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domingo, 5 de febrero de 2017

Melodías hebreas: de Sefarad a la música klezmer (11): Introducción al klezmer

La música klezmer, cantada en yiddish, tiene una historia más breve que la sefardí. Forjada en la amplia zona de Europa que abarca desde Alemania (la Askenaz que daría nombre a los judíos askenazíes) hasta el Imperio Ruso, abarcando gran parte de los Balcanes, es la música judía que mayor pujanza tiene. Con unos orígenes que se quieren remontar a la época bíblica y que se pretende testimoniar documentalmente desde la Edad Media -estos orígenes serían igualmente válidos para las expresiones musicales sefarditas-, hay que fijar el surgimiento de la música klezmer en época tan posterior como finales del siglo XVIII e inicios del XIX, en consonancia con la expansión y desarrollo del folclore de las naciones o ámbitos culturales en que se irá forjando la música klezmer. Hasta entonces, habrá música en las celebraciones judías (como se atestigua en un curioso grabado de hacia 1700 que muestra a músicos en una boda judía, y habrá músicos judíos en las cortes europeas desde el Medievo. Pero su música no será, aún no, klezmer.




Por klezmer entendemos, si vamos a la etimología, proviene de la mezcla de dos raíces hebreas: kl' (instrumento) y zemer (música, canción). El término no aparece, sorprendentemente, hasta la década de 1930, cuando el musicólogo soviético Moshe Beregovsky en su libro Música instrumental folclórica judía donde acuña la expresión música klezmer para oponer los klezmorim (intérpretes iletrados de la música judía) a los respetados muzikanter (músicos con formación académica), siendo asumido el nuevo término, ya en la década de 1970, por el grupo norteamericano Klezmorim. Hasta entonces, este estilo musical, profano pero con piezas en las que excepcionalmente se adaptaban melodías religiosas,el Klezmer era simplemente música Yiddish. Las grabaciones más antiguas se remontan a 1905, cuando la banda rumana Mihai Viteazul graba un tema judío que suena con un inconfundible aire de banda militar. Aunque también podemos ir sólo un poco más atrás para encontrar la grabación, en 1901, de la canción judía, pero sin ser klezmer, “A weib” grabada en Nueva York por Frank Seiden. En las grabaciones de música Klezmer, los intérpretes, tanto en Europa como en Estados Unidos, recurren a nombres para sus orquestas que excluyen el término Klezmer, e incluso el de kapelye (banda de música) para asumir el de Orquesta, al que en todo caso acompañan por la palabra Judía o Hebrea o adscripciones geográficas



La primera grabación conocida de klezmer

Antes de la aparición del disco hay otros testimonios valiosos para conocer el klezmer. Así, el xilofonista y klezmorim Mikhoel-Yosef Gusikov (1806-1837), era considerado un genio de Felix Mendelssohn, de quien ya hablamos al tratar de los músicos judíos. O el caso de las referencias literarias, como la novela breve Stempenyu. Un romance judío (1888) de Sholem Aleijem (famoso entre el público general por ser autor de los textos que inspirarán la película que mejor ha divulgado la vida en los shtelt y de la que en otra entrada trataremos: El violinista en el tejado). Esta novelita sentimental, que fue su primera obra traducida al inglés, Aleijem se inspira en el violinista y compositor klezmer Yosele Druker, del que Stempenyu era su nombre artístico, al que describe conmoviendo al público con su música: 


Cogería su violín, se daría un golpe con el arco-sólo uno, no más- y estaría preparado para comenzar a hablar. Pero, ¿cómo piensa usted que habló? Con las palabras reales, con una lengua, al igual que una persona viva. . . . Hablando, discutiendo, cantando con un sollozo, a la manera judía, con un chillido, con un grito desde lo profundo del corazón, del alma. . . . Diferentes voces derramaban todo tipo de canciones, todas tan solitarias, melancólicas, que iban a apoderarse de su corazón y arrancar su alma, haciendo tambalear la  salud. . . . Los corazones se llenarían por completo, desbordados, los ojos se llenaban de lágrimas. La gente suspiraba, gemía, lloraba.

Música de mestizaje, se desarrolló originalmente (y con una discutida influencia de las bandas militares zaristas) en Europa oriental para, con las grandes olas de migraciones judías consecuencia de los pogromos (del ruso pogrom, “devastación”) de la Rusia zarista, trasladar su principal polo de creación, desarrollo y difusión a Estados Unidos.Para entonces, a comienzos del siglo XX, los instrumentos base de una kapelye klezmer eran el violín, contrabajo, chelo, clarinete, trombón, trompeta, flauta y tambor. 


La actividad musical se mantuvo incluso durante la Segunda Guerra Mundial bajo el Holocausto que prefiero nombrar en hebreo, Shoah, catástrofe. En los guetos y los campos, la música se mantuvo como una forma desesperada y amarga de aferrarse a la vida.

