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miércoles, 28 de diciembre de 2011

A una nariz pegado

El Teatro Cánovas acoge durante las Navidades un montaje de “Cyrano de Bergerac” dirigido a los más jóvenes: una fábula conmovedora plena de encanto e ingenio

No creo que un pintor solemne como Felipe de Champagne lo refleje en sus lienzos. Pero su aire extraño, grotesco, extravagante y ridículo hubiera podido inspirar al genial Callot, el consumado espadachín de sus mascaradas: sombrero de tres plumas, jubón con seis faldones y capa que, por detrás, levanta con orgullo el estoque como cola de insolente gallo. Es más fiero que todos los Artabanes que la Gascuña trajo al mundo. Sobre su golilla, cual la de Polichinela, cae una nariz... ¡Y qué nariz, señores, qué nariz!... Al ver pasar tamaño narigudo uno exclama: «No, no es posible... Por favor, ¡esto pasa de la raya!», pensando que no es más que una broma, que se trata de una careta y se la quitará al instante... Pero Cyrano no se la quitará nunca.” Con estas palabras se describe, antes de que aparezca en escena, a uno de los más populares personajes de la dramaturgia universal. Con estas palabras, con el estilo rebuscado, las alusiones francesas y la referencia a la nariz, sobre todo la nariz, basta para que el lector sepa que estamos hablando de Cyrano de Bergerac.

Detrás de toda gran nariz hay un gran hombre...

La obra, escrita por Jean Rostand, vuelve una vez más a Málaga y esta vez se trata de una adaptación pensada para los niños en la que los textos han sido reelaborados por Macarena Pérez Bravo y Josemi Rodríguez. Este montaje de Pata Teatro, dirigido por Ignacio Nacho, estará en el Teatro Cánovas, del 27 al 30 de diciembre y del 2 al 4 de enero. Ocasiones abundantes para que los niños se adentren en el teatro y experimenten lo que los espectadores franceses de aquel remoto 1897 que aclamó ese regreso al romanticismo, a la reivindicación de la emoción pura y el sacrificio galante, la celebración  del ingenio y la apoteosis de la palabra como resumió Gourmont: “Aparecido después del espantoso teatro farmacéutico y procesal de Alejandro Dumas, Cyrano fue como un delicioso vaso de vino fresco y perfumado después de una larga carrera por el polvo de las calles”.

Trailer de la película de 1950

El personaje, ingenioso y lenguaraz, que maneja la espada casi tan bien como el idioma, se basa en un escritor anterior, del siglo XVII, Hercule-Savinien de Cyrano de Bergerac, autor de un clásico de la proto-ciencia ficción, “El otro mundo”, que engloba dos trabajos titulados “Historia Cómica de los Estados e Imperios del Sol” y de la Luna. La fama rápida que consiguió la fantasía escénica de Rostand, cargada de dulzura, donaire y desgarro, se renovó en 1950 con una adaptación cinematográfica en la que José Ferrer era el hombre a una nariz pegado y reverdecida en 1990 con los rasgos de Gérard Depardieu y adulterada en una comedieta en 1987 por Steve Martin. Para los nostálgicos, es posible recuperar en la web de Rtve el “Estudio Uno” que en 1968 hicieran adaptando este clásico popular y en la que Cyrano es el malagueño José María Escuer.

       Con esta carga de recuerdos, los padres no necesitarán mucho más para apreciar los atractivos de una obra que, sí, será leve y amable, a pesar de sus elementos trágicos, pero que es inmortal con su asequible fábula acerca de las apariencias, la futilidad de la belleza y el valor del sacrificio y la renuncia, la pasión callada pero tan locuaz, de quien muere entre ocurrencias sin haber desfallecido en su secreto y su devoción.

