jueves, 24 de enero de 2013

Lecturas: Jaume Cabré (Yo confieso)


        Es de esos libros que nunca hubiera leído. El niño de la portada, en pose casi de etiqueta de galletas rancias, el título prescindible, el abrumador grosor del volumen, conspiraban contra su lectura. La recomendación de un amigo (y compañero), su recomendación entusiasta, me llevaron a “Yo confieso”, de Jaume Cabré. El libro lo he leído con intensidad, con placer, con adictiva tensión. Lo he dejado descansar, una vez terminado, unos días. El entusiasmo se ha atenuado. Pero sigue siendo entusiasmo. Es de esas creaciones que son casi obras maestras, que guardan tesoros generosamente repartidos a lo largo de 762 páginas (disfruté del préstamo de la edición de Círculo de Lectores), que tienen personajes bien definidos, plenos de contradicciones (desconfiad de los que son monolíticos), de matices, de sombras y dudas. Estoy a punto de dar el título de obra maestra a esta novela. Una aseveración situada en una página, una gilipollez tremenda que equipara a judíos y catalanes al declarar que los catalanes han sido perseguidos de forma general por el simple hecho de serlo, es el único pero, la única mácula, que puedo encontrar en este río de palabras.


        Aunque sea la transmisión de un violín, conocido como Vial, desde su fabricación en Cremota en el siglo XVIII, con vistazos anteriores al Medioevo en  el que acecha el tremebundo Nicolau Aymeric (en mi lejana juventud, su “Manual de Inquisidores” fue una perturbadora lectura), hasta la España actual (digo España para callar el nombre de una región que Cabré llamaría gustosamente país), es esa historia del violín sólo un pretexto para armar a su alrededor un artefacto narrativo extraordinario que recuerda, por su ambición, al mitificado “2666” de Roberto Bolaño (grata lectura, pero al final no encontré en Bolaño lo que esperaba de esta novela monumental considerada, por otros, obra maestra). Si allí era Archimboldi, con su peregrinaje errante, el hilo de la narración, aquí lo es el violín Vial. Quien disfrutara del libro de Bolaño (yo lo hice, ma non troppo), hallará en Cabré otro autor al que prestar atención. Juegos narrativos como incluir las voces, concisas, del sheriff Carson y del guerrero indio Nube Negra, la alternación de voces, el contrapunto narrativo mezclando en un montaje osado el Holocausto (me cuesta no llamarlo Shoah) y la Inquisición Española, nos permiten descubrir un maestro. En todo caso, es de esas raras novelas más grandes que la vida, cuya lectura nos puede asombrar y empequeñecer como la audición atenta y alerta de la Novena Sinfonía de Beethoven.


        No hablo aquí de la mecánica del libro, ni de las vicisitudes de sus personajes. Ello precisaría una extensión que me es ajena y que ahuyentaría a quien me leyera. Además, queda lejos de mi voluntad, de mi capacidad. Hablo de mi experiencia de lector, del raro, aunque vacilante, interés y entusiasmo que en mí ha producido este libro notabilísimo. Y que encarecidamente recomiendo, apartando toda prevención.

lunes, 7 de enero de 2013

Lecturas: Blasco Ibáñez (Obras selectas III)

Comienzo el año leyendo a Vicente Blasco Ibáñez. De él había leído, allá en la juventud, "Mare Nostrum", de la que recuerdo la figura de Mata Hari y deslumbrantes párrafos sobre un Bizancio muy mitificado, y "La araña negra", el mitificado libelo antijesuítico, del que a la postre, más de treinta años después, sólo me queda el recuerdo del apellido Baselga, que era el del héroe, y un comentario escabroso acerca de un rizo en un medallón y el vello púbico. Así de caprichosa es la memoria.




Esta vez, guiado por la oportunidad de tener entre mis lecturas "Sangre y arena", seguido en el volumen por "Los cuatro jinetes del Apocalipsis", he regresado al autor valenciano. Cuya literatura no ha resistido demasiado bien el paso del tiempo. Tampoco demasiado mal. En "Sangre y arena" (1908) rechina el uso de la transcripción de la voz de los personajes, iletrados en su mayoría, con expresiones (abro el libro al azar por el capítulo II) como "Yo pondré orden, Juaniyo, cuando nos casemos. Ya verás qué bien marcha too. Verás cómo me quiere tu mare". El protagonista, Juan Gallardo, no es lo suficientemente sólido. Mayor interés tienen los subalternos de este matador desigual. Lo que el libro tiene como mayor mérito, a mi juicio, es mostrar lo que no se ve de la fiesta taurina, transida de drama y de barbarie. El capítulo final, que tiene el acierto de hacernos vivir la corrida final no desde el ruedo sino desde el patio de caballos, delata la barbarie a través del sufrimiento de los animales (se detalla una faena con banderillas de fuego con atroz justeza). El cierre de esta ficción deja a las claras de qué lado se pone el narrador: "De pronto, el circo rumoroso lanzó un alarido saludando la continuación del espectáculo. El Nacional cerró los ojos y apretó los puños. Rugía la fiera: la verdadera, la única".

