miércoles, 13 de enero de 2021

Lecturas: El resplandor (Stephen King)

 Su segunda novela publicada, su lanzamiento al estrellato por una película de la que abjurará tras el gran éxito de Carrie. Una obra mayor, en la que King juega a dotar de la máxima energía, la mayor tensión narrativa, a un número mínimo de elementos, de personajes. A saber: un temporal de nieve, un viejo hotel cerrado durante el invierno, un aspirante a escritor (¡cuántos escritores serán protagonistas de las ficciones de King!), su esposa, su hijo pequeño, un técnico de mantenimiento y la comparsa de un jefe borde y pragmático en el arranque del libro. Y un puñado de fantasmas o de tal vez alucinaciones, mujeres pudriéndose en bañeras, mafiosos matándose entre ellos, la adicción al alcohol pugnando por apoderarse del alma y la mente del protagonista. Con esos mimbres escasos, King logra construir una novela redonda. Que nos habla sobre la futilidad de nuestra lucha contra las obsesiones, una proclama fatalista sobre el fracaso. 



El hotel Overlook envuelve a todos los personajes desde el inicio, dejando posteriormente sola a la familia Torrance (Jack, su esposa su esposa Wendy y el hijo Danny), volviendo al rescate de lo poco que de cordura pueda quedar el técnico Hallorann. Pronto, a medida que la naturaleza imponga sus normas y el aislamiento absoluto llegue a la familia Torrance, la sinrazón, la bestia interior que todos albergamos, terminará por imponer sus normas, impregnando las historias trágicas y de violencia que el hotel contuvo en el pasado a Jack, de manera que no es que vivan rodeados de fantasmas sino que viven dentro de un fantasma que es el propio hotel Overlook. Que el repelente niño Danny y el negro Hallorann disponga del don del resplandor, una especie de mezcla de omniscencia a ráfagas y de telepatía, no serán suficientes para evitar la tragedia. La máscara de la Muerte Roja de Edgar Allan Poe y, de forma más sutil, su La Caída de la Casa Usher se encuentran detrás de esta reactualización de imposibles redenciones por parte de King.



miércoles, 23 de diciembre de 2020

Lecturas: Carrie (Stephen King)

 Es de esos amores tardíos e irracionales el de mi flechazo con King. Un tipo que se ha convertido en una marca, en un mundo que no es el de Lovecraft sino más bien el de Poe, que maneja todos los recursos de la escritura con solvencia y eficacia. Todo ello ya está en esta su primera novela, famosa inmediatamente gracias a la adaptación homónima al cine de Brian de Palma dos años después del libro. Que la novela sea de 1974 tiene su importancia para un lector actual: está construida por fragmentos de libros, informes, artículos de prensa y alguna carta, entre los que se enlaza, narrada en tercera y segunda persona, la historia de Carrie White. Telequinética. Los textos que King pergeña para articular la historia son en su mayor parte posteriores al propio libro: 1981, 1980, 1982, 1976, 1988... Los hechos a que hacen referencia al clímax de la novela, que King sitúa el 27 de mayo de 1979. Así, juega con lo que quiere hacer verosímil y la pura especulación: todo, absolutamente todo, por mucho que pretenda ser realidad, es ficción pura. 



Que trata sobre los instintos desatados hasta llevar a la destrucción de una pequeña ciudad, pero también sobre el miedo a la menstruación. Con la primera, y traumática, regla de Carrie empieza el relato y con ella bañada en sangre de cerdo se desencadena el caos. Entre medias, la madre de la protagonista encarna el fanatismo religioso en su faceta más estúpida. No nos encontramos ante una novela para pasar miedo, sino para conocer mejor los mecanismos de la ansiedad y la humillación. Que no es poco. ¿Algo más? Que es una novela extraordinaria, escrita con una apabullante madurez, insólita para alguien que sólo tenía 27 años.

jueves, 22 de octubre de 2020

Lecturas: El marqués y la esvástica. César González-Ruano y los judíos en el París ocupado (Rosa Sala Rose y Plàcid García-Planas)

¡Fascista, fascista, fascista! Corren tiempos en que cualquiera puede ser tildado de fascista. Basta con defender la primacía de las leyes o del pacto constitucional de 1978 para que la turba de comunistas (de mierda) te asalten con ese término infamante. Yo mismo, que me declaro monárquico (como lo fue el propio González-Ruano) y que participé de las quimeras imperiales (de Isabel y Fernando el espíritu impera, cantábamos ya con el general muerto marchando bajo el emblema de una cruz potenzada que era como una esvástica tímida), seguramente seré tildado de eso. No importa (que era, ay, el título del "Boletín de los días de persecución" de Falange en aquel Madrid de 1936 que por ser una República tenía que ser un dechado de cultura, paz, concordia y progreso. Pero más me vale, pedazo de fascista, dejar las ironías).



