miércoles, 14 de septiembre de 2016

Lecturas: Cinco esquinas (Mario Vargas Llosa)

En la solapa del libro compruebo que pocos libros me faltan por leer del inmenso autor peruano. En concreto, de sus 18 novelas he leído 14. Disfrutándolas todas. Pero también que sus últimas ficciones son sólo correctas (es decir, no un verdadero placer en la lectura, sino un mero y apacible agrado, lo que viene a ser la diferencia entre la alegría y la amabilidad, algo así). Únicamente "El sueño del celta" me pareció estar a la altura media de la calidad habitual en Vargas Llosa. Su anterior novela, "El héroe discreto", estaba a medio camino entre la sonrisilla floja y la sonrisa amplia y firme. "Cinco esquinas" se lee con rapidez, pero se desinfla rápido y fluye hacia el olvido. Da la impresión de que el conflicto que presenta la novela, el de un ingeniero sometido a chantaje por una publicación sensacionalista, se resuelve demasiado abruptamente. Como si Vargas hubiera sufrido una pájara y se viera obligado a acortar el número de páginas y simplificar la trama. Lo que mucho prometía hasta los dos tercios del libro, se viene abajo en el último tercio. Una pena. Porque la novela era brillante a pesar de cierta cobardía, puede que un ardid legal, que lleva al autor a nombrar a las claras al atroz gobernante Alberto Fujimori, pero que elude nombrar a Vladimiro Montesinos que se erige en personaje secundario y que en todo momento, y a veces chirriando, es llamado el Doctor...

Panorámica del punto que da nombre al barrio limeño, Cinco esquinas, 
en el cual se inspira Vargas Llosa para su nueva novela. 

lunes, 29 de agosto de 2016

Lecturas: Cuentos (Robarto Bolaño)

De él me interesó y divirtió su Literatura nazi en América y me dejó con ganas de más el inacabado y póstumo 2666. La recopilación de tres libros de relatos que nos ocupa (Llamadas telefónicas, Putas asesinas y El gaucho insufrible) sirve para constatar su inmenso talento y para descubrir cómo si la muerte no hubiera dejado trunca su última novela, el propio Bolaño podría haberla dejado así. Casi no hay un relato en este volumen (529 páginas en mi edición) que no tenga un final abierto, un final sin final. Todas las veces, funciona que así sea. Pero todas las veces desconcierta. Entre ellos, hay un par de obras maestras, Putas asesinas con su venganza inapelable y El retorno con su soledad necrófila y serena. El libro se abre con un prólogo, Consejos sobre el arte de escribir cuentos, certero con su culto a Poe y a Borges y suis pullas a Umbral y Cela. Entre esios consejos, hay uno que advertiremos que cumple Bolaño: Un cuentista debe ser valiente. Es triste reconocerlo, pero es así. 



El libro concluye con otro texto, Los mitos de Chtulhu, que tiene forma de conferencia escrita de corrido sobre el arte literario, y que es un texto amargo, descarado y lleno de humor amargo como sólo puede tenerlo alguien que sabía muriendo y que se resistía, con humildad honesta, a ser un genio.  


Lecturas: Secretos del Tercer Reich (Guido Knopp)

El título no puede ser peor. Y no se trata de un capricho del traductor. Pero el contenido es apasionante. Se trata de seis capítulos extensos que tratan de aspectos muy diversos del régimen nazi: la familia de Hitler, Rommel y su leyenda, el dinero de Hitler, la figura de Himmler, las mujeres de Hitler y las mentiras de Speer. Cada capítulo se lee con interés creciente, y el uso de recuadros en el texto con citas de testigos, personajes e historiadores, sirven para orientarnos y sorprendernos. La letra pequeña del libro nos avisa que Knopp (jefe de la sección de Historia Contemporánea de la televisión estatal ZDF) escribió el libro con la colaboración de otros seis historiadores, de forma que es co-autor de cada capítulo. En todo caso, más allá del reparto de los méritos y autorías, es magnífico el resultado. Arrojando tantas luces como sombras mantiene.
Unity Mitford compartiendo tribuna
 con el villanísimo Julius Streicher