Comparte esta novela con la que le sigue en el volumen, "Los cuatro jinetes del Apocalipsis" (1916), aparte del éxito de ventas, el haber sido objeto de adaptación cinematográfica protagonizada por Rodolfo Valentino. De esta segunda novela ha quedado en la memoria general la imagen de Valentino ataviado de gaucho de fantasía bailando un tango. Véase el fragmento de video adjunto.



Blasco Ibáñez, con gran ambición, hubiera querido lograr una obra maestra, un clásico antibelicista que superara a "¡Abajo las armas!" (1889) de Berta de Suttner. Tal vez lo logró Blasco, pero el florón se lo llevará, en 1929, Erich Maria Remarque con "Sin novedad en el frente". Lo que aquí parece plantearse como una saga familiar dividida y enfrentada por la Primera Guerra Mundial termina por convertirse en una toma de partido por la causa de los aliados, y más precisamente por la de Francia. Los discursos puestos en boca de personajes alemanes, y los que en voz francesa diseccionan las motivaciones germánicas, tienen la virtud de retratar lo que sería, no demasiado años después, el nazismo. Las penalidades y sacrificios de la familia argentino-francesa Desnoyers son el asunto principal de la novela. Lo que pervive es la premonición del nazismo. Véase , en las páginas finales, un retrato de los alemanes de 1914:

"Algunos de ellos, los más ilustrados y temibles, ostentaban en el rostro las teatrales cicatrices de los duelos universitarios. Eran soldados que llevaban libros en la mochila y después del fusilamiento de un lote de campesinos o del saqueo de una aldea se dedicaban a leer poetas y filósofos al resplandor de los incendios. Hinchados de ciencia, con la hinchazón del sapo, orgullosos de su intelectualidad pedantesca y suficiente, habían heredado la dialéctica pesada y tortuosa de los antiguos teólogos. Hijos del sofisma y nietos de la mentira, se consideraban capaces de probar los mayores absurdos con las cabriolas mentales a que les tenía acostumbrados su acrobatismo intelectual. El método favorito de la tesis, la antítesis y la síntesis lo empleaban para demostrar que Alemania debía ser señora del mundo; que Bélgica era la culpable de su ruina por haberse defendido; que la felicidad consiste en vivir todos los humanos regimentados a la prusiana, sin que se pierda ningún esfuerzo; que el supremo ideal de la existencia consiste en el establo limpio y el pesebre lleno; que la libertad y la justicia no representan mas que ilusiones del romanticismo revolucionario francés; que todo hecho consumado resulta santo desde el momento que triunfa, y el derecho es simplemente un derivado de la fuerza. Estos intelectuales con fusil se consideraban los paladines de una cruzada civilizadora. Querían que triunfase definitivamente el hombre rubio sobre el moreno; deseaban esclavizar al despreciable hombre del Sur, consiguiendo para siempre que el mundo fuese dirigido por los germanos, «la sal de la tierra», «la aristocracia de la humanidad». Todo lo que en la Historia valía algo era alemán. Los antiguos griegos habían sido de origen germánico; alemanes también los grandes artistas del Renacimiento italiano. Los hombres del Mediterráneo, con la maldad propia de su origen, habían falsificado la Historia.

Pero en lo mejor de estos ensueños ambiciosos, el cruzado del pangermanismo recibía un balazo del «latino» despreciable, bajando a la tumba con todos sus orgullos.

«Bien estás donde estás, pedante belicoso», pensaba Desnoyers, acordándose de las conversaciones con su amigo el ruso.

¡Lástima que no estuviesen allí también todos los Herr Professor que se habían quedado en las universidades alemanas, sabios de indiscutible habilidad en su mayor parte para desmarcar los productos intelectuales, cambiando la terminología de las cosas! Estos hombres de barba fluvial y antiparras de oro, pacíficos conejos del laboratorio y de la cátedra, habían preparado la guerra presente con sus sofismas y su orgullo. Su culpabilidad era mayor que la del Herr Lieutenant de apretado corsé y reluciente monóculo, que al desear la lucha y la matanza no hacía mas que seguir sus aficiones profesionales.

Mientras el soldado alemán de baja clase pillaba lo que podía y fusilaba ebrio lo que le saltaba al paso, el estudiante guerrero leía en el vivac a Hegel y Nietzsche. Era demasiado culto para ejecutar con sus manos estos actos de «justicia histórica». Pero él y sus profesores habían excitado todos los malos instintos de la bestia germánica, dándoles un barniz de justificación científica."

