miércoles, 7 de enero de 2026

Lecturas: Los mitos chinos: Una guía de sus dioses y leyendas (Tao Tau Liu)

Amo China. Al menos un trocito, hermosísimo, de ella: Macao. La gran aportación de 2025 a mi biografía ha sido mi confirmación católica. De no hubiera sido por ese renacimiento (re-nacimiento), hubiera sido el doble viaje a Macao. Allí he ido a misas en portugués, pero también he visitado diminutos templos dedicados a dioses de China. De ahí que este volumen de Tao Tau Liu me haya acompañado en uno de esos viajes. No es gran cosa, pero es útil. Se trata de un libro de divulgación mitológica con tono accesible sobre una tradición milenaria. Es una lectura ideal tanto para quien se acerca por primera vez a los mitos chinos como para quien busca un manual claro y bien estructurado para tener siempre a mano. El libro recorre los grandes relatos de la mitología china, desde historias de creación del mundo hasta leyendas asociadas a festivales del calendario lunar. Sitúa dioses, héroes y criaturas en su contexto cultural, mostrando cómo siguen presentes en celebraciones actuales como el Yuanxiao o el Año Nuevo. A lo largo de sus capítulos, el volumen presenta episodios y personajes emblemáticos, pero evita el tono académico denso y opta por una narración clara, sencilla, casi oral. La sensación es la de estar escuchando a alguien que conoce muy bien estas historias y sabe cómo contarlas sin que se pierda el hilo. El libro se organiza como una guía , con secciones que permiten consultar rápidamente personajes y leyendas, algo muy práctico para lectura fragmentaria. Cada apartado combina síntesis del mito con apuntes sobre simbolismo, lo que ayuda a entender por qué esos relatos han perdurado. El estilo es directo, sin jerga académica, y apuesta por explicaciones breves que no dan por supuesto ningún conocimiento previo. Se percibe un esfuerzo por mantener el equilibrio entre lo informativo y lo sugerente, sin caer en la simplificación infantil. Uno de los aciertos del libro, además de las ilustraciones encantadoras y la consistencia física del mismo como objeto, es conectar los mitos con la vida cotidiana de la China actual, subrayando cómo los festivales siguen guiándose por el calendario lunar. Esa conexión convierte la lectura en una puerta de entrada no sólo a los relatos antiguos, sino también a prácticas actuales. Al mostrar cómo determinadas fiestas, rituales y símbolos derivados de narraciones ancestrales, el volumen funciona también como una introducción a la mentalidad y la imaginación colectiva chinas. 




Lecturas: Febrero de 1933: El invierno de la literatura (Uwe Wittstock)

Saber que el día del nacimiento de mi amado padre, el 17 de febrero de 1933, sería el marco temporal de uno de los capítulos de este libro, me decidió a la compra y a la lectura. Esta vez no se trataba de un enjundioso estudio de cómo la noche se instalaba sobre Alemania, de cómo la República de Weimar se convertía en Tercer Reich. Esta vez se trata de una crónica, casi día por día, de cómo el nazismo triunfante condicionaba la vida y el destino de un buen puñado de escritores alemanes como Thomas Mann, su hermano Heinrich, sus hijos Erika y Klaus, o Alfred Döblin, Else Lasker-Schüler, Bertolt Brecht, Willi Münzenberg, Joseph Roth o el nazi Hanns Johst. Pero no se habla, o al menos no lo recuerdo, del politólogo Carl Schmitt, el filósofo Martin Heidegger o Ernst Jünger. Desde la inquietud del Baile de la Prensa el sábado 28 de enero, el asombro por la juramentación de Hitler como canciller el lunes 30 de enero con el desfile nocturno de antorchas, o el incendio del Reuichstag el 27 de febrero, el libro avanza, hasta concluir el 15 de marzo, haciendo sentir al lector cómo aquella dictadura se afianzó con mayor rapidez de lo que suponíamos, con un jefe de gobierno elegido por la mayoría de sufragios que en un mes, y con la aquiescencia del jefe del estado, Hindenburg, a través de la firma al día siguiente del incendio del “Decreto del Presidente del Reich para la Protección del Pueblo y del Estado”, aprobado por presión de Hitler, dejaba sin efecto los principales derechos y permitía detener a todo individuo disconforme con el régimen e instituyendo legalmente la dictadura.



El libro de Wittstock es casi una novela de no ficción, cargada de dramatismo y que deja al lector con la incómoda sensación de estar mirando un espejo del porvenir. Febrero de 1933 es cuando “todo sucedió en un instante” y el destino de los escritores alemanes quedó sellado en pocas semanas. Nos encontramos en estas páginas con un calendario del abismo: cada jornada trae nuevas detenciones, huidas precipitadas, traiciones discretas en cafés literarios y silencios atronadores en los periódicos. Cuando se pasó “de la brillante escena literaria de la República de Weimar a un largo y oscuro invierno”. Tras cada capítulo, cada página de calendario, en los que se va siguiendo a dos o tres autores en cada fecha concreta, se incluye casi telegráficamente el balance de cada jornada: tiroteos, palizas, heridos y muertes de uno y otro lado, un clima de violencia y agitación, de provocaciones insensatas, que hiela la sangre.

​Como sostiene Wittstock, “para destruir la democracia, los antidemócratas no necesitaron más tiempo que el que duran unas vacaciones”. Felices vacaciones a todos, es decir.

Lecturas: Capitán veneno. Aguilera Munro: oficial de prensa de Franco (Álvaro Corazón Rural)

Por completo desconocía yo quién fue Gonzalo Aguilera Munro, un aristócrata salmantino y oficial de prensa del bando franquista que tras unos meses de histriónica participación en la Guerra Civil pastoreando corresponsales devino, al final de su vida, en filicida. Un personaje extremo y desagradable al que Corazón Rural se enfrenta con modélica paciencia, señalando siempre que es necesario los defectos y las taras del personaje pero sin convertirse en juez.

El eje del libro es la trayectoria de Aguilera Munro como oficial de prensa durante la Guerra Civil, responsable de acompañar a corresponsales extranjeros por el frente, organizar entrevistas e intentar controlar la narrativa internacional del conflicto. El autor se detiene tanto en su papel propagandístico a través de amenazas a periodistas, manipulaciones y discursos de odio como, ya en las páginas finales, en la progresiva deriva personal que desemboca en el crimen familiar y su internamiento psiquiátrico.



​Se presenta a Aguilera Munro como un aristócrata anticlerical, clasista, enemigo de la tauromaquia y entusiasta de la eugenesia, cuyo estilo se caracteriza por la verborrea violenta y el exabrupto sistemático. Esta personalidad se proyecta en la imagen de un oficial que fascina y atemoriza a los periodistas a iguales partes, y que anticipa el tipo de discurso hiperbólico y agresivo que hoy circularía con facilidad en redes sociales de extrema derecha (según el autor, que torticeramente omite que también en la extrema izquierda aparece esa misma  agresividad amenazante).

Con todo, es un libro interesante, más por la fascinación del personaje, sin dejar de ser odioso, y más aún tras el asesinato de sus dos hijos ya en 1964, que por los méritos de Corazón Rural, que llega a cansar con sus comparaciones  con el momento político actual.