domingo, 31 de julio de 2016

Lecturas: El arte en la historia (Martin Kemp)

Con un subtítulo lacónico que acota el tiempo del que trata el libro, 600 a.C. - 2000 d.C., es una brevísima historia del arte occidental desde los kourós griegos hasta los sobrecogedores vídeos de Bill Viola. Cada capítulo se abre con un texto de algún tratadista de la época para ubicar las obras que a continuación se comentarán, en su época y en las tensiones estéticas del momento. El conjunto supopne el equivalente a una excelente audioguía de un museo que nos contara justamente esos 2600 años de arte en Europa y América del Norte. No está nada mal. Por mucho que no se aprenda apenas nada que no sea ya sabido por ningún aficionado a las artes. Por aquello de la incredulidad inevitable hacia la creación de los últimos 50 años, tal vez destaquen los comentarios respecto a ese periodo, que iluminan y justifican lo que suele parecer injustificable. Buen ejercicio didáctico.


Bill Viola: Emergence (2002)

viernes, 29 de julio de 2016

Lecturas: Mi vida (Marc Chagall)

Una rareza. El único libro que escribió Chagall. Un repaso a su vida escrito cuando le quedaban otros 63 años y él tenía 35. Apenas nada. Ser trata de pinceladas (permítaseme usar el término obviamente pictórico pero inevitable) impresionistas sobre su infancia y sus años de formación. Con un estilo literario asombroso, que no es elaborado pero que con frases cortas y sincopadas manifiestan una calidad literaria insospechada, un flujo de palabras y de la imaginación imprevisibles, Chagall cautiva por más que escamotee los detalles decisivos. Como muestra, el fragmento en que cuenta su decisión de cambiar el Vitebsk nativo por París:  

      Pero tenía la impresión de que si me quedaba más tiempo en Vitebsk, quedaría cubierto de polvo y moho.
     Vagaba por las calles, buscaba y rezaba:
      "Dios, Tú que te escondes en las nubes, o detrás de la casa del zapatero, haz que aparezca mi alma, alma dolorosa de niño tartamudo, revélame el camino. No quiero ser como los demás; quiero ver un mundo nuevo".
      En respuesta, la ciudad parece quebrarse, como las cuerdas de un violín y todos los habitantes empiezan a caminar sobre la tierra, alejándose de sus moradas. Los parientes se suben a los tejados y descansan.
     Todos los colores se invierten, se convierten en vino y mis telas se desbordan de bebida.
     Estoy la mar de bien con todos vosotros. Pero... ¿habéis oído hablar de las tradiciones, de Aix, del pintor que se cortó la oreja, de cuadrados, de París?
    Vitebsk, yo te abandono.
    ¡Quedaos solos con vuestros arenques!


Lecturas: 1936 (Enrique Moradiellos)

Subtitulado "Los mitos de la Guerra Civil", se trata de un excelente intento, en 2004, de aclarar, de opinar con datos y bibliografía, con serenidad, de diversos no mitos sino tópicos en torno a la Guerra Civil: las tres Españas, la inevitabilidad presunta, la atribución de culpas, las razones de la derrota y la victoria, la moral de combate, el contexto exterior, etc. De todas las aportaciones de Moradiellos, me quedo con su visión, en la órbita de Paul Preston (su libro es de 1999) de que no se trató de una guerra entre dos doctrinas totalitarias irreconciliables, fascismo y comunismo, sino entre éstas y el reformismo republicano, que fue devorado, iniciada la guerra, por sus antagonistas. Fue un conflicto entre Reforma, Reacción y Revolución. Tres opciones antagónicas entre sí. La Reforma fue la primera víctima. Quizás ese sea el drama mayor. Eliminada la opción más moderada, hubo una lucha a muerte entre dos exaltaciones. Especial interés tiene, por lo poco conocido, un fragmento de una carta de Juan Negrín al periodista Herbert Mathews, en 1952, relatando sus conversaciones con George Orwell y que arrojan una vergonzosa luz sobre el bando republicano y sus constantes desavenencias internas (ya se sabe, Revolución contra Reforma): “Inquiría también por las causas de nuestra derrota, que yo sostuve y sostengo más se debió a  nuestra  inconmensurable incompetencia, a nuestra falta de moral, a las intrigas, celos y divisiones que corrompían la retaguardia, y por último a nuestra inmensa cobardía que a la carencia de armas. Cuando digo 'nuestra', no me refiero naturalmente a los héroes que lucharon hasta la muerte, o sobrevivieron toda suerte de pruebas, ni a la pobre población civil, siempre hambrienta y al borde de la inanición. Me refiero a 'nosotros', a los dirigentes irresponsables, quienes, incapaces de prevenir una guerra, que no era inevitable, nos rendimos vergonzosamente cuando aún era posible luchar y vencer. Y conste que no distingo cuando repito 'nosotros'. Como en el pecado original, hay una solidaridad en la responsabilidad, y el único bautismo que puede lavarnos es el reconocimiento de nuestras faltas y errores comunes”

