lunes, 17 de marzo de 2025

Lecturas: Fuego cruzado. La primavera de 1936 (Fernando del Rey y Manuel Álvarez Tardío)

Este abrumador volumen se ha llevado en los últimos días el premio Francisco Umbral al mejor libro del año. Como indican sus autores, ese periodo, el de la primavera trágica de 1936, había sido tratado sólo desde la propaganda desde los dos bandos. Tal como sucede hoy, con la sociedad española dividida entre los fascistas que no lo son sino a través de la atroz opinión de sus opuestos, y antifascistas así motejados a sí mismos con orgullo y no poca ignorancia y con ademanes y procedimientos bien parecidos a los del fascismo. Ir a las fuentes primarias, sean informes policiales o artículos de prensa, es lo que aporta singularidad a esta crónica de los hechos expuesta con ejemplar claridad por del Rey y Álvarez Tardío.

El afán por huir de la manipulación es ejemplar e incluso escalofriante. En la introducción, prometen tratar los hechos, en cuanto anteriores al estallido de la guerra, como si ésta no hubiera existido. Los condicionantes, las anteojeras, de historiadores como Ángel Viñas o Paul Preston (por citar dos destacadamente adscritos a una óptica) o Pío Moa (en el otro lado), no se aplican aquí. Se cuentan hechos entre el 16 de febrero de 1936 y el 17 de julio del mismo año. Tal cual. 



Que la prensa de entonces hablaba a menudo de "fascistas" de forma genérica, calificando a los jóvenes del partido de Gil-Robles o incluso a los de Acción Católica o a los afiliados a los sindicatos católicos con esta expresión debe servirnos para reflexionar desde nuestros tiempos idiotas. Más adelante, señalando la facilidad del uso del nombre de fascista por parte de los comunistas, se señala: Por consiguiente, a lo que tenía que dedicarse el Gobierno en cuerpo y alma era a "disolver las organizaciones fascistas delo crimen", reclamaba el portavoz del Partido Comunista el día del entierro de Gisbert. Lo de organizaciones y fascistas en plural no era una casualidad. Porque no se pedía la disolución de Falange, sino que «fascista» era todo lo que estaba a la derecha del Frente Popular. Mencionaban expresamente tres «organizaciones fascistas»: «Falange Española, Jap, Requetés Tradicionalistas». Así, para los comunistas, los jóvenes del principal partido de la derecha católica, los japistas, e incluso cualquier otra organización de «este jaez», entraban dentro del pistolerismo «reaccionario». Y como los «cuerpos represivos» y los jueces no estaban actuando implacablemente contra aquellos, no cabía otra que «crear fuerzas populares armadas». Porque «las clases populares tienen un grave enemigo en la fuerza pública». Pero esta ceguera no se limitaba al comunismo, sino que irradiaba también desde el PSOE de Largo Caballero, ya que para el caballerismo, fascismo quería decir toda la derecha e incluso los republicanos conservadores y centristas

Con este clima crispado, Calvo Sotelo, describió el gobierno de Casares Quiroga en estos términos: en el orden económico, depauperación; en el orden espiritual, odio; en el orden moral, indisciplina; en el orden político, esterilidad; en el orden nacional, disgregación. No es la España de hoy. Pero casi. O más adelante: La descalificación de los jueces y la exigencia de depuraciones no fue cosa exclusiva de los portavoces más radicales del Partido Socialista. ¿Les suena? 

