domingo, 5 de abril de 2026
Lecturas Diario secreto de José Antonio (José Antonio Martín Otín)
jueves, 31 de marzo de 2022
Lecturas: Falange y literatura (José Carlos Mainer)
Frente a la torpeza furiosa e inquisitorial de Julio Rodríguez Puértolas, con su Literatura fascista española, escrita casi con un fusil en mano (no de soldado, sino de chequista), este libro de Mainer es pura mesura y método filológico puro (Rodríguez Puértolas no intentaba hacer historia literaria, sino política y partidista). Mainer no ataca, no condena. Mira a los autores que en su tiempo fueron miembros de Falange, recopila sus escritos, los selecciona, y nos brinda una brillante antología temática con excelentes introducciones a cada uno de esos ejes, y también traza un panorama general de la cuestión para comenzar el volumen.
A través de las ocho secciones de la antología (Los precursores, Memorias generacionales, La guerra y los héroes, Crisis, Nuevos caminos para el arte, La nostalgia de la Historia, La nostalgia burguesa y Los caminos del humor y la fantasía), desfilan (al paso alegre de la paz) autores olvidados y otros que merecían permanecer y son hoy acaso lectura de buscadores de rarezas, o puede que de nostálgicos. Hablo de Agustín de Foxá, del enervante Ernesto Giménez Caballero, Rafael Sánchez Mazas, Rafael García Serrano, Gonzalo Torrente Ballester (quizás el que mejor sobrevivió a su época), Julián Ayesta y, siempre, siempre, siempre, Dionisio Ridruejo, a quien su disidencia ha salvado del infierno. Quien quiera encontrar una prosa perfecta y afilada, vaya a las páginas del Eugenio de García Serrano, quien busque poemas hondos y casi eternos, ahí tiene a Ridruejo o la ligereza lírica, rica en recursos y riquísima en sugerencias, de Foxá, de quien su poema El coche de caballos es una obra maestra de sensaciones y nostalgia.
Juzguen, y sobre todo, disfruten:
Un coche de caballos, lento, hacia el horizonte;
landó viejo y violeta, de caballos canela,
y en él, mi niñez triste, mirando las acacias
y los escaparates de antiguas primaveras.
Brisa en sus ventanillas y entierros bajo lluvia;
en mis manos de niño, alguna vez, las riendas,
dando a las frentes toscas de los pobres caballos
las nociones, difíciles, de derecha a izquierda.
Yo os evoco, paseos de la Casa de Campo.
Penumbras de eucaliptus, y el auto de la Reina,
del radiador dorado, cruzando silencioso;
los neumáticos blancos, dorados de hojas secas.
Y el Rey siempre de luto; lacayos; las infantas,
en fondos de Velázquez, con un mirar de inglesas;
y aquella concha rosa, con venas de arco iris,
donde bebía el agua después de la merienda.
En la Casa de Vacas, cubos llenos de espuma.
Al fondo, la casilla blanca de la guardesa,
con patos y cabras, y un vendaval de expresos,
verdes de madrugada, en sus enredaderas.
Mis hermanos ponían soldaditos de plomo
en las vías heladas, alfileres, monedas,
y el tren los laminaba, corriendo hacia unas olas
que en mi niñez de Duero imaginaba quietas.
Lagartija en el yeso de las tapias y cardos.
En el Tiro sonaban lejanas escopetas
de Marqueses, y a veces un pichón moribundo,
macizo por los plomos, volaba con tristeza.
Desde el coche veía, peonando, a los faisanes,
con la sangre enjoyada por cacerías regias,
y, allá, en las «Garavitas», entre tomillos tenues
el sol de los insectos rosaba el agua fresca.
Mi padre me contaba la historia de Don Álvaro
o el drama de Cyrano, cuando íbamos de vuelta
hacia un Madrid, caliente de acacias y faroles,
cuesta de San Vicente; jardín con centinelas.
En la plaza de Oriente, fuego en los miradores,
niños en cochecitos de burros con banderas,
y el golfo que encendía al coche los faroles
y al fondo el Real, guardando sus palcos en la niebla.
¡Oh coche de caballos de mis primeros años!
cuando aún no conocía ni el mar ni la belleza,
que cruzas mi nostalgia, trotando eternamente
con un olor de parque dormido entre las ruedas.
