miércoles, 7 de enero de 2026

Lecturas: Febrero de 1933: El invierno de la literatura (Uwe Wittstock)

Saber que el día del nacimiento de mi amado padre, el 17 de febrero de 1933, sería el marco temporal de uno de los capítulos de este libro, me decidió a la compra y a la lectura. Esta vez no se trataba de un enjundioso estudio de cómo la noche se instalaba sobre Alemania, de cómo la República de Weimar se convertía en Tercer Reich. Esta vez se trata de una crónica, casi día por día, de cómo el nazismo triunfante condicionaba la vida y el destino de un buen puñado de escritores alemanes como Thomas Mann, su hermano Heinrich, sus hijos Erika y Klaus, o Alfred Döblin, Else Lasker-Schüler, Bertolt Brecht, Willi Münzenberg, Joseph Roth o el nazi Hanns Johst. Pero no se habla, o al menos no lo recuerdo, del politólogo Carl Schmitt, el filósofo Martin Heidegger o Ernst Jünger. Desde la inquietud del Baile de la Prensa el sábado 28 de enero, el asombro por la juramentación de Hitler como canciller el lunes 30 de enero con el desfile nocturno de antorchas, o el incendio del Reuichstag el 27 de febrero, el libro avanza, hasta concluir el 15 de marzo, haciendo sentir al lector cómo aquella dictadura se afianzó con mayor rapidez de lo que suponíamos, con un jefe de gobierno elegido por la mayoría de sufragios que en un mes, y con la aquiescencia del jefe del estado, Hindenburg, a través de la firma al día siguiente del incendio del “Decreto del Presidente del Reich para la Protección del Pueblo y del Estado”, aprobado por presión de Hitler, dejaba sin efecto los principales derechos y permitía detener a todo individuo disconforme con el régimen e instituyendo legalmente la dictadura.



El libro de Wittstock es casi una novela de no ficción, cargada de dramatismo y que deja al lector con la incómoda sensación de estar mirando un espejo del porvenir. Febrero de 1933 es cuando “todo sucedió en un instante” y el destino de los escritores alemanes quedó sellado en pocas semanas. Nos encontramos en estas páginas con un calendario del abismo: cada jornada trae nuevas detenciones, huidas precipitadas, traiciones discretas en cafés literarios y silencios atronadores en los periódicos. Cuando se pasó “de la brillante escena literaria de la República de Weimar a un largo y oscuro invierno”. Tras cada capítulo, cada página de calendario, en los que se va siguiendo a dos o tres autores en cada fecha concreta, se incluye casi telegráficamente el balance de cada jornada: tiroteos, palizas, heridos y muertes de uno y otro lado, un clima de violencia y agitación, de provocaciones insensatas, que hiela la sangre.

​Como sostiene Wittstock, “para destruir la democracia, los antidemócratas no necesitaron más tiempo que el que duran unas vacaciones”. Felices vacaciones a todos, es decir.

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