domingo, 30 de octubre de 2022

Lecturas: Historias fantásticas (Stephen King)

 Fast food King. Vale, Burger King. Lo que quiere decir justamente eso, alimento literario del que se pega al riñón y de lectura rápida. Son 11 relatos de toda laya y dos poemas. Entre los relatos tenemos imaginación infantil mezclada con realidad (el estupendo Hay tigres), estudiantes furiosos que recuerdan a la novela maldita Rabia (Apareció Caín), historias de la mafia (Zarabanda nupcial), el inquietante, próximo a la ciencia ficción, El ordenador de los dioses, la historia angustiosa pero algo previsible de El hombre que no quería estrechar manos, la historia de ci-fi un tanto pesada de La playa, el tributo a M. R. James que podría ser La imagen de la muerte, la monstruosa disfuncionalidad sangrienta del muy interesante El camión del tío Otto, las historias macabras porque-sí de las dos relatos del lechero, la historia, no exenta de poesía, de pequeña comunidad aislada de El brazo y los dos poemas, irregulares ambos, Para Owen (su hijo, algo de guía paternas, mucho de afecto y alguna gota inquietante) y Paranoia: un canto  en el que se proyecta la sombra ominosa de Randall Flagg, mega villano de King. 



Es un festín de literatura, con su poquito de colesterol, bueno o malo, pero una excelente muestra de un hombre orquesta capaz de manejar diversos registros con desparpajo y rotundidad. 


Lecturas: La niebla (Stephen King)

O lo que es lo mismo, el primero de los cuatro volúmenes en que se desgajó, para publicarla en España, la recopilación de relatos reunidas por King bajo el título de Skeleton Crew. Reconozco que me acerqué con prevención a este volumen al reconocer en el título una película que había visto (en Madrid, 1980, la primera que veía fuera de mi ciudad) y que recordaba como algo previsible, en pan piratas regresados de la tumba y emergiendo de la niebla para cepillarse a los entrañables vecinos de un pueblito costero. Pero aquella era de John Carpenter, descubro ahora, y tan buena como, ahora me pongo serio, Kung-fu contra los siete vampiros de oro. Pues lo dicho, que disculpen el exordio pero es que no, nanay, niet. El libro de King, y su magistralísimo primer relato, nada tiene que ver con aquello.



    Aquí, titulando con razón el volumen, y abarcando hasta la página 213 de las 311 de que consta el volumen, esta novela corta, o novela a secas, es un prodigio de gente normal (más o menos normal) atrapada en un supermercado mientras fuera, entre la niebla, se mueven criaturas que matan. Homo hominis lupus, eso mismo. Agobiante, magníficamente resuelta y planteada, sería también una excelente introducción a la Obra Completa de King en cuya reseña me encuentro comprometido. Las otras historias que la acompañan, no desmerecen en exceso: El mono, donde un simio de juguete que hace sonar siniestramente sus platillos no se deja eliminar y se va tomando la revancha de forma sangrienta, o la fantasía casi onírica de El atajo de la señora Todd que entronca con la saga de La Torre oscura en la que King ya se había embarcado.

lunes, 26 de septiembre de 2022

Lecturas: Vengo de ese miedo (Miguel Ángel Oeste)

 Me considero amigo de Miguel Ángel Oeste. Una persona dinámica, nerviosa, generosa, inquieta, fiel en la amistad y en la pasión por la creación. Sí, he repetido una misma idea, amigo y amistad, morfemas en los que me reafirmo porque es ahora, justo ahora, cuando al fin lo conozco. Es más, como en aquel drama de Puccini, al fin conozco su nombre, el verdadero, el que incluye el apellido Martín. Ya él una vez lejana me confió que lo de Oeste era una lección porque evocaba horizonte, aire, libertad, cielo infinito. Ahora, tras atisbar en otras ficciones suyas (Bobby Logan, Arena) que su juventud se movió en ambientes donde no hubo horizonte ni aire y la libertad era un engaño, ahora, digo, se completa ese rompecabezas y entrega, con dedos doloridos y magullados, las últimas piezas para componer su retrato. Su verdad. Su dolor. Porque ésta es una novela donde no hay ficción, porque es una excavación en el miedo (la otra palabra más repetida es rabia, seguida tal vez de dolor), y a la vez una apuesta por una tambaleante, quebradiza, esperanza. Porque es el pasado de Miguel Ángel, de su imposible diálogo con los padres, atenazados por la pasión desbocada y los paraísos artificiales devenidos en infierno para lo que han quedado fuera del edén. Una historia de violencia absoluta. De gritos, mamporros, abusos, humillación. De desolación. Y es la historia de Miguel Ángel, hombre angélico por partida doble ya desde el nombre, que va luchando contra sí mismo mientras se confiesa, mientras se debate por contar la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. La asquerosa verdad. La putísima y completa verdad. Y en ese vacilar si seguir y cómo, en esa elección de momentos, sensaciones y desdichas, teme por repetir el modelo paterno, él que es devoto padre de dos hijas que deben ser como ese padre, mi amigo: inocentes y bondadosas. Puras. Y en esa lucha consigo mismo, este ajuste de cuentas contra el pasado, Miguel Ángel, mi amigo, mi amigo, insisto, sale purificado. Al fin se ha atrevido a arrojar el rostro, que el espejo no hay por qué (en una cita de memoria que hago de Quevedo), a romper los espejos y los espejismos y tras la muerte del padre, de un padre demasiado terrenal, demasiado brutal, sin misericordia ni amor, al fin descubrirse en un mundo en el que, sucedió lo que sucedió, sus amigos seguiremos viéndolo igual, con su celeridad de corazón de pájaro y su mirada limpia. Es parta mí demasiado doloroso entrar en más detalles, imagínense cómo fue para él haberlo escrito, haberlo compartido. Tras esta confesión, Miguel Ángel ha quedado absuelto. Del todo y por todo. De los pecados que él no cometió. Y ahora se ha ganado, en justicia, el reino de los cielos, los campos infinitos del Oeste. Puede ir en paz.