Sigamos. Aunque sin dedicarle demasiado espacio, y sin querer presumir de ello, los autores aportan en un apéndice titulado Los números de la violencia la cuantificación de las víctimas de aquellos cinco meses en que España se llevó al suicidio rodeada de sonido y de furia. Aunque había habido intentos serios de hacer estos cálculos, éste es el más exhaustivo. Fueron 484 muertos y 1.659 heridos graves. Antes de llegar a este punto, del Rey y Álvarez Tardío aclaran, sobre las víctimas causadas y sufridas por Falange: las cifras no deben tomarse como incuestionables y definitivas, entre otras razones porque las fuentes a veces utilizan término "fascista" de forma muy genérica, escondiendo en algunos casos la condición de derechista más que la de falangista/fascista en términos precisos. Esto sucede a menudo con la prensa de la izquierda obrera, donde la utilización del genérico "fascista" solía imponerse a la atribución precisa del concepto. No ocurre lo mismo cuando queda clara la militancia en Falange de los protagonistas del hecho, en la mayoría de los casos. Aquí se ha procurado afinar al máximo, pero es obligado indicar que la seguridad no es completa. Partiendo de tales advertencias, entre el 17 de febrero y el 17 de julio de 1936, ambas fechas incluidas, se ha registrado un total de 148 víctimas falangistas, desglosadas en 65 muertos y 83 heridos. Por su parte, se han contado 144 víctimas ocasionadas por su pistolerismo, repartidas en 56 muertos y 88 heridos. Es decir, según esta contabilidad Falange sumó nueve víctimas mortales más que las que ocasionaron sus activistas, cinco heridos menos que los que produjeron, llegando casi a la paridad con sus adversarios en términos globales. ¿Qué indican estas cifras? Pues que aquí, evidentemente, disparaban otros actores además de los falangistas. Es más, estos no sólo se hallaron lejos de ocupar posiciones de exclusividad en la generación de la violencia armada, sino que en su particular duelo a lo largo del período analizado fueron rebasados por sus rivales izquierdistas durante varias semanas. Esto, añado yo, rebate el argumento, tan manido, de que los feroces fascistas fueron asesinos mientras los heroicos luchadores por la igualdad fueron meras víctimas.

En el apéndice se demuestra que el 78,7% de los episodios violentos fueron causados por izquierdistas frente al 21,3% de derechistas. En cambio, hubo 390 víctimas izquierdistas frente a 189 fascistas y 249 derechistas. Se precisa que esta elevada cifra de izquierdistas incluye también a los que cayeron a manos de la policía al reprimir sus ataques y atentados. Entre los agresores, hubo 749 izquierdistas y 431 derechistas. Esas son las cifras. Y a quien le escueza, que lea. Sobre todo este libro.



Finalmente quisiera destacar un capítulo vibrante que daría lugar a una estremecedora película que bien podrá titularse como el capítulo, Pontejos. En él se cuenta,. casi minuto a minuto, la estupidez del asesinato del teniente Castillo (instructor de milicias de izquierdas) y la monstruosidad del asesinato del jefe de la oposición monárquica, José Calvo Sotelo. Esa noche murió España.





Lecturas: Un extranjero llamado Picasso (Annie Cohen-Solal)

Picasso es casi una disciplina artística. Tan inabarcable, tan singular, tan cambiante. Cohen-Solal traza un recorrido cronológico por la vida del artista malagueño desde que llega a Francia y se convierte en un extranjero allí, en un sospechoso, que pasa por diversas etapas. A saber: Picasso había superado este tiempo de precariedad que la Policía y las instituciones francesas habían impuesto al "anarquista vigilado" (1901), al "extranjero", al "ESPAÑOL" (1932), al «individuo muy sospechoso desde un punto de vista nacional» (1940) que entonces vieron en el artista. A partir de la década de 1960, con las nuevas disposiciones del Estado francés hacia él, también había experimentado una configuración rigurosamente opuesta, la de la «aceleración valorizadora». ¿Cómo ver con claridad cuando se asocian experiencias tan dispares en torno a la propia persona? ¿Cómo vivir la precariedad, en determinados momentos clave, aunque escasos, cuando reaparecen el miedo a la expulsión o el sentimiento de fragilidad frente a las instituciones? ¿Cómo navegar en las aguas hostiles de las guerras (víctima colateral de la germanofobia en 1914, revolucionario español y artista "degenerado" bajo Vichy en 1940), o en las marismas de entreguerras, según los vaivenes de la xenofobia ordinaria?

 


Haciendo hincapié en los momentos en que Picasso buscó la nacionalidad francesa como una manera de refugiarse ante la inminente amenaza de la Ocupación nazi, que fue resuelta tras no pocos trámites, con cierta brutalidad (En conclusión, este extranjero no amerita nada para obtener la naturalización; por otra parte debe ser considerado altamente sospechoso desde el punto de vista nacional). Cómo debió luchar contra las dificultades es el tema de este libro singular y apasionado y que aporta nueva luz sobre el orgulloso e irreductible español. Muy interesante y conveniente lectura. Se ame (como es mi caso) o no al artista.

martes, 11 de marzo de 2025

Lecturas: La verdadera historia de la Pasión. Según la investigación y el estudio histórico (Antonio Piñero, Eugenio Gómez Segura y otros)

 