¿Dónde estarán tus hierros? ¿En qué plaza de toros
o en qué noria murieron tus caballos canela?
¿Y dónde está aquel niño de comunión y de oro
que hoy, en mi sangre de hombre, como un fantasma juega?
Agustín de Foxá
viernes, 30 de abril de 2021
Lecturas: Las últimas horas de José Antonio (José María Zavala)
Ya en estas páginas he comentado otros títulos del meritorio investigador José María Zavala. éste no es el mejor, por mucho que en la cubierta se añada como subtítulo que es El libro definitivo sobre la muerte del fundador de Falange Española y en otro lugar se incluya el elogio de Stanley G. Payne: El estudio más completo sobre el proceso y la ejecución de José Antonio. Los documentos inéditos descubiertos por Zavala constituyen una aportación fundamental e indispensable para conocer las últimas horas de vida del líder de Falange. Pues vale. Pero no es así: el relato más esclarecedor lo hizo Zavala en La pasión de José Antonio (2011) y en esa minuciosa descripción de crímenes que tituló Los expedientes secretos de la Guerra Civil (2016). Aquí, la aportación fundamental consiste en transcribir documentos referidos a los verdugos y responsables del tribunal. Pero de lo que es Alicante, paredón y después, no aporta nada nuevo, prefiriendo perderse no por las últimas horas del fundador de Falange, sino por la biografía de los personajuchos que lo llevaron a la muerte. Y una torpe disgresión (no porque no sea cierta, sino porque este libro no era el lugar) acerca de la salida del Oro de Moscú para llegar a la conclusión, cuestionable, de que la muerte de José Antonio era parte de un chantaje de Stalin a cambio de su silencio de cómo había llegado, sin garantía alguna de devolución, de la riqueza de España. Con la anuencia siempre de Largo Caballero, aquel canalla que quiere absolver y hasta vindicar la izquierda actual.
Si alguna imagen nueva se lleva el lector es la de un testimonio aterrador de un testigo que muestra a Primo de Rivera herido en las piernas tras las ráfagas, caído entre la sangre propia y de sus cuatro compañeros de paredón, en silencio y sin quejarse pero consciente, mientras con los ojos sigue los movimientos de quien con una pistola busca su nuca para aplicarle el tiro de gracia.
Quien busque realmente lo que el título de esta entrega de Zavala, lo deberá buscar en los otros títulos. En éste sólo podrá completar, con interesantes documentos inéditos, lo que sucedió en aquel casi amanecer de noviembre.
viernes, 31 de enero de 2020
Lecturas: Eugenio o Proclamación de la Primavera (Rafael García Serrano)
lunes, 9 de abril de 2018
Lecturas: José Antonio. Realidad y mito (Joan Maria Thomás)
domingo, 21 de junio de 2015
Lecturas: Historia de la literatura fascista española (Julio Rodríguez Puértolas)
donde mandaban Prieto y don Lenin
Eran en aquel Madrid de la cochambre, de Largo Caballero y de Negrin.
Era en aquel Madrid de milicianos, de hoces y de martillos y soviet.
Era en aquel Madrid de puño en alto, donde gritaban ¡No pasarán!).
¡No pasarán!
decian los marxistas.
¡No pasarán!
gritaban por las calles.
¡No pasarán!,
se oia a todas por plazas y plazuelas con voces miserables.
Ya hemos pasao!!
y estamos en las cavas
Ya hemos pasao !!
con alma y corazón
Ya hemos pasao!!
y estamos esperando pa ver caer la porra de la gobernación.
Este Madrid es hoy de Yugo y flechas, es sonriente, alegre y juvenil.
Este Madrid es hoy brazos en alto, y sigos de facheza, cual nuevo Abríl.
Este Madrid es hoy de la Falange, siempre garboso y lleno de cuplés.
A este Madrid que cree en la paloma,(...)
Ya hemos pasao !!,
decimos los facciosos,
ya hemos pasao !!
gritamos los rebeldes
ya hemos pasao!!,
y estamos en el prado mirando frente a frente a la señá Cibeles.
No pasarán,
la burla cruel y el reto
No pasarán,
pasquines en las paredes
No pasarán,
gritaban por el micro, chillaban en la prensa y en todos los papeles.
¡ No pasarán !
jajajaja!!
¡¡ YA HEMOS PASAO !!















