lunes, 24 de agosto de 2026

Lecturas: Medjugorje. El misterio que rodea a uno de los fenómenos más sorprendentes del catolicismo (José María Zavala)

Zavala es católico. Yo también. Zavala es practicante. Yo también. Zavala escribe muchos libros. No todos buenos. De él aprecio y admiro los dedicados a la Guerra  Civil española (alguno ha sido aquí comentado, y otro está en espera, "Los horrores de la Guerra Civil"), pero en este segundo de temática religiosa, tras el correcto y didáctico "Últimas noticias de Jesús" (tengo también pendiente "Los doce"),  "Medjugorje" creo que defrauda. O no. Hace un relato periodístico y espiritual sobre las supuestas apariciones marianas en esa localidad de Bosnia y Herzegovina, destacando por transmitir el fervor de quienes visitan el lugar. ¿Lo cumple? Sí, sin duda. Pero quien como yo haya emprendido la lectura para tener un conocimiento superior al que pueda trasladar, por ejemplo, la Wikipedia, naufraga. No basta, no convence, no me vale que cuente cómo llega a Medjugorje, cómo es la puerta de la vidente Vika, si su marido es simpático. Todo eso sobra. A pesar de su interés temático, la obra se ve afectada por un ritmo irregular debido a la inclusión de narraciones extensas sobre otras apariciones, ya que quien quiera interesarse por los pormenores de Fátima tiene información accesible que no es necesario repetir, o los anexos finales, siendo del todo innecesario el que recoge historias y testimonios de veinte peregrinos que resultan repetitivos y a la postre huecos a base de tanto insistir machaconamente en lo mismo. Quien sea un católico convencido y practicante, como es mi caso, no verá aumentada su fe por leer este librito del (siempre bienintencionado) Zavala. Quien no crea no sentirá, me temo, ni un pellizquito para acercarse a la fe del Padre, del Hijo y del espíritu Santo. Y, aquí, de la Madre.



viernes, 21 de agosto de 2026

Lecturas: La cúpula (Stephen King)

Sigo teniendo suerte. Mucha. Stephen King mantiene la racha con libros deleitables. La cúpula es una historia en la que basta con encerrar a un puñado de personas y dejar que hagan lo que saben hacer tan bien los seres humanos cuando sienten que todo se acaba. Que suele ser lo peor. En estas 1.130 páginas, que al final se quedan cortas, el pueblo de Chester's Mill , al ladito de Castle Rock, queda aislado del mundo por una barrera invisible. Una cúpula que alcanza al menos los 6.000 metros de altura. De repente, el pueblo es una pecera, una jaula, un mundo cerrado sobre sí mismo. Y King aprovecha el encierro para hacer algo que se le da especialmente bien: convertir una comunidad entera en protagonista. Un pueblo con algunos habitantes buenos y con su abundante dotación de auténticos hijos de remil-ya-saben.

Hay una imagen que me parece especialmente acertada y que atraviesa buena parte de la novela: los habitantes de Chester's Mill como hormigas. No es sólo que estén atrapados bajo una cúpula, como dentro de un gigantesco hormiguero observado desde fuera por alguien que en nuestra infancia era uno mismo con una lupa, sol y malas intenciones. Y que en Chester's Mill son presencias con inquietante cara de cuero y crueldad infantil. El pueblo encerrado empieza a comportarse como una colonia sometida a una presión extraordinaria: se organizan, buscan recursos, construyen, se enfrentan, se dividen y, sobre todo, obedecen a quienes consiguen hacerse con el control. Un concejal vendedor de coches y sin escrúpulos y fabricante de drogas. La comparación llega a adquirir una dimensión todavía más inquietante cuando se plantea la posibilidad de que todo aquello no sea más que un experimento, un espectáculo contemplado desde fuera y el propio lector parece tener una lupa en la mano y la tentación del sol. 

