En el prólogo, Gironella anuncia una enormidad: seguir la saga de la familia Alvear hasta el día en que se produzca la sucesión en la Jefatura del Estado. Háganse una idea: si este tercer tomo se inicia el 1 de abril de 1939 (Día de la Victoria) y concluye el 12 de diciembre de 1941, y ocupa 801 páginas en la edición de Booket, ¿cuántos tomos hubiera requerido para alcanzar el 20 de noviembre de 1975, fecha en que Franco pasó a peor vida?, ¿cuántos miles de páginas? Y todo ello sin salir (apenas) de Gerona (que tampoco es Macondo). Se ve que el desinterés de los lectores tras este volumen publicado en 1966, al que seguirá otro, Los hombres lloran solos, que aparecería en 1986 sin pena ni gloria, le convencieron de la insensatez de estirar el chicle hasta convertirlo en una piedra insípida. Porque este tercer libro es justamente eso, un tráfago, una acumulación de palabras y personajes que se siguen sin interés deseando que Hitler invada Polonia y más adelante la Unión Soviética y más adelante Japón Pearl Harbor, con tal de que el letargo palabrero de los personajes se sacuda y la Historia insufle vida a las historias. Pero ni siquiera la partida a la División Azul de algunos personajes, ni el intercambio epistolar desde el exilio sirven para levantar esta novela fallida que da lástima en su fracaso. De nada sirve la naturalidad, sin moralismos ni condenas, con que se trata la homosexualidad de un personaje, o el descreimiento de otro, para salvar este libro del contenedor azul.
domingo, 11 de agosto de 2024
Lecturas: Ha estallado la paz (José María Gironella)
jueves, 8 de agosto de 2024
Lecturas: Un millón de muertos (José María Gironella)
Dicen, sólo dicen, que Franco, al leer esta novela, declaró que justamente así fue la Guerra Civil española. En todo caso, aquí Gironella sigue el devenir de los hechos con un tono desconcertante, sin profundizar en el drama y haciendo de la guerra un marco desconcertantemente neutro, desprovisto de dolor, de épica, de rabia. Pero sin obviar la mención de los principales acontecimientos y obviando otros como las sacas de las cárceles y su consecuencia de las matanzas de Paracuellos o el terror de los paseos en Madrid y otras ciudades. En cambio, sí se habla de las checas aunque sea con ese mismo pudor. Pero lo más notorio de este relato que sitúa escenas en el frente de Aragón, en Madrid, en Burgos, en Teruel, en Pamplona, es su crítica a la visión estratégica de Franco, acusado de ir dilatando a sabiendas su triunfo con tal de garantizarse la eliminación y la sumisión del enemigo. Algo que también será la tesis de la sobresaliente Leyenda del César visionario de Francisco Umbral. Pero que Gironella lo haga en fecha como 1960, que es cuando terminó la redacción del libro, delata su honestidad. Como también su declaración de que el millón de bajas del título se refiere a que el medio millón de muertes que supuso entre los dos bandos debe duplicarse para considerar también víctimas al otro medio millón de españoles que mataron a sus hermanos en nombre de ideales que no merecían tal sacrificio, tal desdicha.
Lo que sucede a la familia Alvear desde la retaguardia de Gerona poco importa, por mucho que Gironella quiera entretenernos con las cuitas de sus muchos personajes.
martes, 6 de agosto de 2024
Lecturas: Los cipreses creen en Dios (José María Gironella)
Tantos años viendo los tres tomos de Gironella en casas ajenas, los dos títulos primeros abracadabrantes para un niño (¿cómo va creer en Dios un árbol, y no son demasiados y en números redondos esos muertos?). Tantos años rehuyendo caer en ese gusto tal vez ramplón, tal vez anticuado, seguramente franquista, sin saber que daba la espalda a una posible obra maestra, tal vez a tres. Porque esta primera parte de esa trilogía lo es. Sin duda alguna. Y la pacata y variopinta familia Alvear, de Gerona, tiene vida propia con el padre, Matías, en la izquierda moderada, puede que krausista y algo escéptico, la madre doña Carmen Elgazu, católica a machamartillo y roma con una fe, y un carácter, algo bovina, el hijo mayor, Ignacio, algo tarambana y desnortado, el hijo segundo, César, dechado de santidad y la hija, Pilar, efervescente. A todos ellos los rodean una serie de elementos que caerán en el extremismo, desde el Responsable anarquista, el comisario Julio García con apuntes de comunismo, los utópicos extremistas David y Olga, el falangista Mateo, el chequista Cosme Vila, el pelele rojo Gorki y tantos otros.
Este caleidoscopio, escrito sin entrar en soflamas patrióticas, entre 1949 y 1952, es un prodigio literario, un ejercicio de generosidad que describe tanto la pasión de las izquierdas como la de los derechistas. El resultado catastrófico de la II República española, a la que se sigue en su deriva desde unos días antes de su proclamación hasta el 30 de julio de 1936, se contempla desde las dinámicas enfrentadas de los extremistas de ambos extremos, con el fatalismo de su resultado detestable. Basta con leer las opiniones de los lectores para comprobar que cuanto dice Gironella tiene un eco en nuestros días, casi una premonición de otro desastre. Lo que hace necesaria esta lectura y convertirla casi en un deber ético y político. Según la propia editorial, es La novela española más leída del siglo XX. Parece mentira, entonces, que hayamos olvidado este aviso. Españolito que vienes al mundo...