Quien esto escribe es, por convicción, y tras unos años  –acaso demasiados- de desviación hacia el Judaísmo, soy, decía, proclamo, católico apostólico romano. De ahí que me interese sobremanera Jesús de Nazaret, su contexto histórico que llevó de una herejía judía a una religión universal. Este libro que firman Antonio Piñero y Eugenio Gómez Segura (que se centra en los cultos mistéricos griegos) que incluye textos no poco meritorios de José Ramón Pérez-Accino (sobre cómo la figura de Horus y la muerte de Osiris prefiguran en el antiguo Egipto a Jesucristo e Isis puede ser una prefiguración de la virgen María), Javier Alonso Pérez (con una más que notable introducción al contexto judío de la Pasión) y Domingo Sola Antequera (sobre el tratamiento de la Pasión de Cristo en el cine), debe la mitad de su extensión a Piñero, tal vez el más destacado investigador español de la figura de Jesucristo. Que desmenuza lo que sabemos e ignoramos de aquellas jornadas tomando como base al evangelio más antiguo, el de Marcos, al que supone un texto previo, al que llama premarcano, que servirá de fuente para el mismo y para los de Mateo y Lucas (y menos para el demasiado tardío de Juan). Aquí, Piñero intenta, recurriendo a las diversas fuentes, a la bibliografía y al método filológico, deslindar lo considerado histórico de lo que es pospascual. Así, aplica el criterio de desemejanza o disimiltud, el de dificultad, y el de atestiguación fehaciente, para llegar a conclusiones esclarecedoras, como que Jesús no intentó fundar ninguna religión nueva, sino profundizar y refinar la religión judía o que los sucesos de Jerusalén no transcurrieron en una semana sino en un periodo de alrededor de seis meses, siendo la entrada en Jerusalén en septiembre durante la fiesta de Sucot para concluir durante la de Pésaj, siendo la última cena no una de Pascua judía sino de mera despedida de los discípulos. Todo ello se desmenuza y se narra con claridad, señalando datos asombrosos como que la detención de Jesús se envió, según los evangelios, toda una cohorte romana, compuesta por 600 soldados, lo que sirve para manifestar las inexactitudes y exageraciones que anidan en lo que los cristianos seguimos a pies juntillas.

Es una lectura necesaria, casi imprescindible, este libro. Como lo es, cada día, la del Nuevo Testamento.




sábado, 1 de marzo de 2025

Lecturas: El fin de la muerte (Cixin Liu)

 A quién no le ha pasado sentirse un impostor, estar de sobra donde no debiera, escuchando palabras que no le interesan y que acaso no entiende. Es lo que sucede con la lectura de esta conclusión de la sobrehumana trilogía de Cixin Liu. Que uno se queda en un rincón, pasando páginas, esperando oír algo que le interese, que entienda. Y no es el caso. Lástima de 734 páginas y tantas horas. La culpa seguramente sea mía, ya que soy de Letras puras, vieja escuela de Humanidades, siglo XX. Lo que aquí se cuenta, con personajes poco interesantes -pocos personajes menos atractivos que la protagonista, Cheng Xin-, llega hasta más allá de la desaparición del Sistema Solar al pasar de las tres dimensiones a sólo dos, y sitúa el fin de la narración en el año diecisiete mil millones. Con un par. Todo ello en un relato que empieza prometedoramente en el asedio de Constantinopla pero que pasa a lo habitual, a los comités científicos, la burocracia política, los esfuerzos para poner en marcha mecanismos que salven a la Tierra. Ello dará lugar al paso de diversas eras (la de la Crisis, la Disuasión, la Posdisuasión, la Retransmisión, del Búnker, Galáctica, del Dominio Negro para el Sistema DX3906 y línea temporal para el Universo 647). Ninguna conmueve, todas sobran, pocas se entienden. Pero, ya digo, no es que Cixin Liu no sepa escribir libros consistentes (lo consiguió en las dos anteriores entregas de la trilogía, y muy especialmente en la segunda). Es que yo no tengo la paciencia ni los conocimientos para haber disfrutado de este libro. Y como lectores menos curtidos, siempre me quedará la adaptación de Netflix.




viernes, 28 de febrero de 2025

Lecturas: Guerra nuclear. Un escenario (Annie Jacobsen)

 Espoiler: todos mueren. O casi todos. En regiones de Argentina, Chile, Australia, Nueva Zelanda, incluso Paraguay, quedarán un puñado de supervivientes. De aquellos que envidiarán a los muertos. 