Esos alemanes de 1914 son los mismos de 1933, de 1939. La hondura psicológica que hubiéramos querido encontrar en la novela es compensada únicamente por el acierto de haber sabido prever la tormenta siguiente y auténticamente apocalíptica. Con todo, no es mal tiempo el que se dedique a recorrer estas páginas antiguas.

lunes, 31 de diciembre de 2012

Lecturas de un año

71 libros han pasado por mis manos, y por mis ojos, en el año que acaba. Pocos merecen la memoria (Marías, Vargas Llosa, Roth, Palahniuk, Oz, King, Grossman, Willis). Es lo que ha habido.



ENERO 2012
Javier Marías: Tu rostro mañana I
Javier Marías: Tu rostro mañana II
Felipe Pigna: Los mitos de la historia argentina II
Vargas Llosa: El sueño del celta
Philip Roth: Mi vida como hombre
Chuck Palahniuk: Snuff
Umberto Eco: El cementerio de Praga
José María Zavala: La pasión de José Antonio

FEBRERO 2012:
Javier Marías: Tu rostro mañana III
Karel Capek: La guerra de las salamandras
Pérez & Alba: Perdidos. La guía definitiva
Philip Roth: Nuestra pandilla
Laurent Binet: HHhH
Laurent Binet: Operación Antropoide
Carmen Quiroga de Cebollero: Entrando a El Túnel de Ernesto Sábato
José Luis Calvo Carilla: La cara oculta del 98

MARZO 2012
Lehmann y Carroll: En el búnker de Hitler
Lidia Balkenende: Aproximación a la novelística de Sábato (Poesía y vaticinio)
Esteban Polakovic: La clave para la obra de Ernesto Sabato
Amos Oz: La caja negra
Palahniuk: Club de lucha
Varios: Ernesto Sábato. Premio “Miguel de Cervantes” 1984
Paul Auster: Diario de invierno
Irving Berlín Villafaña: Poemas para Aísha Dihab

ABRIL 2012
Andrés Trapiello: Las armas y las letras
Ernesto Sabato: El túnel
José Moreno Villa: Claridades sobre Picasso
Artemio Precioso y otros: Por qué engañan ellas
Ricardo León y otros: Olla podrida
Kalíkrates: Los aborígenes de Andrómeda

MAYO 2012
Stephen King: 22/11/63
Edgar Neville: Don Clorato de Potasa
Joaquín Belda y otros: El lecho histórico

JUNIO 2012
Javier Moro: El imperio eres tú
Javier Moro: Pasión india
Philip Roth: Deudas y dolores

JULIO 2012
César González-Ruano: Dos cuentos italianos
Eduardo Texeira: Ruy Drach (Los primeros hombres en Marte)
Rudyard Kipling: El hombre que quiso ser rey y otros relatos
Esteban Peicovich: El ocaso de Perón
Hans Roger Madol: Godoy
Philip Roth: Elegía
Peter Ackroyd: Poe. Una vida truncada

agosto 2012
Paul Preston: El holocausto español
Erik Larson: En el jardín de las bestias
Gilad Atzmon: Guía de perplejos
Vasili Grossman: Años de guerra
Varios: 1939-1940. Franco-Hitler: diálogo de sordos en Hendaya
Antony Beevor y Luba Vinogradova: Un escritor en guerra. Vasili Grossman en el Ejército Rojo
Varios: 1941-1942. La División Azul: España quiere vengarse del comunismo

septiembre 2012
Varios: 1943. Franco visita de uniforme a las Cortes
Varios: 1944. La liberación de París anima al maquis a “reconquistar” España.
Varios: 1945. Ortega, padre de la República, vuelve a la España franquista.
Varios: 1946. El Régimen moviliza a los españoles contra la ONU
Varios: 1947. Los españoles se rinden ante Evita

OCTUBRE 2012
Varios: 1948. Entrevistav en el “Azor”. La Monarquía tendrá que esperar
Varios: 1949. España, reserva espiritual de Occidente
Varios: 1950. Las estrellas llegan a España: se acabó el aislamiento
Connie Willis: Por no mencionar al perro
Varios: La Historia de España que no pudo ser
Varios: 1951. Franco cambia de guardia

NOVIEMBRE 2012
Varios: 1952. Queda inaugurado este pantano
Wolfgang Martynkewicz: Edgar Allan Poe
Thomas Cahill: El deseo de las colinas eternas
Larry Niven: Mundo anillo
Pierre Boulle: El planeta de los simios
Isaac Asimov: El sol desnudo
Isaac Asimov: Bóvedas de acero