Lo siento: era demasiado tentadora la foto,
quizás la única que combina optimismo y 1936


Quedan, como un segundo discurso de Gettysburg, las palabras de Manuel Azaña en el segundo aniversario del comienzo de la guerra tan necesarias y justas ahora, 80 años después de ese 18 de julio: "Y cuando la antorcha pase a otras manos, a otros hombres, a otras generaciones, si alguna vez sienten que les hierve la sangre iracunda y otra vez el genio español vuelve a enfurecerse con la intolerancia y con el odio y con el apetito de destrucción, que piensen en los muertos y que escuchen su lección: la de esos hombres que han caído embravecidos en la batalla luchando magníficamente por un ideal grandioso y que ahora, abrigados en la tierra materna, ya no tienen odio, ya no tienen rencor, y nos envían, con los destellos de su luz tranquila y remota como la de una estrella, el mensaje de la patria eterna que dice a todos sus hijos: Paz, Piedad, Perdón".

miércoles, 29 de junio de 2016

Lecturas: Cervantes visto por un historiador (Manuel Fernández Álvarez)

La faja promocional del libro la proclama, tal cual "La mejor biografía del autor del Quijote por el genial creador de Juana la Loca". Genial creador Fernández Álvarez, no Cervantes. Y esta biografía la mejor. De las que he leído (y ésta es la cuarta), la aventajan las de Trapiello y Zaragoza. Tal vez no sea yo un digno lector de Fernández. Tal vez me empecine yo en admirar a Cervantes y no al historiador que se cuela, sin modestia, en el título y que en alguna que otra nota a pie de página nos viene con zarandajas autobiográficas. Tal vez yo ame más a Cervantes, tan digno, tan tramposo, tan honesto pese a todo, tan calamitoso y tan empecinado, tan querible, que a Fernández Álvarez que poco aporta, que se sostiene en demasía en la biografía de canónica de Astrana y que sólo brilla en las escasas páginas en las que entra en la exposición de las circunstancias históricas de la vida de Cervantes. La batalla de Lepanto, la empresa de la Invencible, la anexión de Portugal. Y poco más. Pero no quiero hacer sangre con este libro, con este historiador que mete como apéndice la paparrucha de una visita con amiguetes a Esquivias y que sólo le interesará a ese grupo de coleguis. Eh, dije que no haría sangre. Tal vez porque don Miguel de Cervantes Saavedra no merezca que le mezcle en degollinas verbales. Ni en este libro.


martes, 31 de mayo de 2016

Lecturas: ¿Qué pasa en Cataluña? (Manuel Chaves Nogales)

Reportajes publicados en las páginas del diario Ahora, del que fue director, en 1936, en los días y semanas siguientes al triunfo del Frente Popular con la consiguiente amnistía que dejó en libertad al sedicioso Lluís Companys y a sus compinches. Con esta descripción no oculto cuánto me desagrada ese personaje exaltado y su causa. Como me desagradan los que a estas alturas, y recurriendo a parecidas mentiras, pretenden repetir esa historia amarga y lamentable. No lo oculto, y en este blog lo ha manifestado con mayor extensión. En este escueto volumen, completado por una entrevista a Macià publicada en diciembre de 1932, destaca cómo las pasiones de entonces son las mismas de ahora. Véase lo que Chaves Nogales, certero pero no visionario (como tantos españoles, no supo ver que lo que estaba al llegar era una bestial guerra civil y un resurgimiento, en Cataluña, del anarquismo que él veía en retroceso sólo cinco meses antes de la catástrofe), pone en boca de un catalán innominado: 

El desfile -decía alguien- ha sido impresionante y revela la gran fuerza espiritual del pueblo catalán. A nuestro pueblo le entusiasman esas grandes paradas de la ciudadanía. No sabe pasar muchos meses sin provocar alguna. Pero acaso entre una y otra, aunque solo mediasen tres o cuatro meses, tendría alguien que preocuparse de rellenar el tiempo con una tarea que tal vez no sea del todo superflua: la de gobernar, la de administrar, la de hacer por el pueblo algo más que ofrecerle ocasión y pretexto para esos deslumbrantes espectáculos.