Así, descubriremos al por menor cómo Hitler pudo haberse llamado para la posteridad Adolf Schicklgruber, cómo son especulaciones jugosas pero injustificadas que tuviera sangre judía, cómo fue un tarambana ávido de fama su sobrino William Patrick Hitler (que terminó enrolándose en el ejército norteamericano). Nos quedaremos con ganas de saber si Rommel estuvo involucrado en la conspiración de Stauffenberg contra Hitler y que al Zorro del Desierto le costaría la vida. Aunque una cierta sospecha sí queda. Sabremos cómo de rico fue Hitler gracias a los dividendos de su Mein Kampf y de la ayuditas de patrocinadores entusiastas de la matanza. De Himmler sabremos lo que ya sabemos, además de un intento loquísimo de reivindicar a las brujas alemanas de los siglos XVI y XVII como mártires de una causa encomiable. Sabremos lo de casi siempre sobre Hitler y su sobrina Geli Raubal, el encoñamiento que tuvo la bellísima idiota Unity Mitford y el amor tierno y perruno de puro manso de Eva Braun. Hubiera venido bien alguna especulación adicional sobre la más nazis de las nazis, Magda Giebbels. Por último, el combativo capítulo sobre Speer carga las tintas en su colección, pequeña, de obras de arte que intentó ocultar y vender, no aportándose pruebas más contundentes sobre su implicación en el mayor de los crímenes posibles. Eso sí, incentivó a sabiendas el desalojo y deportación de varios miles de judíos berlineses.




domingo, 31 de julio de 2016

Lecturas: El Tercer Reich. 101 preguntas fundamentales (Wolfgang Benz)

Curioso y útil libro, que recuerda con sus preguntas y respuestas (algunas muy breves, pero casi nunca de menos de una página) a los catecismos de la infancia y que sirven para comprobar si todo lo que uno sabía del nazismo es más o menos cierto. En este caso, algunas sorpresas y alguna que otra corroboración. Así, la sorpresa de que el incendio del Reichstag, por mucho que fuera útil para los nazis, no fue algo tramado por los mismos,o las noticias sobre el llamado Círculo de Kreisau o el Plan Morgenthau, o la aclaración sobre lo que sabía o no Albert Speer (efectivamente, el nazi bueno era culpable). Un libro útil, conciso, que ahonda cuando quiere (la actitud de la Iglesia, protestante y católica), y que calla a veces (la ascensión al poder de Hitler, sus maniobras entre 1923 y 1933, las raíces del antisemitismo alemán). No está, pese a todo, mal.

Lecturas: El arte en la historia (Martin Kemp)

Con un subtítulo lacónico que acota el tiempo del que trata el libro, 600 a.C. - 2000 d.C., es una brevísima historia del arte occidental desde los kourós griegos hasta los sobrecogedores vídeos de Bill Viola. Cada capítulo se abre con un texto de algún tratadista de la época para ubicar las obras que a continuación se comentarán, en su época y en las tensiones estéticas del momento. El conjunto supopne el equivalente a una excelente audioguía de un museo que nos contara justamente esos 2600 años de arte en Europa y América del Norte. No está nada mal. Por mucho que no se aprenda apenas nada que no sea ya sabido por ningún aficionado a las artes. Por aquello de la incredulidad inevitable hacia la creación de los últimos 50 años, tal vez destaquen los comentarios respecto a ese periodo, que iluminan y justifican lo que suele parecer injustificable. Buen ejercicio didáctico.


Bill Viola: Emergence (2002)

viernes, 29 de julio de 2016

Lecturas: Mi vida (Marc Chagall)

Una rareza. El único libro que escribió Chagall. Un repaso a su vida escrito cuando le quedaban otros 63 años y él tenía 35. Apenas nada. Ser trata de pinceladas (permítaseme usar el término obviamente pictórico pero inevitable) impresionistas sobre su infancia y sus años de formación. Con un estilo literario asombroso, que no es elaborado pero que con frases cortas y sincopadas manifiestan una calidad literaria insospechada, un flujo de palabras y de la imaginación imprevisibles, Chagall cautiva por más que escamotee los detalles decisivos. Como muestra, el fragmento en que cuenta su decisión de cambiar el Vitebsk nativo por París:  

