domingo, 6 de enero de 2019

Lecturas: Bailén. Episodios Nacionales, 4 (Benito Pérez Galdós)

Bailén ha quedado como nombre de calle en casi todas las ciudades españolas, y casi como la única victoria contra los franceses en la Guerra de la Independencia. Esta novela, especialmente leve, no sirve para que cambiemos esa percepción de "Bailén, general Castaños, victoria española". Además, la trama sentimental es especialmente molesta e innecesaria, haciendo que el lector se hastíe bien pronto de las cuitas de Gabriel en procura de su unión con Inés. Si algo destaca es la formación del ejército español a base de milicias y voluntarios que se juntan para la ocasión y que propicia hechos tan llamativos como el indulto, por parte de la Junta de Sevilla, de bandoleros que no estuvieran inculpados por delitos de sangre, para que formaran parte de las tropas que vencieron. Con esta victoria se consiguió que el rey José abandonara inmediatamente Madrid y que por vez primera la Grande Armée se mostrara falible. Napoleón podía ser batido. La necesidad de revancha por parte de los españoles fue un factor tan importante como la brillantez de Castaños y la torpeza de Dupont, el vencido, del que el propio Bonaparte afirmará tras la batalla que "desde que el mundo existe, no ha habido nada tan estúpido, tan inepto y tan cobarde". En todo caso, este choque trascendental merecía una novela mejor, más centrada en las armas que en las tribulaciones del protagonista y relator.


lunes, 31 de diciembre de 2018

Lecturas: El 19 de marzo y el 2 de mayo. Episodios Nacionales, 3 (Benito Pérez Galdós)

Sin duda, en el recuerdo y en la relectura, uno de los mejores episodios galdosianos. En el que se concentran dos importantes sucesos de 1808: el motín de Aranjuez contra Godoy y el levantamiento popular contra Napoleón. En los que asistimos a la furia del pueblo español, primero como populacho movido por la rancia aristocracia en su intento, ahora exitoso, de eliminar a Godoy, y después como pueblo que simplemente quiere recuperar su dignidad tan puesta a prueba durante siglos. Mucha furia, mucha sangre, mucho desorden. En Aranjuez, hay momentos en que se aprecia que ese levantamiento orquestado está a punto de quedar fuera de control, hasta el punto de estar al borde de convertirse en revolución. Con todo, queda una incómoda sensación, y es aquella de que el pueblo español, con sus devociones y sus odios instantáneos, siempre será barro en las manos de un alfarero malvado. Aquellos que el 19 de marzo asaltan el palacio de Godoy vivando a Fernando VII (la abdicación de Carlos IV será instantánea) son los mismos que cinco días después atestan las calles para aclamar al nuevo rey, en escenas que Galdós describe empapadas de un entusiasmo popular legítimo, y será el mismo pueblo que se echará a las calles a matar franceses y será víctima de los fusilamientos. Tras la expulsión definitiva de los invasores y la aprobación de la Constitución de 1812, esos mismos españoles, en su mayoría, gritarán ¡Vivan las caenas! o secundarán la causa carlista en sucesivas guerras carlistas. Se pone en marcha, ese 19 de marzo, un proceso histórico que aún no ha cesado. 

domingo, 30 de diciembre de 2018

Lecturas: La corte de Carlos IV. Episodios Nacionales, 2 (Benito Pérez Galdós)

Al fin entra Galdós en harina, tras el prólogo de Trafalgar. Aquí lo que sobra es la trama sentimental de Gabriel en pos de una chiquilla, Inés, a la que sigue por Aranjuez primero y que le llevará a ser testigo lejano de la conjura del Escorial, a través de la que el príncipe Fernando intentará deshacerse a la vez de Godoy y de Carlos IV, y que al mismo tiempo le llevará a él mismo contra las cuerdas. Aquí tenemos el país ridículo que se disputan el gran arribista de Godoy, el felón del príncipe de Asturias, pleno de soberbia, y el ingenuo cornudo que fue Carlos IV. Pudiendo ser un formidable personaje la casquivana y antojadiza reina María Luisa de Parma, Galdós piadosamente la deja fuera de foco. Mientras, es el ocio de los cortesanos, a los que sirve Gabriel, el que sirve para dar cuerpo a la novela, con dos aristócratas, encubiertas bajo los nombres de Lesbia y Amaranta (es fácil adivinar en Amaranta un trasunto de la duquesa de Alba), partidarias una de Fernando y de Godoy la otra, volcadas en la actividad teatral del momento, con Moratín como estrella en ascenso y Comellas como figura caduca e Isidoro Máiquez como gran intérprete. Incluso, su amigo y retratista Goya hace una discreta intervención en estas páginas. Bien resuelta y ambientada la novela, sirve para contextualizar el siguiente episodio, en el que se consumarán la caída de Godoy y el estallido de la revuelta contra los franceses, que ya habían comenzado a entrar en España. 