DICIEMBRE 2012
E. L. James: Cincuenta sombras de Grey
James Blish: Un caso de conciencia
Varios: 1953. ..Y por fin Mr Marshall llegó a España

viernes, 23 de noviembre de 2012

Las buenas intenciones

            Un amigo muy querido ha colgado en Facebook un comentario en el que caía en la fácil oratoria de llamar genocidio a lo que Israel está aplicando a los palestinos. Estuve tentado de contestarle en ese mismo medio, entrando en una dinámica de discusión y confrontación. Se puede ser una excelente persona y caer en esos errores de apreciación, se puede ser inmensamente injusto creyendo defender la justicia. Ya lo formuló con meridiana sencillez alguien que, cito y recuerdo de oídas, pudo ser Voltaire: “Puede que ninguno de los dos tengamos la razón”.  El hecho es que la sentencia tajante de mi amigo me duele e indigna a partes iguales. Y tampoco pretendo tener la razón. No es cuestión de entrar en batalla, de enturbiar con mis razones las suyas. Opto, entonces, por escribir aquí mi punto de vista. Por si alguien (él incluso) lo lee, y es este comentario un mensaje en una botella arrojado al mar, esperando que alguien lo lea, no importa cuándo, y tampoco si es leído, y entienda los argumentos de este sionista (nunca he ocultado que lo soy). Como conclusión, y como punto de partida, digamos que la mucha propaganda, la mucha desinformación por tanto, está en la raíz de todo este asunto.






           En primer lugar, no puede ser llamado Genocidio lo que no lo es. Léase su definición. Aplíquese a lo que sucede. Fin de la cuestión. No hace falta aducir el caso de la Shoah/Holocausto. Ya lo hizo el necio de José Saramago con resultado asqueroso. Quien se atreva a repetir aquello del comunista portugués no debería leer el libro de Raul Hilberg La destrucción de los judíos europeos (Aquí, el libro), que basta por sí solo para desmontar las falacias revisionistas amadas por los neonazis y por el tirano de Irán, ni ver el escalofriante relato de Claude Lanzmann, sino simplemente ver, aunque no sea completo, el breve y clásico documental Noche y niebla de Alain Resnais. Pero no es de la Shoah, tan dolorosa, de la que quiero hablar. Vamos a lo de ahora, a lo de estos días, esta tregua entre las explosiones.

Shoah (Claude Lanzmann, 1986), subtitulada



Noche y niebla (Alain Resnais, 1955)

            Quien dude, puede bucear un poco en la red. No es preciso hacerlo en los libros, si no se quiere. En el caso de que se busque uno, puedo recomendar La tierra más disputada: El sionismo, Israel y el conflicto de Palestina, de Joan B. Culla.  Vayamos a los hechos sencillos. Existió un reino llamado Israel y un reino llamado Judea. Borrados definitivamente por los romanos. Nunca existió un reino o república o emirato o lo-que-sea llamado Palestina. Palestina es un término geográfico, no político. Por lo tanto, lo que se llevó a la práctica en 1948, la partición de Palestina en dos estados, uno judío y otro árabe, fue una restitución basada en derechos históricos. Los derechos históricos son también aducidos por los pro-palestinos. Nadie les niega, ni siquiera un sionista como yo, el derecho a vivir en ese espacio. Lo que defendemos los sionistas es el derecho a que exista el estado de Israel. No propugnamos el exterminio de los palestinos, arrojarlos al mar. Hamas, y sus grupos afines, sí piden justamente eso con los judíos, con los israelíes. ¿Os suena, además, eso de la Yihad? ¿Os acordáis del 11 de septiembre de 2001, del 11 de marzo de 2004? Pues eso. Ah, la mentalidad de los islamistas que hicieron esas matanzas sí es una mentalidad genocida.

Un paseo por Gaza

            Sigamos. El 14 de mayo de 1948 Israel cumplió lo aprobado por Naciones Unidas. ¿Qué sucedió en el lado árabe? Atacar al recién nacido estado judío. Cinco ejércitos contra las milicias israelíes. Venció Israel. ¿Qué pasó con los árabes?, ¿crearon su estado, ese estado que ahora reclaman? No. Un gran número se exilió a los países derrotados en aquella guerra de Independencia de Israel. Y los terrenos previstos para el estado palestino fueron anexionados por Israel y por Jordania. Oh, sorpresa. Quien le quitó a los palestinos su suelo, su estado, no fueron los repugnantes judíos sionistas. Fueron sus amigos árabes y musulmanes. De ahí vino el conflicto. Y vinieron acciones terrorista, y más guerras de varios países árabes a la vez contra el pequeño estado de Israel. Ganadas todas por Israel. De manera muy notoria la de 1967, con el resultado de que esa vez Israel se anexionó Gaza, Cisjordania, los altos del Golán y la península de Sinaí. Construyendo colonias en muchos de esos territorios, cierto es.