Artículo publicado en diario Sur el 24 de diciembre de 2011

sábado, 19 de noviembre de 2011

Cualquier parecido

El Teatro Cervantes acoge “El castigo sin venganza”, obra de plenitud de Lope que permitía peligrosas comparaciones con la realidad española
Un rey desconfía de su hijo. El rey es Felipe II, y el hijo es Don Carlos, heredero de la Corona de España. Hay rumores de conspiración, de acero que palpita y antorchas encendidas sobre baldosas frías. El muchacho es cruel; y frío, abrumado por el peso del Estado, el padre. El chico cae por una escalera, se le encomienda a curanderos, ensalmos y cirujanos y se le practica una trepanación. Al contrahecho príncipe se le contempla en maniobras matrimoniales, pero también políticas. Los rebeldes holandeses acechan al atormentado y psicopático heredero. Un nuevo futuro en una nueva nación en Flandes. Son rumores. Son miedos. Hay un castigo, un encierro en sus dependencias, una amenaza de suicidio. Amenazas, rigores. Más miedo. El 28 de julio de 1568, el Príncipe de Asturias muere. Y nace una leyenda. De rencor, de venganza, de castigo, de sacrificio. Que contarán a su manera Schiller en un drama y Verdi en una ópera.
Don Carlos, retratado por Sánchez Coello

                Volvamos al aquí, que es el Teatro Municipal Miguel de Cervantes. Y al ahora, que será el 25 y el 26 de noviembre. Y volvamos al qué. El drama “El castigo sin venganza”, de Lope de Vega. Una obra de la plena madurez del autor. El quién es la compañía Rakatá, con Mario Vedoya, Alicia Garau, Bruno Ciordia, Jesús Fuente, Alejandra Mayo,Rodrigo Arribas, Jesús Teyssiere, Manuel Sánchez Ramos y Belén Ponce de León. La música es de Santi Ibarretxe, y de Ernesto Arias la dirección.
El montaje de marras

                Y aquí retomamos la historia, de venganza, de castigo. De miedo. Y vamos a otro día, otro lugar. Otra historia. 21 de mayo de 1425 en Ferrara. Esta vez está el duque de Ferrara, su esposa Casandra y el hijo ilegítimo del duque, Federico. Hay adulterio en la pasión entre Casandra y Federico, hay voluntad de castigo en el airado duque, que hace de Federico instrumento de la muerte de Casandra, y hace caer en el hijo verdugo el rigor de la justicia. Son fingidos los datos, las fechas, los detalles. Los recrea Lope de Vega a partir de una novelita de Mateo Bandello para con ellos construir “El castigo sin venganza”, una de sus cumbres dramáticas, plena de energía y de terrible veracidad  en la plasmación de las pasiones insensatas y homicidas. Los versos, por si se quiere una muestra, son de este cariz: ¡Oh, qué loco barbarismo / es presumir conservar / la vida en tan ciego abismo / hombre que no puede estar / ni en vos, ni en Dios, ni en sí mismo. / ¿Qué habemos de hacer los dos, / pues a Dios por vos perdí, / después que os tengo por dios, /sin Dios, porque estáis en mí, / sin mí, porque estoy sin vos? / Por haceros sólo bien, / mil males vengo a sufrir; / yo tengo amor, vos desdén, / tanto, que puedo decir: / ¡mirad con quién y sin quién! / Sin vos y sin mí peleo / con tanta desconfianza. / Sin mí porque en vos ya veo / imposible mi esperanza; / sin vos, porque no os poseo.” Puro Lope y pura grandeza del teatro español.
                Pero esta obra, cuyo manuscrito se conserva fechado en mayo de 1632, se publicó suelta dos años más tarde, y en 1635 en la recopilación de las obras del fénix de los ingenios. Con un prólogo en el que Lope dice que sólo se representó un día “por causas que al lector le importan poco”. Los investigadores han dado vueltas a este freno. Se ha hablado de una desavenencia entre actores. También del parecido de esta historia con aquella, lejana, de castigo sin venganza, de Felipe II y Don Carlos. Del miedo de Lope, de la suspensión de las representaciones y del cobijo del dramaturgo al dedicarla al poderoso duque de Sessa. El miedo es libre. E imperecedero. Ante el parecido con aquella realidad de aquel poder, se optó por la coincidencia del silencio de las tablas y la posteridad de las imprentas.
Artículo publicado en diario Sur el 19 de noviembre de 2011

