Mostrando entradas con la etiqueta Chuck Palahniuk. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Chuck Palahniuk. Mostrar todas las entradas

lunes, 24 de junio de 2024

Lecturas: Invéntate algo. Relatos que no te podrás sacar de la cabeza (Chuck Palahniuk)

 Palahniuk o la escritura pulp. Algo así, el ánimo de tratar temas escabrosos, sensacionalistas, dignos de la cultura pop y de los programas de televisión de juicios amañados, sucesos sangrientos, anomalías físicas o morales. Los libros de Palahniuk son circos de tres pistas, amenamente redactados, con un ritmo sincopado, literatura de consumo con barniz malditista que representa a la perfección aunque con calculada estridencia nuestros tiempos. Son libros que, afirmo, siempre me han gustado con alguna llamativa excepción.



El volumen que nos ocupa, primero que recoge sus relatos, obedece a esa concepción que epata y entretiene al lector. Y entre los que rescataría una pequeña obra maestra, el titulado Zombis que da voz a un grupo de estudiantes que descubren que el desfibrilador de emergencia que con cierta facilidad se encuentra en espacios públicos, aplicado a las sienes, produce un estado de incapacidad mental que te puede liberar de angustias existenciales y te lleva a un nirvana mental gratificado por asistencia social:Pregúntenle lo que quieran a Griffin Wilson. Pregúntenle quién firmó el Tratado de Gante. Griffin hará como ese mago de los dibujos animados de la tele que dice: «Mirad cómo me saco un conejo del culo». Abracadabra, y se saca la respuesta. En Química Orgánica era capaz de hablar de la Teoría de Cuerdas hasta quedarse anóxico, pero lo que realmente quería ser era feliz. No simplemente no estar triste, quería ser feliz de la misma manera en que lo es un perro. No verse constantemente sacudido por mensajes de texto llameantes y cambios del código tributario federal. Tampoco quería morirse. Quería ser, y no ser, pero al mismo tiempo. Así de grande era su genio pionero.

Es más, el paraíso nos aguarda tras la anulación de la mente:

Desde aquel día en la consulta de la enfermera, Griffin Wilson está más feliz que nunca. Siempre se está riendo demasiado fuerte y secándose las babas de la barbilla con la manga. Los profesores de Apoyo Pedagógico le aplauden y lo colman de elogios por el mero hecho de usar el retrete. Un doble rasero clarísimo. Los demás estamos aquí luchando con uñas y dientes para conseguir el trabajo de mierda que podamos, mientras que Griffin Wilson se lo va a pasar bomba durante el resto de su vida comiendo chucherías de un centavo y viendo reposiciones de Los Fraguel. En el pasado había sido infeliz a menos que ganara hasta el último torneo de ajedrez. Pero tal como está ahora, ayer mismo se sacó la polla y se puso a cascársela mientras pasaban lista por la mañana. Antes de que la señora Ramírez pudiera pasar a toda prisa por los apellidos empezados con «S» y «T», con los chavales contestando «Aquí» y «Presente» demasiado despacio, soltando risitas y mirando, antes de que la señora Ramírez pudiera recorrer el pasillo corriendo y detenerlo, Griffin Wilson gritó «Mirad cómo me saco un conejo de los pantalones» y roció de lefa caliente una estantería que solo contenía un centenar de ejemplares de Matar a un ruiseñor. Sin parar de reírse todo el tiempo.

Lobotomizado o no, sigue siendo capaz de apreciar el valor de una buena frase pegadiza. Ya no es un simple empollón, ahora es el alma de la fiesta.

Así de certeras pueden ser algunas de las amargas fábulas de Palahniuk. Bienvenidos al paraíso.

lunes, 29 de julio de 2019

Lecturas: Eres hermosa (Chuck Palahniuk)

Mierda infecta.

Y tras estas dos palabras debería dejar de añadir más a esta reseña. Pero no son suficientes para explicar por qué este libro acabará dentro de un contenedor de reciclaje de papel y no dejado piadosamente sobre el mismo a la espera de que un viandante curioso le dé una segunda oportunidad. Esta vez Palahniuk, con los buenos momentos que me ha dado con una decena de títulos, fracasa clamorosamente. Él, tan amigo de la serie B y el sensacionalismo, desciende a la serie Z. No hay en esta fábula pudor ni capacidad para hacer verosímil el gran guiñol sexual de este mundo apocalíptico en el que los hombres dejan de ser útiles. Brocha gorda y estupidez por todos lados. Lo dicho. Mierda infecta. Una lástima.

lunes, 2 de noviembre de 2015

Lecturas: Pigmeo (Chuck Palahniuk)