La pervivencia del klezmer en el Holocausto, y su trasplante a Estados Unidos serán el asunto de las dos siguientes entregas de esta serie. Quien desee otra introducción al klezmer, que escribí para diario Sur, puede encontrarla aquí.

Para oír completo un cd con grabaciones antiguas de klezmer, 1908-1927,pueden hacerlo a través de este poco imagnativo vídeo de youtube:


La lista de piezas es la siguiente: 

2. Sirba (Orchestra Orfeon) 3:36
10. Haneros Haluli (H. Steiner) 2:52 
12.Doina, Pt. 1 (S. Kosch) 3:19 
13.Doina, Pt. 2 (S. Kosch) 2:45 

sábado, 7 de mayo de 2011

Klezmorim in the night

Olvidamos que en esta ciudad hay una estatua desprovista de pedestal, y con ello de la debida dignidad, que muestra a un sabio ensimismado al que ignoran los paseantes en calle Alcazabilla. Olvidamos que aquel hombre, Shlomo Ben Gabirol, iluminó con su razón y su pasión con un resplandor que aún pervive, la fe de Israel desde que naciera en estas mismas calles malagueñas. Olvidamos que este trozo de orilla fue lugar para que de las tres culturas que en un instante pugnaron o convivieron, una de ellas quedara convertida en nota al pie de página, susurro entre las calles de la Judería, delatada públicamente por ese bronce descabalgado. Y cuando, en la noche en blanco, se alborote nuevamente, entre el Museo Picasso y el Teatro Romano, ese trozo de la ciudad, la música que mantiene viva esa añoranza y esa ausencia, sonará en el Teatro Cervantes.

            Porque esa noche, la del 14 de mayo, tendrá lugar allí el concierto de Klezmer Sefardí, “Música judía de bodas y otras celebraciones” que integran el español Eduardo Paniagua, los hermanos búlgaros Ivo y Nasco Hristov y el argentino Jorge Rozemblum. Media hora antes del conciero, Paniagua y Rozenblum darán en el mismo lugar una charla sobre la música tradicional judía. Allí se hablará de cómo es el Klezmer la música popular judía, acrisolada en el ámbito centroeuropeo con influencias venidas tanto de Oriente Medio como de la música de los zíngaros. En todo caso, nos encontramos con una experiencia musical insólita, por cuanto el Klezmer es, casi por definición, askenazí (nombre que recibe la cultura judía centroeuropea, que tiene como medio de expresión el yiddish, una mezcla de hebreo y alemán). Al mostrarnos una vertiente sefardí del klezmer, este conjunto,  liderado por el veterano, heterodoxo e infatigable especialista en música antigua Eduardo Paniagua, se convierte en el pionero en conciliar ambas ramas de la tradición judía.


Burning Bush



Shaom Aleichem, un clásico para el Shabbat,
en una versión conmovedora
Toda formación Klezmer tiene como instrumentos básicos el acordeón, el clarinete, la percusión (que también puede ser suplida por un contrabajo) y el violín (que a veces es sustituido por el acordeón), siendo lo instrumental de tanta importancia para el género que su propio nombre significa en hebreo simplemente eso, “instrumento musical”. Otra etimología más dudosa la haría derivar del yiddish con un significado que podría traducirse como “recipiente de canciones”. El origen más directo y distinguible de este género, que en Málaga es conocido por los escasos aunque vibrantes conciertos del trío polaco Kroke, sin tener que remontarnos a la crucial Edad Media, está en el tránsito entre los siglos XVIII y XIX, cuando las aldeas judías de Ucrania, de Polonia, del Imperio Austrohúngaro, son recorridas por pequeñas bandas ambulantes de músicos que amenizan las bodas, las fiestas de Purim y las ferias. Estos músicos, conocidos como klezmorim, hacen una música que se sabe profana desde que, tras la destrucción del Templo de Salomón en el 70 d. C. los instrumentos musicales quedaran excluidos de las sinagogas. Esta música, que para los oídos atentos suena cada vez con mayor frecuencia como fondo en anuncios de televisión o que empapa con su lánguido lamento de clarinete el arranque de la “Rhapsody in blue” de Gershwin,  tuvo su momento de esplendor en las primeras décadas del siglo XX, con un mercado discográfico en auge, que el Holocausto cercenó. Con la posguerra la influencia del jazz (el mismo Benny Goodman se formó en la tradición Klezmer) y de la experimentación fueron dando lugar a singulares sonidos como los que representan las bandas europeas y americanas de lo que se conoce como Revival Klezmer. Los polacos de Kroke, los norteamericanos Klezmatics y Klezmer Conservatory Band, el dúo argentino Lerner y Moguilevsky o los británicos  de The Burning Bush son recomendaciones útiles para iniciarse en esta música que gana aficionados con intensidad gozosa.  Son sonidos, con el resultado de la luz y la calidez (y la calidad) son como la zarza de Moisés, arde y no se consume. 

Artículo publicado en diario Sur el 7 de mayo de 2011