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sábado, 19 de noviembre de 2011

Cualquier parecido

El Teatro Cervantes acoge “El castigo sin venganza”, obra de plenitud de Lope que permitía peligrosas comparaciones con la realidad española
Un rey desconfía de su hijo. El rey es Felipe II, y el hijo es Don Carlos, heredero de la Corona de España. Hay rumores de conspiración, de acero que palpita y antorchas encendidas sobre baldosas frías. El muchacho es cruel; y frío, abrumado por el peso del Estado, el padre. El chico cae por una escalera, se le encomienda a curanderos, ensalmos y cirujanos y se le practica una trepanación. Al contrahecho príncipe se le contempla en maniobras matrimoniales, pero también políticas. Los rebeldes holandeses acechan al atormentado y psicopático heredero. Un nuevo futuro en una nueva nación en Flandes. Son rumores. Son miedos. Hay un castigo, un encierro en sus dependencias, una amenaza de suicidio. Amenazas, rigores. Más miedo. El 28 de julio de 1568, el Príncipe de Asturias muere. Y nace una leyenda. De rencor, de venganza, de castigo, de sacrificio. Que contarán a su manera Schiller en un drama y Verdi en una ópera.
Don Carlos, retratado por Sánchez Coello

                Volvamos al aquí, que es el Teatro Municipal Miguel de Cervantes. Y al ahora, que será el 25 y el 26 de noviembre. Y volvamos al qué. El drama “El castigo sin venganza”, de Lope de Vega. Una obra de la plena madurez del autor. El quién es la compañía Rakatá, con Mario Vedoya, Alicia Garau, Bruno Ciordia, Jesús Fuente, Alejandra Mayo,Rodrigo Arribas, Jesús Teyssiere, Manuel Sánchez Ramos y Belén Ponce de León. La música es de Santi Ibarretxe, y de Ernesto Arias la dirección.
El montaje de marras

                Y aquí retomamos la historia, de venganza, de castigo. De miedo. Y vamos a otro día, otro lugar. Otra historia. 21 de mayo de 1425 en Ferrara. Esta vez está el duque de Ferrara, su esposa Casandra y el hijo ilegítimo del duque, Federico. Hay adulterio en la pasión entre Casandra y Federico, hay voluntad de castigo en el airado duque, que hace de Federico instrumento de la muerte de Casandra, y hace caer en el hijo verdugo el rigor de la justicia. Son fingidos los datos, las fechas, los detalles. Los recrea Lope de Vega a partir de una novelita de Mateo Bandello para con ellos construir “El castigo sin venganza”, una de sus cumbres dramáticas, plena de energía y de terrible veracidad  en la plasmación de las pasiones insensatas y homicidas. Los versos, por si se quiere una muestra, son de este cariz: ¡Oh, qué loco barbarismo / es presumir conservar / la vida en tan ciego abismo / hombre que no puede estar / ni en vos, ni en Dios, ni en sí mismo. / ¿Qué habemos de hacer los dos, / pues a Dios por vos perdí, / después que os tengo por dios, /sin Dios, porque estáis en mí, / sin mí, porque estoy sin vos? / Por haceros sólo bien, / mil males vengo a sufrir; / yo tengo amor, vos desdén, / tanto, que puedo decir: / ¡mirad con quién y sin quién! / Sin vos y sin mí peleo / con tanta desconfianza. / Sin mí porque en vos ya veo / imposible mi esperanza; / sin vos, porque no os poseo.” Puro Lope y pura grandeza del teatro español.
                Pero esta obra, cuyo manuscrito se conserva fechado en mayo de 1632, se publicó suelta dos años más tarde, y en 1635 en la recopilación de las obras del fénix de los ingenios. Con un prólogo en el que Lope dice que sólo se representó un día “por causas que al lector le importan poco”. Los investigadores han dado vueltas a este freno. Se ha hablado de una desavenencia entre actores. También del parecido de esta historia con aquella, lejana, de castigo sin venganza, de Felipe II y Don Carlos. Del miedo de Lope, de la suspensión de las representaciones y del cobijo del dramaturgo al dedicarla al poderoso duque de Sessa. El miedo es libre. E imperecedero. Ante el parecido con aquella realidad de aquel poder, se optó por la coincidencia del silencio de las tablas y la posteridad de las imprentas.
Artículo publicado en diario Sur el 19 de noviembre de 2011