El tropecientos Palahniuk que leo. El primero que me parece una soberana mierda. Una pena. Porque no es un autor brillantísimo, pero sí sabe cómo urdir una novela que funcione. Y ésta ni funciona ni está bien urdida. Con su lenguaje (lo mismo en inglés sí es un libro que merezca la pena) forzado, árido, con su narrador que es un terrorista adolescente urdiendo una masacre devastadora en Estados Unidos, es un libro que cuesta leer, con el tiparraco expresándose en primera persona de tal guisa (me voy a un ejemplo del capítulo 34 (de los 36 que tiene esta ficción insuficiente): 

"Al contrario que en la ocasión pasada, el día infame en que fue separado de su progenitora femenina para el test vocacional, los pies del agente-yo se retiran ahora de la aeronave para esprintar huyendo de regreso hasta la madre-huésped. Este agente acepta el abrazo que la madre le ofrece. Presiona sus labios contra la mejilla facial de la madre-pollo y prueba su agua ocular con sabor a cloruro de sodio. Frunce los labios para realizar el gesto que denota afecto".

Una fábula prometedora, extraña, bizarra (como en todo Palahniuk) que aquí se resuelve torpe y previsiblemente, lo que aquí sólo se justificaría por la voluntad guiñolesca de tantos episodios. Un libro que iría a alimentar el contenedor de papel si no lo tuviera destinado a soportar el olvido junto a otros 11 títulos del mismo autor que un año de éstos sí merecerán una relectura, una nueva vida. ëste, en este día de difuntos, polvo será, mas polvo olvidado.


miércoles, 7 de enero de 2015

Lecturas: Condenada (Chuck Palahniuk)

El mal, el mal. Que es el tema secundario de este libro. Y es lo que sucede hoy en París. La barbarie de siempre, la estupidez de tantos siglos. De los que repiten eso del Corán 08:39 “Combatid contra ellos hasta que toda la oposición termina y todos se someten a Allah” Pero quiero llegar a viejo, aunque eso me llegue en el hipotético y quimérico Gulag español. Es lo que nos amenaza el destino: que te corten la cabeza, o cortarme la coleta de la libertad por no adorar la de la opresión. No comulgar con lo que el gran orate dice hoy en Twitter: "El Pentágono y la OTAN bombardean y destruyen países enteros, asesinan a millones, cada día.D verdad esperamos q no hagan nada?" Pero no quiero perecer, aún no, por no creer en falsos dioses, por no adorar falsos ídolos, por no renunciar a mi libertad aunque ahora tenga que hacerlo y contenerme.


Pues nada, vayamos a Palahniuk que me ha vuelto a asombrar (bueno, a entretener) con una ficción de las suyas, de barracón de feria y mugre y desdicha y tontería. Esta vez es la confesión de una pre-adolescente que desde sus eternos trece años nos cuenta cómo es la vida en el Infierno tan temido, donde los demonios de toda cultura ejercen de lo suyo y basta mearse en una piscina más de tres veces o cualquier otra memez para merecer habitar en el averno. Como siempre, habrá un giro más o menos sorprendente y macabro, nuevamente hay placer, un placer ligero, en la lectura. Un final en exceso ambiguo y abierto e insatisfactorio. Y una constancia que es más bien intuición: Palahniuk es un moralista, y de lo que siempre escribe es del bien y el mal y sus consecuencias. Que Dios (o Satanás) lo bendiga (o lo maldiga).


domingo, 31 de agosto de 2014

Lecturas: Monstruos invisibles (Chuck Palahniuk)

Ahora sí. Un Palahniuk sobresaliente. La dedicatoria anuncia de qué va la cosa, la portada lo encubre y delata. La dedicatoria dice "Para Geoff, que decía: "Esto va de robar drogas". Y para Ina, que decía: "Esto es perfilador de labios". Y para Janet, que decía: "Esto es crep georgette". Y para Patricia, mi editora, que seguía diciendo: "Esto no tiene suficiente calidad". La cubierta muestra un dibujo torpe, como los que imaginamos tatuados en los brazos de un presidiario de hace bastantes décadas. Una reina de la belleza salpicada de brusca sangre. Si damos la vuelta al dibujo (véase la ilustración), la identidad cambia, y es ahora un cabizbajo y burlado bufón. O algo peor. 




Justamente es lo que sucede en esta novela monstruosa y desquiciada. Tan Palahniuk. Que las identidades, los géneros, cambian, y cambia el orden de los episodios, tal como su narradora avisa ya en el segundo capítulo: 


"No esperéis que esta sea una de esas historias que dicen: y luego, y luego, y luego.

Lo que ocurre se parecerá más a una revista de moda, al caos de Vogue o de Glamour, con numeración en cada segunda o quinta o tercera página. Caerán bolsitas de perfume, y mujeres desnudas a toda página surgirán de la nada para venderos maquillaje.