domingo, 13 de marzo de 2011

El deseo sobre el tejado

Quizás porque el cartel mostraba a Elizabeth Taylor, esplendor de la carne entre un fondo amarillo ígneo y una sucinta combinación blanca, mirando retadora al espectador sobre una cama (al fondo un almohadón, la mano izquierda, apoyada sobre el marco de la escena, clavados los dedos, de afiladas uñas rojas, casi zarpa), por ello, decía, por la carnalidad expectante que el título original proponía, en un cartel en el que junto a la cabeza hermosa de la Taylor, el eslogan inglés decía «Esta es Maggie la Gata.», por eso, porque había y hay demasiado deseo, incandescente y a la vez turbio en esta historia, la película aquella, dirigida por Peter Brooks, pasó a llamarse entre nosotros 'La gata sobre el tejado de cinc', dejando fuera, invisible, suprimida, la palabra final del título, 'caliente'. Pero aquella película, para desesperación de Tennessee Williams, también callaba, mentía, adulteraba, el drama original que adaptaba. Y para devolver el calor a los gatos y al metal, en el Teatro Cánovas se representa 'La gata sobre el tejado de zinc caliente', drama de Tennessee Williams, los días 12 y 13 de marzo en montaje del Teatre Lliure con dirección de Álex Rigola.
 
Maggie y Brick, un matrimonio joven (que en la mítica adaptación cinematográfica fueron interpretados por Elizabeth Taylor y Paul Newman), junto al padre de Brick, soportan el peso abrumador de este drama doméstico. Como en la película, Brick es frío e incapaz de sentir pasión por Maggie, que vive insatisfecha y en una permanente ascua capaz de incendiar todo lo que le rodea para que su fuego interno la devore incluso a ella. Entre Maggie y Brick se interpone el recuerdo de un difunto, Skipper, amigo (más que amigo, tal vez amante) de Brick, y que arroja un velo luctuoso sobre lo que parecía una relación normal y que ahora es hielo, distancia, en una reunión familiar y veraniega. La culpa, inundada de alcohol, en la que vive Brick contrasta con la alborotada felicidad de su hermano, Gooper, casado felizmente y bendecido por una prole abundante. Lo que todos se dirán, lo que todos sabrán, en ese fin de semana en el que se han reunido para festejar a 'Gran Papá Pollitt', el padre de los desparejos hermanos, que cumple años en su confortable plantación de Mississippi y que está exultante porque unos análisis parecen alejar la posibilidad de que padezca cáncer. Pero la realidad es que el mal sí existe, y es mentira la salud y la esperanza, pues se trata de ocultarle la fatalidad, el destino breve y doloroso al patriarca y a su venerable esposa. Hay, pues, un juego de apariencias, de ficción, de fingimiento, que va desde las perspectivas de vida de 'Gran Papá' hasta lo que no se ve del matrimonio quebradizo de Maggie y Brick. Los recelos hacia las maniobras de Gooper por hacerse con la inminente herencia tienen también su peso en la amarga dinámica del grupo familiar. La tensión termina estallando, y es demasiado brutal la verdad cuando ésta termine imponiéndose arrojando sobre todos sus frutos amargos.
 
Por este drama intenso que no necesita demasiados elementos para imponerse, Williams consiguió su segundo Premio Pulitzer en 1955. Antes, en 1947, 'Un tranvía llamado deseo' le había valido el primero. Siendo ambos llevados al cine, 'La gata.', por los cambios experimentados en el guión de Hollywood (seis candidaturas a los Oscar consiguió en 1958, pero ningún premio), cuando se le preguntaba por su obra favorita a Tennessee Williams, contestaba que «la versión editorial de 'La gata sobre el tejado de zinc caliente'». Estrenada la obra en 1954, dirigida por Elia Kazan, admirado hasta extremos descabellados por el autor, los cambios que aceptó hacer los aduciría más tarde como pretexto para sus adicciones a drogas y alcohol. Las transformaciones a las que, aún así, se sometería el texto para la adaptación cinematográfica propiciarían ese malditismo autodestructivo del dramaturgo con nombre de lugar.
 