A punto de desaparecer de la escena Carlos IV, llega el momento de Fernando VII, de cuyo nivel intelectual da idea una carta a sus padres de 1800 y que en esta edición se cita en los artículos complementarios: "Señora: Mama mía, Llegué bueno, con ganas de cenar. Heres mi pichona como dises y te quiero mucho y he llorado porque no beniste conmigo, que estoy güerfanito de Padre y Madre". Con estos mimbres, el drama nacional está servido.

José Aparicio: 
Godoy presentando la Paz a Carlos IV (1796)

martes, 4 de diciembre de 2018

Lecturas: Trafalgar. Episodios Nacionales, 1 (Benito Pérez Galdós)


Hace años me leí con desparejo entusiasmo los 46 tomos de los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós en aquella edición barata que se regalaba con Historia 16. Antes, en la remota mocedad, leí el primero de ellos, Trafalgar, dentro de la Biblioteca RTVE de Editorial Salvat, sin que dejara un recuerdo especial. Ahora que retomo la relectura gracias a la mucho mejor edición que sacó el diario El Mundo en veintitrés volúmenes ilustrados y con introducciones y recuadros informativos, tampoco deja Trafalgar otra sensación, otra función, que la de un prólogo al gran drama, y la gran tragicomedia, del siglo XIX español. Aunque ese cometido lo desempeña mejor el siguiente título, La corte de Carlos IV. Pero aquí se trata de presentar el primer zarpazo de Napoleón a los intereses españoles, esta vez como aliado.

Bandera del "San Ildefonso".
Museo Marítimo de Greenwich

Curiosamente, el hecho de la batalla, del combate, es despachado aquí por Galdós con economía de medios y en pocas páginas, siendo más importante la descripción del daño, la angustia y vicisitudes de prisioneros y náufragos. El protagonista de esta primera serie dedicada a la Guerra de la Independencia, Gabriel de Araceli, que será pieza conductora, es descrito en su primera mocedad como un pícaro de Cádiz que a veces siente, en el fragor del peligro, con el miedo, el orgullo de la patria. Y es que tal vez sobre la mezcla de esas dos emociones es sobre  lo que trata este largo ciclo literario de Galdós.

martes, 27 de noviembre de 2018

Lecturas: Sur (Antonio Soler)




Hay chicharras que se oyen en las tardes malagueñas de verano. Pero desaparecen en los días de terral, ese viento que los guías turísticos dicen que viene del desierto del Sahara pero que se forma en las montañas que rodean a Málaga por una interacción con el mar y es primo hermano del foehn de los Alpes. En mitad del terral, de un día de verano, sitúa Antonio Soler su novela Sur que no es (no sólo es) un Ulises de Málaga donde la palabra Málaga no aparece pero que es protagonista con sus solares en la avenida Ortega y Gasset y su violencia en Portada Alta (un barrio en el que debí crecer pero que no llegué a pisar, espantado ya en 1966 mi padre por el vecindario), sus chalets finos allá por Miramar, sus zanjas del metro y sus vampiros del Molinillo. Es, sobre todo, una muestra clínica de un día en la vida de la ciudad, un trozo palpitante en el que se recoge la voz de lumpen con sus yonquis y sus asesinos en potencia y en acto, de trabajadores, de niños bien, de libertinos y beatas. Todo cabe aquí, en esta novela. En esta ciudad. Absolutas y hasta absolutísimas tanto la ciudad como la novela. Que es cervantina con sus dos insertos narrativos (El fantasma de la calle Molinillo y el intermitente Diario del atleta son el equivalente de la las historias del Curioso Impertinente y del Cautivo en el Quijote), como son cervantinos Rai y Chinarro, que atraviesan la ciudad bajo el terralazo y son especialmente candorosos y embrutecidos. 

En el libro se comienza por un cuerpo agonizante cubierto de hormigas en un descampado, y al caer la noche habrá un asesinato inesperado. Con todo, no hay una trama policial ni criminal, no se explica quién, cómo, cuándo. Aunque el asesinato es nítido y ahí sí se dan señales y datos. Y si es quijotesco el libro, también es celiano, por cuanto esa aglomeración de personajes (no todos con importancia) nos remite a La Colmena y su índice final de personajes que aquí también incluye Soler y que leído de corrido, con sus descripciones y minucias, equivale a un retrato robot de la ciudad.


Hay páginas de una eficacia pasmosa, entre lo poemático y lo físico, como la escena de sexo con pérdida de virginidad seguida, no mucho más adelante, de otra, también con un primerizo, de sexo oral entre hombres. Páginas con una textura agobiante en su perfección. Porque aplicar esa palabra, perfección, a Soler es ya caer en el tópico, en la obviedad. 

