miércoles, 27 de febrero de 2019

Lecturas: Zaragoza. Episodios Nacionales, 6 (Benito Pérez Galdós)

En el recuerdo era bueno pero en la relectura es mejor. Del mismo modo que era flojo Napoleón en Chamartín, que es excelente, y era excelente en la memoria Gerona, que será el próximo título en reseñar, cuando desmerece un tanto ahora. Zaragoza tiene todo lo que se espera de un Episodio Nacional, una adecuada y vívida descripción de los hechos históricos. Narrados con estilo y con ganas, y con buenos personajes. Todo ello lo hay aquí. No en vano, en los billetes de 1000 pesetas dedicados a Galdós se incluía una brevísima cita de este libro, en la caligrafía de Galdós, que sólo recordaremos los que hemos mirado mucho por el dinero: y entre los muertos, siempre habrá una lengua viva para decir que Zaragoza no se rinde. Tal cual. La cita merece su mención más extensa:   La reducirán a polvo: de sus históricas casas no quedará ladrillo sobre ladrillo; caerán sus cien templos; su suelo abrirse vomitando llamas; y lanzados al aire los cimientos, caerán las tejas al fondo de los pozos; pero entre los escombros y entre los muertos habrá siempre una lengua viva para decir que Zaragoza no se rinde


Este aire épico, apocalíptico, nutre todo el libro, de forma que se percibe Zaragoza como otra Stalingrado. Una ciudad sin fortificaciones dignas que soportó dos asedios, dos sitios, y que sólo se rindió cuando los franceses sólo podían entrar sin más, agotados los defensores y muertos tantos de ellos. Fueron 1000 soldados españoles, reforzados con 7.800 civiles constituidos en milicias frente a 13.000 soldados franceses. Se calculan en 10.000 las bajas francesas. De los 58.873 vecinos censados antes del primer sitio, se pasó a 12.000 tras la caída de la ciudad. En los días finales, entre 400 y 500 personas morían por hambre y enfermedad cada jornada. En un excelente estudio, Las heridas de guerra y las infecciones durante los Sitios de Zaragoza, 1808-1809, Luis Alfonso Arcarazo García da unos datos finales: En el Segundo Sitio de Zaragoza se calcula que murieron dentro de la ciudad 53.873 personas, a partes iguales entre civiles y militares, de los cuales 47.782 fallecieron a causa del tifus exantemático, mientras que en combate sólo se contabilizaron 6.055 bajas. Cuando los franceses ocuparon la ciudad encontraron a unos 13.000 enfermos ingresados en los hospitales, muchos de los cuales fallecerían en días posteriores.


January Suchodolsky: El asalto de Zaragoza (1845)
Museo Nacional de Varsovia

Las calamidades de los resistentes, su lucha hasta las últimas consecuencias, la voluntad firme de plantar cara y cuerpo a los invasores, es el tema de esta novela modélica en lo patriótico y muy válida en lo literario.  Como pretexto, Galdós nos hará seguir una vez más a Gabriel de Araceli, prisionero de los franceses tras la segunda entrada de los imperiales, que consigue escapar escapar y se dirige a Zaragoza para incorporarse al ejército que se está organizando para defender la ciudad en el segundo asedio. Pronto, Gabriel cede protagonismo al joven soldado y héroe  Agustín Montoria, amigo de Gabriel, que pese a estar destinado al sacerdocio anda en amores con la joven Mariquilla, hija del avaro Candiola, remiso tanto a las relaciones de su hija como a la resistencia y a su sostenimiento económico. La fama de traidor que se ganará Candiola traerá funestas consecuencias.

Pero los amores de Mariquilla y Gabriel al menos sirven para acallar los de Gabriel e Inés. Lo que no es poco. En definitiva, una excelente lectura y relectura. 

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