Es fácil evocar las banderitas, el corro de la patata, la silbatina y la fiesta que hemos visto en tantas diadas recientes, acompañadas de reclamaciones de libertad formulada por quienes saben que la tienen de sobra. Tanto carnaval estelado. Para que al final, como aquí pasará, nada suceda:

Voy preguntando a los hombres representativos de Cataluña qué es lo que piensan del momento presente, qué es lo que quieren, adónde van. Mi encuesta es, hasta ahora, bastante satisfactoria.En Cataluña no pasará nada. Es decir, no pasará nada de lo que el español no catalán recela. El triunfo electoral de las izquierdas no dará a Cataluña una orientación revolucionaria, aunque muchos hombres de izquierda, desde luego todos los de la derecha, puedan creerlo todavía. [...] En Cataluña hay, por encima de todo, un hondo sentido conservador que se impondrá fatalmente fatalmente. Yo no sé si los hombres de la Esquerra, profesionales casi de la revolución, se resignarán a aceptarlo. Si no lo hacen, peor para ellos.

Al loro, o sea. 



lunes, 30 de mayo de 2016

Lecturas: La vida nueva (Orhan Pamuk)

Hay un misterio en este libro, y es el propio libro ese misterio. El libro que el narrador, un rutinario estudiante de ingeniería lee y que le cambia la vida. Un misterio que no es sólo cuál es ese libro (uno lee el de Pamuk diciéndose que sería terrible que fuera el Corán, o el Mein Kampf, o incluso El capital, una posibilidad que el propio Pamuk ha citado, ya que en sus páginas aparecen raros fanáticos devorados por el libro, pero lo mismo puede ser el que el lector tiene entre manos, firmado por Pamuk), sino también por qué ese libro lleva a quienes lo leen a abandonar sus hogares. Como Osman, el narrador, afirma: “si la vida es un viaje, yo llevo seis meses viajando y algo he aprendido, permítame que se lo cuente. Por haber leído un libro perdí todo mi mundo y ahora ando por los caminos para encontrar otro nuevo”. Esa posibilidad de plenitud abarca también la posibilidad del acceso a la propia identidad, lo que es una de las obsesiones del novelista turco.


Es una novela densa, que se deja leer con tranquilidad y agrado hasta que a partir de, más o menos, la página 100, empieza a ponerse cuesta arriba y la lectura exige la mayor concentración. Que yo no le dediqué. Lo que puede verse como la historia de una búsqueda de sí mismo y del amor (la amada, Canan, tiene como nombre lo que en turco es amor), se convierte al comienzo en una pesadilla, en una road movie en versión autobús, para después tornarse alegoría con rigores y exigencias metafísicos. Por primera vez, doy con un Pamuk que se revuelve contra mí y me exige paciencia y tiempo. Incluso indulgencia. Hay muchos comentarios en la red, entusiastas y hastiados, de este libro especialísimo. Espero que los años me concedan la madurez necesaria para asimilarlo. Sé que entonces lo amaré, pero no ahora. No.

¿Algo que destacar? La obsesión pamukiana, su cliché, de nombrar personajes que se enamoran de sus primas. También que dentro de la mecánica habitual de Pamuk de incluir referencias a personajes de otras novelas suyas, en ésta se nos encontramos una a El libro negro: “Lo ha entendido incluso nuestro ilustre columnista Celâl Salik y por eso se ha suicidado. Ahora sus columnas las escribe otro en su lugar”.



