Mostrando entradas con la etiqueta literatura argentina. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta literatura argentina. Mostrar todas las entradas
sábado, 29 de enero de 2022
Lecturas: Sabato. El escritor metafísico (Pablo Morosi y Sandra di Luca)
sábado, 30 de noviembre de 2019
Lecturas: Una muñeca rusa / El lado de la sombra (Adolfo Bioy Casares)
Pobre Bioy, a la sombra siempre de Borges. Quizás el mayor estilista de la prosa argentina de su siglo, pero detrás de Borges. Autor de obras maestras indiscutibles (El sueño de los héroes, de 1954, y en diferente medida La invención de Morel, de 1940, y Dormir al sol, de 1973), es en los relatos donde se permite una dicción peculiar, de frases rotundas, descripciones sencillas pero contundentes. Algo así, y disculpen la comparación desacertada, como si fuera Palahniuk habiendo pasado por colegios caros. En esta ocasión, el volumen recoge dos colecciones de relatos: Una muñeca rusa (1991) seguida de El lado de la sombra (1962). Los de Una muñeca rusa se leen con cierta desgana. con ideas brillantes que no terminan de encontrar la redondez que se puede esperar de Bioy. En El lado de la sombra hay un relato, Cavar un foso digno de la más exigente antología del relato criminal. Esa veintena de páginas bastan para salvar el volumen y garantizarle una segunda lectura en un porvenir lejano.
jueves, 26 de abril de 2018
Lecturas: Memorias tergiversadas (Jorge Asís)
Con lo que a mí me ha gustado Jorge Asís.
Con esa frase solitaria bastaría para dejar terminada esta reseña brevísima. De él hay libros (el inevitable Flores robadas en los jardines de Quilmes, el amargo y suburbial Carne picada, incluso el discutible Partes de inteligencia) que me han gustado mucho. Y he aquí que doy con sus memorias y en él no cuenta nada interesante. Por mucho que haya por medio su descrédito por haber sido un autor de éxito, su connivencia con el menemismo con prebendas y cargos públicos, su aventura política (peronista) en la que optó a optar a la vicepresidencia de la nación, por mucho que llene páginas y al final introduzca de matute algunos relatos innecesarios, no hay en este libro nada que lo haga recomendable. De Néstor Kirchner se limita a llamarlo "Notable constructor de poder. Líder de culto y fenómeno delictivo. Al mismo tiempo". A Menem lo nombra, pero poco más. A Sabato también, reconociendo algún café y que le caía bien. Algún fragmento memorable, sólo uno, cuando recuerda una entrevista con público:
Lo primero que le preguntaron fue si en la Argentina se registraba un “genocidio cultural”.
Para la sinopsis, carece de sentido enredarse en la dilucidación. Si existió aquel genocidio o no. Aquí se equivocó.
“Hubo represión política, hubo violencia, asesinatos desde el poder y hacia el poder, pero hablar de genocidio cultural es, a mi criterio, una exageración.”
“Peor que un exceso, se trata de un error”, dijo. Giro que utilizó una vez el admirado marqués de Talleyrand y prefirió hacerlo propio.
“En Argentina la gente aún leía libros, iba al cine, festejaba campeonatos de fútbol, hacía el amor, se expandía asombrosamente el adulterio, las librerías estaban abiertas, en cualquier subte se encontraba algún joven con un libro de bolsillo de Chejov. Y abundan los vernissages siempre bien regados, como corresponde, con pintura relativamente interesante. Claro que hay presos, en cantidad, pero Buenos Aires dista de ser un enorme campo de concentración con puestos de torturas en las esquinas.”
Dijo. Cuando para seducir debía asegurar que era un enorme campo de concentración. Aunque le costara volver.
Aparte de esto, nada. Poco. Minucias. Pérdida de tiempo. De tinta.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