martes, 1 de marzo de 2011

El amor bobo

Recién apagadas las llamas (bueno, la llamita) de los premios Goya,  en el horizonte se atisba la inminente llamita (bueno, tal vez la llamarada) del Festival de Málaga. En él,  una de las mejores sorpresas de los últimos años fue la magnífica actuación de Silvia Abascal en “La dama boba”, que le valió la biznaga de plata como actriz protagonista, galardón que también  merecieron el actor el actor y actriz de reparto (Roberto San Martín y Macarena Gómez), además del vestuario de Lorenzo Caprile. Cuatro premios consiguió la cinta, la más premiada de aquella edición de 2006, que demostró que, como ya hiciera, aunque de forma un tanto menos afortunada, “El perro del hortelano” de Pilar Miró que Lope de Vega es un autor vivo, disfrutable, tan alejado del tedio venerable de la erudición académica como del frenesí amatorio, aderezado de versos, al que lo redujo el reciente biopic tan prescindible.  Para comprobar, revalidar, la vigencia de la comedia de Lope tenemos la oportunidad que se nos ofrece el domingo 27 de febrero en el Teatro Echegaray. Esta vez la adaptación es para teatro de sombras y de títeres además de actores. La compañía es Pie Izquierdo, que con este montaje consiguió el Premio a la mejor interpretación femenina otorgado por la Unión de Actores de Castilla-León en 2008.
                El gran amante, y grandísimo creador (espanta su grandeza) escribió en 1613 el papel protagonista de la obra (que no es el de la boba) para Jerónima de Burgos, la esposa del actor (y autor) teatral Pedro de Valdés . Cuando  en al año siguiente Lope decida tomar los hábitos, Jerónima será su compañera. Y también Lucía Salcedo. Nada extraño en un autor que, a decir del gran amante (de España) que fue Gerald Brenan era la vida misma: “Así, aunque fervoroso en religión, Lope es uno de los escritores más amorales, no por convicción filosófica, sino por la sencilla razón de que estaba enamorado de la vida –y tenía tal vez demasiada conciencia de sus deslices- para encontrar serios defectos en cualquier aspecto de ella. Sin embargo, en lo que se refiere a las mujeres, y tenía una especial piedra de toque para el personaje: su conducta en el amor. Sus heroínas están casi siempre bien trazadas y no son en modo alguno meros objetos destinados a provocar el éxtasis masculino. Si miraba a los hombres de un modo superficial, Lope estudiaba a las mujeres atentamente y con simpatía, tomando nota de sus características individuales”.
Portada del manuscrito original de Lope de Vega, 1613

                    Otro enamorado (de Lope), Alonso Zamora Vicente, no es parco en elogios: “Una deliciosa obra maestra es “La dama boba”, en la que se expone el viejo tema de la torpeza mental eliminada por la necesidad de conquistar a la persona amada. Sobre esta base tan elemental, Lope supo hacer una deliciosa porción de vida, animada y graciosa, un diálogo alegre y sentido, que deja al terminar su lectura, una honda sensación de gozo suave, contenido, de perpetua sonrisa”.  En resumidas cuentas, lo que aquí se nos cuenta, entre equívocos llenos de comicidad, es la peripecia de dos hermanas, Nise y Finea: “pues Nise bella es la palma; / Finea, un roble sin alma/ y discurso de razón. / Nise es mujer tan discreta, / sabia, gallarda, entendida, / cuanto Finea encogida, / boba, indigna e imperfeta”.  Un tío de ambas, para proporcionar un futuro venturoso a la menos afortunada, Finea, le concede una dote a la que aspira un cazafortunas sin escrúpulos, Liseo. Pero boba de remate como es Finea, Liseo duda y comienza a interesarse por la ingeniosa Nise. A la vez que el galán de ésta, Laurencio, opta por el metal que trae aparejada Finea. A partir de aquí, cada una, para lograr sus objetivos, optará por aparentar inteligencia o estupidez, trocándose los caracteres y causando situaciones cómicas de primera magnitud hasta llegar a las palabras que la cierran: “Al senado la pedid, / si nuestras faltas perdona; / que aquí, para los discretos, / da fin “La comedia boba”.

Publicado en diario Sur, 26 de febrero de 2011