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jueves, 15 de agosto de 2024

Lecturas: La turista (Yun Ko-eun)

Literatura surcoreana. De hoy, de autora joven. Vendida la novela, primera publicada en español de Yun Ko-eun, copiando lo que dice la faja, como UN VIAJE DE LUJO A LA BOCA DEL LOBO. Llega la autora coreana más salvaje, incorrecta, vitriólica, «ultraincisiva y altamente literaria» (Refinery29) con el mejor libro del año según Harper’s Bazar y Entropy. «Frescay afilada, [...] ingeniosa y absurda. Un eco-thriller entretenidísimo».Saba Ahmed, The Guardian. «Sobria pero provocadora, Ko-eun ofrece una sátira perspicaz [...] que combina hábilmente lo absurdo con el horror absoluto. Con un escenario isleño fascinante y catastrófico, La turista indaga en el coste humano del turismo».Publishers Weekly. «Esta novela-petardo no podría ser más pertinente».Sarah Neilson, Shondaland.



Conste que amo Corea del Sur, un país que he visitado siete veces, y que algunos de mis mejores amigos son coreanos. De ahí que no dudara en comprar y leer esta novela. Que no es como la faja promete y que se lee con el mismo hartazgo que las de J. G. Ballard. Aquí sólo hay eso: gelidez, concisión, personajes que se sabe lo que piensan pero no lo que sienten. Bajo la máscara de una crítica al capitalismo, a cómo las empresas no dudan en sacrificar vidas y acaso emociones con tal de tener beneficios, asistimos a un viaje a una fantasmal isla convertida en tablero para el negocio. Poco más. La protagonista, la programadora de viajes, Yona Ko, ni emociona ni apenas interesa. Que acá y allá mueran sin avisar personajes importantes es incluso algo que se agradece. Poco más.


domingo, 7 de julio de 2019

Lecturas: A Korean History for International Readers (The Association of Korean History Teachers)

Este libro comienza en el 500.000 a. C. y termina en 2008 (la edición es de 2010). Un lector dirá, con razón, que en el 500.000 a. C. Corea no existía y que es por tanto aventurar a tal fecha los orígenes del país, como sucedería en el caso de España. Pero en el 2333 a. C. ya se fundó un estado en la península coreana. Ese rey inicial y fundador, Dangun, es más un mito que una certeza. Pero no lo es la antigüedad de la historia de Corea, de la que este volumen, redactado en un elegante inglés y con sólo un par de erratas, da cumplida y aséptica cuenta. Desde el reino de Gojoseon fundado por Dangun hasta el alba del deshielo con el problemático hermano del norte, Corea ha pasado por momentos de esplendor como el periodo del reino unificado de Silla (668-935) que sucedió al periodo de los reinos de Goryeo, Baekje y Silla. Atrapada entre la expansión de China y la de Japón, Corea, con sus diversos nombres como  Gaya, Goryeo o Joseon, homónimo de la dinastía que rigió el país entre 1392 y 1910, o su fase terminal, y ridícula en su pretensión, de Gran Imperio de Han que llevó a que Japón se anexionara el país en 1910 y no lo liberara hasta la derrota nipona de 1945, la historia coreana ha sido la de un pueblo que buscó armonizar el confucionismo y el budismo a través de una entidad política unitaria. Y que luchó sin desmayo contra la ocupación japonesa en busca de una independencia que se recuperaría demasiado tarde, cuando el fin de la Segunda Guerra Mundial llevara a la partición de Corea en dos repúblicas, al norte y al sur del paralelo 38. 


Un hecho tan traumático como la Guerra de Corea de 1950-1953, cerrada en falso con un armisticio pero sin un acuerdo de paz, por lo que técnicamente siguen en guerra las dos naciones, se relata de forma brevísima pero acompañada de mapas que en cuatro escenas condensan el conflicto: el 25 de junio de 1950 el Norte invadió el Sur conquistando toda la península en pocas semanas excepto un reducto al sur del país, el conocido como perímetro de Busan. La intervención de Naciones Unidas cambió las tornas a partir de septiembre de 1950, cuando un desembarco aliado en Incheon, cerca de Seúl y por tanto al norte de Corea del Sur sirvió para, avanzando hacia ambos lados del paralelo, expulsar a los norcoreanos y dejarlos sin apenas territorio excepto tres delgadas franjas junto a la frontera china. En octubre de 1950, el ejército chino pasó al auxilio de sus camaradas, con la ayuda de la Unión Soviética, recuperando la iniciativa y volviendo a conquistar Seúl. Que será reconquistada por los aliados quedando la división entre los dos países en el mismo estado que antes de la agresión norteña. Y entonces llegó el armisticio de 1953. En Corea del Norte la dinastía Kim ejerció el despotismo. En el Sur, el presidente victorioso, Syngman Rhee, furibundo anticomunista, ejercerá una represión igual de insensata. En 1961, un golpe militar encabezado por el general Park Chung-hee ejercerá una férrea dictadura hasta su asesinato en 1979 (su hija, Park Geun-hye será presidenta entre 2013 hasta su renuncia en 2017 ante la movilización popular por corrupción; en la actualidad está en prisión). En 1987, un movimiento popular llevará al reestablecimiento de la democracia. Ésta es la historia de un pueblo noble y heroico como pocos. Y al que amo de manera muy intensa.

