martes, 28 de abril de 2026

Lecturas: La Torre Oscura. La Torre Oscura VII (Stephen King)

Que te zurzan, Stephen King, genio imbécil, que te quedes con las ganas a la vez de que te aplaudamos babeantes o que hasta el copete de tanta página innecesaria decidamos dedicarnos a otro autor y dejarte con un público de orates capaz de tragarse cualquier cosa. Porque no haré ni una cosa ni otra. Seguiré leyendo tus libros sabedor de que no serán tan malos como este, como estos siete. 

¿Recuerdan lo del viaje y las alforjas? Pues bien, este camino no es el del Quijote, ni el niñato Roland de Gilead es el adorable loco cervantino. Ni la Torre es Ítaca. Esta llegada a destino es más un alivio porque todo lo malo se acaba tras malgastar demasiadas horas y demasiada voluntad malversada y recorrer varios miles de páginas para quedarme con cara de bobo. El western sobrenatural mezclado con aromillas medievales y fantasía de saldo no es una buena idea. El ka-tet es una idiotez, el bilibrambo dan ganas de llevarlo a la perrera más cutre para que lo duerman, y Roland y su pandilla no deberían haber salido de su casa. Con lo bien que se está en pantuflas narcotizándose con Netflix. Joder. 


El final de
La Torre Oscura tiene la lógica aplastante de todo lo que no tiene ninguna lógica y se disfraza de profundidad. Roland llega. Eso es lo que ocurre. Roland llega y uno entiende que todo ha sido un círculo, que la obsesión del pistolero es también la del autor, que King lleva décadas escribiendo el mismo libro sin terminar de escribirlo y uno piensa que tanta coca y alcohol de los malos años tienen estas consecuencias. Pero tal vez sea que es el viaje y no el destino, era lo único que importa. Lo único que importaba a King. Esto hubiera sido aceptable si el viaje hubiera merecido más la pena. Las alforjas, ya saben. 

Si los siete volúmenes fueran siete razones para seguir, y no seis formas distintas de la misma bobada (salvo el volumen dos, con todo) y un soberano troleo de ver, Catilina, hasta dónde puede abusar de nuestra paciencia tan generosa y tan baldía. 

No me importa hacer espoiler. No he venido a hacer amigos ni a animar a otros lectores. Cuento cómo me ha ido con la lectura, no a diseccionar ni defender libros. Eddie muere. Jake muere. Acho muere, o casi. Susannah se va. Y Roland sigue, porque Roland siempre sigue el muy cansino. Qué alivio haber terminado. Qué extraña nostalgia, ya, de todo lo que pudo ser esta serie. 

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