Para quien busque un resumen de la trama en las propias páginas del libro, servirá este pasaje: “Había muchas personas así en el mundo, pero ¿era yo uno de ellos? Se me había olvidado cómo era. Había malgastado el mismísimo centro de mi alma, lo había perdido en los caminos porque solo me guiaba el deseo de ser amado por Canan, de encontrar el país del libro y de hallar a mi adversario y luego matarlo”. ¿Más, y mejor, algún pasaje prodigioso? Sirva este: "Me habría gustado decirles que ese instante feliz e incomparable es una gracia que Dios nos concede raras veces en la vida a siervos como nosotros, explicarles que cuando apareces por única vez en la vida, ángel mío, es en esa hora prodigiosa bajo el paraguas milagroso de una nube de cemento  y preguntarles por qué ahora éramos tan dichosos. ¿Quién nos ha concedido esa plenitud, esa totalidad, esa perfección, madre e hijo que os abrazáis libremente con todas vuestras fuerzas por primera vez en la vida como si fuerais amantes sin inhibiciones, mujer coqueta que descubre que la sangre es más roja que el ´lápiz de labios y la muerte más compasiva que la vida, niña afortunada que contemplas las estrellas con la muñeca en brazos plantada junto al cadáver de tu padre?"

Demasiado intenso todo, tal vez haga falta tener un ángel sosteniendo el libro para comprenderlo. Y tal vez entonces morir. Avisados quedan.

Para quienes quieran saber más (y mejor): El traductor de la novela la glosa y defiende




viernes, 6 de mayo de 2016

Lecturas: El libro negro (Orhan Pamuk)

Un Pamuk denso, especialísimo. Si ya hemos visto cómo nuestro autor recurre a autorreferencias de libro en libro, nos encontramos aquí con un título en el que aparecen menciones de Cevdet Bey, personaje principal de gran parte de su primera novela, y al cautivo narrador y narrado de “El castillo blanco”. Pero, a la vez, esta novela con aspiración a obra maestra se convierte en precedente de la indiscutible obra maestra que será “El Museo de la Inocencia”. Porque aquí encontramos por primera  vez a dos primos, Rüa y Galip, que se enamoran (y en esta ocasión llegan a casarse) y que bruscamente se separan. Y el enamorado comienza una búsqueda de la amada que se convierte en búsqueda del amor perdido y de la propia identidad. Dos temas que, con sus imprescindibles variaciones, reaparecerán en la siguiente ficción (ahora en proceso de lectura) de Pamuk: “La vida nueva”.



Denso, con esa capacidad de estilo y de seducción del lector que me hizo cerrar el libro en diversas ocasiones para reponerme de la conmoción que supone encontrar pasajes que nadie puede superar, respirando hondo y mezclando admiración, envidia y emoción, “El libro negro” se convierte en una falsa novela policiaca en sus capítulos impares, que siguen al narrador en la búsqueda de su esposa. Que como aficionada a la literatura detectivesca puede  que esté jugando con su marido a un desesperante juego del escondite. Al menos eso es lo que el lector, este lector, desea. Pero la explicación de este misterio no será clara y, además, será terrible. En los capítulos pares, Pamuk inserta muy elaborados artículos literarios que atribuimos a Celâl Salim, hermanastro de la desaparecida y también abruptamente ausente. En todo caso, todas las páginas, todos los capítulos, giran en torno al amor, a la muerte, a la escritura, a la propia Estambul, la mentira. Las obsesiones permanentes de Pamuk, en suma.



Se admira, por su capacidad fabuladora, al quizás apócrifo Celâl Salim, que en sus escritos se refiere con insistencia a la biografía y los escritos del místico musulmán Mevlâna al que en Occidente conocemos como Rumi, quien ante la pérdida de un amigo/amado (el libro de Pamuk es un constante juego de espejos), escribió:

¿Por qué debo buscarlo? 
Soy el mismo, soy como él.
Su esencia habla a través de mí.
¡Me he estado buscando!

La búsqueda de Galip, que busca a la vez a Celâl (a quien llega a suplantar) y a Rüya, es una búsqueda de sí mismo. Como ser turco es también una manera de vivir preguntándose por la identidad. Unas magistrales páginas finales le darán sentido y coherencia a la novela. Que a su vez se resume en unos versos de Rumi que no son citados por Pamuk:

Escucha la flauta de caña, y la historia que cuenta,
cómo canta acerca de la separación:
desde que me cortaron del cañaveral,
mi lamento ha hecho llorar a hombres y mujeres.
Deseo hallar un corazón desgarrado por la separación,
para hablarle del dolor del anhelo.
Todo el que se ha alejado de su origen,
añora el instante de la unión.