Golda Meir: Cuando los palestinos quieran a sus hijos
mas de lo que odian a Israel se solucionará el problema



            El Sinaí fue devuelto a Egipto a cambio de paz merced a los acuerdos de Camp David. Fue el comienzo de la política de “Paz por Territorios”. Damos otro salto, y vamos al 2005. Entonces se verifica el Plan de Desconexión por parte de Ariel Sharon, viejo soldado y héroe de la guerra de 1967, que como Primer Ministro hizo que Gaza fuera devuelta, aunque no en su totalidad, a la Autoridad Palestina, evacuando los asentamientos de colonos israelíes. Como experiencia piloto (si todo salía bien, el siguiente paso sería devolver Cisjordania). Paz por territorios, ya se sabe. Desde el lado palestino, se siguió atacando a Israel. Con cohetes primero artesanales, y ahora fabricados por Irán. ¿Qué haríais si vuestro país es atacado con cohetes de forma diaria? Yo, defenderme. Contraatacando. Es lo que ha hecho Israel. Simplemente. ¿Niños muertos, madres llorando, barbarie? Sí, son reales esos muertos. ¿Se deben condenar, lamentar, esas muertes? Por supuesto. Pero Israel no es la culpable única. Está comprobada la táctica de situar arsenales, y plataformas de lanzamiento de cohetes, entre instalaciones civiles como hospitales, escuelas o edificios de viviendas. Así, cuando Israel los ataque se garantizarán un buen puñado de niños, de mujeres, de civiles muertos para pasear los cuerpos ante las buenas conciencias para que escriban aquello de que Israel está haciendo un genocidio.


            Toda esta exposición es simplista y apresurada. Pero necesaria. Es una explicación del conflicto palestino-israelí apta para que la comprenda hasta un niño. Otro dato que no debe obviarse es que Ahmed Jabri, jefe militar de Hamas, asesinado por Israel al comienzo de esta escalada, fue responsable de numerosos crímenes. Entre ellos el abominable secuestro del soldado Gilad Shalit. Antes de la muerte de Jabri, y después, el lanzamiento continuado de cohetes es el que ha producido la respuesta de Israel. Es lo que tiene el jugar con fuego. Que te lo devuelven.



lunes, 12 de noviembre de 2012

Notas reiterativas sobre el mito del eterno retorno

Artículo publicado en "Paradigma: revista universitaria de cultura ", nº 4, 2007

Una intuición, un apunte, lleva a otro en este jardín de senderos bifurcados. Así, en un principio fue Borges en dos momentos de uno de sus libros de plenitud, justo antes de que todo fuera evocación e insistencia. De esta manera, en el relato "El evangelio según Marcos", perteneciente a “El informe de Brodie”, afirma “También se le ocurrió que los hombres, a lo largo del tiempo, han repetido siempre dos historias: la de un bajel perdido que busca por los mares mediterráneos una isla querida, y la de un dios que se hace crucificar en el Gólgota”. Más adelante, en el mismo volumen y en la narración que le da título, sostiene: “Sabemos que el pasado, el presente y el porvenir ya están, minucia por minucia, en la profética memoria de Dios, en Su eternidad; lo extraño es que los hombres puedan mirar, indefinidamente, hacia atrás pero no hacia adelante.”


Estas sugerencias de que el tiempo es estable, inmóvil, en la memoria de Dios y que a los hombres sólo nos está permitido acceder a escasos instantes que, en suma, se corresponden escrupulosamente a dos modelos, el de la Ilíada y el de la Biblia, lleva a considerar lo mantenido por Northrop Frye en su ensayo “La escritura profana”, según el cual toda ficción occidental no hace sino repetir esquemas míticos ya recogidos en la Biblia, que es a su vez la exposición de un vasto sistema mitológico, entendiéndose como mitología “un vasto cuerpo narrativo conectado entre sí, que abarca toda la revelación religiosa e histórica que atañe a su sociedad o se refiere a ella”.  Aún más, para Frye “la Biblia constituye el ejemplo supremo de cómo pueden los mitos, bajo ciertas presiones sociales, agruparse para formar una mitología. Una segunda mirada a esta mitología nos demuestra que de hecho llegó a ser, durante la Edad Media y posteriormente, un vasto universo mitológico, extendiéndose en el tiempo desde la creación hasta el apocalipsis, y en el espacio metafórico desde el cielo hasta el infierno. Un universo mitológico es una visión de la realidad en términos de intereses, angustias y esperanzas humanas: no es una forma primitiva de la ciencia”.

Frye

Eliot Trimegisto

      Anudando las ideas de Frye con las intuiciones de Borges, podemos llegar a una concepción de la existencia que es básicamente la de antes de que ciencia y mito se escindieran, un tiempo en el que la vida se reduce a seguir un esquema puramente biológico (“como si vivir fuera tan sólo respirar”, tal como dice Lord Tennyson en su propia re-elaboración del mito homérico, el poema “Ulises”), un ciclo infinitamente repetido de nacimiento-desarrollo-muerte, en el que todo consiste en repetir los modelos anteriores. De este modo, el tiempo sigue la concepción circular de la rueda que gira tal como Eliot asocia a Phlebas el Fenicio (oh tú que das vuelta a la rueda y miras a barlovento, / considera a Phlebas, que fue en otro tiempo tan gallardo / y alto como tú) y que, según mantiene Thomas Cahill en “El legado de los judíos” sería rota por los israelitas al instaurar una concepción lineal del tiempo. 