miércoles, 31 de agosto de 2022

Lecturas: Maleficio (Stephen King)

 Nos hallamos ante una joya escondida en la abrumadora producción de King. Tal vez, en un momento de exaltación, podamos decir que obra maestra. En todo caso, ahí está, firmada con el pseudónimo habitual de Richard Bachman y con una combinación exquisita, pero amarga, áspera, de novela negra (en un 70'%) y de terror (un 30%). Precisando: es una historia de odio y de miedo. El odio de un clan gitano contra quien en un accidente de coche involuntario atropella a la matriarca del clan. El miedo es el del homicida, Bill Halleck, al comprobar que las maldiciones funcionan, y la que sobre él recae (las hay peores) consiste en ir perdiendo  peso de forma rápida y alarmante. Con la capacidad habitual de King de describir y compartir el dolor físico, ese no poder con su alma, con su cuerpo frágil y martirizado de Halleck. Que acude a un expeditivo amigo de la mafia, Richie Ginelli, que se embarcará en una sangrienta lucha, de poder a poder, con Taduz Lemke, el patriarca hijo de la difunta y que en su empecinamiento por vengar la muerte alcanza una majestad casi demoniaca. Por el alma de Halleck luchan Ginelli y Lemke. Tal cual. El bien contra el mal, esa vieja lucha, sólo que esta vez el bien es capaz de recurrir al mal.



Es una novela negra perfecta, rica en lances arriesgados y silbidos de balas. Es una novela de King (y de Bachman) perfecta, con su capacidad para hacer sufrir al lector, haciéndole sentir, con intensidad, el miedo y el odio. Directa como una bala al corazón. Puro King. Purísimo Bachman.

sábado, 30 de julio de 2022

Lecturas: El talismán (Stephen King y Peter Straub)

 La indefinición es lo que salva esta novela, haciendo que este baqueteado lector no sepa si es una novela valiosa o un experimento fallido. Esa duda radica en la participación de un segundo autor al que siempre queda acusarlo de los defectos, o simplemente de lo que no agrada a este comentarista. Que no es otra cosa que el elemento fantástico. Me aclaro y confieso. Allá en los años noventa, cuando empezaba a aficionarme al género de la Ciencia Ficción y a reunir una biblioteca de voraz aficionado, y en una ciudad de provincias que como tantas se arrogan el desmérito de las cien tabernas, en el único lugar en el que se encontraba una sección etiquetada como Ciencia Ficción era la librería de El Corte Inglés. Allí, para encontrar algún Philip K. Dick tenía que sacarla de entre volúmenes de otro género, la Fantasía en su modalidad Heróica, o de Espada y Brujería. Aquellos volúmenes usurpadores publicados por Timún Mas, y muy especialmente aquellos que formaban sagas protagonizadas por el Rey Arturo y sus nobles y errantes currantes (acababa de licenciarme en Filología Hispánica, con matrículas de honor en las asignaturas de literatura francesa y conociendo por tanto más que bien la Materia de  Bretaña y con motivos para desdeñar esos subproductos), me parecía que le quitaban el espacio a Dick, Heinlein, Asimov, Bradbury o Simmons. Como aquí, en la novela que nos ocupa, puede que Straub le quite páginas a King, que le haga desviarse de su territorio.



Porque aquí tenemos un libro que por una parte es plenamente del de Maine, con su recio realismo y su conocimiento del dolor, y por otro una novelita digna de Timún Mas, de caballeros, villanos, luchas por el trono (más adelante, en otra entrada, me tocará comentar ese desbarre que es Los ojos del dragón) y una reina hermosa y agonizante. Uno prefiere creer eso, que los capítulos situados en nuestro mundo son obra de King. Los de terror. Mientras que los fantásticos se deben a Straub. Que, pese a mi trauma de juventud, debo reconocer que escribe más que bien. Y la lucha del jovencito Jack Sawyer por traerse de una realidad paralela medievalizante el talismán que cure a su madre, que en el otro mundo es una reina que languidece, se convierte en un revoltillo de episodios de fantasía, con sus hechiceros y sus espadas, debe y puede interpretarse como la huida (mediante una pócima primero y más adelante simplemente por fuerza de voluntad) hacia otra realidad en la que parezca posible salvar de la inminente muerte a alguien querido. El mito de Orfeo y Eurídice, caigoi ahora, no es ajeno a esta historia. 

