arte moderno en un abrir y cerrar de ojos (Will Gompertz)

Nos encontramos ante un excelente ejemplo de divulgación, un repaso a la Historia del Arte desde el pre-impresionismo (en el que sitúa discutiblemente a Géricault, Courbet y Manet) hasta las últimas tendencias. Gompertz sabe, y además sabe comunicar. Con lo que el libro cumple su objetivo aunque algunas pegas se le puedan poner: excepto en el caso de Cindy Sherman, elude por completo la fotografía, elude por completo el cine y la videocreación (aunque sí glosa una película de Fischli/Weiss), y aventura dar un nombre que englobe el arte de los últimos veinticinco años que es, cuando menos, cuestionable: empresarialismo. Da una importancia desmesurada al grupo de los Young British Artists, dando en el libro casi tanto espacio (casi) a Damien Hirst como a Picasso. Y su repaso al surrealismo es demasiado sucinto y deja de lado la primacía del instinto sobre la razón en este movimiento. Omite a Balthus, a Chagall, a Basquiat, el expresionismo europeo queda reducido al mínimo, la Nueva Objetividad no existe. Lo mejor, con todo, es que su exposición de los diversos ismos es razonada y razonable, y nos ayuda a comprender mejor obras que ya conocíamos y nos descubre otras que ignorábamos. Con todo, este libro me hace descubrir que sintonizo especialmente, si nos guiamos por las palabras de Gompertz, con la posmodernidad más que con mi amado surrealismo y me reafirma en la indiferencia que me produce el minimalismo. Tal vez una edición en la que se reprodujeran, en color, todas las obras comentadas serviría para hacer de este libro la gran fiesta que podría llegar a ser.



miércoles, 1 de febrero de 2017

Notas sobre un cuadro de Chagall

Hace unos días tuve una gratísima charla con Belén Torregrosa (www.belentorregrosa.com) para convertirla en un podcast que ya será redifundido en este blog. Todo giraba alrededor del cuadro El paseo (1918) de Marc Chagall. Basándome en la explicación dada por el rabino León Benguigui en una reciente actividad de la Colección del Museo Ruso, espigué de la Biblia una serie de citas que, por sí mismas, y sin apenas comentario adicional mío,que sirven para amar esta obra maestra emocionada. 




TODAS LAS CITAS BÍBLICAS: Versión de Casiodoro Reina y Ciprano de Valera (1569-1602). Se han subrayado, en cada cita, las palabras clave.

Sobre poner arriba:

Y será que, si oyeres diligente la voz de Jehová tu Dios, para guardar, para poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, también Jehová tu Dios te pondrá alto sobre todas las gentes de la tierra;
Deuteronomio 28:1

Y te pondrá Jehová por cabeza, y no por cola: y estarás encima solamente, y no estarás debajo; cuando obedecieres á los mandamientos de Jehová tu Dios, que yo te ordeno hoy, para que los guardes y cumplas.
Deuteronomio 28:13
 Su izquierda esté debajo de mi cabeza, Y su derecha me abrace.
Cantar de los Cantares 2:6

Vino:

¡Oh si él me besara con ósculos de su boca! Porque mejores son tus amores que el vino.
Cantar de los Cantares 1:2

Llévame en pos de ti, correremos. Metióme el rey en sus cámaras: Nos gozaremos y alegraremos en ti; Acordarémonos de tus amores más que del vino: Los rectos te aman.

Cantar de los Cantares 1;4

 Llevóme á la cámara del vino, Y su bandera sobre mí fue amor.

Cantar de los Cantares 2:4

¡Cuán hermosos son tus amores, hermana, esposa mía! ¡Cuánto mejores que el vino tus amores, y el olor de tus ungüentos que todas las especias aromáticas!

Cantar de los Cantares 4:10

Yo vine a mi huerto, oh hermana, esposa mía: cogido he mi mirra y mis aromas; he comido mi panal y mi miel, mi vino y mi leche he bebido. Comed, amigos; bebed, amados, y embriagaos.

Cantar de los Cantares 5:1


Yo te llevaría, te metiera en casa de mi madre: tú me enseñarías, y yo te hiciera beber vino adobado del mosto de mis granadas.


Cantar de los Cantares 8:2

NOTA: en el cuadro de Chagall sólo hay una copa, junto a la botella de vino. La explicación está en que en las bodas judías se rompe una copa envuelta en un paño, pisada por el novio. Con ello se evoca la destrucción del segundo Templo de Salomón, en señal de que estando destruido el templo -representado por la copa-, la alegría no puede ser completa. Mostrar esa solitaria copa, ahora llena e intacta en mitad del florido paño y acompañada por una botella de vino, significa que Chagall reclama una alegría conyugal plena y jubilosa. 

