lunes, 2 de junio de 2014

Yo, monárquico

Hubo un tiempo, para mi vergüenza no lejano, en que fui republicano. Como también fui, o me creí, comunista. Por lo tanto, soy veterano en abominaciones. En infantilismos. Hoy los españoles hemos perdido un rey. Y estamos por tener otro que será manifiestamente mejor. Tenemos comprobado que en España (o en Alemania, Italia, Francia, Portugal o Israel) que necesitamos un Jefe del Estado. Sin adscripción política. Sin que gobierne y que sirva de dique de contención a los abusos, a los que tan dados somos, de los partidos. Alguien que represente la unidad, el equilibrio. El Estado. Lo que no me avergüenza llamar Patria. 


Hoy mozalbetes de la LOGSE y pelambre, Twitter y osadía, mueven banderas tricolores en la Puerta del Sol, la bandera de la República que significó frustración y arbitrariedad. Que pudo habernos llevado a un sistema comunista. Sin libertad. Sin alma. Que es lo que pide esta chavalería superficial e infantil, aduciendo que la Monarquía nos fue impuesta. Olvidando que la votamos dentro de la Constitución de 1978. Otra vez la furia y la idiocia de la masa, el desprecio por la Historia, por la verdad y por la inteligencia. 

Intento sosegarme. Ellos gritan "Los Borbones a los tiburones". Esas cosas. Una España dispuesta a acogotar a otra. Los argumentos (que también esgrimí y que tal vez uso ahora) de parvulario. Asco. También hacia quien fui. Incertidumbre. Y esperanza. En todo caso, ¡Viva el Rey! Y que Dios (y don Felipe VI) salve a España.

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