sábado, 28 de febrero de 2026

Lecturas: Asombro y milagros: El misterio histórico de Jesús (Elaine Pagels)

 Fue en los años ochenta, cuando fui joven, que un libro de Pagels, Los evangelios gnósticos, me dejó la curiosidad, que aún dura, por el cristianismo primitivo, el momento en que el hijo de un carpintero pasó a ser El Hijo del Hombre y en nuestro redentor. Tras las lecturas de Antonio Piñero, este libro se convierte en un manual, una guía, para fortalecer la fe y resolver dudas. Porque aquí vive, intensamente, nuestro Señor, el dulcísimo Jesús, pero enfrentado a preguntas difíciles que tienen una respuesta múltiple, sin dogma, e incómodas. Pagels combina aquí historia, erudición y experiencia personal con un tono de asombro genuino ante la figura de Jesús.



Pagels no ofrece una biografía más del Nazareno ni una reconstrucción dogmática de su mensaje. Su interés se centra en cómo las primeras comunidades cristianas interpretaron los milagros y las experiencias de lo divino desde el asombro y casi desde la perplejidad, y cómo esas interpretaciones moldearon una forma de entender el mundo. Con elegancia intelectual, conecta los textos antiguos con inquietudes humanas profundamente actuales (hasta nombra a Alexei Navalny valientemente como alguien que se enfrentó a la muerte por el bien común): el sufrimiento, la esperanza, la fe y la búsqueda de sentido.

Lo más admirable del libro es su equilibrio entre rigor académico y sensibilidad personal. Pagels logra que temas complejos —como la exégesis de los evangelios o las disputas doctrinales de los primeros siglos— resulten accesibles sin perder profundidad. En el fondo, nos invita a mirar las historias de los milagros no como pruebas sobrenaturales, sino como metáforas abiertas sobre la transformación interior y el misterio de la existencia. Y nos hace pensar si la virginidad de María fue real o una metáfora, una forma de eludir preguntas incómodas, o si el cuerpo santo de Jesús fue entregado verdaderamente a José de Arimatea. En todo caso, vibra intensamente el asombro de los discípulos al ver devuelto a la vida a quien murió sobre aquella colina.

Botticelli: Lamento sobre Cristo muerto, ca. 1490

Asombro y milagros es una lectura ideal para quienes se interesan por la historia religiosa, la espiritualidad comparada o, simplemente, por la manera en que las grandes narraciones fundacionales siguen dialogando con nuestra vida cotidiana. Más que un ensayo histórico, es una meditación luminosa sobre la fe, la memoria y el poder del asombro en tiempos de incertidumbre.

domingo, 15 de febrero de 2026

Lecturas: Cuatro Principes. Enrique VIII, Francisco I, Carlos V, Solimán el Magnífico y las obsesiones que forjaron la Europa moderna (John Julius Norwich)

Da gusto leer libros así, escritos con conocimiento y soltura. En este fascinante  Cuatro Príncipes, Norwich nos invita a un viaje político y casi sensorial por el siglo XVI, un periodo donde la historia de la humanidad pareció concentrarse en las manos de apenas cuatro hombres nacidos en la misma década, coincidiendo en el tiempo cuatro monarcas superlativos: Enrique VIII de Inglaterra, Francisco I de Francia, Carlos V del Sacro Imperio Romano Germánico (y I de España) y Solimán el Magnífico del Imperio Otomano. Norwich, con elegancia y un toque de ironía, sostiene que la Europa moderna no nació de tratados impersonales, sino de las obsesiones, las inseguridades y los egos cruzados de estos soberanos. Como bien apunta el autor al inicio de su relato: "A lo largo de la historia, dudo que haya habido cuatro monarcas de tal magnitud... todos reinando al mismo tiempo". Esta coincidencia temporal convierte al libro en una coreografía de rivalidades donde cada decisión tomada en Londres, París, Valladolid o Constantinopla generaba una onda de choque que obligaba a los otros tres a reaccionar.



Lo que verdaderamente distingue a esta obra de un manual de historia convencional es la capacidad de Norwich para humanizar a estos gigantes, presentándolos no como estatuas de mármol, sino como hombres de carne y hueso atrapados en una competencia perpetua por el prestigio. El autor logra transmitir cómo estos líderes se observaban con una mezcla de admiración y recelo, enviándose embajadas de una opulencia casi ridícula simplemente para demostrar quién poseía el reino más próspero. A través de una narrativa envolvente, descubrimos que sus vidas estaban intrínsecamente ligadas: "Cada uno de ellos estaba profundamente condicionado por los otros tres; cada uno de ellos, en un momento u otro, fue aliado o enemigo de los demás". Es especialmente refrescante la inclusión de Solimán el Magnífico en este cuarteto, ya que Norwich rompe con la visión tradicionalmente eurocéntrica para recordarnos que el sultán otomano fue un actor fundamental en el equilibrio de poder europeo, tan renacentista en su mecenazgo y ambición como sus homólogos cristianos.



