Una novelita leve, concisa, eficaz. Que no perdura en la memoria pero que deja una gratísima impresión. Con economía de medios, nos muestra las semanas que una niña pasa perdida en una zona boscosa, acompañada por una radio a pilas y la presencia imaginaria de Tom Gordon, un jugador de beisbol de quien es seguidora. Aquí, el elemento sobrenatural está ausente, o reducido a la interpretación de una rara figura que comparece en las páginas finales. En todo caso, no importa: aquí el miedo es tangible, basado en elementos reales como los insistentes mosquitos, el calor, el frío, el desconcierto, la desesperanza. Nada más. Y nada menos.
jueves, 15 de agosto de 2024
domingo, 11 de agosto de 2024
Lecturas: Ha estallado la paz (José María Gironella)
En el prólogo, Gironella anuncia una enormidad: seguir la saga de la familia Alvear hasta el día en que se produzca la sucesión en la Jefatura del Estado. Háganse una idea: si este tercer tomo se inicia el 1 de abril de 1939 (Día de la Victoria) y concluye el 12 de diciembre de 1941, y ocupa 801 páginas en la edición de Booket, ¿cuántos tomos hubiera requerido para alcanzar el 20 de noviembre de 1975, fecha en que Franco pasó a peor vida?, ¿cuántos miles de páginas? Y todo ello sin salir (apenas) de Gerona (que tampoco es Macondo). Se ve que el desinterés de los lectores tras este volumen publicado en 1966, al que seguirá otro, Los hombres lloran solos, que aparecería en 1986 sin pena ni gloria, le convencieron de la insensatez de estirar el chicle hasta convertirlo en una piedra insípida. Porque este tercer libro es justamente eso, un tráfago, una acumulación de palabras y personajes que se siguen sin interés deseando que Hitler invada Polonia y más adelante la Unión Soviética y más adelante Japón Pearl Harbor, con tal de que el letargo palabrero de los personajes se sacuda y la Historia insufle vida a las historias. Pero ni siquiera la partida a la División Azul de algunos personajes, ni el intercambio epistolar desde el exilio sirven para levantar esta novela fallida que da lástima en su fracaso. De nada sirve la naturalidad, sin moralismos ni condenas, con que se trata la homosexualidad de un personaje, o el descreimiento de otro, para salvar este libro del contenedor azul.
jueves, 8 de agosto de 2024
Lecturas: Un millón de muertos (José María Gironella)
Dicen, sólo dicen, que Franco, al leer esta novela, declaró que justamente así fue la Guerra Civil española. En todo caso, aquí Gironella sigue el devenir de los hechos con un tono desconcertante, sin profundizar en el drama y haciendo de la guerra un marco desconcertantemente neutro, desprovisto de dolor, de épica, de rabia. Pero sin obviar la mención de los principales acontecimientos y obviando otros como las sacas de las cárceles y su consecuencia de las matanzas de Paracuellos o el terror de los paseos en Madrid y otras ciudades. En cambio, sí se habla de las checas aunque sea con ese mismo pudor. Pero lo más notorio de este relato que sitúa escenas en el frente de Aragón, en Madrid, en Burgos, en Teruel, en Pamplona, es su crítica a la visión estratégica de Franco, acusado de ir dilatando a sabiendas su triunfo con tal de garantizarse la eliminación y la sumisión del enemigo. Algo que también será la tesis de la sobresaliente Leyenda del César visionario de Francisco Umbral. Pero que Gironella lo haga en fecha como 1960, que es cuando terminó la redacción del libro, delata su honestidad. Como también su declaración de que el millón de bajas del título se refiere a que el medio millón de muertes que supuso entre los dos bandos debe duplicarse para considerar también víctimas al otro medio millón de españoles que mataron a sus hermanos en nombre de ideales que no merecían tal sacrificio, tal desdicha.
Lo que sucede a la familia Alvear desde la retaguardia de Gerona poco importa, por mucho que Gironella quiera entretenernos con las cuitas de sus muchos personajes.
martes, 6 de agosto de 2024
Lecturas: Los cipreses creen en Dios (José María Gironella)
Tantos años viendo los tres tomos de Gironella en casas ajenas, los dos títulos primeros abracadabrantes para un niño (¿cómo va creer en Dios un árbol, y no son demasiados y en números redondos esos muertos?). Tantos años rehuyendo caer en ese gusto tal vez ramplón, tal vez anticuado, seguramente franquista, sin saber que daba la espalda a una posible obra maestra, tal vez a tres. Porque esta primera parte de esa trilogía lo es. Sin duda alguna. Y la pacata y variopinta familia Alvear, de Gerona, tiene vida propia con el padre, Matías, en la izquierda moderada, puede que krausista y algo escéptico, la madre doña Carmen Elgazu, católica a machamartillo y roma con una fe, y un carácter, algo bovina, el hijo mayor, Ignacio, algo tarambana y desnortado, el hijo segundo, César, dechado de santidad y la hija, Pilar, efervescente. A todos ellos los rodean una serie de elementos que caerán en el extremismo, desde el Responsable anarquista, el comisario Julio García con apuntes de comunismo, los utópicos extremistas David y Olga, el falangista Mateo, el chequista Cosme Vila, el pelele rojo Gorki y tantos otros.