Ganado (la vaca sobre la colina):

Hazme saber, oh tú a quien ama mi alma, Dónde repastas, dónde haces tener majada al medio día: Porque, ¿por qué había yo de estar como vagueando Tras los rebaños de tus compañeros?
 Si tú no lo sabes, oh hermosa entre las mujeres, sal, yéndote por las huellas del rebaño, Y apacienta tus cabritas junto á las cabañas de los pastores.
Cantar de los Cantares 1:7-8

Mi amado es mío, y yo suya; él apacienta entre lirios.

Hasta que apunte el día, y huyan las sombras, tórnate, amado mío; sé semejante al gamo, o al cabrito de los ciervos, sobre los montes de Bether.


Cantar de los Cantares 2:16-17

Yo os conjuro, oh doncellas de Jerusalem, por las gamas y por las ciervas del campo, que no despertéis ni hagáis velar al amor, Hasta que quiera.

Cantar de los Cantares 3:5

He aquí que tú eres hermosa, amiga mía, he aquí que tú eres hermosa; Tus ojos entre tus guedejas como de paloma; Tus cabellos como manada de cabras, Que se muestran desde el monte de Galaad.

Tus dientes, como manadas de trasquiladas ovejas, Que suben del lavadero, Todas con crías mellizas, Y ninguna entre ellas estéril.


Cantar de los Cantares 4:1-2

Tus dos pechos, como dos cabritos mellizos de gama, que son apacentados entre azucenas.
Cantar de los Cantares 4:5

Aparta tus ojos de delante de mí, porque ellos me vencieron. Tu cabello es como manada de cabras, que se muestran en Galaad.

Tus dientes, como manada de ovejas que suben del lavadero, todas con crías mellizas, y estéril no hay entre ellas.


Cantar de los Cantares 6:5-6

Rama (a la izquierda del cuadro):

Como el manzano entre los árboles silvestres, Así es mi amado entre los mancebos: bajo la sombra del deseado me senté, y su fruto fue dulce en mi paladar.
Cantar de los Cantares 2:3

Sustentadme con frascos, corroboradme con manzanas; porque estoy enferma de amor.

Cantar de los Cantares 2:5

¿Quién es ésta que sube del desierto, Recostada sobre su amado? Debajo de un manzano te desperté: Allí tuvo tu madre dolores, Allí tuvo dolores la que te parió.
Ponme como un sello sobre tu corazón, como una marca sobre tu brazo: Porque fuerte es como la muerte el amor; duro como el sepulcro el celo: sus brasas, brasas de fuego, fuerte llama.
Cantar de los Cantares 8:5-6

Rama de manzano

Paisaje/Huerto:

¡La voz de mi amado! He aquí él viene saltando sobre los montes, brincando sobre los collados.

Cantar de los Cantares 2:5

Hasta que apunte el día y huyan las sombras, Iréme al monte de la mirra, Y al collado del incienso.

Cantar de los Cantares 4:6

Conmigo del Líbano, oh esposa, conmigo ven del Líbano: Mira desde la cumbre de Amana, desde la cumbre de Senir y de Hermón, desde las guaridas de los leones, desde los montes de los tigres.

Cantar de los Cantares 4:8

Yo vine a mi huerto, oh hermana, esposa mía: cogido he mi mirra y mis aromas; he comido mi panal y mi miel, mi vino y mi leche he bebido. Comed, amigos; bebed, amados, y embriagaos.

Cantar de los Cantares 5:1

Al huerto de los nogales descendí a ver los frutos del valle, y para ver si 
brotaban las vides, si florecían los granados.

Cantar de los Cantares 6:11

Huerto cerrado eres, mi hermana, esposa mía; fuente cerrada, fuente sellada.
Tus renuevos paraíso de granados, con frutos suaves, de cámphoras [cinamomo] y nardos, nardo y azafrán, caña aromática y canela, con todos los árboles de incienso; mirra y áloes, con todas las principales especias. Fuente de huertos, Pozo de aguas vivas, Que corren del Líbano. Levántate, Aquilón, y ven, Austro: sopla mi huerto, despréndanse sus aromas. Venga mi amado a su huerto, y coma de su dulce fruta.

Cantar de los Cantares 4:12-16


Mi amado descendió a su huerto, a las eras de los aromas para apacentar en los huertos, y para coger los lirios.
Yo soy de mi amado, y mi amado es mío: él apacienta entre los lirios.