Este libro, de lectura apasionante, pretende ser, y lo es, una indagación en el lado oscuro de uno de mis autores favoritos de aquella España de bigotillos, café con leche y humo de castañas. González-Ruano, de quien la Fundación Mapfre eliminó el premio de periodismo que lo homenajeaba), es autor de unas maravillosas y ácidas memorias (Mi medio siglo se confiesa a medias) y de, entre otros muchos libros, de uno que en versos de imaginería a ratos surrealista refleja su experiencia parisina como preso de la Gestapo: Balada de Cherche-Midi).  

En la red encuentro un fragmento de esa balada de añoranza y desvelo. Copio: 

Es difícil imaginar las calles desde aquí
verlas con los oídos como ríos poblados,
difícil de pensar que mientras sueño dentro
fuera no duerme nadie todavía.
¿Desde dónde me pones hasta mi horrible noche
el telegrama urgente de tu aliento lejano?
¿Dónde estás ahora mismo ,qué voz dura de hombre
te habla mal de tu hombre y me hiere en tu oído?
¿Cómo llevas las uñas desde que no te veo?
¿Malvas ,azules,rojas?¿Descuidadas y tristes
te han crecido en la sombra cerrada de mi ausencia?
¿Rezas en los altares a los santos franceses?
¿Hablas entre los bares con negros policías
para decirles que yo puedo ser útil o ser bueno?
Cuando llega la noche, ¿dejas la puerta abierta
de la casa en que falto o te encierras con llave?
¿Abandonas tu cuerpo desnudo y solitario
entre retratos míos? ¿Oyes misa y te encuentras
a la salida del aire mío ,el aire
que viene de mi boca sucia a golpes?
Dime hasta donde llega tu cuerpo estando sola
en la cama del tiempo:
¿te tropiezas más con la Luna cuando andas
o le das la alegría de tu melena al Sol?
¿Habrás crecido ya tres meses justos
de tu anterior tamaño verdadero?
Tu voz es como un hijo nuevo y claro
que me llega al oído cuando duermo.

Pues bien, este libro escrito a dos manos, con capítulos debidos a Sala Rose y otros a García-Planas, no llega a demostrar los crímenes de González-Ruano. Aparte de la indiferencia hacia el dolor de las víctimas del nazismo, y de un palmario desprecio hacia el prójimo, la investigación intenta situar al avaricioso autor lucrándose con la muerte de refugiados judíos asesinados al llegar a Andorra. Se non è vero, ya se sabe: difamación.   



Sea como sea, es difícil mantener la admiración hacia González-Ruano, de quien tengo una quincena de títulos en mi biblioteca. Y que seguiré leyendo con placer siempre que haga abstracción de las enormidades de las que se le hace plausible sospechoso. Una condena por "inteligencia con el enemigo" por los tribunales de desnazificación franceses sirve para apoyar la condena moral de Ruano. Porque quien no crea en la culpabilidad de Ruano, que aquí no es demostrada, es, ya se sabe, un fascista. Como yo.


miércoles, 7 de octubre de 2020

Lecturas: El juego de Gerald (Stephen King)

 "...suficiente cantidad de ropa blanca como para abastecer una boutique de la cadena El Secreto de Victoria."