Este caleidoscopio, escrito sin entrar en soflamas patrióticas, entre 1949 y 1952, es un prodigio literario, un ejercicio de generosidad que describe tanto la pasión de las izquierdas como la de los derechistas. El resultado catastrófico de la II República española, a la que se sigue en su deriva desde unos días antes de su proclamación hasta el 30 de julio de 1936, se contempla desde las dinámicas enfrentadas de los extremistas de ambos extremos, con el fatalismo de su resultado detestable. Basta con leer las opiniones de los lectores para comprobar que cuanto dice Gironella tiene un eco en nuestros días, casi una premonición de otro desastre. Lo que hace necesaria esta lectura y convertirla casi en un deber ético y político. Según la propia editorial, es La novela española más leída del siglo XX. Parece mentira, entonces, que hayamos olvidado este aviso. Españolito que vienes al mundo...
miércoles, 24 de julio de 2024
Lecturas: Sabotaje (Arturo Pérez-Reverte)
Picasso, que no me lo toquen. Llevo 35 años trabajando con él/para él y saber que esta última entrega de Falcó iba en torno al Guernica me hacía temer lo peor, el retrato de brocha gorda, los juicios de valor infundados, el abuso de los prejuicios. Sin que haya una tarea de documentación rigurosa (cuando se le hace hablar, hace afirmaciones que sólo formularía años más tarde), el mito sobrevive. No es el verdadero Picasso el que aquí aparece, pero al menos tampoco es el gañán al que tantos (y más ahora) acusan de otros defectos distintos a los que tuvo. Algo es algo.
Esta vez, Pérez-Reverte camufla la identidad de sus personajes. Así, comparecen Hemingway bajo el nombre de Gatewood, Lee Miller como Eddie Mayo, Peggy Guggenheim como Nelly Mindelheim o André Malraux como Leo Bayard. Sólo Marlene Dietrich y Picasso comparecen con su verdadero nombre. Y la Dietrich protagonizando una escena erótica que sería tolerable en un autor más joven o inexperto. Pero que aquí, desde mi experiencia personal de lector, chirría. Y sobra.
Aquí, Leo Bayard es alguien cuya experiencia y datos concuerdan con los de Malraux, sólo que aquí se enfrenta a un destino distinto al recibir Falcó la doble misión de hundir su carrera y/o truncar su vida presentándolo como un agente fascista y por tanto factible de ser sometido a una purga por parte de los comunistas, y por otra parte evitar que el Guernica sea como es. Con tiros y puñetazos, persecuciones y engaños, se consigue lo primero y en parte lo segundo. Esta vez la historicidad nítida y fiel no es una exigencia para el autor. Pero tampoco importa. El libro se disfruta como lo que es. Un pasatiempo más o menos sofisticado. Con eso basta.
Lecturas: Eva (Arturo Pérez-Reverte)
Más cafiaspirinas y más desapego. Más Lorenzo Falcó trasladado esta vez a Tánger durante la Guerra Civil para recuperar parte del oro de Moscú, 30 toneladas, que en un transporte posterior quedó a bordo de un mercante republicano, el Mount Castle, fondeado en el puerto africano donde acecha sus movimientos un destructor nacional, el Martín Álvarez, dispuesto a echarlo a pique. Los capitanes de ambos navíos, el rojo Fernando Quirós y el franquista Antonio Navia, son hombres guiados más que por obediencias o ideologías, por el sentido del deber, de la rectitud. De aquello que llaman honor. Ambos preferirían no enfrentarse. Y de esos escrúpulos, más que de los calentones entre Falcó y Eva Rengel, convertida ahora en agente soviética bajo su verdadera identidad, Eva Neretva, se nutre la novela:
“Estamos en paz.”
Eso había dicho Eva la última vez.
Nunca lo habían engañado antes, recordó absorto. Nunca una mujer, y nunca de esa manera. Eva Neretva, alias Eva Rengel, alias sabía Dios qué. Se había revelado maestra indiscutible en el juego turbio, arriesgado, que jugaban ambos. Con su frialdad tan soviética. Casi inhumana.
No importan, ni siquiera interesan, el paisaje ni la atmósfera de Tánger, por entonces sometida a la protección de España, Francia e Inglaterra. Tampoco el curioso personaje de la antigua amante, manca, Moira Nikolaos. Ni la sangre bruscamente derramada en peleas descritas con escalofriante realismo.
El título de la novela intenta que desviemos la atención hacia Neretva, convertida en mujer fatal, a pesar de algunos voluntariosos diálogos y escenas:
«-No creo que sea verdad que nos amemos –murmuró Eva.Él reflexionó un momento. O aparentó hacerlo.-Yo tampoco lo creo».
La partida de los dos navíos hacia su cita con el destino tiene una grandeza que supera a las demás vicisitudes del libro.
Lecturas: Falcó (Arturo Pérez-Reverte)
El personaje no causa empatía. Tampoco lo pretende el autor. Por tanto, nada que objetar. A través de las páginas, seguimos a Lorenzo Falcó, señorito jerezano devenido en agente secreto al servicio del bando franquista en la Guerra Civil española. En algún lado leí una descripción del protagonista como "un agente secreto al servicio de sí mismo". Así es. Falcó trabaja para un bando pero sin entusiasmo. Aunque ello ponga en riesgo su vida y lleve a acabar con la de otros. Sin entusiasmo pero con un notorio sentido del deber. Como corresponde a alguien de su oficio. Esta vez la misión es colaborar en el rescate de José Antonio Primo de Rivera de la prisión de Alicante en la que fue ejecutado el 20 de noviembre de 1936. En la novela se respeta el hecho histórico, por lo que el fatalismo se impone a medida de que se avanza en la lectura. Sólo queda por adivinar cómo fracasará ese intento de cambiar la Historia. Sobre los planes, sin realizar, de liberar al líder falangista, hay un libro fundamental que puede estar en la base de esta ficción de Pérez-Reverte (véase aquí). En todo caso, en la operación en territorio enemigo, aparecen idealistas y agentes de dudosa fidelidad que aparecerán en la siguiente entrega de esta trilogía.