      Pero tenía la impresión de que si me quedaba más tiempo en Vitebsk, quedaría cubierto de polvo y moho.
     Vagaba por las calles, buscaba y rezaba:
      "Dios, Tú que te escondes en las nubes, o detrás de la casa del zapatero, haz que aparezca mi alma, alma dolorosa de niño tartamudo, revélame el camino. No quiero ser como los demás; quiero ver un mundo nuevo".
      En respuesta, la ciudad parece quebrarse, como las cuerdas de un violín y todos los habitantes empiezan a caminar sobre la tierra, alejándose de sus moradas. Los parientes se suben a los tejados y descansan.
     Todos los colores se invierten, se convierten en vino y mis telas se desbordan de bebida.
     Estoy la mar de bien con todos vosotros. Pero... ¿habéis oído hablar de las tradiciones, de Aix, del pintor que se cortó la oreja, de cuadrados, de París?
    Vitebsk, yo te abandono.
    ¡Quedaos solos con vuestros arenques!


Lecturas: 1936 (Enrique Moradiellos)

Subtitulado "Los mitos de la Guerra Civil", se trata de un excelente intento, en 2004, de aclarar, de opinar con datos y bibliografía, con serenidad, de diversos no mitos sino tópicos en torno a la Guerra Civil: las tres Españas, la inevitabilidad presunta, la atribución de culpas, las razones de la derrota y la victoria, la moral de combate, el contexto exterior, etc. De todas las aportaciones de Moradiellos, me quedo con su visión, en la órbita de Paul Preston (su libro es de 1999) de que no se trató de una guerra entre dos doctrinas totalitarias irreconciliables, fascismo y comunismo, sino entre éstas y el reformismo republicano, que fue devorado, iniciada la guerra, por sus antagonistas. Fue un conflicto entre Reforma, Reacción y Revolución. Tres opciones antagónicas entre sí. La Reforma fue la primera víctima. Quizás ese sea el drama mayor. Eliminada la opción más moderada, hubo una lucha a muerte entre dos exaltaciones. Especial interés tiene, por lo poco conocido, un fragmento de una carta de Juan Negrín al periodista Herbert Mathews, en 1952, relatando sus conversaciones con George Orwell y que arrojan una vergonzosa luz sobre el bando republicano y sus constantes desavenencias internas (ya se sabe, Revolución contra Reforma): “Inquiría también por las causas de nuestra derrota, que yo sostuve y sostengo más se debió a  nuestra  inconmensurable incompetencia, a nuestra falta de moral, a las intrigas, celos y divisiones que corrompían la retaguardia, y por último a nuestra inmensa cobardía que a la carencia de armas. Cuando digo 'nuestra', no me refiero naturalmente a los héroes que lucharon hasta la muerte, o sobrevivieron toda suerte de pruebas, ni a la pobre población civil, siempre hambrienta y al borde de la inanición. Me refiero a 'nosotros', a los dirigentes irresponsables, quienes, incapaces de prevenir una guerra, que no era inevitable, nos rendimos vergonzosamente cuando aún era posible luchar y vencer. Y conste que no distingo cuando repito 'nosotros'. Como en el pecado original, hay una solidaridad en la responsabilidad, y el único bautismo que puede lavarnos es el reconocimiento de nuestras faltas y errores comunes”

Lo siento: era demasiado tentadora la foto,
quizás la única que combina optimismo y 1936


Quedan, como un segundo discurso de Gettysburg, las palabras de Manuel Azaña en el segundo aniversario del comienzo de la guerra tan necesarias y justas ahora, 80 años después de ese 18 de julio: "Y cuando la antorcha pase a otras manos, a otros hombres, a otras generaciones, si alguna vez sienten que les hierve la sangre iracunda y otra vez el genio español vuelve a enfurecerse con la intolerancia y con el odio y con el apetito de destrucción, que piensen en los muertos y que escuchen su lección: la de esos hombres que han caído embravecidos en la batalla luchando magníficamente por un ideal grandioso y que ahora, abrigados en la tierra materna, ya no tienen odio, ya no tienen rencor, y nos envían, con los destellos de su luz tranquila y remota como la de una estrella, el mensaje de la patria eterna que dice a todos sus hijos: Paz, Piedad, Perdón".