Tras la abrumadora bazofia de la saga de "La Torre Oscura", no se había olvidado uno de King el novelista modélico, sino también de su alter ego Richard Bachman, más bronco y conciso y hasta político. Esta novela, recuperada por King años más tarde, cuando ya Bachman era un fantasma remoto, tiene todas sus virtudes. Aquí, como es casi más habitual en Bachman que en King, el protagonista es un outsider, alguien destinado al fracaso. Clayton Blaisdell Jr., Blaze, es un gigante con el cráneo hundido por los golpes de un padre que lo arrojó por las escaleras de niño, un hombre de cuerpo enorme y mente detenida en algún punto de la adolescencia, capaz de planear un secuestro solo porque la voz de George, su compañero de fechorías ya muerto, sigue hablándole desde dentro como un fantasma con sentido práctico. Esa voz es el verdadero motor del libro: George murió antes de que empezara la novela y sin embargo está en cada página, dándole instrucciones, riñéndole, queriéndolo a su manera ruda, y King construye con esa presencia ausente una de las relaciones más conmovedoras de toda su obra, que no es poco decir. La esquizofrenia, tal vez. Ojalá.
La trama, el secuestro de un bebé rico para pedir rescate, es casi una excusa. Lo que de verdad importa es el tránsito hacia atrás: los capítulos que reconstruyen la infancia de Blaze en el orfanato, los maltratos, la suerte esquiva, el encuentro con George, van alternándose con el presente del secuestro y van cargando de tristeza algo que en otra pluma sería puro thriller de serie B. King, que tantas veces ha escrito sobre niños con poderes extraordinarios, aquí escribe sobre un niño sin ningún poder, sin defensa alguna, y el efecto es devastador. Lo que sorprende es la ternura con la que Blaze trata al bebé que ha secuestrado. King evita la trampa fácil del monstruo y construye en su lugar a un hombre incapaz de hacer daño aunque el plan entero dependa de que lo haga, y esa contradicción, ese gigante violento por fuera y absolutamente inofensivo por dentro, es el corazón del libro y su mayor logro. El secuestrador y asesino del hijo de Lindberg se nos presenta más bien como Rigoletto. Yo me entiendo.
No es la mejor novela de King ni falta que le hace serlo. Es una pieza menor que se queda con uno más de lo que su tamaño hace prometer, y que demuestra, una vez más, que el escritor de Maine cuando se despoja de los payasos y los vampiros y se queda solo con un hombre roto y una voz que se niega a callarse, sigue siendo de lo mejor que tiene la narrativa popular americana.
Al final del libro, una bonus track se nos presenta en forma de relato. Titulado "Memoria" lo encontraremos, casi palabra por palabra, como inicio de la muy deleitosa siguiente novela de King. ¡Viva el Rey!

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