Pedante como soy, creo ver una conexión entre este libro  y la Antología de Spoon River de Edgar Lee Masters, de la que sería una especie de versión novelística y oscura y amarguísima. Masters ofrece el retrato de todo un pueblo a través de las voces de sus habitantes muertos, descritos con lo esencial; King hace algo parecido mientras los suyos todavía están vivos y corren de un lado para otro intentando sobrevivir. En ambos casos, lo importante acaba siendo menos el argumento que el conjunto de personajes: el jefe político, los líderes religiosos, el médico, el comerciante, el adolescente, el perdedor, el vecino respetable que esconde algo. Un pequeño pueblo que termina siendo una radiografía de una sociedad entera. La diferencia es que Masters necesita una lápida para que sus personajes confiesen quiénes fueron, mientras que King sólo necesita una cúpula. Que es, al fin y al cabo, una losa colectiva. El aislamiento hace caer las apariencias con una rapidez extraordinaria. Chester's Mill acaba pareciéndose a Spoon River: un catálogo de vidas, miserias, ambiciones, secretos y pequeñas grandezas. Sólo que aquí los epitafios todavía no están escritos. Y, como suele ocurrir con King cuando está en buena forma, el verdadero monstruo no es necesariamente el que viene de fuera. Es el poder, el miedo, el egoísmo y esa facilidad con la que una comunidad puede aceptar que alguien decida por ella. Big Jim Rennie entiende enseguida que una situación excepcional es también una oportunidad excepcional. 



La cúpula es una novela larga, sí, pero también es una novela generosa: hay suspense, horror, política, supervivencia y una considerable galería de personajes. Quizá no todos tengan la misma importancia, pero juntos consiguen que Chester's Mill parezca un lugar real. Y eso es precisamente lo más inquietante: cuando la cúpula cae, no convierte a sus habitantes en otra cosa. Simplemente les quita la posibilidad de seguir fingiendo que no son quienes son. Y cuando llega el desenlace, que es algo acelerado, no importa el motivo, que lo hay, para el surgimiento de la cúpula, ni tampoco qué pasará con ella finalmente. Lo que nos importa es que desde el otro lado de la cúpula, hemos sido habitantes de Chester's Mill, con su esperanza y su angustia y su desesperación, su abnegación y su maldad. Y con una lupa en la mano.


jueves, 6 de agosto de 2026

Lecturas: Después del anochecer (Stephen King)

Tras el mal trance de la serie de La Torre Oscura, parece que King vuelve a los méritos que justifican esta fidelidad de lector. Esta vez, en esta recopilación de relatos, no hay ninguno que te sugiera abandonar la lectura para otra ocasión, para otra vida, y los hay que te atrapan. Es el King que me enamoró hace ya tantos libros. El Rey.

De estas trece joyas, señalaré sólo las que mejor justifican este regreso a la devoción por el de Maine. Mudo, relato perfecto, es casi un reflejo de cómo podemos ser esclavos de nuestras palabras cuando llegan a oídos de quien no debería oír ni hablar, deseándonos ser mudos. Hasta ahí puedo hablar. Las cosas que dejaron atrás es un homenaje a las víctimas de la barbarie de los ataques islamistas del 11 de Septiembre de 2001. Una historia de fantasmas, sutil e inquietante, en la que las posibles apariciones son a través de objetos que son tanto memoria como su anhelo. Un relato bellísimo y conmovedor. N con su capacidad de replicar el horror hasta el infinito como una amenaza contagiosa, es lovecraftiano y obsesivo. N, el paciente del psiquiatra que narra la historia que a su vez es transmitida por su hermana, es víctima de un trastorno obsesivo-compulsivo que el lector finalmente corre el riesgo de hacer suyo como si King fuera una Scheherezade vampírica convirtiéndonos en un nuevo Sísifo. No me he explicado bien, pero yo me entiendo. Tarde de graduación, aparentemente costumbrista y baladí, nos señala, con su interrupción imprevisible, la fugacidad de nuestro mundo, de la realidad que puede desaparecer sin más.

Tal vez el mejor King es el de los relatos, y sus novelas, titánicas, son intentos de llevar su capacidad de interesarnos hasta extremos a veces insensatos. No sé. Ni quiero saber,