Rara vez estos títulos defraudan,
a diferencia de la ya cansina serie sin gracia de los "contado para
escépticos" de Juan Eslava Galán, con sus chistes fáciles y su machismo
rancio. Esta vez es Pedro Corral quien busca sorprender aunque el lector esté
curtido en la materia. Corral desentierra historias más o menos asombrosas y lo
hace sin alaracas, sin dictar condenas gratuitas. Así, se cuenta historia del
primo de Franco fusilado por los nacionales en los primeros compases de la
guerra mientras el icónico militar que agitaba la bandera tricolor en la famosa
foto del 14 de abril de 1931 en la Puerta del Sol sería ajusticiado por los que
deberían haber sido los suyos si no hubiera cambiado su lealtad por los
contrarios, o la sorprendente deserción de un oficial franquista en los últimos días del asedio a Madrid cambiándose de bando a sabiendas de la fatalidad de ese error. Y así una miríada de historias de diverso interés coincidentes en
una exposición de dilemas morales fascinantes que sirven para enfriar el ardor
guerrero, redivivo, de los españolitos que puedan añorar esa catástrofe como
una oportunidad para imponer su estupidez militante de derechas o de
izquierdas. He dicho.
martes, 30 de diciembre de 2025
Lecturas: Eso no estaba en mi libro de la Guerra Civil (Pedro Corral)
lunes, 29 de diciembre de 2025
Lecturas: Cómo nació el cristianismo (Antonio Piñero y Javier Alonso)
Soy cristiano. Católico, apostólico y romano. Practicante. Con un interés por el cristianismo primitivo, por el momento en que la acción de nuestro redentor nos llevó del judaísmo a lo que hoy conocemos como cristianismo. Del mismo modo en que yo he evolucionado espiritualmente tras décadas compartiendo los valores hebreos hasta llegar a esta plenitud serena. Como cantaría Hank Willisams, I saw the light:
Aquí, Piñero y Alonso parten de la imagen tradicional de un cristianismo que brota ya formada de la predicación de Jesús y desemboca sin sobresaltos en la Iglesia tal como la conocemos. Frente a ese relato simplificado, proponen una reconstrucción panorámica que recorre desde las primeras comunidades hasta la institucionalización de una ortodoxia dominante. Una iglesia que, sostienen con razón, se debe más a San Pablo que a San Pedro.
Piñero y Alonso ponen al servicio del lector décadas de investigación sobre el Nuevo Testamento y el judaísmo del Segundo Templo sin caer en tecnicismos innecesarios. El aparato crítico está destilado en explicaciones claras que permiten seguir cuestiones como la relación entre judaísmo y comunidades paulinas, o el papel de figuras clave como Pablo de Tarso, Pedro, Esteban o Santiago “el hermano del Señor”. Este equilibrio entre profundidad y accesibilidad convierte el libro en una puerta de entrada privilegiada para quien se acerca por primera vez al tema, pero también en una lectura estimulante para lectores como yo.
domingo, 28 de diciembre de 2025
Lecturas: Me piden que regrese (Andrés Trapiello)
Derivada de su libro de no ficción Madrid 1945. La noche de los Cuatro Caminos, que aguarda su turno en mi biblioteca, esta novela supone un esforzado, pero baldío, intento por parte de Andrés Trapiello de ahondar en la memoria desde unos postulados dignos de cualquier apologeta de la corrección maniquea que impera en esta España nuestra. Es decir: una ficción en la que todo franquista, excepto Sol Neville, es malo y donde todo izquierdista es angelical. El resultado deja un sabor a repetición y cansancio. El libro, en el que se ha querido encontrar un patrón barojiano cuando acecha un espíritu azoriniano con su inclusión de términos en desuso, como muleto y otros tantos, carece de nervio y hasta de interés. El pretendido fresco de Madrid en las últimas semanas de la Segunda Guerra Mundial, con sus agentes secretos y su diplomacia, sus meretrices y su Pasapoga, sus diplomáticos y hasta el propio Caudillo, se desinfla y termina siendo algo decorativo, algo que desaprovecha una trama prometedora como la de la falsificación de las Capitulaciones de Santa Fe, y en la que aburre con su detenida descripción de las torturas en la Dirección General de Seguridad.
La prosa, siempre reconocible por su tono entre melancólico y lúcido, se desdibuja aquí en un exceso de complacencia. Narrativamente, el libro apenas avanza. Los recuerdos se suceden sin un hilo que los estructura, y esa falta de tensión convierte la lectura en un ejercicio de paciencia. El lector que busca emoción o descubrimiento se encuentra con un discurso más preocupado por reafirmar la figura del autor que por comunicar algo nuevo o necesario.
En Me piden que regrese, Andrés Trapiello no regresa: se repite. Lo que en otros tiempos fue introspección elegante aquí se transforma en un bucle de vanidad y melancolía impostada. El tono, que antaño destilaba autenticidad, ahora parece impostado, como si el autor escribiera para convencerse de su propia importancia al calor de opiniones, incluidas como pórtico de la edición de bolsillo, de quienes se exceden en el elogio incurriendo en la mentira

