A quién no le ha pasado sentirse un impostor, estar de sobra donde no debiera, escuchando palabras que no le interesan y que acaso no entiende. Es lo que sucede con la lectura de esta conclusión de la sobrehumana trilogía de Cixin Liu. Que uno se queda en un rincón, pasando páginas, esperando oír algo que le interese, que entienda. Y no es el caso. Lástima de 734 páginas y tantas horas. La culpa seguramente sea mía, ya que soy de Letras puras, vieja escuela de Humanidades, siglo XX. Lo que aquí se cuenta, con personajes poco interesantes -pocos personajes menos atractivos que la protagonista, Cheng Xin-, llega hasta más allá de la desaparición del Sistema Solar al pasar de las tres dimensiones a sólo dos, y sitúa el fin de la narración en el año diecisiete mil millones. Con un par. Todo ello en un relato que empieza prometedoramente en el asedio de Constantinopla pero que pasa a lo habitual, a los comités científicos, la burocracia política, los esfuerzos para poner en marcha mecanismos que salven a la Tierra. Ello dará lugar al paso de diversas eras (la de la Crisis, la Disuasión, la Posdisuasión, la Retransmisión, del Búnker, Galáctica, del Dominio Negro para el Sistema DX3906 y línea temporal para el Universo 647). Ninguna conmueve, todas sobran, pocas se entienden. Pero, ya digo, no es que Cixin Liu no sepa escribir libros consistentes (lo consiguió en las dos anteriores entregas de la trilogía, y muy especialmente en la segunda). Es que yo no tengo la paciencia ni los conocimientos para haber disfrutado de este libro. Y como lectores menos curtidos, siempre me quedará la adaptación de Netflix.
sábado, 1 de marzo de 2025
jueves, 30 de enero de 2025
Lecturas: El bosque oscuro (Cixin Liu)
Liu sigue pensando a lo grande y jugando con el lector. Basta con terminar este segundo volumen de la trilogía y asomarse a la lista de la Dramatis personae del tercer volumen, donde comprobamos que la narración alcanza muchísimos (pero muchísimos) miles de años para comprender que todo cuanto nos narra va mucho más allá, y que las peripecias de los vallados, bastante lamentable, poco importa, y que el desastre estelar de las últimas páginas será sólo un episodio insignificante desde la perspectiva relativista de los siglos y los milenios. Además, alrededor de la página 100 se incluye una imaginativa y delicada historia de amor alrededor del vallado Luo Ji que de repente nos descubre un autor dotado para los recovecos de las emociones. No todo van a ser partículas ni naves que se mueven a un 1% de la velocidad de la luz, ni rayos de plasma ni esas cosas tan frías y tan ajenas de puro complicadas. No es una obra maestra pero sí es un gran libro que compensa el esfuerzo del lector. El universo es un bosque oscuro en el que el sigilo, el silencio, garantiza por igual la supervivencia y la victoria. Un lugar aterrador e imprevisible. Ya me dirán dentro de miles y miles de años. O no.
domingo, 29 de diciembre de 2024
Lecturas: El problema de los tres cuerpos (Cixin Liu)
Hasta que hice una limpieza radical de mi disparatada biblioteca personal, pude presumir de tener una muy completa sección de ciencia ficción de la que fui un inconstante lector, más volcado en los títulos de Philip K. Dick, de bendita memoria, de Connie Willis o de Arthur C. Clarke y Ray Bradbury que de, digamos, Gregory Benford o William Gibson. Con lo que reconozco mi hartazgo de la ciencia ficción llamada dura o demasiado volcada en la ciencia. Antes de que se anunciara que Netflix iba a sacar una serie basada en la trilogía de Liu, me había fijado en el autor pensando que era sorprendente la existencia de autores chinos del género. Pero no me atreví a darle una oportunidad hasta que la serie (limitada por ahora a la primera novela) ya se había estrenado. Y antepuse la lectura al visionado.