"...es en realidad Dana Carvey, el actor que actúa en "La dama eclesiástica" del programa Noche viva del sábado"


Esto, en la página 433 de las 451 que ocupa la novela en esta edición del libro hace que uno se vuelva a la portadilla, lea que la traducción de María Vidal y se aprenda de memoria su nombre para evitarlo siempre que se pueda, como se mira en los supermercados los estabilizantes y el azúcar añadido. En la primera cita, era obligado nombrar la marca tal cual es, Victoria's Secret. En el segundo despropósito, aquello de la noche viva es el Saturday Night Live de siempre, y decir que actúa en "La dama eclesiástica" quiere decir que su papel en el programa era el de la Church Lady. Actuar como. No actuar en. Esta estupidez (al comienzo del libro también se menciona "El Secreto de Victoria", esta incapacidad para el oficio nobilísimo de la traducción, y perdonando hasta que el somormujo que canta obsesivamente en la primera mitad del libro es en estas páginas el somorgujo (término correcto, pero minoritario frente a somormujo) sirve, decía, para que este lector pise el freno a vista del final para desahogarse en este blog. Me falta nada para culminar la lectura y aquí me tienen, criticando a María Vidal. Yo soy así. Y ella, ay, también. 

Me tomo un momento para terminar el libro.



Bien, ya está. Efectivamente, no es la mejor novela de Stephen King. Pero es un muy buen libro. Hasta la página 330 es una historias, la de una mujer, Jessie, que accede en una estancia improvisada en la casa que a orillas de un remoto lago tienen a practicar sexo con las muñecas fijadas al cabecero de la cama con unas esposas. Tras una discusión previa al hipotético coito, el marido muere. Hasta la página 330, es la historia desasosegante de la lucha por la vida y la cordura, con un episodio de abuso sexual infantil que obsesiona a la protagonista y vuelve y vuelve. A partir de entonces, nos encontramos con lo que parece un epílogo. Pero a partir de la 430, la historia da un giro y lo que habíamos creído pasa a ser muy distinto, pavorosamente distinto. 

Leer a Stephen King puede ser un placer culpable. Lo acepto. Pero le elimino el adjetivo. Domina el oficio como pocos. Es literatura popular. De género. Y qué. También el Quijote lo fue. Mañana se falla el Nobel de Literatura. King está entre los posibles laureados. Seguramente lo será alguna ignota autora comprometida y militante con lo suyo. Ojalá no. En todo caso, y con fruición casi enfermiza, seguiré leyendo al tipo raro de Maine. Al loro. 



miércoles, 30 de septiembre de 2020

Lecturas: Agente provocador. Volumen 1

Antología de ideas radicales y asombrosas. Una historia secreta de nuestro tiempo. Así reza el subtítulo de esta recopilación de entradas del blog de la revista madrileña Agente provocador. La revista es un prodigio de rarezas y de diseño sorprendente. Este volumen es un delirante recorrido por este mundo extraño desde finales del siglo XIX. 117 artículos, ilustrados, se distribuyen por secciones dedicadas a lo extraño, los sucesos españoles, las tribus urbanas, el arte, la política y el punk. Aquí y allá, personajes poco conocidos y sorpresas. Desde pioneros de la astronomía, estrellas del guiñol, predicadores enloquecidos, reliquias de santas, historietas fundamentalistas, libros bomba, brujas, naufragios, magos, neofascistas que asaltan la casa de Massiel para escribir "Beethoven sí" sobre un piano, cuplés antiracistas, Valle-Inclán a bastonazos, revueltas diversas, curas armados, un encuentro con Leopoldo María Panero, curas rockeros, subcultura soviética. Y así a lo largo de 395 páginas que se leen casi solas. Una delicia.  



domingo, 13 de septiembre de 2020

Réquiem por Fernando Moreno Robledo


El escultor hispano-francés Fernando Moreno Robledo murió hace algo más de una semana en su país de adopción. Era primo segundo mío, un artista de mucho talento y, ante todo, un hombre sencillo, cariñoso y bueno. Me mantenía al tanto de su proyecto para instalar, a tamaño gigante, sus hormigas en la 
Torre Eiffel, de cómo la alcaldesa Anne Hidalgo había dado había dado su beneplácito, cómo el inicio del confinamiento le encontraba de buen ánimo. Una llamada telefónica de un tío suyo, Joaquín Moreno Arroyo, que le orientó y acogió y ayudó en sus primeros años en París, me contó de cómo una infección pulmonar le llevó a un hospital, de cómo estuvo luchando, de cómo perdió el combate. Algunos veranos volvía en vacaciones a su ciudad natal, quedábamos a cenar en la calle o en casa, charlábamos sobre nuestras experiencias, sobre lo humano y lo humanísimo. Fue alguien que consagró su vida a la creación y a la docencia. Y a la decencia. Ya no podrán repetirse esos encuentros. Rebusco entre mis archivos y encuentro el artículo que le dediqué en Sur hace ya quince años. Sirva de homenaje hacia Fernando Moreno Robledo, el primo Fernando tan querido. Tan añorado.