Cantar de los Cantares 5:2-3

Ven, oh amado mío, salgamos al campo, moremos en las aldeas.

Levantémonos de mañana a las viñas; veamos si brotan las vides, si se abre el cierne, si han florecido los granados; allí te daré mis amores.

Las mandrágoras han dado olor, y a nuestras puertas hay toda suerte de dulces frutas, nuevas y añejas. Que para ti, oh amado mío, he guardado.

Cantar de los Cantares 7:11-13

Nota:
La iglesia, destacada en tonos rosados en el centro del paisaje, justamente en consonancia con el color del vestido de la esposa de Chagall, Bella Rosenfeld, es la catedral de la Asunción en Vitebsk. Hay, sin duda, una afinidad cromática y simbólica entre la advocación del templo y la maternidad de Bella, que escasamente nueve meses tras su boda con Chagall, en julio de 2015, daría a luz a la única hija del matrimonio, Ida. Para reforzar el carácter judío del paisaje, Chagall desplaza el barrio judío, tras la verja, y lo sitúa al pie de la iglesia, cuando realmente un río separaba ambos elementos.



La Asunción, a la izquierda de la imagen
Nota 2:




La fórmula que aparece en diversas ocasiones en el Cantar de los Cantares (Shir ha Shirin  en hebreo) Yo soy de mi amado, y mi amado es mío se pronuncia, por parte de los contrayentes en la boda y en hebreo (Aní ledodí vedodí lí) y se graba también en el interior de los anillos que los esposos se intercambian.



Verja

Mi amado es semejante al gamo, o al cabrito de los ciervos. Helo aquí, está tras nuestra pared, mirando por las ventanas, mostrándose por las rejas.

Cantar de los Cantares 2:9

Tiempo:

Mi amado habló, y me dijo: Levántate, oh amiga mía, hermosa mía, y vente.

Porque he aquí ha pasado el invierno, hase mudado, la lluvia se fue;

Hanse mostrado las flores en la tierra, el tiempo de la canción es venido, Y en nuestro país se ha oído la voz de la tórtola;
La higuera ha echado sus higos, y las vides en cierne dieron olor: Levántate, oh amiga mía, hermosa mía, y vente.


Cantar de los Cantares 2:10-13


El amado:

Mi amado es blanco y rubio, señalado entre diez mil.

Su cabeza, como, oro finísimo; sus cabellos crespos, negros como el cuervo.

Sus ojos, como palomas junto a los arroyos de las aguas, que se lavan con leche, y a la perfección colocados.
Sus mejillas, como una era de especias aromáticas, como fragantes flores: Sus labios, como lirios que destilan mirra que trasciende.
Sus manos, como anillos de oro engastados de jacintos: Su vientre, como claro marfil cubierto de zafiros.
Sus piernas, como columnas de mármol fundadas sobre basas de fino oro: Su aspecto como el Líbano, escogido como los cedros.
Su paladar, dulcísimo: y todo él codiciable. Tal es mi amado, tal es mi amigo, Oh doncellas de Jerusalem.


Cantar de los Cantares 5:10-16


Nota:
El pájaro que Chagall sostiene en la mano derecha, que le hace sostener en cada mano a personajes con la capacidad de volar mientras él es el intermediario entre la tierra y el cielo, puede ser una referencia a El pájaro azul, fantasía teatral de Maurice de Maeterlinck estrenada en Moscú en 1908 y convertido en uno de los libros favoritos de Bella. Es el pájaro azul de la felicidad, según Maeterlinck, que todos quieren atrapar. Y que Chagall efectivamente ha atrapado. 

La amada

Morena soy, oh hijas de Jerusalem, mas codiciable; como las cabañas de Cedar, Como las tiendas de Salomón.
No miréis en que soy morena, porque el sol me miró. Los hijos de mi madre se airaron contra mí, hiciéronme guarda de viñas; y mi viña, que era mía, no guardé.

Cantar de los Cantares 1:5-6

¿Quién es ésta que se muestra como el alba, Hermosa como la luna, Esclarecida como el sol, Imponente como ejércitos en orden?

Cantar de los Cantares 6:10

¡Cuán hermosos son tus pies en los calzados, oh hija de príncipe! Los contornos de tus muslos son como joyas, obra de mano de excelente maestro.

Tu ombligo, como una taza redonda, que no le falta bebida. Tu vientre, como montón de trigo, cercado de lirios.

