Tras el mal trance de la serie de La Torre Oscura, parece que King vuelve a los méritos que justifican esta fidelidad de lector. Esta vez, en esta recopilación de relatos, no hay ninguno que te sugiera abandonar la lectura para otra ocasión, para otra vida, y los hay que te atrapan. Es el King que me enamoró hace ya tantos libros. El Rey.
De estas trece joyas, señalaré sólo las que mejor justifican este regreso a la devoción por el de Maine. Mudo, relato perfecto, es casi un reflejo de cómo podemos ser esclavos de nuestras palabras cuando llegan a oídos de quien no debería oír ni hablar, deseándonos ser mudos. Hasta ahí puedo hablar. Las cosas que dejaron atrás es un homenaje a las víctimas de la barbarie de los ataques islamistas del 11 de Septiembre de 2001. Una historia de fantasmas, sutil e inquietante, en la que las posibles apariciones son a través de objetos que son tanto memoria como su anhelo. Un relato bellísimo y conmovedor. N con su capacidad de replicar el horror hasta el infinito como una amenaza contagiosa, es lovecraftiano y obsesivo. N, el paciente del psiquiatra que narra la historia que a su vez es transmitida por su hermana, es víctima de un trastorno obsesivo-compulsivo que el lector finalmente corre el riesgo de hacer suyo como si King fuera una Scheherezade vampírica convirtiéndonos en un nuevo Sísifo. No me he explicado bien, pero yo me entiendo. Tarde de graduación, aparentemente costumbrista y baladí, nos señala, con su interrupción imprevisible, la fugacidad de nuestro mundo, de la realidad que puede desaparecer sin más.
Tal vez el mejor King es el de los relatos, y sus novelas, titánicas, son intentos de llevar su capacidad de interesarnos hasta extremos a veces insensatos. No sé. Ni quiero saber,