FERNANDO MORENO ROBLEDO, 

LA AUSENCIA TAN LEJANA 



A veces uno se pregunta qué hubiera sido de Picasso si se hubiera quedado en Málaga en vez de dirigirse a Barcelona y de ahí a París (La Coruña, donde se inició como artista, no ofrece posibilidades sugestivas). E incluso si en vez de instalarse en París lo hubiera hecho en Alemania o en Londres (lugares que también le interesaban). O ya puestos si Hitler se hubiera dedicado sólo al arte, como era su deseo primero. Este tipo de ejercicio, inútil pero apasionante, me surge cuando pienso en Fernando Romero Robledo (Málaga, 1950) se hubiera quedado en su barrio natal de El Ejido (el lejío, dicho en malagueño de siempre) y tras sus estudios de modelado en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Málaga se hubiera quedado aquí. Seguramente hubiera sido una versión modernizada del angelical Pimentel, o un Berrocal sin cosmopolitismo. Quién sabe. El dato clave es que escultores de su generación apenas tenemos, y Romero Robledo siguió, como Picasso, su carrera en Francia. 

Fernando Moreno Robledo:
La grande enjambée (2008)


Su vida artística iba por buen camino en esa Málaga nuestra de sol y desarrollismo, de tardofranquismo, años en que, entre 1969 y 1973, Fernando expone aquí, pero también en Ibiza, Madrid, Sevilla, Jaén y Bilbao. En 1973, año de la muerte del demiurgo que abre este texto, es cuando su vida da el quiebro definitivo. Es entonces cuando hace su primera exposición individual, en el viejo Museo de Bellas Artes (hoy, otra vez los paralelismos, dedicado a Picasso) y cuando abandona su ciudad para instalarse en París. Y allí trabaja como asistente del escultor Émile Gilioli (1911-1977) y realiza estudios en la Escuela Nacional Superior de Bellas Artes de París. 


Fernando Moreno Robledo:
L'homme gris (1970-2007)

Allí su vida, desconocida para sus paisanos, participa en numerosas exposiciones colectivas y expone de forma individual en París y en el departamento de l’Essonne, a la vez que hace numerosas obras para espacios públicos (en Evry, en Essonne, en Boulogne-Billancourt, en Bondoufle...) en una variedad de técnicas y estilos, y hasta de materiales, como sólo se da en los escultores (los pintores, por lo general, siguen siempre una misma línea de la que raras veces se apartan). Esa versatilidad es precisamente lo que caracteriza a Fernando, una síntesis de tradición y modernidad en la que es la última la que predomina. Hay en él abstracciones, pero también ha asimilado el lenguaje del mejor arte europeo de las últimas décadas, desde el venerable Brancusi hasta el pop de Niki de Saint Phalle o la angustiante humanidad de Alberto Giacometti. Moreno Robledo, que es como suele firmar, se ha convertido, queriéndolo o no, en un artista francés, pese a su media vida y sus raíces, sólidas y malagueñas, en la que el patriarca de la familia, su padre Fernando, es una especie de santo laico y una de las personas de mayor calidad humana, lindante con lo heroico y por supuesto metido de lleno en la ejemplaridad, que habitan nuestra ciudad. 

Fernando Moreno Robledo:
Homenaje a Brancusi (2002)

Pero aquí hablamos no sólo de personas, sino también de arte. No diré entonces que Fernando es tímido y modesto y que lleva quince años enseñando escultura en la ciudad francesa de Evry. Hay una ausencia, de alguien tangible, en su obra. Yo sé de quién, pero no lo diré. Prefiero que la mirada no condicionada del espectador perciba o no lo mismo. No hay rostros, hay una sensación que va entre la celebración de la vida, con sus espirales y ondas, y también una melancolía secreta que no sé si tiene unos apellidos o el nombre de una ciudad soleada al sur del sur. Son cosas de la mirada. De la polisemia, dirían los más doctos, que posee el gran arte. Yo, más simple, diría que del cariño que le tengo a esta persona. Decidan ustedes. Y descubran al artista malagueño desconocido (entre los suyos).