La Guerra de Corea, 1950-1953:
En rojo, los avances del Norte. En verde, los del Sur

lunes, 19 de marzo de 2018

Lecturas: Dos caras de una misma Corea (Daniel Wizenberg y Julián Varsavsky)



Los dos autores son argentinos, y colaboran en medios como Página 12 (un periódico moderno que en los años 80 fue dejándose su rápido prestigio para devenir en panfleto muy a menudo) y en Russia Today (¡lagarto, lagarto!). Pero esta vez han creado un libro bastante sensato. En él Wisenberg relata un viaje a Corea del Norte, que no difiere en demasía de lo que nos mostraría cualquier buen reportaje escrito o televisivo. Si acaso, no entra demasiado en la hambruna crónica, en los campos de prisioneros. Tal vez porque el viajero no puede elegir allí lo que desea ver, lo que quiere contar. Varsavsky, en cambio, viaja a Seúl para, con mucha más extensión que su compañero, describir el sistema educativo, el ocio, el conglomerado industrial, la presencia de la cultura digital, una estancia en un templo budista. Desde los micromundos que no bastan para describir dos países en toda su complejidad (Seúl no es toda Corea del Sur, del modo que Pyeonjang, no es toda Corea del Norte), presentan sus relatos divergentes para después, en un arriesgado análisis, comparar ambas realidades. 

Corea del Norte vive baja una tiranía es claro y la condena del régimen es fácil (pero tampoco contundente en su exposición). Corea del Sur es injusta por la continuada explotación laboral de sus ciudadanos. Justamente, esa extenuante forma de vivir, con una alta exigencia en los estudios y en el trabajo, parece ser más aborrecible para los autores. Reconozco mi amor por Corea del Sur basado en una serie de seis viajes de trabajo realizados en poco tiempo y visitando cuatro ciudades del país. Allí he compartido con coreanos el día a día. Es cierta esa exigencia, o autoexigencia, de ser eficaces en el trabajo. Pero no supone una desdicha como parecen querer sugerir los autores. No se tiene la sensación (en Seúl, en Incheon, en Suwon, en Daegu) de esclavitud capitalista. Y sí del confucionismo que se nombra por encima y muchísimo del Jeong, un deber moral e íntimo de ayudar a los demás, no diferente de la Tzedaká hebrea, que caracteriza al nobilísimo pueblo coreano. En todo caso, la esclavitud estaría más allá del Paralelo 38. Pero ello se trata de pasada. Desde luego, ¡qué malo es el capital!


sábado, 15 de agosto de 2015

Ich bin ein Koreaner

            Hoy es sábado y es verano, momento para que un extremo de Extremo Oriente las familias sonrían especialmente en la mañana en calma (es lo que significa Joseon, el nombre de la dinastía que reinó en Corea desde el siglo XIII hasta comienzos del XX) y sientan un orgullo especial porque en esta fecha la República de Corea cumple 70 años. Un periodo, el republicano, que se inició a la vez que la vieja Corea se dividía en dos para acoger una democracia al modo occidental y una dictadura al modo soviético. Un periodo que fue antecedido por una etapa de dominio colonial japonés entre 1910 y 1945, que a su vez fue precedido por el reinado de la dinastía Joseon entre 1392 y 1910, que a su vez nos lleva hasta el año 2333 antes de Cristo, cuando el mítico rey Dangun fundó el reino de Gojoseon que se mantuvo hasta el 109 antes de Cristo. No es un resumen de historia de Corea lo que quisiera escribir, sino una carta de amor a un país. Pero es difícil, o está fuera de mi alcance, o al menos más allá de la capacidad del lector para aguantar mi verborrea, dar la exacta imagen que tengo de ese país, de su gente. Tuve la oportunidad, que después no se concretó, de hacerme habitante de Corea del Sur, algo que nunca rechacé y que no rechazo. Mi flechazo con Corea es de los que acaban en boda. Es un país que merece la fidelidad y la devoción. El amor, que lo llaman.   



                Y que ellos llaman Jeong. Una virtud que es una de las bases de la psique colectiva coreana y que yo he disfrutado (y que practico, bajo otros nombres –el concepto hebreo de tzedaká no está lejos). En la web he encontrado una descripción del Jeong y que paso a traducir:

                 “La noción de jeong es muy compleja, pero es básicamente la idea de cuidar a los demás y anteponer a los demás antes que a uno mismo. Los coreanos no expresan fácilmente sus sentimientos y emociones hacia los demás hacia el exterior, sin embargo, es probable que sienta jeong casi al instante a su llegada a Corea. Se dará cuenta de esto en diferentes formas, tales como los nuevos amigos que se ofrecerán a acompañarle personalmente al médico cuando esté enfermo, o recibir un nuevo par de guantes porque la señora de su casa de huéspedes se dio cuenta de que no parece tener ninguno, o a alguien más a pagar la factura cada vez que vaya a cenar. 