Tus dos pechos, como dos cabritos mellizos de gama.
Tu cuello, como torre de marfil; tus ojos, como las pesqueras de Hesbón junto a la puerta de Bat-rabbim; tu nariz, como la torre del Líbano, que mira hacia Damasco.
Tu cabeza encima de ti, como el Carmelo; y el cabello de tu cabeza, como la púrpura del rey ligada en los corredores.
¡Qué hermosa eres, y cuán suave, oh amor deleitoso!
Y tu estatura es semejante a la palma, y tus pechos a los racimos!


Cantar de los Cantares 7:1-8


Epílogo argentino:

Oliverio Girondo: Espantapájaros (1932). Poema 1º:


No se me importa un pito que las mujeres
tengan los senos como magnolias o como pasas de higo;
un cutis de durazno o de papel lija. 
Le doy una importancia igual a cero, 
al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco 
o con un aliento insecticida. 
Soy perfectamente capas de soportarles 
una nariz que sacaría el primer premio 
en una exposición de zanahorias; 
¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible

-no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar.
Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme! 
Ésta fue -y no otra- la razón de que me enamorase, 
tan locamente, de María Luisa. 
¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos? 
¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo
y sus miradas de pronóstico reservado? 
¡María Luisa era una verdadera pluma! 

Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina, 
volaba del comedor a la despensa. 
Volando me preparaba el baño, la camisa. 
Volando realizaba sus compras, sus quehaceres... 
¡Con que impaciencia yo esperaba que volviese, volando, 
de algún paseo por los alrededores! 
Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado. 
"¡María Luisa! ¡María Luisa!".... y a los pocos segundos, 
ya me abrazaba con sus piernas de pluma, 
para llevarme, volando, a cualquier parte. 
Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia 
que nos aproximaba al paraíso; 
durante horas enteras nos anidábamos en una nube, 
como dos ángeles, y de repente, 
en tirabuzón, en hoja muerta, 
el aterrizaje forzoso de un espasmo 
¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera..., 
aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas! 
¡Qué voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes... 
las de pasarse las noches de un solo vuelo! 

Después de conocer una mujer etérea, 
¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre? 

¿Verdad que no hay diferencia sustancial
entre vivir con una vaca o con una mujer 
que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo? 
Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender 
la seducción de una mujer pedestre, 
y por más empeño que ponga en concebirlo, 
no me es posible ni tan siquiera imaginar 

que pueda hacerse el amor más que volando.






domingo, 31 de julio de 2016

Lecturas: El arte en la historia (Martin Kemp)

Con un subtítulo lacónico que acota el tiempo del que trata el libro, 600 a.C. - 2000 d.C., es una brevísima historia del arte occidental desde los kourós griegos hasta los sobrecogedores vídeos de Bill Viola. Cada capítulo se abre con un texto de algún tratadista de la época para ubicar las obras que a continuación se comentarán, en su época y en las tensiones estéticas del momento. El conjunto supopne el equivalente a una excelente audioguía de un museo que nos contara justamente esos 2600 años de arte en Europa y América del Norte. No está nada mal. Por mucho que no se aprenda apenas nada que no sea ya sabido por ningún aficionado a las artes. Por aquello de la incredulidad inevitable hacia la creación de los últimos 50 años, tal vez destaquen los comentarios respecto a ese periodo, que iluminan y justifican lo que suele parecer injustificable. Buen ejercicio didáctico.


Bill Viola: Emergence (2002)

viernes, 29 de julio de 2016

Lecturas: Mi vida (Marc Chagall)

Una rareza. El único libro que escribió Chagall. Un repaso a su vida escrito cuando le quedaban otros 63 años y él tenía 35. Apenas nada. Ser trata de pinceladas (permítaseme usar el término obviamente pictórico pero inevitable) impresionistas sobre su infancia y sus años de formación. Con un estilo literario asombroso, que no es elaborado pero que con frases cortas y sincopadas manifiestan una calidad literaria insospechada, un flujo de palabras y de la imaginación imprevisibles, Chagall cautiva por más que escamotee los detalles decisivos. Como muestra, el fragmento en que cuenta su decisión de cambiar el Vitebsk nativo por París:  

      Pero tenía la impresión de que si me quedaba más tiempo en Vitebsk, quedaría cubierto de polvo y moho.
     Vagaba por las calles, buscaba y rezaba:
      "Dios, Tú que te escondes en las nubes, o detrás de la casa del zapatero, haz que aparezca mi alma, alma dolorosa de niño tartamudo, revélame el camino. No quiero ser como los demás; quiero ver un mundo nuevo".
      En respuesta, la ciudad parece quebrarse, como las cuerdas de un violín y todos los habitantes empiezan a caminar sobre la tierra, alejándose de sus moradas. Los parientes se suben a los tejados y descansan.
     Todos los colores se invierten, se convierten en vino y mis telas se desbordan de bebida.
     Estoy la mar de bien con todos vosotros. Pero... ¿habéis oído hablar de las tradiciones, de Aix, del pintor que se cortó la oreja, de cuadrados, de París?
    Vitebsk, yo te abandono.
    ¡Quedaos solos con vuestros arenques!


