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sábado, 29 de enero de 2022

Lecturas: Sabato. El escritor metafísico (Pablo Morosi y Sandra di Luca)


 Se hace raro leer una biografía de alguien que uno ha conocido de cerca y comprobar que el personaje, la persona, era justamente como sale en esas páginas y descubrir algunos detalles que no conocía. Morosi y di Luca han hecho una excelente investigación, sin rehuir las contradicciones tan propias de Sabato y los años oscuros en que ya había perdido, el pobre, la cabeza y fue manejado por algunos desaprensivos. Yo fui una de las fuentes para escribir esta biografía, y puedo dar fe de lo minucioso y crítico que Morosi fue. Tanto que una de las historias que podía haber incluido y de la que la única fuente era yo, la dejó fuera al no poder contrastarla, por atractiva que la historia fuera (el lector curioso encontrará esa historia de amor insatisfecho con Ulrike von Kü
hlman en otras entradas de este blog), lo que por mi parte me parece óptimo. Desde la imparcialidad, Mori y di Luca entran en las múltiples facetas de uno de los más populares y controvertidos escritores argentinos. En su capítulo, de título bien elegido, "Ojos que no ven" entran en ese momento en que la ceguera interfiere en su vida y en que juega a ver y no ver, a nadar y guardar la ropa, pero también al chapuzón vestido, de los años de la dictadura militar de Videla. Y se descubre cómo se dejó manejar y mimar por el malhadado matrimonio Kirchner y dejó empeñar su buen nombre, ya a título póstumo, con una fundación con su nombre regida por su última compañera (no esposa, ojo, lectores españoles) que entrará en conflicto con el museo en el que su hijo y nietos convirtieron la humilde casa de Santos Lugares (mi pueblo, mi barrio, en Argentina) que son los que, son duda, tienen la razón y el honor. Ciertos rasgos y detalles que Morosi y di Luca señalan como transmitidos por los más íntimos del autor me han servido para comprender que, tras cuantos años, yo también lo fui. Quien quiera saber cómo fue Sabato y su vida, que no busque más: aquí está, en esta biografía certera y bien documentada.



sábado, 30 de noviembre de 2019

Lecturas: Una muñeca rusa / El lado de la sombra (Adolfo Bioy Casares)

Pobre Bioy, a la sombra siempre de Borges. Quizás el mayor estilista de la prosa argentina de su siglo, pero detrás de Borges. Autor de obras maestras indiscutibles (El sueño de los héroes, de 1954, y en diferente medida La invención de Morel, de 1940, y Dormir al sol, de 1973), es en los relatos donde se permite una dicción peculiar, de frases rotundas, descripciones sencillas pero contundentes. Algo así, y disculpen la comparación desacertada, como si fuera Palahniuk habiendo pasado por colegios caros. En esta ocasión, el volumen recoge dos colecciones de relatos: Una muñeca rusa (1991) seguida de El lado de la sombra (1962). Los de Una muñeca rusa se leen con cierta desgana. con ideas brillantes que no terminan de encontrar la redondez que se puede esperar de Bioy. En El lado de la sombra hay un relato, Cavar un foso digno de la más exigente antología del relato criminal. Esa veintena de páginas bastan para salvar el volumen y garantizarle una segunda lectura en un porvenir lejano.


jueves, 26 de abril de 2018

Lecturas: Memorias tergiversadas (Jorge Asís)

Con lo que a mí me ha gustado Jorge Asís.

Con esa frase solitaria bastaría para dejar terminada esta reseña brevísima. De él hay libros (el inevitable Flores robadas en los jardines de Quilmes, el amargo y suburbial Carne picada, incluso el discutible Partes de inteligencia) que me han gustado mucho. Y he aquí que doy con sus memorias y en él no cuenta nada interesante. Por mucho que haya por medio su descrédito por haber sido un autor de éxito, su connivencia con el menemismo con prebendas y cargos públicos, su aventura política (peronista) en la que optó a optar a la vicepresidencia de la nación, por mucho que llene páginas y al final introduzca de matute algunos relatos innecesarios, no hay en este libro nada que lo haga recomendable. De Néstor Kirchner se limita a llamarlo "Notable constructor de poder. Líder de culto y fenómeno delictivo. Al mismo tiempo". A Menem lo nombra, pero poco más. A Sabato también, reconociendo algún café y que le caía bien. Algún fragmento memorable, sólo uno, cuando recuerda una entrevista con público:

Lo primero que le preguntaron fue si en la Argentina se registraba un “genocidio cultural”.

Para la sinopsis, carece de sentido enredarse en la dilucidación. Si existió aquel genocidio o no. Aquí se equivocó.

“Hubo represión política, hubo violencia, asesinatos desde el poder y hacia el poder, pero hablar de genocidio cultural es, a mi criterio, una exageración.”

“Peor que un exceso, se trata de un error”, dijo. Giro que utilizó una vez el admirado marqués de Talleyrand y prefirió hacerlo propio.

“En Argentina la gente aún leía libros, iba al cine, festejaba campeonatos de fútbol, hacía el amor, se expandía asombrosamente el adulterio, las librerías estaban abiertas, en cualquier subte se encontraba algún joven con un libro de bolsillo de Chejov. Y abundan los vernissages siempre bien regados, como corresponde, con pintura relativamente interesante. Claro que hay presos, en cantidad, pero Buenos Aires dista de ser un enorme campo de concentración con puestos de torturas en las esquinas.”

Dijo. Cuando para seducir debía asegurar que era un enorme campo de concentración. Aunque le costara volver.

Aparte de esto, nada. Poco. Minucias. Pérdida de tiempo. De tinta.