Este libro, frío, riguroso, maniático y exasperante en su recuento de minutos, sirve curiosamente para perderle el miedo a lo que desde hace décadas está en el horizonte. Yo mismo llevo años haciendo cálculo de dónde resguardarme según llegue el aviso (ya ven: lo más factible sería el cuarto nivel de un aparcamiento subterráneo para terminar muriendo junto a un hipogeo fenicio). Ahora deshago todos los planes, olvido las contraseñas acordadas con mi esposa para garantizar la seguridad mutua: ahora sé que todas esas quimeras masoquistas son innecesarias. No queda esperanzas después de leerlo. Aunque sea Corea del Norte quien aquí comienza la guerra, seguidamente se implica Rusia que es quien termina por aniquilar el planeta por defectuosos sistemas de detección y por la incapacidad de Estados Unidos de comunicar con claridad que la represalia, aunque atraviese sus cielos, va dirigida contra el agresor. Todo ello en dos horas desde que es lanzado el primer misil norcoreano con destino Washington aunque antes llegará otro dirigido contra una central nuclear en California. 

Todo lo que aquí se cuenta, se imagina, se basa en entrevistas con científicos, militares y políticos occidentales que han participado en el desarrollo del poder nuclear actual. Que aunque es numéricamente inferior en cabezas al de la anterior Guerra Fría, es ahora más impredecible por la irrupción de potencias nucleares menos previsibles (Corea del Norte, Irán, Paquistán, India, Israel). Todo aquí es verosímil. E incluso inevitable. Sea como sea, no moriré junto a un hipogeo fenicio. Mejor así.



jueves, 27 de febrero de 2025

Lecturas: Sed de amor (Yukio Mishima)

 De Mishima ya he escrito alguna vez, afirmando aquello de Dante, un bel morir tutta una vita onora. Que el atormentado autor fracasase en su última misión, abucheado por la soldadesca mientras él hablaba de gloria (algo así como Jesucristo vejado por los soldados romanos en su carne inmortal), es una consumación de lo que también sucedió con sus novelas, al menos con las primeras (la que aquí gloso es la segunda): aporta un estilo elaborado, con frases campanudas (algo así como D'Annunzio), pero al servicio de una historia confusa que no llega a conectar con el lector. Con este lector. De poco sirva que quiera conmovernos si lo que nos muestra no conmueve. Ya saben, lo que le pasará con su última alocución. Pues en este libro es lo mismo, páginas y páginas de elegantes disquisiciones que pretenden diseccionar un alma, la de la viuda Etsuko, convertida en amante de su suegro y enamorada de un patán. Las tristezas pasadas de Etsuko no bastan para empatizar con ella, la relación con el suegro terrateniente tampoco es clara, y su encaprichamiento del desgraciado Saburo es cuanto menos inverosímil. Pero hay estilo. Y demasiada quietud. Como si lo hubiera escrito Balzac en esas páginas abundantemente innecesarias. Al final, en las últimas páginas, todo se acelera y algo pasa y hay sangre. Y hay un último párrafo perfecto que linda con lo sublime. Pero no sirve para justificar todo lo anterior. Al menos para mí.



jueves, 30 de enero de 2025

Lecturas: El bosque oscuro (Cixin Liu)

 Liu sigue pensando a lo grande y jugando con el lector. Basta con terminar este segundo volumen de la trilogía y asomarse a la lista de la Dramatis personae del tercer volumen, donde comprobamos que la narración alcanza muchísimos (pero muchísimos) miles de años para comprender que todo cuanto nos narra va mucho más allá, y que las peripecias de los vallados, bastante lamentable, poco importa, y que el desastre estelar de las últimas páginas será sólo un episodio insignificante desde la perspectiva relativista de los siglos y los milenios. Además, alrededor de la página 100 se incluye una imaginativa y delicada historia de amor alrededor del vallado Luo Ji que de repente nos descubre un autor dotado para los recovecos de las emociones. No todo van a ser partículas ni naves que se mueven a un 1% de la velocidad de la luz, ni rayos de plasma ni esas cosas tan frías y tan ajenas de puro complicadas. No es una obra maestra pero sí es un gran libro que compensa el esfuerzo del lector. El universo es un bosque oscuro en el que el sigilo, el silencio, garantiza por igual la supervivencia y la victoria. Un lugar aterrador e imprevisible. Ya me dirán dentro de miles y miles de años. O no.