Los Estados Unidos de gente que puede ser muy mala y con alguna buena, tan excelentemente retratado por King, las andanzas de Sawyer por la realidad, es lo mejor del libro. Lo del mundo fantástico y su confluencia final con el real queda para el gusto de cada cual. No para el mío. Pero, lo reconozco, es una buena novela. Y una rareza morrocotuda en King (algún volumen más vendrá escrito en colaboración con Straub). Eso sí, quien no quiera perder el tiempo leyéndose la opera omnia de King, puede saltársela. O eso creo. 


miércoles, 15 de junio de 2022

Lecturas: Cementerio de animales (Stephen King)

Por su calidad literaria, diría que esta novela de King está entre sus títulos mayores y a la vez posee en tan alto grado los méritos y el estilo del autor, también sus obsesiones y temas, que sería una excelente opción para iniciarse en un autor adictivo como lo es el maestro de Maine. Véase, si no, mi caso: es el vigésimo título suyo que aquí gloso.



Todo comienzo desde el más estricto realismo y con la acostumbrada familia modélica americana. Louis y Rachel Creed, un médico contratado por una pequeña universidad en Maine y sus hijos, Elie y el pequeño Gage. Y hasta un gato, Church. Churchill cuando quiere ser formal. Se instalan en una encantadora casa, que tiene por delante una carretera comarcal por la que suelen pasar camiones a demasiada velocidad y por detrás un bosque, y en el bosque un cementerio de animales al que los vecinos llevan a ¿descansar? a sus mascotas, y al otro lado de una intrincada vegetal, un cementerio indio del que se cuentan historias singulares que sólo los más viejos del lugar, como los vecinos de los Creed,  Jud y Norma Crandall, él convertido en compañero de cervezas en el porche y ella siempre enferma. Con estos mimbres, King se las apaña para construir un drama sobrenatural sin concesiones. E incluye un procedimiento narrativo que por primera vez encuentro en él y es escalofriante: anunciar la muerte de un personaje un buen puñado de páginas antes de que ésta suceda. Algo que con mayor crueldad hará, de forma sistemática y dos años más tarde, Karl Vonnegut con Galápagos.

Como siempre con King, no quiero desmenuzar el argumento, nombrar las muertes y malos ratos, que alejen al lector. Si no la han leído, háganlo. Si han visto algunas de las adaptaciones al cine (hay una reciente), de todos modos vuelvan a la novela. Hay notables diferencias y nada puede superar el placer de lectura de obras maestras del horror como ésta.   


martes, 31 de mayo de 2022

Lecturas: La verdad sobre Jacqueline y Pablo Picasso (Pepita Dupont)

 Éste es un libro justiciero, el testimonio de una amistad intensa, plena de franqueza, entre una periodista (Dupont) y la viuda del mayor genio del siglo XX: Jacqueline Roque. Un libro contra la propaganda dañina de una ex-compañera de Picasso tóxica, Françoise Gilot, que se atrevió a compararse como pintora, situándose incluso por encima, con Picasso y que jugó la baza de la difamación con sus difundidísimas memorias (Vida con Picasso, 1965), volvió a sus hijos contra su padre y mantuvo el doble lenguaje del improperio público y el afecto en privado a través de cartas, que Dupont ha leído, en las que se ofrecía a volver y recuperar su trono. Además, debe tenerse en cuenta que el libelo de Gilot se ha difundido enormemente. Y en estos tiempos de adoctrinamiento y modas sociales, son muchas (e incluso muchos) los que llaman maltratador a Picasso sin aportar pruebas ni fuentes. O como mucho, se escudan en Gilot (que, sirva en su descargo, tampoco lo moteja así), Dupont simplemente mantiene una amistad con Jacqueline, traza su biografía, convive con ella, recoge el testimonio de esa otra vida con Picasso durante 20 años. Y nos deja el retrato de un amor tierno, de unos hijos devenidos en enemigos, incluyendo a la hija del primer matrimonio de Jacqueline, que es quien peor sale parada en este alegato. Y la generosidad de Jacqueline, su faceta, no siempre lo suficientemente reconocida, como donante de obras de su marido. Téngase en cuenta que incluso el siguiente compañero de Gilot, así como su siguiente marido, hablan para este libro en defensa de Picasso y contra la leyenda negra de Gilot.

Llevo 33 años trabajando para la Casa Natal del artista, conozco bien su vida, su psique, sus peripecias, incluso a algunos de los personajes que aparecen nombrados en el libro. He comisariado un buen puñado de exposiciones de Picasso (la última de ellas, inaugurada en Málaga hace unos días y con 352 piezas) y créanme: no crean a Gilot y lean a Dupont. Y comprenderán con mucha fiabilidad cómo era, a través de los ojos de su esposa, Pablo Ruiz Picasso. Sin tópicos ni zarandajas.