                   Un viajero tenía sed, por lo que se acercó a un pozo en la entrada de un pueblo. En ese momento, una joven estaba lavando su ropa cerca del pozo. El viajero sediento cortésmente le pidió un tazón de agua para beber. La joven tímidamente le entregó un cuenco de agua sin mirarle directamente. El viajero encontró una hoja de sauce llorón flotando en el interior del recipiente de agua, pero, para no avergonzarla, bebió el agua lentamente, tratando de evitar la hoja. Lo que no supo es que la mujer puso la hoja de allí a propósito, para evitar que bebiera con demasiada precipitación consiguiendo que le sentara mal el líquido. La preocupación y la atención mostrada por la dama es un buen ejemplo del enfoque indirecto del pueblo coreano a ofrecer favores entre sí. Es un sentimiento muy delicado pero complejo, que está bien resumido en la palabra coreana jeong."


                Hay quien define (El Jeong desde un punto de vista psicoterapéutico)  el jeong como "El sentimiento, el amor, el sentimiento, la pasión, la naturaleza humana, la simpatía, el corazón. Aunque es complicado introducir un definición clara de jeong, parece incluir todo lo anterior, así como los sentimientos más básicos, como el apego, la  vinculación, la empatía o incluso la servidumbre”.


                He comenzado kennedyano con el título, pero la capacidad para resistir las bravatas del Norte por parte de los coreanos del sur hace que se pueda adaptar el discurso de Kennedy haciendo que siga siendo vigente: “Hace dos mil años el alarde más orgulloso era “civis romanus sum”. Hoy, en el mundo de la libertad, el alarde más orgulloso es “Ich bin ein Koreaner”. ¡Agradezco a mi intérprete la traducción de mi alemán! Hay mucha gente en el mundo que realmente no comprende, o dice que no comprende, cuál es la gran diferencia entre el mundo libre y el mundo Comunista. Dejad que vengan a Seúl. Hay algunos que dicen que el Comunismo es el movimiento del futuro. Dejad que vengan a Seúl. Y hay algunos pocos que dicen que es verdad que el Comunismo es un sistema maligno pero que permite nuestro progreso económico. Lasst sie nach Seoul kommen. Dejad que vengan a Seúl”. Porque estar en Seúl (o en Incheon, Suwon o Daegu, las otras ciudades que conozco) es captar cómo es absurdo apostar por el modelo comunista del Norte, cómo, con sus desigualdades (esas pensiones tan bajas de los jubilados), es la Corea del Sur una sociedad dinámica, viva, que cree en el futuro. Y si a esa vitalidad se añade el Jeong, poco más se puede pedir al pequeño país. La excelencia de su educación, su reflejo no sólo en los saberes sino en los modales, aquello que llamábamos urbanidad, la capacidad de los coreanos para ser excelentes en el trabajo y ejemplares también en la diversión (noches de soju y noraebang tras jornadas maratonianas de trabajo), aparte de su cultura varias veces milenaria, los beneficios de una concepción confuciana de las relaciones, todo ello hace que considere a Corea del Sur una segunda patria, y a que sean sus ciudadanos mis compatriotas y esta celebración de hoy también mía. Porque, ante el muro que separa las dos Coreas, también debo decir que yo también soy coreano.




jueves, 18 de junio de 2015

Lecturas: This is Korea. All you ever wanted to know about Korea (Juang-wha Choi y Hyang-ok Lim)



Hace un año y una semana estaba en Suwon, no muy lejos de Seúl, brindando con mis amigos coreanos por mi matrimonio que tendría lugar dos semanas después en la lejanísima y muy exótica Málaga. Se ha hecho rápido y amenísimo, dulce entre los dulces, este Año. Y se ha hecho amargo, lento, áspero, por la nostalgia de ese país que amo especialmente. Este libro es fruto, acaso comprado en aeropuerto, de mi interés por la pequeña y moderna, pero tan tan tradicional, república que ocupa la mitad inferior de esa península avecindada por China, y por Japón, una cercanía que también explica su carácter. Y que este libro, muestrario de logros y curiosidades, no explica. Porque pasa de puntillas por la historia del país pero aporta, en cambio, datos más o menos encantadores (cómo se dividen las aguas en la isla de Jindo, casi a la manera bíblica) o alarmantes (el desparpajo con que se habla de cómo es normal morder, sobre un plato, a un perro). No es la mejor Introducción a Corea (en mi biblioteca, otros libros Sirven mejor: el descarado "Ask a Korean dude", el rutinario "Inside Korea", el académico "A Korean History for international readers"), Sirve para entretener la nostalgia, la espera de un hipotético regreso. Aunque no mencione, ni de pasada, el concepto, fundamental, de Jeong  (aquí, una explicación simple del Jeong), que sirve para comprender porqué no se puede no amar a los coreanos. Del sur, en este caso.

Dulce, amargo Seúl
(Visión caleidoscópica De Una Ciudad Que Añoro)

Jondo. ¡Divídanse las Aguas!