viernes, 21 de agosto de 2026

Lecturas: La cúpula (Stephen King)

Sigo teniendo suerte. Mucha. Stephen King mantiene la racha con libros deleitables. La cúpula es una historia en la que basta con encerrar a un puñado de personas y dejar que hagan lo que saben hacer tan bien los seres humanos cuando sienten que todo se acaba. Que suele ser lo peor. En estas 1.130 páginas, que al final se quedan cortas, el pueblo de Chester's Mill , al ladito de Castle Rock, queda aislado del mundo por una barrera invisible. Una cúpula que alcanza al menos los 6.000 metros de altura. De repente, el pueblo es una pecera, una jaula, un mundo cerrado sobre sí mismo. Y King aprovecha el encierro para hacer algo que se le da especialmente bien: convertir una comunidad entera en protagonista. Un pueblo con algunos habitantes buenos y con su abundante dotación de auténticos hijos de remil-ya-saben.

Hay una imagen que me parece especialmente acertada y que atraviesa buena parte de la novela: los habitantes de Chester's Mill como hormigas. No es sólo que estén atrapados bajo una cúpula, como dentro de un gigantesco hormiguero observado desde fuera por alguien que en nuestra infancia era uno mismo con una lupa, sol y malas intenciones. Y que en Chester's Mill son presencias con inquietante cara de cuero y crueldad infantil. El pueblo encerrado empieza a comportarse como una colonia sometida a una presión extraordinaria: se organizan, buscan recursos, construyen, se enfrentan, se dividen y, sobre todo, obedecen a quienes consiguen hacerse con el control. Un concejal vendedor de coches y sin escrúpulos y fabricante de drogas. La comparación llega a adquirir una dimensión todavía más inquietante cuando se plantea la posibilidad de que todo aquello no sea más que un experimento, un espectáculo contemplado desde fuera y el propio lector parece tener una lupa en la mano y la tentación del sol. 

Pedante como soy, creo ver una conexión entre este libro  y la Antología de Spoon River de Edgar Lee Masters, de la que sería una especie de versión novelística y oscura y amarguísima. Masters ofrece el retrato de todo un pueblo a través de las voces de sus habitantes muertos, descritos con lo esencial; King hace algo parecido mientras los suyos todavía están vivos y corren de un lado para otro intentando sobrevivir. En ambos casos, lo importante acaba siendo menos el argumento que el conjunto de personajes: el jefe político, los líderes religiosos, el médico, el comerciante, el adolescente, el perdedor, el vecino respetable que esconde algo. Un pequeño pueblo que termina siendo una radiografía de una sociedad entera. La diferencia es que Masters necesita una lápida para que sus personajes confiesen quiénes fueron, mientras que King sólo necesita una cúpula. Que es, al fin y al cabo, una losa colectiva. El aislamiento hace caer las apariencias con una rapidez extraordinaria. Chester's Mill acaba pareciéndose a Spoon River: un catálogo de vidas, miserias, ambiciones, secretos y pequeñas grandezas. Sólo que aquí los epitafios todavía no están escritos. Y, como suele ocurrir con King cuando está en buena forma, el verdadero monstruo no es necesariamente el que viene de fuera. Es el poder, el miedo, el egoísmo y esa facilidad con la que una comunidad puede aceptar que alguien decida por ella. Big Jim Rennie entiende enseguida que una situación excepcional es también una oportunidad excepcional. 



La cúpula es una novela larga, sí, pero también es una novela generosa: hay suspense, horror, política, supervivencia y una considerable galería de personajes. Quizá no todos tengan la misma importancia, pero juntos consiguen que Chester's Mill parezca un lugar real. Y eso es precisamente lo más inquietante: cuando la cúpula cae, no convierte a sus habitantes en otra cosa. Simplemente les quita la posibilidad de seguir fingiendo que no son quienes son. Y cuando llega el desenlace, que es algo acelerado, no importa el motivo, que lo hay, para el surgimiento de la cúpula, ni tampoco qué pasará con ella finalmente. Lo que nos importa es que desde el otro lado de la cúpula, hemos sido habitantes de Chester's Mill, con su esperanza y su angustia y su desesperación, su abnegación y su maldad. Y con una lupa en la mano.


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