martes, 18 de agosto de 2015

Jorge Lindell, in memoriam

                
Han pasado diez años desde que en Sur publiqué esta semblanza, este perfil, de Jorge Lindell. Este fin de semana nos dejó, con la misma discreción con que vivió. Era un artista grande, un músico con un pincel en la mano, un sabio entre nuestras calles ásperas. Un hombre bueno. A continuación, mi homenaje de entonces reafirmado, para siempre, ay, hoy:


             Jorge Lindell (Málaga, 1930) es un chino. Él intenta que no se le note, y usa así una cortesía sosegada y cálida que le delata. Según como se le mire, puede llegar a aceptarse que su padre, aunque nacido en Málaga, fuera hijo de finlandeses, y se comprende así esa delicada calma, teñida de imperturbabilidad luterana, tan necesaria en este paisaje de atropellos al gusto y a la paciencia y al silencio. Sabedor del dicho clásico  de “Aut tace aut loquor meliora silentio” (“calla a no ser que lo que digas sea mejor que el silencio”), Lindell no es hombre de vociferante humanidad, ni un publicista de sí mismo. Desde este punto de vista, no es, ya se ve, nada mediterráneo. Ni falta que le hace. Como buen chino, Lindell es delicadamente ceremonioso y gravemente cortés, de una sutilidad que hace creer que está siempre escabulléndose del ruido y de la furia. De ahí tal vez su amor por la mejor música, su oculta faceta de melómano, que mostraba en la más antigua de las obras exhibidas en su gran antológica, 1950-1997, que le dedicó la Fundación Picasso: un retrato del Cuarteto Vegh que equilibraba el estricto realismo con una indisimulada voluntad de huida de las convenciones.

Jorge Lindell: Sin título (2006) 
Óleo sobre lienzo, 100 x 81 cm

                Porque Lindell es, desde los lejanos años cincuenta, el maestro de fugas, el que sabe cómo zafarse de las consignas estéticas y proponer un sendero nuevo para esquivar la cansada ortodoxia que insistimos empecinadamente en aceptar. Jorge, con su escepticismo de chino sabio, sabe que la meta es el propio camino. Tal vez por ello no ha incurrido, y tal vez nunca lo haga, en copiarse a sí mismo. Quien conozca su obra sabe que no la conoce, o que ese conocimiento es provisional y limitado a intuiciones. Porque Lindell se escabullirá de los adjetivos que le pongamos y hará que su obra, libre por naturaleza, se trasmute en otra.


Houdini con un pincel con el que hurga veloz en la cerradura de lo cotidiano, Jorge Lindell bebe por igual, por su biografía y aprendizaje, de las fuentes de Vázquez Díaz y de Willi Baumaster. Y así, conocedor por igual de un postcubismo que podía hacerse sumiso por indicaciones de la autoridad, y de la rebelión en que germinaría más tarde el impulso furioso del grupo El Paso, Lindell será miembro fundador, en 1949, de lo que se convertiría en  la Peña Montmartre. Con un personal expresionismo de juventud deudor de Rouault, será a lo largo de los cincuenta, convertido en empleado de banca y sin abandonar su magisterio entre los pintores que se incorporan al cenáculo inconformista que en 1958 se convierte en Grupo Picasso, cuando vaya recorriendo la pista de aterrizaje para, finalmente, volar en la década de los sesenta, con una violenta abstracción, de tonos oscuros y arriesgada investigación matérica. Durante los setenta, es el grabado la técnica que merece la pasión creadora de Lindell, fundador en 1970 del taller “El pesebre”, con el que se da a conocer en Alemania, Francia, Inglaterra e Irlanda. Su activismo cultural se complementa en 1971 con su labor de cineclub desde la Caja de Ahorros de Ronda. 1979 será otra fecha importante para él y el arte malagueño al fundar el Colectivo Palmo, al calor de la situación política y sus ideas de izquierda. Pero no, no se puede hablar de Lindell así, fijando etapas en su vida, en su obra, cuando su obra ebulle sin dejar de hacer burbujitas. A lo más, cabe decir que su paleta no ha hecho sino agrandarse, voraz y generosa. Para explicar su obra habría que recurrir a un sabio chino. Y yo conozco a uno.