Aquí encontraremos a Enrique y Francisco comparando pantorrillas y dilapidando en regalos inverosímiles, a Francisco firmando alianzas con Solimán y permitiendo a la escuadra turca fondear en Marsella, y a Enrique festejando la muerte de su única esposa legítima, Catalina de Aragón, y no asistiendo, contrariado, al bautizo de su primera hija ilegítima, Isabel. 

Para hacerle justicia, al libro y al príncipe que prefiero -único que tuvo el título de emperador-, reproduzco el retrato con el que Norwich cierra el relato de sus andanzas, nuestro Carlos I, V de Alemania: Uno de los muchos biógrafos de Carlos lo describe como un genio militar. No parece que haya muchas pruebas que lo demuestren, pero, por otro lado, sí las hay de que poseía al menos dos cualidades de suprema importancia para un general: una valentía personal inmensa y una infinita preocupación por sus hombres. Carlos no solo mostró su valentía en los combates, sino en la pura fuerza de voluntad que permitió cabalgar día tras día a pesar de sufrir la agonía de la gota -y nadie que no haya sufrido personalmente esta aflicción puede hacerse una idea de los sufrimientos que causa- sin emitir jamás la menor queja, ni siquiera cuando tenía que montar con la pierna descansando en un cabestrillo atado a su silla. Sus soldados lo amaron y admiraron, algo que, de hecho, hicieron casi todos los que llegaron a conocerlo. Lo amaron por su encanto personal, su bondad y -una cualidad especialmente escasa en su época- su sentido del humor. Súmese a ello que sabía apreciar las cosas buenas de la vida: la pintura, por ejemplo (¿se cuenta todavía a los niños la famosa historia de cómo se agachó a recoger el pincel de Tiziano cuando se le cayó al maestro?) o la música, por la que sentía auténtica pasión. Incluso su glotonería despierta simpatía en muchos de nosotros. Murió como un hombre decepcionado, demasiado consciente de lo mucho que había tenido que dejar por hacer; pero comprendió, mucho más de o que la gente creía, cuántas cosas bellas y placenteras nos frece la vida. Y, siempre que tuvo ocasión, las disfrutó.


En definitiva, "Cuatro Príncipes" es una lectura imprescindible para cualquier amante de la historia que busque entender el origen de las tensiones y fronteras que definieron nuestra modernidad. La maestría de Norwich reside en su estilo; escribe con el rigor de un académico pero con el pulso de un novelista, logrando que el lector se sienta un testigo directo de los banquetes en el Campo del Paño de Oro o de las tensas negociaciones tras la batalla de Pavía. Al cerrar el libro, queda la clara convicción de que personalidades tan magnéticas y volátiles fueron las que realmente forjaron el destino de Occidente, recordándonos que, a menudo, el rumbo de la civilización depende del carácter y los caprichos de quienes sostienen la corona. Es una obra que combina a la perfección el análisis político con el chisme histórico de alto nivel, resultando en un retrato vibrante de una era donde el honor, la fe y el poder absoluto lo eran todo.

jueves, 12 de febrero de 2026

Lecturas: Pistoleros y terrorismo en la España de Alfonso XIII. Especímenes del hampa española (1914-1936) (Gerardo Muñoz Lorente)

Un libro que ofrece lo que promete. Nada menos. Pistoleros y terrorismo en la España de Alfonso XIII. Especímenes del hampa española (1914-1936). Nada menos. Conjugando las virtudes de un ensayo histórico con un buen pulso narrativo y con una buena documentación. Son sobre todo los años del pistolerismo en Barcelona, enfrentándose a tiros anarcosindicalistas y patronal a través de sindicatos libres apoyados por el Somatén y la policía.




Muñoz Lorente abre una ventana a un país que se suele mencionar de pasada, como antesala de la Guerra Civil, pero que aquí adquiere consistencia haciéndonos seguir a pistoleros como Tomás Cerdán, alias Pellicoco, el especialista en infiltraciones Honorio Feced, el comisario Bravo Portillo abocado a la tragedia, el falso barón Köening, la brutalidad del gobernador Martínez Anido, o en el campo de las víctimas el mítico Salvador Seguí, Noi del Sucre, o el abogado tullido Francesc Layret. Tal fue la furia de aquellos años que la Ciudad Condal llegó a ser escenario de dos o tres atentados diarios.






Muñoz Lorente no se limita a enumerar hechos: reconstruye atmósferas y traza el carácter de sus personajes a los que no juzga.  Como sugiere el propio libro, España fue durante esos años un escenario donde se cruzaban idealismo, crimen y supervivencia en proporciones imprevisibles.

Hay algo profundamente inquietante en estas páginas: la sensación de que la Historia, con mayúscula, se construye muchas veces desde los márgenes, desde los callejones oscuros y las conspiraciones discretas. Muñoz Lorente logra que el lector perciba ese latido subterráneo. Nos recuerda que antes de 1936 ya existía un país fracturado, crispado, armado. Y lo hace sin estridencias.


Lo admirable es el equilibrio. El libro no cae en el sensacionalismo pese a la materia prima explosiva que maneja. Hay violencia, sí, pero también contexto; hay sangre, pero también análisis. El resultado es un retrato complejo y humano de una época que suele simplificarse en exceso. Aquella España terrible alcanzaría su paroxismo en la Guerra Civil.