Esta concepción del tiempo como condena es la que constituye, al fin y al cabo, el cimiento del mito del eterno retorno, tal como señala Mircea Eliade en su ensayo “El mito del eterno retorno”: “En el detalle de su comportamiento consciente, el “primitivo”, el hombre arcaico, no conoce ningún acto que no haya sido planteado y vivido anteriormente por otro, otro que no era un hombre. Lo que él hace, ya se hizo. Su vida es la repetición ininterrumpida de gestos inaugurados por otros”. Esta repetición de los gestos de otro, de un “otro” que no puede ser sino una figura mítica, de lo que se deducen de los mitos valores orales y de enseñanza que a su vez daría origen a las primeras manifestaciones literarias, es plenamente pre-industrial, perteneciente a épocas en que el hombre se regía por el orden de la naturaleza, que es cíclico, orden dentro del que el hombre, impotente, se incluía antes de pretender ser su domeñador ya en época industrial ni, mucho menos, su intérprete como sucederá cuando del mito se pase al logos. 
Será en ese momento del devenir histórico cuando, repitiendo el gesto de rebeldía enunciado por el mito de Prometeo, cuando se intente comprender los mecanismos del tiempo como primer paso para su dominio y usando como herramienta el mito entendido en tanto medio de expresión de ideas y conceptos de carácter metafísico, en opinión de Eliade: “Si nos tomamos la molestia de penetrar en el significado auténtico de un mito o de un símbolo arcaico, nos veremos en la obligación de comprobar que esta significación revela la toma de consciencia de una cierta situación en el cosmos y que, en consecuencia, implica una posición metafísica”. Poseído de esta auto-conciencia a la manera en que Ernesto Sábato retrata al ser humano en su paso desde la felicidad zoológica a la insatisfacción metafísica, el hombre se encuentra de frente a la perplejidad que le produce la imperturbable fidelidad de los ciclos naturales proyectados a la vez sobre la propia psique y las primeras concepciones religiosas, lo que en definitiva le lleva al que puede ser el más insistente y persistente de los mitos del hombre arcaico: el mito del eterno retorno.
 Este mito no se circunscribe a las creencias de la Antigüedad, sino que se transmuta y resurge en la generalidad de las ideologías políticas al derivarse de la penosa consciencia de un tiempo inmóvil y a la vez reiterativo la necesidad de una esperanza de redención, una ruptura de la rueda que nos permita alejarnos de la identificación con el fenicio de Eliot, la liberación de la sumisión ciega, estéril, a las normas de la naturaleza. Ese anhelo de romper con lo inevitable, de subvertir las normas de la reiteración, se concreta en las esperanzas mesiánicas, tal como analiza con meridiana transparencia Norman Cohn en “El cosmos, el caos y el mundo venidero”. Escindida así la mentalidad entre dos planos de realidad, el de un presente perfectible en que se está atrapado y un futuro de redención y perfecto, la vida en esta realidad se presta a ser interpretada como un reflejo, una emanación, de algún dios del que copiamos los gestos, eco de un mundo ulterior, ultraterreno, al que sólo nos es dado el acceso a través del simulacro de la vida. Surgen, pues, al tiempo que las concepciones maniqueas y gnósticas, la creencia, no ajena a lo que aducirá Platón, de la duplicidad, en forma de simulacro, de lo real: la Jerusalén Terrestre existe gracias a la pre-existencia de una Jerusalén Celeste.
Así, sometiéndonos a esta mecánica especular y circular, es como toda vivencia más allá de lo biológico y ordinario es reflejo de un mito, los que Frye identificaba con los de la Biblia y Borges con el rey de Ítaca y el hijo de un carpintero hebreo. Como parte del juego de dobles, de simetrías, de retornos, los héroes habrán de vivir encarnaciones sucesivas, y así el rey Arturo de Bretaña pasará a ser “el rey que fue y que será”, Hitler se identificará a sí mismo como encarnación de Federico el Grande, José Antonio Primo de Rivera será reverenciado como el Ausente con una reverencia casi adventicia y esperado como un mesías secreto, Saddam Hussein se auto-invocará como avatar de Saladino, e incluso el general Perón habrá de verse engrandecido, en la década de los sesenta e inicios de los setenta, por ingenuas profecías de retorno y redención.
Borges en su laberinto