No busquéis un índice, enterrado, como suele ocurrir en las revistas, a veinte páginas de la portada. No busquéis nada en absoluto. Tampoco existe una pauta real para nada. Las historias empiezan y, tres párrafos después:

Saltan a una página cualquiera.

Y vuelven a saltar.

Serán diez mil separatas de moda que se mezclan y combinan para crear acaso cinco trajes elegantes. Un millón de complementos de moda, de pañuelos y cinturones, de zapatos, sombreros y guantes, pero sin ropa de verdad con la que combinarlos. 

Y de verdad que tenéis que acostumbraros a esa sensación, aquí, en la autopista, en el trabajo, en vuestro matrimonio. Así es el mundo en que vivimos. Dejaos llevar por los impulsos."

Si el lector decide dejarse llevar por el impulso, no abandonar demasiado pronto la caótica lectura, la experiencia será perturbadora y gratificante. Seguirá la peripecia de una chica hermosa, prometedora en su carrera de modelo publicitaria recién iniciada, a la que un disparo recibido en pleno rostro dejará desfigurada y muda para siempre. Una transexual en plena transformación, Brandy Alexander, enganchada a hormonas, fármacos y otras drogas, le ofrece complicidad y apoyo, y un plan criminal que incluye una venganza y el secuestro del novio de la protagonista. A partir de ahí, nada, nada, nada, será lo que parece. El juego visual de la portada se convierte en lo que hay dentro del libro. Que con el estilo entrecortado de siempre es puro y gozoso Palahniuk. Y con una alta, indudable, mentirosa, calidad. 

jueves, 21 de agosto de 2014

Lecturas: Al desnudo (Chuck Palahniuk)

De Palahniuk llevo devoradas unas cuantas novelas. Ocho antes de la que aquí reseño. No es la mejor de ellas. Incluso afirmaría que ni siquiera es buena. Porque es una especie de "El crepúsculo de los dioses" de Billy Wilder desde la macabra imaginación de Palahniuk. Desde la vejez, camuflada bajo cirugías y cosméticos, de una estrella de cine (un personaje ficticio, Katherine Kenton, cuyo nivel de esplendor llegó al de Gloria Swanson o Greta Garbo), asistimos a la sucesión de disímiles maridos y amantes hasta que da con el galán Webster Carlton Westward III, entre cuyas posesiones encuentra la celosa secretaria y hasta ama de llaves de la diva, Hazie Coogan, unas inconvenientes memorias íntimas, carnales, en las que se narra la muerte accidental de Kenton. A partir de este hallazgo, la narradora y secretaria se pondrá en marcha, junto a Kenton, por cambiar el destino. El final, como sucede en Palahniuk, no será previsible y será cruel. Por medio, una agotadora sucesión de nombre en negrita, a la usanza de las columnas de cotilleos, y una sensación incómoda de hartazgo y cansancio. Poco más, y nada menos.


jueves, 14 de noviembre de 2013

Lecturas: La sociedad Juliette (Sasha Grey)

O lo que es lo mismo, la morena que prefería por encima de todas el chino vasco (quien reconozca que ve televisión sabrá de qué, de quién hablo). Y también lo sabrá quien reconozca otras debilidades y no diga "ah, sí, la actriz de Entourage, dirimida por Steven Soderbergh y repescada por el astuto, y siempre torpe con la taquilla Nacho Vigalondo, el antisemita y bocazas e intoxicado Vigalondo, que desde aquel corto musical no ha terminado de dar con la tecla. Sí, es todo eso Sasha Grey, pero los vídeos que de ella se encuentran en la red son del género que nadie reconoce ver. Dicho esto, uno, que había leído una crítica vibrante (e incluso vibratoria) y amarga de su primer libro, y que en una entrevista promocional del libro que nos ocupa nombraba a Chuck Palahniuk (que sí, que es fácil de copiar e imitar pero sus libros son una debilidad mía, una de tantas) y ahí voy, me lanzo, lo compro como quien compra condones sin añadir aspirinas. Y lo leo. Malo, aburrido, desaprovechado. Grey pone ganas, pero escribe rápido, sin saber si la historia que va a contar se sostiene sin un armazón sólido que falta. Sin un estilo propio que está a mucha distancia de estar cerca del de Palahniuk. La sordidez de los clubs de sexo duro (¿existe blando?) y tumultuoso, ese mundo de contraseñas, identidades ocultas y libertinaje ni atrae ni interesa. No da para una novela, sino para un cuento. No para un largometraje sino para un vídeo de seis minutos. De esos en los que Sasha Grey convence más que aquí. Una pena.