Publicado en Diario Sur, 12 de marzo de 2011
 

martes, 1 de marzo de 2011

El amor bobo

Recién apagadas las llamas (bueno, la llamita) de los premios Goya,  en el horizonte se atisba la inminente llamita (bueno, tal vez la llamarada) del Festival de Málaga. En él,  una de las mejores sorpresas de los últimos años fue la magnífica actuación de Silvia Abascal en “La dama boba”, que le valió la biznaga de plata como actriz protagonista, galardón que también  merecieron el actor el actor y actriz de reparto (Roberto San Martín y Macarena Gómez), además del vestuario de Lorenzo Caprile. Cuatro premios consiguió la cinta, la más premiada de aquella edición de 2006, que demostró que, como ya hiciera, aunque de forma un tanto menos afortunada, “El perro del hortelano” de Pilar Miró que Lope de Vega es un autor vivo, disfrutable, tan alejado del tedio venerable de la erudición académica como del frenesí amatorio, aderezado de versos, al que lo redujo el reciente biopic tan prescindible.  Para comprobar, revalidar, la vigencia de la comedia de Lope tenemos la oportunidad que se nos ofrece el domingo 27 de febrero en el Teatro Echegaray. Esta vez la adaptación es para teatro de sombras y de títeres además de actores. La compañía es Pie Izquierdo, que con este montaje consiguió el Premio a la mejor interpretación femenina otorgado por la Unión de Actores de Castilla-León en 2008.
                El gran amante, y grandísimo creador (espanta su grandeza) escribió en 1613 el papel protagonista de la obra (que no es el de la boba) para Jerónima de Burgos, la esposa del actor (y autor) teatral Pedro de Valdés . Cuando  en al año siguiente Lope decida tomar los hábitos, Jerónima será su compañera. Y también Lucía Salcedo. Nada extraño en un autor que, a decir del gran amante (de España) que fue Gerald Brenan era la vida misma: “Así, aunque fervoroso en religión, Lope es uno de los escritores más amorales, no por convicción filosófica, sino por la sencilla razón de que estaba enamorado de la vida –y tenía tal vez demasiada conciencia de sus deslices- para encontrar serios defectos en cualquier aspecto de ella. Sin embargo, en lo que se refiere a las mujeres, y tenía una especial piedra de toque para el personaje: su conducta en el amor. Sus heroínas están casi siempre bien trazadas y no son en modo alguno meros objetos destinados a provocar el éxtasis masculino. Si miraba a los hombres de un modo superficial, Lope estudiaba a las mujeres atentamente y con simpatía, tomando nota de sus características individuales”.
Portada del manuscrito original de Lope de Vega, 1613

                    Otro enamorado (de Lope), Alonso Zamora Vicente, no es parco en elogios: “Una deliciosa obra maestra es “La dama boba”, en la que se expone el viejo tema de la torpeza mental eliminada por la necesidad de conquistar a la persona amada. Sobre esta base tan elemental, Lope supo hacer una deliciosa porción de vida, animada y graciosa, un diálogo alegre y sentido, que deja al terminar su lectura, una honda sensación de gozo suave, contenido, de perpetua sonrisa”.  En resumidas cuentas, lo que aquí se nos cuenta, entre equívocos llenos de comicidad, es la peripecia de dos hermanas, Nise y Finea: “pues Nise bella es la palma; / Finea, un roble sin alma/ y discurso de razón. / Nise es mujer tan discreta, / sabia, gallarda, entendida, / cuanto Finea encogida, / boba, indigna e imperfeta”.  Un tío de ambas, para proporcionar un futuro venturoso a la menos afortunada, Finea, le concede una dote a la que aspira un cazafortunas sin escrúpulos, Liseo. Pero boba de remate como es Finea, Liseo duda y comienza a interesarse por la ingeniosa Nise. A la vez que el galán de ésta, Laurencio, opta por el metal que trae aparejada Finea. A partir de aquí, cada una, para lograr sus objetivos, optará por aparentar inteligencia o estupidez, trocándose los caracteres y causando situaciones cómicas de primera magnitud hasta llegar a las palabras que la cierran: “Al senado la pedid, / si nuestras faltas perdona; / que aquí, para los discretos, / da fin “La comedia boba”.

Publicado en diario Sur, 26 de febrero de 2011