      No es otra que la nostalgia del paraíso la fuerza que alimenta este torrente confuso de esperanzas, la que nutre la cadena de repeticiones y arquetipos que Mircea Eliade presenta como los pilares del mito del eterno retorno que a la larga se transforma, en vista de la evolución de la Historia, en la constatación de una serie infinita de fracasos al pretenderse la reinstauración atemporal e inmóvil del Edén, misión que habrá de otorgarse a los dioses, a los dirigentes convertidos en dioses de sí mismos, cuando no en torpes demiurgos, en mesías que tampoco podrán evitar las repeticiones, dándose lugar a la creencia en la segunda venida de diversas figuras y divinidades en credos muy diversos, entre losa que cabe mencionar el Cristianismo con la parusía de Cristo,  el Hinduismo con Vishnú, el Islam con Jesús, el Mahdi o Mirza Ghulam Ahmad, el Bahaísmo con Bahá'u'lláh o la iglesia de Swedenborg con la figura del propio visionario sueco. Incluso en la más reputada tradición mesiánica, la judía, el mesías es contemplado en una venida duplicada: por una parte el Mesías hijo de José, que ha recibido al menos seis atribuciones, condenado al fracaso y cuya misión es preparar la venida del definitivo redentor, que sería el Mesías hijo de David.

Mircea Eliade Superstar

      Como se observa, en ninguna de las esferas se está a salvo del regreso. En el laberinto de espejos de los milenios, sólo cabe repetir las muecas de otros, adoptar sus palabras, imitar los gestos esbozados antes por dioses "porque ejemplo os he dado para que como yo he hecho a vosotros, vosotros también hagáis" (Juan, 23, 15), y es que "el que en mí cree, él también hará las obras que yo hago" (Juan, 14, 12). Y quien si acaso estas palabras que ahora terminas de leer, es otro quien las y otro es quien ahora coloca tras la palabra final el punto y final.



jueves, 27 de septiembre de 2012

Shalit, entre las estrellas, en el país de los españoles

No es la primera vez que en este blog lo nombro. Gilad Shalit. Víctima de la barbarie, chivo expiatorio que sirvió para castigar en él a toda una nación, todo un pueblo, toda una fe. Que es mi fe, que es también mi pueblo, que es la nación en la que creo además de en España. Puestos a definir identidades, a reconocer interioridades, a tomar partido, insistiré en que soy sionista. (“incivilizados sionistas”, decía ayer en Naciones Unidas el tirano de Teherán...) Lo que viene al caso es que Shalit vendrá a Barcelona (es decir, a España: bueno es remarcar lo obvio cuando la obviedad escuece) para ver un partido de fútbol en calidad de admirador del equipo español (cuánto placer en usar este adjetivo) que tiene por nombre Club de Fútbol Barcelona y de cronista deportivo de un diario israelí. Desde que recobró la libertad, desde que recuperó la vida, Shalit ha recorrido diversos países para contar diversos hechos deportivos. Bien por él.


        Aquí verá millonarios de blanco y millonarios de azulgrana disputándose el balón buscando evitar la vergüenza de ser derrotados. Verá perplejo el tremolar de las banderas esteladas, con el temblor del recuerdo de viejas estrellas amarillas, con el gozo de otra estrella, de seis puntas, sobre la bandera israelí. Le dirán “son independentistas”, y le referirán una mentira (“...que luchan por su libertad como nación como Israel lo hizo”) o los hechos descarnados y sonrojantes. Da igual lo que le digan, la verdad. En todo caso, su impresión de España, desgarrándose, o en vías o peligro de desgarrarse, no será grata. Pero no es el tema de este comentario el espectáculo político de la jauría jugando a ser parte de la Historia Universal (de la Infamia).

El objeto de esta perorata es que hay quien protesta porque ese joven excautivo irá a un partido de fútbol. Activistas pro-palestinos de aquí y de ahora. El objeto es que la emisora de Hamas hará boicot al Barcelona por permitir que el excautivo pise su estadio y disfrute y se asombre y lo cuente. ¿No fueron suficientes los 1941 días que estuvo encerrado, privado de dignidad y de esperanza? Homo hominis lupus. El hombre es un lobo para el hombre. Todavía. Aunque algunos prefieren ver a ese hombre, por ser soldado, por ser israelí, por ser judío, por ser libre, desprovisto del menor derecho. Desprovisto, en definitiva, de vida. ¿Acaso no fueron suficientes esos 1941 días de oscuridad, repito? Que cada cual recapacite, que cada cual se ponga en la piel de ahora, cansada y quebradiza, de Gilad Shalit, señalado por esos dedos sucios y temblorosos de odio y que dé el nombre que merezcan, acá y allá, esos hijos de puta.

viernes, 21 de septiembre de 2012

Visca el rei (d'Espanya)