También aquí hay excelente, excelentísima, literatura. Conozco a Antonio Soler desde hace más de 30 años, y compartimos un premio de relatos, el Jauja, que ambos ganamos con tres años de diferencia. El corredor Soler no ha parado de distanciarse de los que quisimos ser sus iguales. Ya ni se le ve de tan atrás que me siento. Su capacidad. Su calidad. Su estilo. Su mundo. Su maestría. Todo eso.

domingo, 25 de noviembre de 2018

Lecturas: De Adolf a Hitler. La construcción de un nazi (Thomas Weber)


Muy interesante biografía parcial de Hitler entre 1918 y 1923, que intenta explicar cómo el cabo austriaco se convirtió en Hitler, el Führer. Lo consigue. Con algunas pegas. Y nos descubre un Hitler insólito (tengo pendientes las biografías más o menos canónicas de Ian Kershaw y de Joachim Fest, de las que daré cuenta), como es su acomodo al régimen de la fugacísima república soviética de Baviera, sirviendo en un ejército llamado rojo, o su posible presentación de respetos al líder judío y socialista Kurt Eisner en 1919 (hay una foto discutible que tal vez testimonie ese momento y que aquí reproduzco). En todo caso, es claro que es en el verano de 1919 cuando Karl Mayr, un oficial de inteligencia, termina de ponerlo en el camino del Apocalipsis, al asistir a un curso de formación política para militares. A consecuencia del discurso protonazi de Mayr (que a su vez terminará purgado y muerto en 1945 en el campo de concentración de Buchenwald), Hitler recibirá encargos de su superior entre el que se encuentra asistir a una reunión del Partido Alemán de los Trabajadores. Seducido, participa hasta más allá de toda sensatez, toma la palabra, se enciende y… ha nacido una estrella (de la muerte).


A partir de ahí, todo será conspirar y crecer, seducir y mentir. Hasta llegar al putsch final (en el que Hitler era un secundario, siendo el protagonista principal Ludendorf) y el encierro aprovechado para escribir Mein Kampf.  Quizás se echa en falta un estudio más detallado sobre cómo se retroalimentaban las ideas volkish (populistas) de la extrema derecha y las consignas de los Freikorps que luchaban contra la revolución comunista en Alemania. Pero algo se intuye en este libro esclarecedor y excelentemente documentado y que deja a Hitlewr en el momento del inicio de la lucha por el poder. Lo demás es bien sabido. El horror, el horror.    



jueves, 15 de noviembre de 2018

Lecturas: 4 3 2 1 (Paul Auster)


            Archie Ferguson muere de adolescente, Archie Ferguson muere joven, Archie Ferguson muere adulto, Archie Ferguson vive. Como los negritos de Agatha Christie, cada uno de los posibles Archies va desapareciendo a medida que avanza la novela, y al final sólo quedará uno. A resumidas, telegráficas, cuentas, esto es 4,3,2,1, lo último y muy ambicioso de Auster. Un libro que comienza contándonos cómo llegó el primer Ferguson a América, un inmigrante judío que en el barco decide dar como su apellido el de Rockefeller (juguetona y distópicamente, el Ferguson sobreviviente ve llegar a la Casa Blanca a Nelson Rockefeller) pero que al encontrarse con el agente de aduanas contesta, en yiddish, “IIkh hob fargessen” que es transcrito como “Isaac Ferguson” y que pasa a ser el abuelo de Archie, de los diversos Archies. Pues, en ese ejercicio por el que todos hemos pasado (en mi caso, qué habría sido de mi vida si mi padre hubiera emigrado a Argentina en los años 40, si el que hubiera emigrado allí fuera yo en 1990, si mi padre se hubiera ido a Italia con los soldados italianos que lo encontraron/rescataron durante la caída de Málaga en 1937, esas cosas), Auster nos ofrece, capítulo a capítulo, cuatro posibles vidas de Ferguson, a veces enamorándose de la misma muchacha, a veces siendo homosexual, con dos muertes repentinas y bruscas (una de ellas basada en una experiencia infantil de Auster relatada en su anterior libro, cuando en un campamento infantil un rayo fulminó a un niño junto a él), con diversos grados de riqueza o de estrechez, siempre en entornos neoyorquinos, y una etapa parisina, algo que coincide con la biografía del propio autor, y con una técnica narrativa que recuerda al gran Philip Roth.


                Este pasar de un Ferguson a otro, a veces con levísimas diferencias, hace que la lectura sea a momentos confusa pero siempre grata. Seguimos a Archie a partir de su nacimiento en Newark (la ciudad natal de Roth, ¿les suena?) en 1947 y a partir de ahí comenzarán las divergencias. El resultado es una novela que detiene su relato a comienzos de los años 70. Entre medias, deportes, escuelas, la copntestación a Vietnam, París.  Pero no es, no, la mejor novela de Auster. Ni la mejor de Roth con la pluma de Auster. Pero sí es una grata novela, ambiciosa y valiente. Y plenamente recomendable.