La mujer a la que amo es catalana. Una forma como cualquier otra de evitar la perfección. No, demasiado personal, demasiado despectivo. Contrólate, Mario. A ver. España es una nación. Que fue una, que fue grande, que quiso, y raras veces consiguió, ser libre. Cataluña, la vieja Marca Hispánica, se pretende nación portándose como una aldea, como poblado levantisco de  tenderos de balanzas trucadas. Mejor, pero se sigue notando el cabreo. A ver, confieso que fui, cosas de la edad y de las influencias de modelos cercanos, anarquista de jovencito, comunista de boquilla y de salón en la adolescencia idiota, republicano hasta hace no poco. Incluso ateo. Pero se (me) cayó (encima) un muro. El de Berlín. Y las insensateces de Felipe González. Y las charlas desapasionadas en la cocina de mis tíos en Santos Lugares, en el salón de los Ceraso. El pudor ante los populismos ("mi general, cuanto valés"), los crímenes de Stalin, la idiotez maoísta con sonrisas, el "dameargo" sonrojante, los carros robados de Sánchez Gordillo, el antisemitismo nuestro de cada día, las pañoletas palestinas en los pescuezos, Rodríguez Zapatero soltando asesinos (otros los sueltan también hoy, pero son jueces y no políticos, y escribo a pocas horas de ser incinerado el viejo asesino o cómplice de Paracuellos), esas cosas estúpidas.



Y ahora los tropecientos mil catalanes gritando con cadencia vascuence, el mismo mito del terruño sagrado, el victimismo que tuerce la Historia y la destruye convirtiéndola en mito, la palabra excesiva de la Independencia. Tengo amigos, tengo familia (como catalán consorte) en Cataluña. Hasta he escrito, de circunstancia, algún poema de amor e íntimo en ese idioma que no es dialecto. Por eso me duele el ruido y la furia de los idiotas contando sus mentiras, proclamando el derecho de los pueblos a decidir. Una vez, ¿recuerdas, Salvador, recuerdas, José María?, con unos amigos jugamos a eso mismo, al derecho a decidir de los pueblos. Convertimos en República Independiente, con solemne acto de proclamación de Independencia, un piso en una primera planta de un viejo inmueble de calle Frailes. Hasta redacté, yo, la Constitución, plagiando la de Argentina de 1852. Aquella joven nación de Europa duró siete minutos. Hasta que unas amigas, justamente, nos arrebataron el documento histórico y machista y lo hicieron trizas. Ya está bien de tonterías. Eso es lo que está al final de ese camino. El derecho a fragmentarse de las naciones, a diluirse la nación en tribu, en pandilla, en facción, en hombre solo, en brazo amputado, dedo cortado, uña mordida. Cenizas. Nada. Soy español, pero no soy andaluz ni tampoco soy malagueño por mucho que esté aquí mi cuna y mi primera nana. Mi nación es España, sólo hay un pueblo, el español. El resto es población, geografía, censo. Que no me vengan con tonterías. Cervantes es mi abuelo, mi padre, mi hermano. Con ello me basta. Pero no, me pierdo nuevamente. Pienso en un viejo cartel falangista. Pájaros en vuelo, leones reposando, sonrisas, cestas de frutos. Y un lema. "Ha llegado España". Y el miedo que esa alegoría puede despertar en algunos. La unidad entre los hombres y las tierras de España. 



Pero no, no me voy a poner esa camisa. Tampoco a explicar mucho más, ni nada más. Lo que podría decirlo lo ha dicho alguien mucho mejor, con mayor nobleza y justicia:

No soy el primero y con seguridad no seré el último entre los españoles que piensa que en la difícil coyuntura económica, política y también social que atravesamos es imprescindible que interioricemos dos cosas fundamentales.

La primera es que solo superaremos  las dificultades actuales actuando unidos, caminando juntos, aunando nuestras voces, remando a la vez. Estamos en un momento decisivo para el futuro de Europa y de España y para asegurar o arruinar el bienestar que tanto nos ha costado alcanzar. En estas circunstancias, lo peor que podemos hacer es dividir fuerzas, alentar disensiones, perseguir quimeras, ahondar heridas. No son estos tiempos buenos para escudriñar en las esencias ni para debatir si son galgos o podencos quienes amenazan nuestro modelo de convivencia. Son, por el contrario, los más adecuados para la acción decidida y conjunta de la sociedad, a todos los niveles, en defensa del modelo democrático y social que entre todos hemos elegido.


La segunda es que, desde la unión y la concordia, hemos de recuperar y reforzar los valores que han destacado en las mejores etapas de nuestra compleja historia y que brillaron en particular en nuestra Transición Democrática: el trabajo, el esfuerzo, el mérito, la generosidad, el diálogo, el imperativo ético, el sacrificio de los intereses particulares en aras del interés general, la renuncia a la verdad en exclusiva.


Son esos los valores de una sociedad sana y viva, la sociedad que queremos ser y en la que queremos estar para superar entre todos las dificultades que hoy vivimos.

Es la carta del Rey de España en su página web. Dios salve al Rey. Dios salve a España. Y tenga piedad de nosotros.